El Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) es conformado por tres países: Guatemala, Honduras y El Salvador; llamados así debido a su integración económica y puntos fronterizos trifinios, asimismo, son referidos por los tendientes flujos migratorios que aluden desde razones históricas y actuales que han ido cobrando relevancia en los últimos años. La migración irregular es un fenómeno característico de los países centroamericanos, pues los trabajadores y campesinos acostumbran movilizarse hacia los Estados Unidos para escapar de la violencia, el despojo y la pobreza que históricamente han afectado a los países del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras).
Actualmente, no se puede sostener que solo un factor es el causante de la migración y, en general, de la movilidad humana. La multicausalidad de los procesos migratorios adquiere especificidad espacial y temporal en cada país de origen, tránsito y destino. En los últimos años, en los países de Centroamérica, especialmente en los denominados del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras), se han producido cambios en la vida social y en las condiciones ambientales que, sumados a las condiciones estructurales e históricas de sus economías, forman un conjunto de factores que impulsan de forma más acentuada la migración internacional.
Evolución Histórica y Masificación del Flujo Migratorio
En las décadas 1970 y 1980 la migración en los países centroamericanos se impulsó preponderantemente por la inestabilidad política, para luego dar paso en los años noventa a una nueva época en que los factores económicos se constituyeron en el principal incentivo de los movimientos migratorios internacionales. A pesar de la cotidianidad de este fenómeno, a partir de los años 80 se han registrado modificaciones significativas en las tendencias migratorias hacia el norte, ya que, por un lado, se ha registrado un aumento significativo del flujo de personas hasta el punto de masificarse; y, por otro, porque cada vez más se reconoce la presencia de mujeres y niños en la migración irregular.
En este contexto, la migración desde el Triángulo Norte de Centroamérica se ha feminizado durante las últimas décadas, transformando sus características, efectos y desafíos. A nivel mundial, la migración femenina se ha acelerado significativamente, de modo que para el año 2020, las mujeres migrantes ya representaban al 48% del total de la población migrante.
Causas Estructurales de la Migración
En Centroamérica hay una confluencia de factores que impulsan la migración, donde la violencia y la inseguridad han tenido un impacto creciente, pero las causas económicas persisten.
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Factores Económicos y Desigualdad Social
A las condiciones de desigualdad, pobreza y falta de empleos, se suman el escalamiento de la violencia que se vive en gran parte de los territorios de los tres países ya mencionados. El nivel de desarrollo es uno de los factores estructurales impulsores de la emigración. Si se analizan los datos del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en Centroamérica, es notorio el contraste entre los países con altas tasas de emigración y los que son reconocidos como de inmigración. En 2015, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua tuvieron en promedio un PIB por habitante de 2.7 mil dólares, mientras que Panamá y Costa Rica tuvieron en promedio 10.1 mil dólares.
Por otra parte, si se hace una distinción entre el periodo anterior y el posterior a la crisis de 2009 (2004-2008 y 2010-2013), lo que se evidencia es que, en el segundo periodo, conocido como de recuperación, no se alcanzaron las tasas de crecimiento económico del primero. En dicho periodo, Honduras y El Salvador registraron las más bajas tasas de crecimiento de la región, con tan solo 1.8% en cada país.
La desigualdad es otro de los factores de expulsión de migrantes. Distintos estudios, como los citados en este texto, coinciden en afirmar que la desigualdad constituye uno de los mayores desafíos para los países de Centroamérica. Para su medición se recurre al índice de Gini o a la distribución (en deciles o quintiles, por ejemplo) de la población según el porcentaje del ingreso nacional total que reciben. De acuerdo con este último método, en la región se evidencian desigualdades extremas. Por un lado, 20% de la población que se ubica en el quintil I percibe entre 2.4% y 5.2% del ingreso total nacional, mientras que, por el otro lado, 20% de la población en el quintil V percibe entre 49.4% y 59.8% de dicho ingreso. Si se revisan los datos desde el año 2000, no se observan mayores variaciones en la distribución en países como Guatemala y Honduras, los dos países donde la desigualdad de ingresos es especialmente pronunciada. En Guatemala, la población del quintil V percibía 58.9% y 59.8% del ingreso nacional en 2002 y 2014, respectivamente.
