Benito Mussolini (1883-1945) fue un dictador, fundador y líder del Partido Fascista Italiano que gobernó Italia desde 1922 hasta 1943. Condujo el país hacia un régimen autoritario, alineándose con la Alemania nazi, y arrastró a Italia a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Benito Mussolini, líder del movimiento fascista italiano, fue primer ministro de Italia desde 1922 hasta que fue removido en julio de 1943. Mussolini, el aspirante a César, fundador del fascismo, empezó con una banda armada que convirtió en un ejército, tomando el poder después de la farsa de la "marcha sobre Roma" en 1922.
Orígenes del Fascismo y la Figura de Mussolini
Benito Mussolini nació el 29 de julio de 1883 en Dovia di Predappio, un pueblo rural de la región de Emilia-Romaña. Su padre, Alessandro, era un herrero y simpatizante del socialismo; su madre, Rosa, era una profesora católica devota. Desde muy pequeño, Benito estuvo expuesto a ideas radicales, republicanas y anticlericales, que lo influyeron profundamente. Después de graduarse como maestro de escuela primaria, trabajó brevemente en Suiza (1902-1904), donde se unió a círculos socialistas locales y se vinculó con la organización marxista internacional. Con el paso de los años, Mussolini ganó prestigio como periodista y teórico revolucionario. Gracias a su destreza retórica y su postura editorial agresiva, en 1912 fue nombrado editor del periódico socialista Avanti!, la voz oficial del PSI. Desde esta posición, Mussolini se convirtió en una de las voces más radicales del partido.
Sin embargo, al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, cambió repentinamente su postura: aunque el PSI era neutral, Mussolini se declaró a favor de la intervención de Italia en el conflicto creyendo que era una oportunidad histórica para regenerar al país y provocar una revolución social. Este cambio de dirección llevó a una ruptura con el partido, del cual fue expulsado en noviembre de 1914. En 1915, cuando Italia entró en la Primera Guerra Mundial, Mussolini se alistó como voluntario y fue herido en una explosión en 1917.
El Contexto Post-Primera Guerra Mundial en Italia
Al terminar la Primera Guerra Mundial en noviembre de 1918, el Reino de Italia se hallaba en el grupo de los países vencedores, al aliarse desde 1915 con la Triple Entente en contra de las Potencias Centrales. Un elemento que influyó de forma decisiva entre los políticos italianos para intervenir en la contienda fue la oferta de Francia y el Reino Unido de otorgar a Italia territorios que serían desmembrados del Imperio austrohúngaro o del Imperio otomano, lo cual fue empleado en la propaganda belicista para sostener al apoyo a la guerra entre las masas del proletariado italiano. No obstante, la campaña bélica fue difícil y solo en los últimos meses del conflicto las fuerzas italianas obtuvieron un triunfo decisivo sobre el Imperio austrohúngaro en la batalla de Vittorio Veneto.
Al final del conflicto en 1918, Italia se encontró en una delicada situación de inflación, desempleo, conflictos laborales y una amplia insatisfacción con la llamada «victoria mutilada» (vittoria mutilata), según la cual Italia, pese a haber salido victoriosa, había sido traicionada por los Aliados y no obtuvo las compensaciones prometidas, en particular los territorios de Fiume y Dalmacia. La crisis no solamente fue internacional, al mismo tiempo fue moral, política y económica. Durante la guerra perecieron casi 700 mil soldados, hubo 1 millón de heridos; el país quedó afectado por el desempleo y la inflación; y una crisis política con gobiernos rápidamente alternantes. En este contexto, algunos partidos políticos de corte comunista y socialista ocupaban fábricas y realizaban huelgas nacionales.
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En 1919, terminada la guerra, las expectativas territoriales quedaron frustradas por el Tratado de Saint-Germain-en-Laye (el equivalente para Austria del Tratado de Versalles). La idea de la victoria mutilada fue una reacción, un mito de la reacción a la condena de la guerra por parte de las masas socialistas. Y fue, además, el comienzo de un choque violento contra los socialistas por parte de los nacionalistas, a los que se sumó luego el movimiento fascista, con la fundación de los Fascios de Combate.
