La estancia y ex hacienda del Rosario, también conocida como “Walis” o “Wallis”, se ubica al oriente de Mérida. Se localiza a 3.9 km del Centro Histórico, dentro del límite del fraccionamiento habitacional homónimo, fundado a fines de la década de 1970 y principios de 1980 por el ayuntamiento local.
Orígenes e Historia Temprana
La casa principal fue construida en el siglo XVIII y en 1792 su propietario era el Teniente de milicias Toribio del Mazo, quien arribó desde España hacia 1780 y era sobrino del obispo Fray Luis Piña y Mazo. Según fuentes de archivo, en los años finales del siglo XVIII “Walis” era una estancia ganadera.
El nombre de la estancia está asociado con la denominación del río Balis o Walix en Belice, según la crónica de 1677 del dominico Fray José Delgado. La palabra “Walis” deriva de la voz maya belix que significa fangoso o regado. En este trabajo nos referimos a la estancia y ex hacienda del oriente de Mérida como “Walis”, puesto que la denominación de “El Rosario” está prácticamente en el olvido.
La Hacienda Walis y su Entorno
La hacienda del Rosario o Walis se ubicó en la periferia oriental de la Mérida colonial, zona en donde existieron encomiendas de indios y estancias ganaderas tempranas; las primeras, a raíz de que el Adelantado Francisco de Montejo padre entregó encomiendas a sus soldados en tierras del kuchkabal de Chakán (Nolo, Chuburná, Conkal y en otras) a su hijo Francisco de Montejo “el Mozo” y a su sobrino Francisco de Montejo; al parecer en tierras de la comunidad de Nolo quedó comprendida la porción que ocupó la estancia y hacienda del Rosario.
El autor Orlando Vega sugiere que para principios del siglo XVII “la encomendera de la Hacienda era la Sra. Jimena de Aveña”, sugiriendo que ya existía una edificación en el sitio desde ese siglo. Las encomiendas fueron concesiones de mano de obra indígena a españoles para la obtención de tributos y servicios personales a cambio de ofrecer evangelización y trabajo a los naturales; la actividad laboral de los indígenas en encomienda no estuvo necesariamente ligada a la(s) edificación(es) de casas o fincas de estilo europeo como sí sucedió con estancias y haciendas.
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Las estructuras visibles en la actualidad de la hacienda fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVIII. Es probable que como unidad territorial cayera dentro de los límites orientales del “cacicazgo” o kuchkabal de Chakan, jurisdicción pre-hispánica en cuyo territorio dio inicio la colonización europea de la península.
Siguiendo a R. Las estancias de ganado implicaron, además de renta, apropiación y cercamiento de tierras realengas y comunales, la edificación de casas habitación rurales. Estas contaron con espacios de una o en doble planta, destinados a vivienda y resguardo por tener corredores con arcos, respectivamente. Es el patrón que tiene la casona de Walis en sus dos pisos.
En no pocos casos las estancias y haciendas crecieron territorialmente mediante renta, invasión y despojos de tierras así como a través de la privatización posterior de los terrenos comunes de las comunidades indígenas. Fue un proceso que la incipiente política liberal del régimen borbónico impulsó a fines del siglo XVIII, acentuándose con el régimen de intendencias a partir de 1786.
Teniente Toribio del Mazo y el Intendente Lucas de Gálvez
Toribio del Mazo llegó a Yucatán en 1780 a la edad de 18 años como familiar del recién nombrado obispo Luis de Piña y Mazo, cuyo gobierno episcopal cubrió los años 1779 a 1795. Desde su llegada se enroló en el Batallón de Voluntarios Blancos de Mérida, donde cumplió varios encargos. Vale mencionar el que ejecutó en 1787 cuando tuvo la misión de llevar un pliego al Coronel Enrique Grimarest, quien en ese momento se encontraba en Walis (Belice) comisionado por el gobernador Merino Ceballos.
Toribio del Mazo intentó, pero no recuperó la propiedad en 1802. Los recovecos de la justicia novohispana lo hicieron pagar ocho años por un crimen que no cometió, generándose en torno a su persona una leyenda negra que aún se reproduce en discursos periodísticos y en la memoria local. Dolido y sin recursos, un año después de su liberación del Mazo emigró a España, ya sin la protección del tío obispo pero emancipado de la culpa criminal.
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Walis en los Siglos XIX y XX
La hacienda Walis fue también sede de los primeros experimentos para construir máquinas desfibradoras de henequén ante la urgencia económica de la década de mediados del siglo XIX. La finca jugó durante esa etapa otros roles, asociados con la filiación política liberal de sus dueños.
Un estudio biográfico sobre el médico liberal anti-imperialista Agustín O’Horán Escudero reporta que la familia de Manuel Cepeda Peraza, quien esos años dirigía la lucha de resistencia contra el régimen de Maximiliano de Habsburgo, encontró resguardo en dicha hacienda en 1867. Cabe mencionar que, en el plano topográfico levantado por el Ingeniero del Imperio José Salazar Ilarregui en 1865, se nota un rótulo que dice “Camino a Balice” en una de las vías que conducen al extremo oriente de la ciudad, extensión de la actual calle 61 nombrada entonces “Calle Central Oriente”.
Queda la duda si se refiere a la mencionada finca o al camino que se tomaba para dicha región en el extremo sur oriental de la península. Empero, si fuera el caso del territorio ocupado por los ingleses, sería más probable que el camino dijera “a Bacalar”, sin embargo, no tenemos certeza para afirmar una u otra idea.
