Descubre la Impactante Verdad del Marcaje con Hierro y su Legado en la Esclavitud Indígena en Américapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Orígenes y Naturaleza de la Esclavitud

La esclavitud, como primera sociedad antagónica de clases, nació sobre las ruinas de la comuna primitiva a consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, de la propiedad privada y de la acentuación de la desigualdad económica. En una escala mayor o menor y en una u otra forma, la esclavitud se ha dado en todos los países y en todos los pueblos. Del mismo modo que la comuna primitiva, existió en diferentes proporciones, extendiéndose mucho en Oriente en regiones como Egipto, Asiria, Babilonia, Mesopotamia, India y Transcaucasia (Urartú), donde los esclavos se contaban por decenas de millares.

El régimen esclavista es la primera formación de clase antagónica, que surge a consecuencia de un largo período de descomposición del régimen de la comunidad primitiva y el establecimiento de los institutos de la sociedad dividida en clases: la propiedad privada y el Estado. Alcanzó su forma suprema de desarrollo en la antigua Grecia y en la antigua Roma, donde los esclavos se convirtieron en la principal fuerza productiva de la sociedad. Las fuerzas productivas del régimen esclavista estaban compuestas por instrumentos de trabajo manuales y grandes masas de esclavos. Las relaciones de producción se basaban en una cruelísima explotación y opresión de estos últimos, reduciendo al mínimo sus necesidades y permitiendo obtener un considerable plusproducto, lo que condujo al fortalecimiento de la propiedad privada y al desarrollo de las relaciones mercantiles.

La Esclavitud en las Américas y la Llegada Europea

La esclavización de indígenas en el continente americano se remonta al pasado remoto, ya que entre los indígenas la esclavitud existía, aunque no de modo generalizado y con un carácter social. Los primeros exploradores europeos en el Nuevo Mundo iniciaron un proceso de transformación de estas prácticas esclavistas precolombinas. De hecho, la primera actividad comercial de Cristóbal Colón consistió en enviar a Europa cuatro carabelas con una remesa de 550 esclavos indígenas para subastarlos en los mercados del Mediterráneo, un camino que muchos otros seguirían.

Ingleses, franceses, holandeses y portugueses jugaron un papel fundamental en la trata de esclavos indígenas en varias partes del continente americano. Sin embargo, en virtud de sus amplias y densamente pobladas colonias, Castilla se convirtió en el poder esclavista dominante en la región.

El Marcaje con Hierro: Símbolo de la Esclavitud Indígena

En la Nueva España, el hierro real enviado desde España llegaba para marcar ignominiosamente a los indígenas esclavos, práctica que se denominó “hierro de rescate”. Esta marca podía ser aplicada en la nalga, pierna, brazo o rostro. La justificación para esta práctica a menudo se basaba en la rebelión. Por ejemplo, después de la matanza del Templo Mayor, los españoles, al ser derrotados en la Noche Triste, dictaron un auto que establecía que los tencas y sus aliados fueran esclavizados por haberse rebelado. La insumisión o la rebelión lesivas a la autoridad y soberanía real requerían un castigo que sirviera para reparar la ofensa, para pagar los daños y los gastos hechos en la reducción de los insumisos. Aquellos que eran apresados, eran marcados en la cara con un hierro candente con la letra “G”, que significaba guerra, indicando así la causa que originaba su esclavitud.

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El historiador Diego Durán, en su Historia de las Indias de Nueva España, refiere cómo los españoles, en la conquista y pacificación de la tierra, al sujetar un pueblo, solicitaban al Marqués que se los diera en encomienda. De ahí, “iuste, vel iniuste, sacaban muchos indios e indias y niñas, y los herraban en las caras y los llevaban a vender por esclavos para minas y otros servicios personales, y aun cargaban navíos de ellos para fuera de la Nueva España.” Durán también señaló que conoció esclavos herrados en la cara con letras que decían el nombre de quien los había vendido, provenientes de diversas provincias y costas remotas de México.

Marco Legal y su Incumplimiento

En los primeros años de la Conquista, la esclavitud se estableció como institución jurídica, política y social, pero poco tiempo después fue declarada ilegal y la sucedió la encomienda. Irónicamente, Castilla fue el primer poder imperial que discutió y reconoció los derechos fundamentales de los indígenas cuando a inicios del siglo XVI prohibió la esclavitud de los indígenas, salvo en casos extraordinarios. Después de 1542, con la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas, esta prohibición se hizo sin excepción alguna. A diferencia de la esclavitud africana, que fue legal durante siglos, la esclavitud de indios existió contra la ley.