Nacimiento y Evolución del Movimiento Fascista
En este clima inestable y violento, Mussolini fundó los Fasci Italiani di Combattimento (Fasces italianos de combate) en Milán en 1919, un movimiento que agrupó a antiguos combatientes, nacionalistas, sindicalistas revolucionarios y anticomunistas. El nombre deriva de la palabra italiana fascio (en latín: «fascis»). En la Antigua Roma, esa palabra era usada como símbolo de la unión de los luchadores. El símbolo fascista es el fasces romano que significaba el poder del régimen, en particular el poder jurisdiccional. El uso del símbolo se simplificó a la palabra fascio, que además de tener el significado de "hacha", también adquirió el sentido de "liga" y "asociación".
En 1919, los fascistas no obtuvieron escaños en las elecciones nacionales. Sin embargo, a inicios del año 1920, comenzaron a expandirse rápidamente, esto en parte gracias al uso sistemático de la violencia política. En esta primera fase, Mussolini se benefició de la acción de los squadristi (escuadristas), grupos paramilitares que atacaron uniones, cooperativas socialistas y periódicos de la oposición, a menudo con la complicidad tácita de las autoridades locales. El temor ante una revolución similar a la rusa de las clases medias y la alta burguesía italiana vio en los fascistas de Mussolini la mejor arma para desarticular los movimientos obreros organizados.
Mussolini refundaba la organización de Milán con el nombre de Fasci italiani di combattimento, que empezaron a destacar por su lucha callejera contra huelguistas, izquierdistas y otros enemigos políticos y sociales. Al recién nacido movimiento le faltaba sin embargo inicialmente una base ideológica bien definida, y el mismo Mussolini no se había decantado por una ideología concreta, sino simplemente contra todas las demás. Según su intención, el fascismo habría debido representar una «tercera posición», basada en el nacionalismo extremo, el culto a la violencia, el desprecio hacia la burguesía y la oposición frontal al marxismo, tanto en su variante socialista como comunista. En el movimiento, además de voluntarios comunes, contribuyeron los futuristas y nacionalistas excombatientes, muy desencantados de la democracia y del liberalismo político, además de hostiles a los socialistas que, desde 1915 se habían opuesto a la participación de Italia en la guerra, y ahora atacaban en sus escritos a los veteranos de guerra. Apenas 20 días después de la fundación del fascismo, las novatas "escuadras de acción" asaltaron la sede del periódico socialista ¡Avanti! y destruyeron sus oficinas, y el estandarte del periódico fue llevado ante Mussolini, el cual lo conservó como trofeo.
En 1921 Mussolini formó el Partido Nacional Fascista (Partito Nazionale Fascista, PNF), y fue elegido diputado ese mismo año. El 12 de noviembre de 1921 se creó el Partido Nacional Fascista (PNF), transformando a los fascios de combate en un partido político y aceptando (al menos formalmente) los compromisos legales y constitucionales. En aquel período, el PNF alcanzó 300.000 alistados, además de tener un fuerte apoyo en Emilia-Romagna, Lombardía, y Toscana. En estas regiones las escuadras fascistas tenían como objetivo atacar a los socialistas y a los sindicatos, intimidándolos con la práctica de brutales palizas o cometiendo homicidios que quedaban casi siempre impunes.
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La Marcha sobre Roma y la Toma del Poder
La crisis política de la época empujó a Mussolini a dar un paso decisivo el 28 de octubre de 1922. Mussolini ordenó a mediados de octubre de 1922 que todos los militantes del Partido Nacional Fascista ejercieran toda la violencia posible en todo el país lo cual lograron ante la pasividad del ejército y la policía. Luego, masas de fascistas se lanzaron a carreteras y trenes para dirigirse a Roma y tomar el poder para su líder. Armados apenas con algunas pistolas, mazas de acero y armas caseras, los camisas negras acudieron por millares a la capital italiana desde el 22 de octubre, amenazando con provocar una guerra civil si las autoridades les cerraban el paso. Aproximadamente 25.000 «camisas negras» - la milicia fascista que usaba ese uniforme distintivo - marcharon con dirección a Roma, un gesto más demostrativo que militar, pero suficiente para intimidar al gobierno.