Hacia mediados del siglo XIX su propietaria fue al parecer Candelaria Cámara de Cantón y se mantuvo en manos de dicha familia hasta 1881, cuando Delfín G. Cantón figuraba como propietario. Para fines del mismo siglo XIX el General oriundo de Cansahcab Teodosio Canto (1825-1907) se registra como dueño; Canto fue gobernador interino de Yucatán en dos ocasiones (1880-1881 y 1885), y heredó la finca a sus descendientes.
Su nieta Esperanza Sobrino Canto la puso en venta a principios del siglo XX dando paso a la “desmembración de la propiedad”; era hija del abogado Porfirio Sobrino Vivas y Esperanza Canto de Sobrino quienes, según el Censo de Población de mayo de 1930, aún eran propietarios.
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Walis, Zona de Monumentos Históricos
Como se refiere, los monumentos históricos en pie y perceptibles que conformaron parte esencial de la antigua estancia y hacienda del Rosario o Walis son en estricto tres. La evidencia arquitectónica (pilares de la puerta o portón de entrada en parte posterior de la casa principal) sugiere que a fines del siglo XVIII funcionaba como hacienda mixta, vocación que debió mantener el siguiente siglo hasta destinar superficie para planteles del “oro verde”.
No son notorias a simple vista las delimitaciones de viviendas accesorias ni vestigios de corrales, bebederos y demás instalaciones para ganado menor y mayor. Prueba de su dedicación a la producción de piloncillo, melaza y henequén es la chimenea tubular que representa la arquitectura rural asociada a la tecnología de carbón y vapor de la época. Se usaron chimeneas análogas entre 1870-1900 para el proceso de producción de henequén en la entidad.
Es probable, como se observa en construcciones de las ciudades fundadas por españoles y en otras edificaciones rurales de Yucatán, que el montaje de la hacienda no dependió de forma exclusiva de materiales pétreos procedentes de estructuras prehispánicas de las etapas anteriores al año 1240 a.C. (post-clásico). Su origen y levantamiento se debe de manera probable al uso de fuentes superficiales de piedra, expuestas de forma natural en las inmediaciones de los terrenos elegidos para establecer las estructuras.
La hacienda estuvo conformada por construcciones adicionales ya inexistentes, imperceptibles ante el crecimiento urbano del área. Las que permanecen y son manifiestas dentro de la actual zona habitacional son:
- a) la casa principal en dos plantas, con arcadas equilibradas pero disímbolas en época, número y estilo
- b) la chimenea industrial
- c) dos postes o pilares que al parecer correspondieron a un portón trasero o de ingreso secundario a la casa principal.
Las estructuras edificadas conforman una zona de monumentos históricos coloniales y decimonónicos, aunque parte del complejo original no existe más: muros, bardas, bebederos, viviendas menores, etc. Es difícil observar las zonas de servicios y resguardo de ganado mayor y menor con que debió contar la propiedad debido al crecimiento urbano.
Casa Principal
Walis posee arquitectura rural de dimensiones medias. La segunda planta también se divide en dos naves y arrastra conceptos constructivos coloniales desde las ópticas técnica y estilística pero su construcción parece ser de finales de la centuria decimonónica. A ella se accede con una escalera ubicada a la izquierda del vestíbulo de ingreso. Está compuesta por un corredor con techo en bóveda de cañón con salientes internas estabilizadoras y otra sección subdividida en tres partes destinadas a habitación y almacenamiento.
El corredor presenta siete arcos de elegante estilo deprimido, que dan sobriedad y equilibrada estética al conjunto; se encuentra en simetría con la planta baja, pero es menos larga hacia el levante respecto a la base plantar. La parte posterior de la casa es simétrica y ostenta puertas y ventanales rematados con balcones en la segunda planta.
Chimenea
Sobrevive la chimenea industrial decimonónica. Fue parte esencial de su etapa de hacienda productora de piloncillo, melazas y luego fibra de henequén. La estructura presenta tres partes, una base cuadrada, fuste tubular en cono ascendente y remate coronal. Se ubica en la parte posterior y a la izquierda de la casa principal.
Oratorio
Documentos coloniales y decimonónicos revelan que fincas y propiedades con asiento de peones y trabajadores recibieron autorización religiosa para edificar “oratorios” que podían encontrarse integrados en alguna pieza de la casa principal, con acceso visible; también había en forma de pequeñas estructuras cóncavas de cal y canto con techos elaborados con bajareques y paja, que se integraron a los edificios principales cerca o dentro de las unidades productivas suburbanas. Algunos llegaron a ser tan exquisitos que se trasformaron en auténticas capillas.
Los oratorios fueron parte de la política de evangelización que apuntaba a facilitar el pasto espiritual a los peones de haciendas, práctica generalizada a finales del siglo XVIII y acelerada durante la segunda mitad del XIX a la par del incremento de haciendas henequeneras. En el caso de Walis, la observación de que en la década de 1980 la actual parte elevada y curva del templo católico era una “derruida construcción rústica en piedra y antigua” permite sugerir que era parte del oratorio aprobado para la finca en el año 1858 por la diócesis local a la propietaria Candelaria Cámara de Cantón.
Se ubica al frente de la casa principal a unos sesenta metros de distancia, estructura a la que se sobrepuso con poco criterio de conservación el actual templo católico. Su diseño disminuido remite a las capillas de indios de la primera etapa de la conquista espiritual.
