Descubre la Transferencia en Freud: El Secreto Clave del Psicoanálisis Reveladopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La teoría de la transferencia es una de las grandes contribuciones de Sigmund Freud a la ciencia, constituyéndose dicho concepto en el pilar del tratamiento psicoanalítico. Nos centramos en el origen del concepto de transferencia en Freud, para luego intentar adentrarnos en la profundización, consolidación y modificación de dicha noción. La transferencia siempre sale al paso cuando se habla o se escribe el psicoanálisis; no digamos ya lo que ella tiene de fundamento, si se tiene fortuna, durante el proceso de una cura. Mucha tinta ha corrido en relación al tema, y sin embargo y a pesar de todo, lo dicho y lo escrito no hacen sino evidenciar la importancia del asunto, el cual no deja de escurrirse a la hora de intentar transmitirlo: la transferencia no se deja atrapar del todo.

Orígenes y Primeras Observaciones

En los antecedentes inmediatos del análisis, la transferencia reveló la amplitud de sus efectos, este fue el caso de Anna O (1880-1882) tratado por Breuer por medio del método catártico, mucho antes de que el terapeuta pudiera reconocerla como tal, y sobre todo, manejarla como técnica propia. A comienzos de la década del 90, Freud (1895) solicitó a Breuer de comunicar los hallazgos sobre la histeria, observando que el impedimento para hacerlo se sostenía sobre el episodio sentimental con Anna O. Fueron justamente los episodios que ocurrieron con la paciente denominada Anna O., a quien atendió Breuer, y los tratamientos de las pacientes histéricas que se registran en Estudios sobre la histeria los que empezaron a generar la hipótesis de que las transferencias eran "hacia la persona del médico".

Primeras Definiciones y la Resistencia

El razonamiento del autor al descubrirla, parte de una evaluación sobre la confiabilidad de la coerción asociativa. Hay tres circunstancias en las que el método fracasa, pero al mismo tiempo no hacen más que convalidarlo. La segunda eventualidad descripta por Freud, es la de la resistencia interna, la cual llevó a comprender el punto de vista dinámico de las tendencias, el valor del conflicto en la vida mental. La tercera, es la denominada resistencia externa, cuya explicación debe buscarse en la particular relación del enfermo con su psicoterapeuta. Cuando el paciente recibe una ofensa por parte del médico, algún desinterés, injusticia o desatención, se traba su capacidad de colaborar fallando su coerción asociativa, pero en cuanto esto se aclara, la colaboración se restablece y el procedimiento vuelve a funcionar de manera eficaz. El autor expresa que no es de importancia si dicha ofensa es real o sentida por el paciente.

La segunda forma de resistencia externa proviene del temor del paciente a su dependencia, a perder su autonomía y hasta quedar unido sexualmente al médico (todavía se encontraba vigente su teoría de la seducción). El tercer tipo de resistencia extrínseca es el enlace falso, donde el paciente adscribe al médico representaciones (displacenteras) que emergen durante la tarea. A esto Freud le llama transferencia y señala que se lleva a cabo por medio de una conexión errónea errada. Al comienzo de la obra freudiana, la transferencia fue de "cargas" (Q) entre representaciones. El término transfert de Huckel fue tomado por Freud para la "transferencia de cargas de una parte del cuerpo a otra". A partir de allí, propuso la conversión, como la forma típica de la histeria para la reversión de las cargas hacia representaciones corporales. Esta época fue prepsicoanalítica, cuando Freud utilizaba, primero la hipnosis que más tarde se convirtió en el método catártico de Breuer.

La Transferencia en la Interpretación de los Sueños y el Caso Dora

En el capítulo siete de “La interpretación de los sueños” (Freud, 1900/1984c) emplea la palabra transferencia para dar cuenta de un proceso de elaboración onírica. Explica que el deseo inconciente no podría llegar nunca a la conciencia ni burlar los efectos de la censura sino adscribiese su carga a un resto diurno preconciente:

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  • …la representación inconciente como tal es del todo incapaz de ingresar al preconciente, y que sólo puede exteriorizar ahí un efecto si entra en conexión con una representación inofensiva que ya pertenezca al preconciente, transfiriéndose su intensidad y dejándose encubrir por ella. Este es el hecho de la transferencia que explica tantos procesos llamativos de la vida anímica de los neuróticos. (Freud, 1900/1984c, p.