Sin embargo, Mussolini no marchó junto a los camisas negras, en cambio, prefirió observar el desenlace desde una distancia prudente. El día 25 de octubre, una gran masa de miles de camisas negras había llegado a las afueras de Roma y su número aumentó pronto, por lo cual el primer ministro Luigi Facta pidió declarar estado de sitio y detener a los fascistas con tropas del Regio Esercito. El rey Víctor Manuel III rechazó firmar la orden para evitar "una batalla entre italianos" a gran escala, y más bien decidió llamar al poder a Mussolini para "neutralizarlo" más adelante. Pero Mussolini exigió a Facta la jefatura del gobierno y el rey Víctor Manuel accedió a ello: el 29 de octubre Mussolini recibió el cargo de primer ministro. El 30 de octubre de 1922 nombró a Mussolini primer ministro.
Consolidación de la Dictadura
En los primeros años de su mandato, Mussolini dirigió un gobierno de coalición. El 25 de noviembre le fueron conferidos a Mussolini por el parlamento (con 215 votos a favor y 80 en contra) plenos poderes en el ámbito económico y administrativo desde el 3 de diciembre de ese año (fecha de promulgación de la ley) hasta el 31 de diciembre de 1923 con el fin de «restablecer el orden», pudiendo gobernar por decreto sin la aprobación previa de los parlamentarios. El 14 de enero de 1923 los camisas negras fueron institucionalizados como fuerza paramilitar bajo amparo estatal, siendo convertidos en la Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale ('Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional').
Después de eliminar sistemáticamente toda la oposición entre los años 1925 y 1926, el Duce se enfocó en un proceso de «fascistización» de la sociedad, lo que provocó la transformación de Italia en un Estado totalitario en donde el régimen permeó en cada sector, desde instituciones a educación, desde la cultura a la vida diaria. La Italia fascista exaltaba la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprimía la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo.
Características del Régimen Fascista
El fascismo es una ideología difícil de definir. Sus características principales incluyen el culto al líder, una firme oposición a la democracia parlamentaria, exaltación de la violencia, militarismo, la supremacía del Estado sobre los ciudadanos, totalitarismo y ambiciones imperialistas. La Italia fascista, también conocida coloquialmente como el régimen mussoliniano, fue el período de la historia de Italia durante el cual el Reino de Italia fue gobernado por un régimen sustentado en la ideología del fascismo y encabezado por el dictador Benito Mussolini, fundador del fascismo y del Partido Nacional Fascista.
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Una vez alcanzado el poder, la plutocracia cooperó decididamente con el fascismo en sus diversas versiones, dada la protección que este brindó al capital privado bajo el amparo otorgado por la creación de fuertes monopolios empresariales. Si bien el fascismo tuvo una base racial en Alemania, no fue así en Italia (al menos inicialmente, hasta 1938).
Medidas Políticas y Sociales:
- Tras el asesinato del líder socialista Giacomo Matteoti (10 de junio de 1924), quién había denunciado el fraude electoral de los fascistas, se abrió una fase crítica. La oposición protestó retirándose del Parlamento (la «Secesión Aventina»), pero la medida resultó ineficaz.
- Mussolini aprovechó la situación y, entre 1925 y 1926, promulgó las llamadas Leggi Fascistissime, un conjunto de leyes que establecían el régimen dictatorial.
- Todas las organizaciones no fascistas fueron disueltas; la libertad de prensa fue suprimida, se estableció el Tribunal Especial para la Defensa del Estado y se creó la OVRA (Organización para la Vigilancia y Represión del Antifascismo), una fuerza policial secreta encargada de vigilar y reprimir a los opositores.
