En el estudio de las formas de gobierno, es crucial entender la evolución y las particularidades de los sistemas despóticos, especialmente aquellos influenciados por movimientos intelectuales significativos. Es necesario aclarar que, en Europa, durante el siglo XVIII, se desarrolló un movimiento filosófico que hoy se conoce como la “Ilustración", por lo que al siglo XVIII se le conoce como el “Siglo de las Luces". Hubo muchos pensadores que pertenecieron a este movimiento y, aunque sus ideas diferían, tenían algunos puntos en común. La Ilustración valoraba la razón sobre todas las cosas, la consideraban el poder que tienen los seres humanos para comprender el universo y mejorar sus condiciones de vida. La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.
Las ideas ilustradas eran contrarias al absolutismo, pues los filósofos de las Luces preferían las monarquías constitucionales y no creían que el derecho de gobernar emanara de Dios, sino del pueblo.
Despotismo y Tiranía: Una Distinción Fundamental
Debemos ante todo evidenciar, basándonos en las fuentes, la diferencia primordial entre el concepto de tiranía y el de despotismo. En la actualidad, al hablar de "tiranía", de inmediato el vocablo es asociado a "despotismo" y viceversa. Quienes recurren a este término, sean periodistas, escritores, historiadores, filósofos, juristas, sociólogos u otros, incluso cuando intuyen que estos dos vocablos no son perfectamente sinónimos, no perciben con exactitud aquello que los diferencia. Lo confirman los diccionarios del idioma, que suelen definir uno de los dos términos por medio del otro. Se podría hablar más bien de cierta confusión, tenue al principio, luego afianzada y que se volvió habitual.
Este artículo se propone dos fines: 1) demostrar que hemos olvidado una distinción que teníamos muy clara en el pasado; y 2) entender en qué momento histórico pudo surgir la confusión y por qué. Se trata de buscar un error de semántica que, generando precisamente ambigüedad, equivocaciones y confusiones entre las dos "palabras concepto" en cuestión, contribuyó a hacerlas excluir del lenguaje político agravando su actual empobrecimiento. Las causas de este error son diversas: escaso conocimiento del idioma griego, corrientes y modas culturales, exigencias de pureza del idioma, convicciones políticas, críticas al gobierno en ejercicio, opiniones partidarias, debilitamiento de conceptos claros de filosofía política, dogmatismo en las doctrinas políticas, y por último exceso de ideologías de toda índole.
Orígenes y Evolución de los Conceptos
En cuanto a la historia de la traducción del término griego "déspota" no es exagerado hablar de «vicisitudes» graves, que tienen raíz en las evaluaciones relacionadas con tal o cual gobernante, rey o régimen, que se comportaba como opresor, sin que por ello pudiese ser calificado de tiránico. La distinción entre "despótico" y "tiránico" se ha ido debilitando poco a poco. Mientras el uso del segundo término no ha sufrido interrupciones, luego su significado no ha variado substancialmente, el uso del primero, o sea "despótico", creado en francés en el siglo XIV, desapareció durante casi trescientos años para reaparecer hacia mediados del siglo XVII, habiendo entonces perdido su sentido inicial, acorde al pensamiento de Aristóteles que designaba al amo (o dueño) de esclavos. En el siglo XVII designa generalmente a un gobierno peor que la monarquía absoluta. De hecho, en Francia, bajo Luis XIV, para criticar al rey por su política tributaria se usaba sin miramientos el calificativo "despótico". A la confusión entre despotismo y tiranía en esa misma época -comienzos del siglo XVIII- se sumaba la de despotismo y poder absoluto.
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Como sabemos, las nociones tiranía y despotismo han requerido cierto tiempo para ser definidas claramente como conceptos. Hacia el siglo VII a.C. los griegos decidieron sin embargo importar la palabra "tirano", un barbarismo, para calificar un nuevo tipo de poder esencialmente arbitrario; o sea un poder que no solo tiene las características de la usurpación o de la violencia. Más tarde, hacia el siglo V, aparecen los nuevos tiranos, mucho más peligrosos que los anteriores. Aristóteles atribuye el fenómeno a la aparición de la retórica, de la propaganda política, del arte de la elocución que la Escuela sofista no ignoraba.