En cuanto a la pobreza, el Programa Estado de la Nación ya citado señala que es uno de los males crónicos de la región, en particular en los países de emigración. Según este informe regional, se ha estimado que, en 2013, 21 millones de personas (47%) del total de habitantes de Centroamérica se encontraban bajo la línea de pobreza, y ocho millones (18%) en indigencia. Igualmente, si se analizan las series históricas que publica la CEPAL en su página electrónica, se puede constatar que desde la década de 1990 esta situación es característica para la región y que son pocas las variaciones que se han registrado. Si bien hay mejoras en la incidencia de la pobreza en algunos de los países que la integran, en la mayoría ésta sigue siendo significativa. Por lo mismo, Costa Rica y Panamá, países receptores de migrantes, contrastan de manera notoria con el resto de la región. Al hacer un análisis por hogares, se observa que seis de cada diez hogares centroamericanos viven en situación de pobreza (2014). Si se desglosa por zona de residencia, la incidencia es más severa en las áreas rurales que en las urbanas, inclusive en países donde los niveles de pobreza en la región son menores como en Costa Rica. En Nicaragua, Honduras y El Salvador, la pobreza no sólo está más generalizada en los hogares rurales, sino que los niveles son considerablemente mayores. A pesar de los riesgos y peligros, las mujeres centroamericanas consideran que la migración es la única alternativa para superar las condiciones de pobreza y opresión que sufren en sus lugares de origen.
Violencia e Inseguridad
En las dos últimas décadas se ha hecho referencia al impacto creciente de la violencia y la inseguridad. En su estudio comparativo en El Salvador, Guatemala y Honduras, con información de 900 municipalidades, Orozco y Yansura (2015) encontraron que las comunidades de emigración son las de más alta población y en donde ocurre la mayoría de los homicidios en cada país. Si bien en todos los países centroamericanos hay registros de violencia y criminalidad, los contrastes entre Honduras, El Salvador y Guatemala con el resto de la región son alarmantes.
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En el caso de El Salvador, por ejemplo, la tasa de homicidios en 2015 superó los registros históricos al sobrepasar los 100 homicidios por cada 100 000 habitantes. El repunte de la violencia en El Salvador a partir de 2012 hasta alcanzar 103 homicidios por 100 000 habitantes en 2015 rompió la tendencia de todos los países de la región centroamericana y lo ubicó como uno de los más violentos del mundo. En 2016, dicha tasa bajó a 81, pero aún es la más alta de la región. En el caso de Honduras, el valor de las tasas descendió en los años recientes de 91 a 60 homicidios por 100 000 habitantes; sin embargo, este valor se ubica por encima del promedio regional y de muchas regiones del mundo.
En el estudio Crimen y violencia en Centroamérica (Banco Mundial, 2011) se identificó que los factores que incentivan el crimen y la violencia en la región son:
- El tráfico de drogas.
- La violencia juvenil y las pandillas.
- La masiva disponibilidad de armas.
- La debilidad de los sistemas de administración de justicia.
Según dicho estudio, entre estos factores, el narcotráfico puede contribuir con una explicación sólida al incremento inusitado del tipo de violencia de los últimos años, debido a su incidencia en la mayor circulación de armas y la profundización en la fragilidad de las instituciones judiciales. Otras formas de violencia que pueden ser identificadas, son las perpetradas por las pandillas o “maras”, de las que se estima hay 900 en Centroamérica integradas por 70 000 miembros.