Esta idea vuelve a aparecer en el “Fragmento de análisis de un caso de histeria- Dora” (Freud, 1905). A pesar de que Freud no consideraba aún a la transferencia como parte de la relación médico-paciente, su papel aparecía como fundamental, hasta el punto de que el autor, atribuye la terminación prematura de la cura a una falla de interpretación de la transferencia. Varias expresiones dejan entrever en esta etapa, que Freud no asemeja el conjunto de la cura (en su estructura y dinámica) a una relación de transferencia.

Dice Freud que durante el tratamiento psicoanalítico la neurosis deja de producir nuevos síntomas, pero su poder no se ha extinguido, sino que se apoya en la invención de un tipo específico de estructuras mentales casi siempre inconcientes, a las que debe darse el nombre de transferencias. ¿Qué son las transferencias? Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse concientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico. (Freud, 1905, p. El psicoanálisis nació como un intento de entender la psicología humana, pero también fue planteado como una herramienta hecha para lidiar con los efectos inoportunos de tener un inconsciente demasiado "rebelde". Un inconsciente que, subrepticiamente, va guiando e influenciando nuestra forma de actuar en cada momento. A partir del caso Dora emerge la significación precisa de la transferencia freudiana como reediciones de impulsos y fantasías que han de ser despertados y hechos conscientes.

La experiencia muestra que la transferencia es un fenómeno inevitable dentro del tratamiento psicoanalítico. Es en el epílogo de dicha obra que el autor afirma que el tratamiento psicoanalítico no crea a la transferencia sino que la descubre, la hace visible. Afirma además, que ésta existe fuera y dentro del análisis; la única diferencia es que aquí se la detecta y se la hace conciente. De esta manera la transferencia se va desarrollando y descubriendo constantemente. Plantea: “La transferencia, destinada a ser el mayor escollo para el psicoanálisis, se convierte en su auxiliar más poderoso cuando se logra colegirla y traducírsela al enfermo.” (Freud, 1905, p. Además, hay dos conceptos creados para vigilar el efecto que las fuerzas inconscientes tienen en la relación entre paciente y analista. Según las teorías de Freud, cada vez que experimentamos nuevas sensaciones estamos evocando parte de las experiencias pasadas que dejaron una marca en nuestro inconsciente. El destacamento del psicoanálisis sobre los procesos psíquicos inconscientes ha generado toda una ruptura frente a las concepciones tradicionales que consideraban el psiquismo del hombre como un solo espacio, mediante el cual podía conocerse a sí mismo.

La Dinámica de la Transferencia y su Evolución

En su Conferencia en la Clark University de Massachussets, Freud (1909) habla de la transferencia, subrayando su función de aliado en el proceso analítico y la define en relación a tres parámetros: conciente-inconciente, fantasía-realidad y presente-pasado. Como segundo punto, en cuanto fenómeno del sistema inconciente, corresponde a la fantasía, a la realidad psíquica y no a la realidad fáctica. Debemos considerar que la transferencia (Etchegoyen, 1991) es lo inconciente, lo irracional, lo infantil que coexiste con lo conciente, racional y adulto en serie complementaria.

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La Transferencia como Resistencia y Motor de la Cura

El otro texto de suma importancia en relación al tema de la transferencia es el titulado “Sobre la dinámica de la transferencia” (Freud, 1912/1986f). El descubrimiento del Complejo de Edipo (Laplanche y Pontalis,1971) no podía dejar de influir en la manera en que Freud comprendía la transferencia. Freud subraya que la transferencia ha de buscarse en ciertos modelos, estereotipos, o clisés, que todos tenemos y surgen como resultante de la disposición innata y de las experiencias de los primeros años. Estos modelos de comportamiento erótico se repiten constantemente en el curso de la vida, si bien pueden cambiar frente a nuevas experiencias. Solo una porción de los impulsos que alimentan estos estereotipos alcanza un desarrollo psíquico completo: es la parte conciente, que se dirige a la realidad y se encuentra en disposición de la persona. Otros impulsos, detenidos en el desarrollo, apartados de la conciencia, han permanecido en lo inconciente. El analista, no tiene que ser una excepción en tales circunstancias y por tanto, la libido insatisfecha del paciente se dirigirá a él tanto como a otra persona (como ya se dijo antes, la transferencia es la misma en el análisis que fuera de él).