A lo largo de los siglos, los escritores, sobre todo los autores trágicos, los historiadores y los filósofos se habían preocupado por el tema de la terminología política. Aristóteles emprende la tarea de darle una base conceptual y así mismo lo hace con la terminología filosófica y científica. En la Ética Nicomáquea y en la Política, busca precisar los conceptos de la moral, del derecho y de la política, proporcionándole a las futuras generaciones el arsenal del lenguaje político fundamental. Experto conocedor de los numerosos matices que caracterizan las diferentes formas de gobierno, como la monarquía, la aristocracia, la democracia, Aristóteles ofrece entre diversas definiciones de tiranía las más apropiadas para definir cada constitución incluso si ésta se ha degradado. Según él, cualquiera que sea la forma de gobierno, la rectitud o la corrupción no dependen del número de gobernantes. La característica del gobierno no depende de si gobierna una sola persona, un grupo o las masas populares.
En el tema del despotismo, el pensamiento de Aristóteles es más matizado. De hecho, Aristóteles no aplica el mismo raciocinio a los helénicos y a los asiáticos, matizando los significados incluso en lo que se refiere al manejo despótico del padre de familia. La comunidad de padre e hijos se parece a un reino, puesto que el padre vela por sus hijos: de ahí que Homero llame a Zeus "padre". El reino aspira a ser semejante al dominio paterno. Entre los persas sin embargo, la autoridad paterna es tiránica, puesto que los padres tratan a sus hijos como verdaderos esclavos y tiránica es también la del amo hacia el esclavo, el interés del amo prevaleciendo siempre. Si bien la primera parece ser la forma justa, la segunda es errada.
Según Montesquieu, el despotismo es cuando un solo individuo ejerce el poder a la fuerza y sin respeto por el ordenamiento jurídico. Para terminar, y por alusión al título, recordemos que despótica es la «autoridad absoluta no limitada por las leyes». Que despotismo es el «abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas».
El Despotismo Ilustrado: Concepto y Principios
Los elementos que tomaron los déspotas ilustrados se orientaron más al desarrollo urbano, así como al impulso a la ciencia y las artes, pues los ilustrados consideraban que una nación próspera debía cultivar estas disciplinas. Los monarcas ilustrados estaban interesados en reformas legales, sociales y educativas inspiradas en la Ilustración. El despotismo ilustrado buscaba alcanzar un mejor futuro para la nación mediante un cambio gradual y pacífico. Este desarrollo se basa en el progreso económico y social controlado por el rey. El despotismo ilustrado fue una conducta o una práctica de gobierno más que una doctrina política. Se trataba de propugnar reformas en diferentes planos: avances en la administración, la creación de riqueza, el impulso a la enseñanza. Una frase sintetizaba esta idea: "Todo para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo". Todos ellos intentaron impulsar, en alguna medida, reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa).
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Pese a todo, y aunque tales regímenes supusieron cierto avance respecto a las tiranías despóticas, constituyeron sistemas de gobierno que todavía deben ser enmarcados en la concepción absolutista (en ningún caso democrática) del poder, en tanto que no supusieron ninguna delegación del mismo en órganos representativos.
En realidad, el déspota ilustrado sólo pretendía responder con sus actos al modelo de “hombre honesto” del siglo XVIII: intelectual, racionalista cultivado, amante de las artes y mecenas de los artistas, e innovador en materia política. Por ello se rodeaba de auténticos filósofos (Voltaire en la corte de Federico II o Denis Diderot en la de Catalina II) o dejaba la aplicación de las reformas en manos de auténticos políticos ilustrados. Por último, citar el componente paternalista que caracterizó a estos reyes. Claro testimonio de ello son las palabras que el propio Federico II escribió en una de sus obras de filosofía política: “Los hombres han elegido a aquel de ellos que consideran más justo para gobernarles y mejor para servirles de padre”.