Factores Ambientales y Políticos
Igualmente, factores de tipo ambiental, como huracanes y sequías, y geológicos, como terremotos, entre otros, también contribuyen a que las personas en riesgo decidan migrar. La situación se agrava por los desastres ocasionados por fenómenos naturales y sus efectos de mediano y largo plazo, a los que se suman los daños a cultivos, como el café, por plagas y enfermedades que han diezmado su producción. Según los diagnósticos para la región, esta situación se agudiza en los países donde los sistemas políticos “no están logrando dar respuestas satisfactorias a las demandas de representación, participación, transparencia, justicia y, en general, a las expectativas de bienestar y desarrollo de la población”. A estas circunstancias se agregan el impacto de las redes sociales y determinados aspectos culturales que incentivan la migración.
La Feminización de la Migración y sus Particularidades
Durante las últimas décadas, la migración desde el Triángulo Norte de Centroamérica se ha feminizado, transformando sus características, efectos y desafíos. Las mujeres enfrentan condiciones que agravan su vulnerabilidad en sus países de origen y las normas de género influyen en su movilidad. Desde la Teoría de la Reproducción Social (TRS), se observa que la migración femenina es consecuencia de las contradicciones en la acumulación de capital, que generan desigualdad económica y social, y situaciones de violencia de las cuales no pueden escapar.
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Las mujeres migrantes enfrentan desafíos a lo largo de su viaje no solo por su condición de irregularidad y vulnerabilidad, sino porque "el género es ejercido en formas relacionales y dinámicas en todo el proceso migratorio", hasta el punto de que su experiencia migratoria es completamente distinta a la de los hombres. Estos factores se interrelacionan de manera que las mujeres que se movilizaran intentan cumplir con las expectativas de identidad y conducta en su lugar de origen, tránsito y destino. Desde este punto de vista, la migración no es solo un proceso que permite movilizar la fuerza laboral femenina de un espacio geográfico a otro para facilitar la expansión del capital a través de su explotación, sino que, además, representa un proceso que, a partir de la reproducción de normas de género, se beneficia de la opresión sistemática de las mujeres.
Características Sociodemográficas de las Mujeres Migrantes
Respecto a las características sociodemográficas de las mujeres que deciden migrar, las centroamericanas migrantes son jóvenes y en edad económicamente activa, cuya edad promedio es de 29 años. Asimismo, se considera que estas mujeres cuentan con niveles de escolaridad relativamente bajos, ya que solo el 19.9% de ellas contaba con nivel medio o avanzado. La mayoría reporta que son solteras, pero con al menos un hijo bajo su cargo, lo que podría indicar que las migrantes provienen de hogares monoparentales en los que ellas son jefas de hogar.
Según la propuesta de Aikin Araluce (2017), las mujeres centroamericanas enfrentan elevados niveles de vulnerabilidad, porque al combinarse la condición de escasos recursos, los niveles educativos bajos, la inexistencia de redes de apoyo para la movilidad y el riesgo del tránsito por el territorio mexicano, corren mayores riesgos y, por lo tanto, las probabilidades de éxito son menores. En primera instancia, cuando las mujeres deciden migrar es porque sufren una desventaja estructural en sus lugares de origen. Si bien la decisión se relaciona con la necesidad de mejorar sus condiciones de vida, las mujeres representan un grupo vulnerable en sus lugares de origen y que experimenta la desigualdad de forma más profunda.
El Modelo Rentista-Transnacional y la Vulnerabilidad Femenina
De acuerdo con Segovia (2021), a partir de 1980 y hasta la actualidad, en Centroamérica opera una forma de acumulación del capital que se basa en el rentismo-transnacional. La incorporación de las mujeres al mercado laboral durante los últimos treinta años no necesariamente ha generado resultados positivos para mejorar sus condiciones de vida, pues los empleos creados son de baja calidad y los salarios son relativamente bajos. Respecto a la calidad de los empleos, se puede verificar que las mujeres se insertan a sectores de baja productividad; sectores que, de acuerdo con Vaca Trigo (2019), son aquellos que se caracterizan por elevados grados de informalidad y por no cumplir con las normativas legales en materia laboral. Estas cifras son significativas pues las mujeres representan una fuerza de trabajo vulnerable, porque difícilmente podrán lograr su autonomía económica o garantizar, al concluir su vida laboral, que contarán con los ingresos necesarios para subsistir.