- Se otorgaron plenos poderes al jefe de gobierno, conocido como «Duce», y como Duce, Mussolini asumió directamente numerosos roles: además de jefe de gobierno, ejerció como ministro de Relaciones Exteriores, del Interior, de Guerra, de Marina y de Aviación.
- Para 1929 Mussolini ya estaba afianzado en el poder, con control casi absoluto del Parlamento, la prensa, la policía y el aparato de Estado.
- Una de las instituciones principales usadas para tal fin fue la PNF, que pasó de ser un movimiento político a un órgano de control social. La PNF organizaba conferencias y cursos de formación, y contaba con organizaciones juveniles como la Opera Nazionale Balilla (ONB) para niños.
- Como prueba adicional de la deriva dictatorial, en 1931 Mussolini estableció la Cámara de los Fasci y Corporaciones, reemplazando a la anterior Cámara de Diputados. Este nuevo órgano parlamentario ya no era electivo, sino que estaba compuesto por representantes de corporaciones económicas y grupos sociales controlados por el régimen.
- Un paso importante en la consolidación de su poder fue el pacto que realizó Mussolini con el Papa Pío XI.
Economía y Propaganda:
- Desde el punto de vista económico, el régimen promovió el llamado «corporativismo», un modelo presentado como una tercera vía entre el capitalismo liberal y el socialismo. La idea era reunir a trabajadores, empresarios y al Estado en corporaciones sectoriales, con el objetivo declarado de superar los conflictos de clase y crear un sistema económico armonioso controlado por el Estado.
- A pesar de sus intenciones, la economía corporativista probó ser ineficaz y autoritaria en más de una ocasión. Los planes económicos del Duce a menudo favorecían los intereses de los industrialistas y del Estado, mientras que los derechos de los obreros quedaban severamente restringidos. Los sindicatos independientes fueron abolidos y reemplazados por organismos controlados por el régimen, lo que impedía cualquier forma de huelga o protesta.
- Una de las herramientas más poderosas a disposición de Mussolini era la propaganda. El régimen fascista invirtió grandes recursos en el control de la información, la creación de mitos y el uso de símbolos para legitimar el poder del Duce.
- El Ministerio de Cultura Popular (MinCulPop), creado en 1937, controlaba la prensa, la radio, el cine y el teatro, asegurando que todo el contenido se ajustara a las directrices del régimen. La radio se convirtió en un medio clave para difundir los discursos de Mussolini y la retórica fascista, llegando incluso a las áreas más remotas del país.
- El culto a la personalidad alrededor de Mussolini se desarrolló a través de imágenes, carteles, películas y ceremonias públicas. El Duce se presentaba como un hombre fuerte, salvador de la patria y el «primer obrero de Italia».
- Desde una perspectiva cultural, el fascismo buscaba forjar una nueva identidad italiana. Se fomentaron las celebraciones de la antigua cultura romana y del Imperio romano como símbolos de la grandeza italiana por redescubrir y renovar. Se dedicaron monumentos, escuelas e instituciones a esta narrativa histórica.
Política Exterior y la Segunda Guerra Mundial
Una de las características del fascismo italiano fue su política expansionista: en 1911 Italia le arrebató a los turcos el territorio africano de Libia para lanzarse luego a la conquista de nuevos territorios (Etiopía sufrió la ocupación de la Italia fascista entre 1935 y 1941). A lo largo de la década de 1930, Mussolini persiguió con determinación el sueño de construir un imperio italiano digno de la grandeza de la antigua Roma, un proyecto ideológicamente arraigado en el nacionalismo y expansionismo fascista desde su ascenso al poder en 1922.