Características del Despotismo Ilustrado y sus Implicaciones Tributarias
Los gobiernos de los déspotas ilustrados presentaron una serie de características comunes en su intento de modernización de los países:
- Tendencia a la centralización y burocratización administrativa. Los monarcas ilustrados efectuaron reformas administrativas tendientes a lograr una burocracia más eficiente mediante la creación de órganos administrativos centralizados. En Prusia, por ejemplo, Federico II creó ministerios especializados (de Justicia, de Minas, de Construcciones, etc.) y mejoró los métodos de selección de los funcionarios. Los monarcas impulsaron las reformas administrativas. Se acentuó la centralización de los Estados: pretendieron eliminar las instituciones locales y otorgarle a la burocracia una organización simple y ordenada, más "racional", de acuerdo con los principios de la Ilustración.
- Reorganización de todo el sistema fiscal. En el ámbito del desarrollo económico, se mejoraron las técnicas agrícolas y se inició un proceso de modernización en la producción que, a su vez, impulsó el comercio exterior. Otro cambio fundamental en la economía fue la reorganización del sistema fiscal, de manera que se abolieron algunas de las exenciones de impuestos de las que se beneficiaban la nobleza y el clero. Se intentó llevar a cabo una distribución más equitativa de las obligaciones fiscales mediante la abolición de algunas exenciones impositivas que beneficiaban a la Iglesia y la nobleza. Se registraron las propiedades rurales y urbanas para poder conocer la riqueza de sus súbditos, y así establecer nuevos impuestos.
- Reforma del sistema judicial a través de la redacción de códigos. En 1787, por ejemplo, José II de Austria promulgó un nuevo código penal que abolía la tortura y limitaba la pena de muerte. Europa soportaba los defectos y abusos de una justicia envilecida por las arbitrariedades, torturas, confiscaciones de bienes, persecuciones por motivos religiosos y cárceles inhumanas. Fue necesario, pues, una profunda reforma legislativa y judicial. Reyes como José II promovieron también trabajos de codificación.
- Énfasis en la difusión de la educación y la cultura a través de la creación de instituciones educativas. Se dio impulso a la educación con la creación de institutos de enseñanza, academias y sociedades científicas. Por otra parte se favorecieron la investigación y el estudio con la fundación de academias y sociedades científicas, bibliotecas, museos, etcétera.
- Tolerancia religiosa. La política de tolerancia religiosa, cuyo representante más importante fue José II, tenía como fin lograr la afirmación de la soberanía del estado sobre la Iglesia. Se permitió profesar diferentes religiones a elección de los súbditos, en un intento de colocar al Estado por encima de la Iglesia, y de esta manera restar el poder de la religión sobre el pueblo.
Reformas Sociales y Económicas Adicionales
- Más igualdad: Aun a riesgo de irritar al clero y a la nobleza, reyes como José II les suprimieron los antiguos privilegios. Los nobles perdieron sus latifundios, y la servidumbre de los campesinos quedó abolida. El ceremonial fastuoso de las cortes y el lujo desmedido redujéronse a un estilo sencillo y a veces a extremos de austeridad, como Federico de Prusia.
- Más libertad: La tolerancia religiosa, la libertad de prensa y la libertad de trabajo fueron concesiones que los reyes otorgaron a sus pueblos a condición de que éstos se dejasen gobernar. Ninguno toleró tanto la libertad de prensa como Federico II. "Yo dejo decir a mi pueblo lo que quiere -solía manifestar- y él me deja hacer lo que a mí más me agrada." Y agregó cierta vez, con motivo de algunos libelos mordaces que lo vapuleaban: "Razonad cuanto queráis y sobre lo que queráis; pero obedeced".
- Más justicia: Las tendencias filantrópicas de la época suscitaron medidas que hoy llamaríamos de "justicia social", en favor de los pobres, de los enfermos, de los niños y de los incapaces. Por ejemplo: la difusión de la vacuna antivariolosa, la educación de sordomudos, y los asilos.
- Más urbanismo: Dando por descontado que un aumento de población había de ser beneficioso para el progreso y el bienestar, Federico II y Catalina de Rusia fomentaron la inmigración y con ella colonizaron extensas regiones del país mientras fundaban muchos pueblos. Carlos III lo intentó también en España. Por otra parte, las viejas ciudades fueron provistas de obras y servicios públicos, y estimuladas con excelentes resultados.