Formalmente, la institución de la esclavitud indígena fue de corta duración en Nueva España. Generalizada primero y, después, debido a la drástica disminución de la población y a su prohibición por las Leyes Nuevas a mediados del siglo XVI, fue sustituida por la encomienda. Sin embargo, esta prohibición categórica a partir de 1542 no detuvo a generaciones de conquistadores y colonos, cuyas actividades económicas dependían de la mano de obra forzada indígena, quienes acabaron esclavizando a pueblos nativos desde Alaska y Canadá hasta Patagonia, y desde las Islas Canarias hasta las Filipinas.

La persistencia de esta práctica es evidente en eventos posteriores. El líder de los insurgentes José María Morelos y Pavón proclamó en 1813 la abolición de la esclavitud en México, sin embargo, la trata de esclavos siguió existiendo. Tras una inspección en 1860 que dejó al descubierto el traslado de esclavos, el presidente Benito Juárez emitió un decreto en mayo de 1861 para impedir la extracción forzada de cualquier individuo maya.

El Tráfico de Esclavos Mayas a Cuba: El Caso del Vapor La Unión

El reciente descubrimiento de un barco que naufragó frente a las costas de México en 1861 ha demostrado que la trata de esclavos continuó incluso décadas después de la independencia. Este hallazgo tiene gran valor histórico por ser el primer barco identificado que fue usado para el comercio de personas mayas desde México hacia Cuba, bajo dominio español en aquella época. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) aseguró que el naufragio habla de "un pasado ominoso para México", un capítulo de la historia que llama la atención en el México independiente, donde la esclavitud continuó sin obedecer ley alguna.

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Los restos de la embarcación, el vapor La Unión, propiedad de la empresa española Zangroniz Hermanos y Compañía establecida en La Habana, fueron encontrados en 2017 a menos de cuatro kilómetros de la costa de Sisal, en Yucatán. Desde 1855, este vapor realizaba una ruta entre la isla y varias ciudades de la costa este de México, llevando pasajeros y mercancías como fibras de henequén o pieles de venado. Fue durante estos años que tuvo lugar la Guerra de Castas de Yucatán (1847-1901), conflicto en el que las poblaciones nativas se enfrentaron a los abusos de las élites criollas. En este contexto se dio el envío ilegal de mayas desde México hasta Cuba, donde existía escasez de mano de obra para las plantaciones de azúcar. Estos mayas eran trasladados en espacios insalubres de las bodegas de La Unión.

Helena Barba, responsable de Arqueología Subacuática del INAH, explica que a estas personas, a quienes llamaban “indios bravos”, las sacaban de México tras ser capturadas en combate con el fin de erradicar a los líderes mayas. A otras las convencían con falsas promesas de una mejor vida en Cuba tras haber perdido sus tierras por la guerra. Esta práctica se realizaba con el acuerdo de gobernadores locales yucatecos, autoridades españolas y la empresa dueña del barco. Hombres, mujeres e incluso niños eran vendidos por 25 pesos y luego revendidos por entre 120 y 160 pesos en La Habana, donde comprendían el engaño y su destino.

Aunque el presidente Benito Juárez emitió un decreto en mayo de 1861 para impedir la extracción forzada de mayas, no sirvió de mucho. Cuando La Unión naufragó cuatro meses después, a causa de un incendio por una explosión en la caldera tras zarpar del puerto de Sisal, se comprobó que aún llevaba esclavos rumbo a Cuba. En el naufragio, la mitad de los 80 tripulantes y 60 pasajeros murieron. Sin embargo, en estas cifras no se contabilizaba a los esclavos mayas, ya que no eran considerados personas sino mercancías.

Los investigadores calculan que a bordo de La Unión y de otro vapor de la misma empresa, llamado “México”, se fletaron mensualmente un promedio de entre 25 y 30 mayas a Cuba desde 1855, muchos de los cuales nunca pudieron regresar a su tierra. Su presencia y legado quedaron patentes en el barrio de Campeche en La Habana (ahora San Isidro), donde por generaciones vivieron muchos de los esclavos mayas y sus descendientes.