Escalamiento y Dinámica del Flujo Migratorio Femenino Irregular
Es difícil determinar cuántas de estas mujeres migraron hacia Estados Unidos en condiciones de irregularidad, ya que, por la naturaleza de estos movimientos, no todos los casos pueden ser captados por las autoridades o contabilizarse de manera confiable dentro de las estadísticas. Respecto al porcentaje de eventos registrados por las autoridades mexicanas de mujeres migrantes en condición de irregularidad, es evidente que la tendencia migratoria ha sido creciente durante el período 2011 - 2023, de modo que el número de eventos registrados en este período se ha duplicado.
Sobre estos datos, hay que notar que en el año 2020, el número de eventos sufrió una reducción significativa para las mujeres de las tres nacionalidades, lo cual se debió a la pandemia del COVID-19 y, con ello, a la entrada en vigor de los Protocolos de Protección al Migrante (MPP, por sus siglas en inglés) y el Título 42 en Estados Unidos. Al evaluar el porcentaje de mujeres retornadas por parte de las autoridades mexicanas y estadounidenses, segundo indicador proxy de la irregularidad, estas tendencias se replican.
La Teoría de la Reproducción Social como Marco Explicativo
La TRS es un marco teórico que se desarrolla en el contexto del feminismo marxista, cuyo objetivo es analizar la interconexión que existe entre las relaciones de clase y el género y, a través de ello, proporcionar una explicación integral de la desigualdad y opresión que sufren las mujeres en el contexto capitalista. El punto de partida para comprender esta interconexión es la noción de que el sistema capitalista se desenvuelve a partir de la unidad orgánica de dos esferas: la de producción de bienes y servicios (la económica) y la esfera de la producción y reproducción de la vida (la social).
Por un lado, la esfera de la producción tiene el objetivo de lograr la valorización del capital a través de la producción y venta de las mercancías producidas. Para lograr este objetivo, los capitalistas requieren, primero, emplear una determinada cantidad de fuerza de trabajo en los procesos de producción y comercialización. Esto es así porque los trabajadores no solo son quienes movilizan los medios de producción y crean mercancías poniendo en marcha sus habilidades, sino también porque su fuerza de trabajo tiene la cualidad de ser fuente de plusvalor. Es decir, crean el excedente (o ganancia) del que se apropian los capitalistas y que les permite subsistir como la clase dominante. Los capitalistas adquieren la fuerza de trabajo a través de intercambios en el mercado.
Es la fuerza de trabajo y el salario lo que conectan la esfera económica con la esfera de reproducción, pues es a través de la venta de la capacidad de trabajo y los salarios que los trabajadores pueden garantizar su existencia. En ese sentido, la segunda esfera se refiere al proceso por medio del cual los trabajadores satisfacen sus necesidades físicas, sociales y reproductivas, y cuyo resultado final es producir y reproducirse a sí mismos como trabajadores (Lebowitz, 2003). Los trabajadores logran este objetivo a través de la compra de medios de subsistencia (bienes y servicios que son vendidos por los capitalistas), de la dedicación de tiempo y de trabajo para reproducirse.
Para que el sistema capitalista funcione, se esperaría que estas esferas operen de forma continua y sin pausa, pues se espera que los trabajadores vuelvan siempre al mercado a vender su capacidad de trabajo, que los capitalistas siempre los contraten, que se trabaje de manera continua en los centros productivos y que, a cambio, los trabajadores obtengan el salario que les permita continuar con el ciclo de reproducción, y así sucesivamente.
Esta contradicción implica que mientras la esfera de la producción multiplica las posibilidades de crear más mercancías, servicios y, por lo tanto, capital, las condiciones de vida de la clase trabajadora se ven continuamente amenazadas por el desempleo, por el pago de salarios demasiado bajos y por condiciones laborales precarias; situaciones que imposibilitan que la esfera de la reproducción de la vida opere de forma adecuada para toda la clase trabajadora. Esto sucede porque algunos de los trabajadores (generalmente, los más productivos desde la perspectiva del capital) podrán tener empleo y salarios adecuados para cubrir todas sus necesidades de reproducción, mientras que otros tendrán que enfrentar jornadas laborales inestables, exclusión laboral, o salarios que no les alcanzan para garantizar su existencia y la de sus familias. Es decir, para algunos será difícil o incluso imposible insertarse en la esfera de la producción y garantizar los ingresos necesarios para vivir.