Si supera en naturaleza y cantidad lo que podría justificarse de manera racional, es porque la transferencia se sostiene más en lo que ha sido reprimido que en las ideas anticipatorias concientes. En este momento de su pensamiento y como ya lo mencionamos anteriormente, Freud (1912/1986f) comprueba que la transferencia sobre la persona del médico se desata en el momento en que alguno de los contenidos inconcientes están a punto de ser develados. Nos preguntamos lo siguiente: ¿por qué la transferencia aparece durante el tratamiento psicoanalítico como resistencia? Así, en la cura analítica la transferencia se nos aparece siempre, en un primer momento, sólo como el arma más poderosa de la resistencia, y tenemos derecho a concluir que la intensidad y tenacidad de aquella son un efecto y una expresión de ésta. El mecanismo de la transferencia se averigua, sin duda, reconduciéndolo al apronte de la libido que ha permanecido en posesión de imagos infantiles; pero el esclarecimiento de su papel en la cura, sólo si uno penetra en sus vínculos con la resistencia. (Freud, 1912/1986f, p. Según Etchegoyen (1991), Freud parecería inclinarse más a la transferencia como promovedora de la resistencia. La relación transferencial, al convertir un deseo en algo que se relaciona con la misma persona a la cual ese deseo se direcciona, lo hace más arduo de aceptar. La mejor resistencia es la transferencia ya que transforma un recuerdo en algo presente, en algo actual.

Sin embargo esta explicación para el autor no es suficiente ya que afirma que no se puede emplear la transferencia como resistencia si se reflexiona sobre el término transferencia a secas. Es preciso separar una transferencia positiva (la cual divide en erótica y sublimada) de una negativa, una de sentimientos tiernos a otra de sentimientos hostiles. Al final de su artículo da una descripción del tratamiento psicoanalítico y señala que, en la medida en que el tratamiento se interna en el inconciente, las reacciones del paciente revelan las características del proceso primario, que lo llevan a considerar sus impulsos (o deseos) como actuales y reales, mientras que el médico trata de ubicarlos en el contexto del tratamiento. Del resultado de esta lucha, expone Freud, depende el éxito del análisis. El establecimiento de este lazo afectivo intenso es automático, inevitable e independiente de todo contexto de realidad. En “Observaciones sobre el amor de transferencia” 1915, Freud trata las dificultades en el manejo de la transferencia, entre ellas la de que el paciente se enamore del médico. “Hemos de sospechar que todo lo que viene a perturbar la cura es una manifestación de la resistencia”.

Repetición y Pulsión de Muerte

También en la Conferencia nº 27 de las “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Freud, 1916-17/1984a), presenta nuevamente sus ideas sobre la transferencia, recalcando que la neurosis surge como consecuencia de la repetición. Este concepto, el de la transferencia como dificultad y como herramienta esencial para la cura, ya se nos presenta con el caso de Dora (Freud, 1905). “Es importante mencionar que el concepto de repetición no es nuevo, ya está implícito en la transferencia, ya que es algo que vuelve del pasado y opera en el presente”. (Etchegoyen, 1991, p. Es en este artículo que Freud compara el recuerdo con la repetición; es importante señalar que si se da esta última es porque el recuerdo no está presente ya que éste se constituye como el medio para evitar la repetición. Es entonces que Freud contrapone el concepto de recuerdo al de repetición, utilizando a este último con un criterio preciso, exacto. Hasta 1912 la diferencia conceptual no es tan definida como en este momento de su obra, por lo que antes tampoco pareciera haber una distinción clara entre ambos conceptos (repetición y recuerdo). En este último año (1912), “…la dinámica de la transferencia se explica por la resistencia al recuerdo, pero en 1914 el recuerdo reprimido se repite en la transferencia.” (Etchegoyen, 1991, p.

Es en “Más allá del Principio de placer” (Freud, 1920/1984b) en el que el pensamiento del autor dará un gran giro. Freud plantea que la transferencia funciona por la compulsión a la repetición y que al servicio del placer, el yo la reprime. Parecería que la transferencia se encuentra al servicio del instinto de muerte, fuerza que tiende a la inmovilización, al estancamiento. La repetición se torna ahora en el principio explicativo de la transferencia, Freud expresa que el paciente no puede recordar todo lo reprimido: “…más bien se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez de recordarlo,…en calidad de fragmento del pasado”. (Freud, 1920/1984b, p. La transferencia es gobernada por la repetición y el instinto de muerte, por lo que pasa a ser lo resistido y no la resistencia. El monto de displacer generado es lo que lleva a Freud a exponer la repetición como un principio y la pulsión de muerte como un agente pulsional de la misma categoría que el eros. En relación a la idea anterior reflexionamos: si la transferencia implica una predisposición a repetir ligada a la pulsión de muerte, la única acción llevada a cabo por el individuo es contraponerse a través de una resistencia a la transferencia movilizada en este caso por la libido, por el principio de placer. No debemos olvidar que Freud fundamenta su teoría de que existe una pulsión de muerte cuya particularidad esencial es la repetición tomando el tema de la transferencia como ejemplo clínico, pero no real...