- Más riqueza: Para fomentar el progreso, valor tan apreciado por los ilustrados, se apoyaron las empresas económicas. Se estimularon las actividades agrícolas, manufactureras y comerciales. Mediante amplias franquicias de comercio y navegación se estimularon estas actividades, que tuvieron especial desarrollo en los puertos libres fundados por Austria y Gran Bretaña. Además, para que la exportación superara a la importación, se fomentó intensamente la industria mediante la concurrencia de expertos técnicos y abultados capitales.
Ejemplos de Monarcas Ilustrados y sus Reformas
Entre los representantes destacados del despotismo ilustrado encontramos a Carlos III de España, Federico II de Prusia, María Teresa, y José II de Austria y Catalina II de Rusia. En este sentido fueron significativos los reinados de Carlos III (rodeado de administradores como José Moñino, conde de Floridablanca, Pedro Rodríguez Campomanes, Pedro Pablo Abarca, conde de Aranda, o Gaspar Melchor de Jovellanos, todos ellos figuras claves de la Ilustración española) y de José I (cuya política ilustrada estuvo en manos del que fuera verdadero dirigente de Portugal en aquellos años: Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal).
- En Francia: El principal logro del gobierno de Luis XV fue la organización del país en regiones o intendencias: los intendentes, nombrados por el rey, supervisaban a las autoridades municipales, organizaban las guarniciones militares y vigilaban el orden público; eran responsables del buen funcionamiento de la agricultura y de la provisión de granos; supervisaban la industria y el comercio, igual que las obras públicas (como carreteras, puentes y canales), el correo y la educación.
- En Austria: La reina María Teresa inició las reformas, y su hijo José II las profundizó. Promovió la tolerancia religiosa y suprimió las órdenes religiosas que no estuvieran dedicadas a labores educativas o de caridad. Abolió prácticas de origen medieval que impedían a los campesinos cambiar de trabajo y de residencia, y a los artesanos contratarse libremente, sin la tutela de su gremio.
- En Rusia: La emperatriz Catalina II dispuso la formación de regiones llamadas departamentos, equivalentes a las intendencias, a cargo de gobernadores, para su correcta administración. Emprendió políticas de colonización para mejorar la agricultura, promovió la creación de fábricas y la urbanización de las ciudades y puso gran interés en la educación pública.
- En España: Con la llegada de los Borbones, se procuró restaurar el prestigio de la monarquía a través del establecimiento de una burocracia centralizada. Los reyes españoles que implementaron las reformas borbónicas fueron Felipe V, Fernando VI, Carlos III y, en cierta medida, Carlos IV. La implementación de las reformas no fue tarea sólo de los reyes, sino también de sus ministros, quienes los aconsejaban y apoyaban en la mejora de la administración del reino.
- Felipe V, quien gobernó de 1700 a 1746, realizó cambios orientados a la mejora de la administración política y económica y la creación de instituciones culturales. En materia económica, Felipe V cambió la sede de la Casa de Contratación de Sevilla a la Ciudad de Cádiz, donde comenzaron a llegar los productos comerciados entre Asia, América y España.
- Fernando VI, que gobernó de 1746 a 1759, continuó las reformas de su padre. Los intendentes eran funcionarios designados directamente por el rey, de esta manera, buscaba ejercer mayor control sobre su territorio. Se registraron las propiedades rurales y urbanas para poder conocer la riqueza de sus súbditos, y así establecer nuevos impuestos.
- Carlos III, medio hermano de Fernando VI, quien reinó de 1759 a 1788, fue el máximo representante del despotismo ilustrado en España. También tomó medidas para reanimar la agricultura: repartió las tierras no cultivadas y organizó importantes obras de riego. En América se dividieron los virreinatos de Perú y la Nueva España, pues su gran extensión hacía que su administración fuera muy compleja. De Nueva España se separaron las capitanías de Cuba y Guatemala. Para centralizar el poder, era necesario limitar la autonomía de las instituciones de la Iglesia, pero la Compañía de Jesús no respondía como autoridad al rey de España, sino al papa. El despotismo ilustrado tuvo implicaciones administrativas en la organización del gobierno y en la infraestructura de Madrid, capital de España.
Representantes Destacados del Despotismo Ilustrado
| Monarca | País |
|---|---|
| Carlos III | España |
| Federico II | Prusia |
| Catalina II | Rusia |
| José II | Austria |
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