Etiopía, uno de los últimos Estados independientes en África, le presentó un reto simbólico y político a Mussolini. En 1935, bajo el pretexto de una provocación militar (el incidente de Wal-Wal), Italia invadió Etiopía, desencadenando la llamada segunda guerra ítalo-etíope. La campaña militar, iniciada en octubre de 1935, se basó en el uso masivo de armas modernas - tanques, artillería pesada y gas venenoso -, este último proscrito por las leyes internacionales. Las fuerzas etíopes, lideradas por el emperador Haile Selassie (1892-1975), presentaron una resistencia fuerte pero ineficaz ante la ventaja numérica y tecnológica de Italia. Este triunfo tuvo consecuencias internacionales terribles e inmediatas. La Sociedad de las Naciones condenó la agresión e impuso sanciones económicas a Italia, una acción que probó ser inútil dada la renuencia de Gran Bretaña y Francia a comprometer sus relaciones con Adolf Hitler (1889-1945) en Europa. La Crisis de Abisinia, como se la denominó entonces, marcó el inicio del aislamiento diplomático de Italia.
Mussolini encontró en Hitler y en el nazismo un compañero con el que compartía ideales autoritarios, nacionalistas y militaristas. Desde 1936 en adelante, los lazos entre el «Eje Roma-Berlín» se fortalecieron, estableciendo una cooperación política y militar que prepararía el escenario para la participación de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Esta alianza también obligó a Italia a adoptar políticas cada vez más similares a las de la Alemania nazi, especialmente en materia de discriminación racial. En septiembre de 1938, el régimen fascista promulgó las llamadas «Leyes para la Defensa de la Raza», lo que introdujo una serie de medidas discriminatorias contra la comunidad judía.
La Segunda Guerra Mundial, que se inició oficialmente en septiembre de 1939, fue el conflicto más grande y destructivo de la historia y representó un momento crucial para la Italia fascista. No obstante, las raíces de la participación de Italia en el conflicto se remontan a los años anteriores, con la intervención directa en la guerra civil española (1936-1939), que anticipó la dinámica política y militar de una Europa cada vez más dividida y tensa. Italia intervino en el conflicto español junto al general Francisco Franco (1892-1975), otro dictador fascista luchando en contra de las fuerzas republicanas respaldadas por comunistas y demócratas. La participación de Italia en la guerra civil española fue una prueba para las fuerzas armadas y una oportunidad para estrechar los lazos con la Alemania Nazi, la cual también apoyaba Franco.
En mayo de 1939, Italia y Alemania formalizaron su compromiso militar con el llamado Pacto de Acero, un acuerdo que obligaba a ambos países a apoyarse mutuamente en caso de conflicto. A pesar de haber firmado el Pacto de Acero con Alemania en mayo de 1939, Italia inicialmente permaneció neutral en el estallido de la guerra, cuando Alemania invadió Polonia. Mussolini, que era consciente de las dificultades económicas y las deficiencias militares, dudó de entrar inmediatamente en el conflicto, ya que esperó a ver cómo se desarrollaban los eventos. Solo el 10 de junio de 1940, con Francia ya en grave dificultad por el avance alemán, Mussolini declaró la guerra a Francia y a Gran Bretaña. Estaba convencido de que Italia lograría ganancias territoriales y de que la victoria del Eje era inminente. Sin embargo, esta decisión fue un error estratégico gravísimo. Las fuerzas armadas italianas no estaban listas para un conflicto de gran escala: carecían de material adecuado, organización y una estrategia coherente. La campaña en Francia resultó en ganancias territoriales limitadas e insignificantes, mientras que la invasión de Grecia, iniciada en octubre de 1940 sin un plan definido, se convirtió en un fracaso militar rotundo. Al mismo tiempo, Italia luchaba en el norte de África, donde intentaba expandir su control colonial contra las fuerzas británicas en Egipto y otras colonias.
Caída y Muerte
En 1943, Mussolini vencido en Italia, fue rescatado por paracaidistas nazis. Después del armisticio con los Aliados en septiembre de 1943, fuerzas alemanas ocuparon el norte de Italia e instalaron a Mussolini como el jefe de un gobierno nuevo pro-alemán. En abril de 1945, mientras las fuerzas Aliadas avanzaban en el norte de Italia, Mussolini intentó escaparse a la Suiza neutral. Sin embargo, partisanos italianos lo agarraron y ejecutaron antes de que pudiera llegar a la frontera.