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Freud presenta en este texto la transferencia como la carga de libido que el individuo parcialmente insatisfecho orienta hacia el médico. Posteriormente Freud acentúa la transferencia como repetición y plantea que la transferencia permite el desplazamiento de representaciones inconscientes sobre el analista, facilitando la repetición. En «Recuerdo repetición y elaboración» de 1914, Freud da cuenta de una evolución de la técnica cuyo fin es la supresión de las lagunas del recuerdo y el vencimiento de las resistencias de la represión. El analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. Extiende así la transferencia hasta hacerla cubrir toda la dimensión de la cura analítica. Tenemos que estar preparados a que el analizado se abandone a la repetición que sustituye en él el impulso a recordar, no sólo en lo que afecta a su relación con el médico sino a todas las demás actividades y relaciones de la vida. Es el triunfo de la repetición sobre la rememoración. En este texto Freud opone rememoración a repetición. Dicho de otro modo: recuerdo y repetición en acto son efectos de la repetición. En «Más allá de principio del placer» 1920, afirma que para comprender esta obsesión de repetición manifestada en el tratamiento psicoanalítico de los neuróticos, «hay que liberarse ante todo del error que supone creer que en la lucha contra las resistencias se combate contra una resistencia de lo inconsciente. Las resistencias vienen del yo, no de lo reprimido. Vienen del yo porque la liberación de lo reprimido produce displacer. La edad de Oro del psicoanálisis, en la que predominaba el arte de interpretar y el síntoma se desvanecía fácilmente tras el desciframiento, se perdió pronto y Freud señala que era necesario analizar las resistencias. Si la resistencia al análisis revela que el sujeto puede no satisfacerse con su placer es porque este placer depende de un más allá al que continúa sometido.

La Transferencia como Herramienta Terapéutica

Específicamente, la herramienta fundamental con la que cuenta el analista es la transferencia. Se trata de afectos que habrán estado orientados originalmente hacia los padres, los hermanos u otras personas significativas en la infancia y que en la vida adulta mantienen su presencia y su efectividad psíquica, de modo que es posible transferirlos a escenarios actuales. Freud señala que este fenómeno ocurre de manera completamente espontánea en las relaciones entre seres humanos, pero cobran una relevancia especial en la relación analítica, convirtiéndose en su instrumento principal, para el cambio psíquico del analizante. Freud registró que sólo mediante la experiencia transferencial, en la actualidad del tratamiento, pueden ser vencidas las resistencias psíquicas del analizante, de manera de lograr que aquello reprimido o inconsciente, sea aceptado por el paciente, produciendo un cambio permanente en ese punto y su trama. En la técnica de tratamiento psicoanalítico la relación entre el psicoanalista y el analizado, por las particularidades del encuadre analítico, la transferencia y el análisis de la forma específica en que se presenta, ocupa, entonces, un lugar central para la cura.

Aunque teóricamente la transferencia es un fenómeno generalizado que se produce en nuestro día a día, Sigmund Freud puso especial énfasis en la necesidad de considerar el efecto que la transferencia tiene durante las sesiones de psicoanálisis. Por tanto, durante las sesiones puede ocurrir la transferencia, que significaría que el paciente proyecta en el analista contenidos de su inconsciente y revive vínculos afectivos del pasado. De este modo, según Freud el paciente verá cómo su relación con el psicoanalista tendrá reminiscencias de relaciones ya vividas, por muy ilógico que parezca. Pero para Freud no era malo que se iniciase una transferencia desde el paciente hacia el analista. De hecho, formaba parte de la terapia, ya que creaba un vínculo emocional desde el cual el terapeuta podría guiar al paciente en la resolución de conflictos psicológicos y de bloqueos basados en traumas. La transferencia es un concepto propuesto por Freud (1895, 1901, 1912) para designar el dispositivo que se organiza en la situación analítica y que permite la asociación libre y el análisis propiamente dicho, señalando que no se provoca, sino que tiene lugar, y que es lo que permite la interpretación. He aquí el dispositivo necesario para el análisis, en el que la trasferencia es “la más poderosa palanca del éxito como el medio más potente de la resistencia” (Freud, 1912, p.