Esto reafirma el argumento de que el capitalismo tiene la capacidad de crear riqueza material en magnitudes crecientes, pero lo hace profundizando la desigualdad social y económica entre los miembros de la sociedad, por lo que el desempleo y la pobreza son características inmanentes al funcionamiento del sistema capitalista (Geymonat, 2020). Estas características son fundamentales, pues son las que conducen a que ciertos miembros de la clase trabajadora decidan emigrar, ya que ante la incapacidad de cubrir sus necesidades básicas, buscan emplearse y obtener ingresos monetarios en otros espacios geográficos. Esta contradicción conduce a que la clase trabajadora se plantee la necesidad de migrar para garantizar que su ciclo de reproducción se cumpla, lo cual opera de forma indiferenciada para hombres y mujeres, pues ante la exclusión o precarización de sus condiciones de vida, la emigración se convierte en una alternativa.
Se debe considerar que la migración sucede dentro del contexto de la vinculación entre las dos esferas y, como tal, afecta a los trabajadores, pues son explotados por el capital como creadores de plusvalía, pero también porque sus condiciones de vida dependen del empleo y de los salarios que puedan obtener en sus lugares de origen o de destino y, por lo tanto, están condicionadas por la acumulación del capital.
Desventajas de las Mujeres en el Proceso Migratorio según la TRS
Sin embargo, un aspecto relevante abordado por la TRS es que las mujeres se encuentran en una posición desventajosa respecto a los hombres en todo este proceso, al menos por tres circunstancias:
- Por la existencia y persistencia de normas de género en el mercado laboral que generan que la fuerza de trabajo de las mujeres sea considerada menos valiosa que la de los hombres. Esto se refleja en una división sexual del trabajo en la que las mujeres se incorporan con menos frecuencia a los sectores mejores remunerados y asumen empleos parciales e informales, de modo que sus salarios son más bajos que el de los hombres.
- Porque se espera que las mujeres, además de vender su capacidad de trabajo en el mercado, realicen las actividades de reproducción dentro de los hogares sin ninguna remuneración. Esto tiene dos implicaciones. Primero, porque las jornadas laborales de trabajo de las mujeres se duplican, pues al insertarse al mercado laboral, las mujeres no están exentas de la responsabilidad de cuidar sus hogares y a su familia.
- Tercero, porque las mujeres están subordinadas a una jerarquía en la que los hombres son considerados superiores, es decir, son sometidas a relaciones de dominación patriarcal.
Estas formas diferenciadas en la que las mujeres se insertan al empleo, las brechas salariales, las dobles jornadas de trabajo y la violencia de género dejan en claro que la experiencia de las mujeres en el sistema capitalista está marcada por una explotación más profunda, por normas de género que las ponen en desventaja respecto a los hombres y, además, por condiciones que afectan profundamente sus condiciones de reproducción. Concluyendo que emigran debido a la desigualdad y violencia de género generadas por el modelo rentista-transnacional vigente en Centroamérica.
En el último cuarto de siglo, los factores que provocan la emigración en la región centroamericana transitaron de un contexto de conflictos políticos y precaria situación económica, a uno en el que aspectos como la pobreza y la desigualdad social que afectan a amplios sectores de la población se combinan con otros como el escalamiento de la violencia perpetrada por distintos actores, en especial en Guatemala, Honduras y El Salvador. Así, la migración centroamericana, particularmente la que proviene de los tres países del norte de la región, continuará y prevalecerán modalidades de movilidad forzada, así como condiciones de vulnerabilidad y riesgo mientras no cambien algunas de las principales causas que ocasionaron la emigración en las dos últimas décadas.