Tipos de Transferencia y Contratransferencia

La transferencia positiva es aquella en la que los afectos proyectados hacia el analista son amistosos o relacionados con el amor. La transferencia negativa está basada en sentimientos de odio y aversión hacia el psicoanalista. Es preciso separar una transferencia positiva (la cual divide en erótica y sublimada) de una negativa, una de sentimientos tiernos a otra de sentimientos hostiles. Transferencia positiva, que son los sentimientos amistosos y afectuosos hacia el analista. Transferencia negativa, caracterizada por la expresión de sentimientos hostiles y de enojo. Freud (1916-1917), en Lecciones de Introducción al psicoanálisis en la Lección XXVII: La transferencia, de acuerdo con Capellá (1996), se refiere a una transferencia en la cura como “transferencia de sentimientos” sobre la persona del médico (analista, terapeuta, etc.); dada la carga pulsional de la que está formada, aparece el amor de transferencia, que es el equivalente del enamoramiento fuera del análisis, que puede constituirse en una resistencia; la neurosis de transferencia, la sugestionabilidad del paciente, entre otros elementos.

Para Sigmund Freud era muy importante que cada psicoanalista supiera detectar los efectos que la contratransferencia tenían sobre su modo de relacionarse con los pacientes y sobre sus motivaciones a la hora de tratar con ellos. Por ejemplo, durante la asociación libre es normal que el propio psicoanalista, a partir de su propia subjetividad y la red de significados, recuerdos y creencias inconscientes, utilice su propio punto de vista para reorganizar el discurso del paciente en un todo con sentido que expresa cuál es la raíz de la dolencia. Sin embargo, algunos autores han decidido utilizar una definición más restringida para referirse a lo que significa el término "contratransferencia". De este modo, la contratransferencia pasa a ser el modo en el que el psicoanalista reacciona ante las transferencias del paciente. A través de su análisis personal, el analista se posiciona en condiciones de reconocer sus transferencias (contratransferencia) de modo de no interferir con los contenidos psíquicos del analizado.

La Transferencia desde la Perspectiva Lacaniana

Lacan (1938, 1964), en años posteriores, hace señalamientos importantes que permiten una revisión del análisis como escenario de la transferencia y la interpretación. Lacan nos ayuda a despejar el término de transferencia haciendo una conexión entre amor y saber. La idea inicial es que el saber que va a elaborarse en la experiencia analítica en un sentido ya está allí. Así pues el inconsciente es el lugar de un saber. Es un saber que escapa al sujeto en el sentido que él lo ignora. Pero el saber del inconsciente, no solo se manifiesta en la transferencia, existen en la vida corriente: lapsus, actos fallidos, sueños, síntomas. El analizante se dirige a un lugar, el del Otro, en el que debe admitir que su existencia se decide. Pues el lapsus no es el error, como tampoco lo son el acto fallido o el sueño, por absurdo que parezca. Estas manifestaciones inquietan al sujeto porque son «de él» cuando sin embargo él se niega a reconocerse en ellas. El punto de partida de la transferencia reside en el reconocimiento por el sujeto de ese saber extraño.

Para Lacan, por su parte, la transferencia implica al Otro, y es justamente en esa relación que aparece la transferencia; más que como repetición y clisé, es un espacio entre el sujeto y el Otro, y hace énfasis en señalar la posición subjetiva y apuntar a su deseo, más allá que caer en su demanda. El analizante ama a su analista a causa de lo que le ha confiado cuando decidió comenzar su análisis, es decir, lo que no sabe sobre sí mismo. Lo que él no sabe, es lo que supone a su inconsciente y «transfiere» por esta suposición al analista. En efecto, está claro que el analista no sabe más que lo que el analizante le ha confiado al comienzo. Lo que sabe el analista, por el saber inconsciente, no lo sabe sino a medida que el sujeto lo va diciendo. El analista solo está obligado a responder. Está obligado a responder al amor en términos de saber. Así, la transferencia se presenta bajo dos vertientes conflictivas: por una parte, sostiene la llamada del sujeto al saber inconsciente y por otra, bajo el disfraz de amor mantiene al sujeto separado de este saber. La transferencia es la vía principal de tratamiento en el análisis (Lacan, 1960-1961; 1962-1963); es el fundamento que permite el encuadre, la interpretación, el sentido y el fin de análisis. La transferencia es entonces la garantía del tratamiento y de la interpretación; esos momentos en los que se captura al sujeto en el análisis, es la captura del inconsciente en el discurso del sujeto.

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