Precios de Venta y Reventa de Esclavos Mayas (1855-1861)

Tipo de Operación Precio
Venta inicial en México 25 pesos
Reventa en La Habana 120 - 160 pesos

Características Particulares de la Esclavitud Indígena

Más allá de las cifras, es fundamental tener presente las características únicas de la esclavitud de indios. Por ejemplo, a diferencia de los esclavos africanos que fueron en su mayoría varones adultos, los esclavos indígenas consistieron en gran proporción de mujeres y niños. Los precios pagados por distintos grupos nos dan indicios claros de esta preferencia: en regiones tan diversas como el sur de Chile, el norte de México y el Caribe, los dueños de indios estaban dispuestos a pagar hasta un cincuenta o un sesenta por ciento más por las mujeres y los niños que por los varones adultos.

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Existen varias razones para estas diferencias de precio. La explotación sexual y las habilidades reproductivas de las mujeres son parte de la respuesta, siendo la esclavitud indígena un antecedente del tráfico sexual. Sin embargo, también había otras motivaciones: en las sociedades nómadas, los hombres se dedicaban a actividades menos útiles para los colonizadores europeos, como la pesca y la caza, en comparación con las mujeres, cuyos roles tradicionales incluían tejer, la recolección de comida y el cuidado de los niños. Algunas fuentes revelan que las mujeres eran preferidas para el servicio doméstico por ser consideradas más dóciles y menos peligrosas que los hombres. Los niños, por su parte, eran más adaptables que los adultos, aprendían idiomas con más facilidad y con el tiempo podían llegar a identificarse con sus captores. De hecho, uno de los aspectos más sorprendentes de esta forma de servidumbre es que los esclavos indígenas podían, eventualmente, llegar a formar parte de la sociedad dominante.

La Participación Indígena en el Comercio de Esclavos

Un aspecto interesante del tráfico de indios es la participación de los propios indígenas. Antes de la llegada de los europeos, ellos ya practicaban diversas formas de cautiverio y esclavitud. Al arribo de los europeos, comenzaron a ofrecer con naturalidad cautivos a los recién llegados. Al principio, los indígenas tenían roles subordinados dentro de las nuevas redes regionales de esclavitud, fungiendo como guías, informantes, intermediarios, guardias y, en ocasiones, socios menores, generalmente dependientes de los mercados de esclavos creados y controlados por europeos. Estos últimos contaban con una gran ventaja gracias a su tecnología bélica más desarrollada, como los caballos y las armas de fuego, lo que les permitía someter a los pueblos indígenas sin grandes dificultades.

Sin embargo, lo que comenzó como un negocio controlado por europeos, al paso del tiempo pasó a manos de los propios indígenas. A medida que ellos adquirieron caballos y armas, se convirtieron en proveedores independientes de esclavos. Poderosas sociedades ecuestres llegaron a dominar la mayoría de las rutas del tráfico en los siglos XVIII y XIX. Por ejemplo, en el norte de México y el suroeste de los Estados Unidos, los pueblos comanches y yutas se convirtieron en proveedores regionales de esclavos, abasteciendo a otros pueblos indígenas, así como a españoles, ingleses, franceses y, más tarde, a mexicanos y estadounidenses. Los apaches, inicialmente víctimas de la esclavitud, se transformaron en exitosos esclavistas: tras ser cazados y enviados a las minas de plata de Chihuahua en tiempos de la colonia, cuando el poder español se desmoronó en el siglo XIX, atacaron comunidades mexicanas, tomaron cautivos y los vendieron en Estados Unidos.

La Persistencia de una Institución Prohibida

La esclavitud indígena fue tan persistente y extensa que erradicarla resultó casi imposible. Aunque la Corona española prohibió cualquier forma de esclavitud indígena en 1542, el tráfico se mantuvo. Más de un siglo después, la monarquía española lanzó una campaña en todo su imperio para liberar a todos los esclavos indígenas, pero esta precoz cruzada abolicionista de fines del siglo XVII no fue suficiente para alcanzar esa meta. Durante el proceso de independencia a principios del siglo XIX, México prohibió toda forma de esclavitud y extendió la ciudadanía a los indígenas que vivían en el territorio nacional, pero aun así, la esclavitud persistió.

Uno de los aspectos más relevantes de esta “otra esclavitud” es que, al nunca ser reconocida legalmente, tampoco se le derogó formalmente, como sí sucedió con la esclavitud africana. Incluso después de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, cuando el Congreso promulgó la Decimotercera Enmienda a la Constitución para prohibir la “esclavitud” y “servidumbre involuntaria”, la Corte Suprema de Estados Unidos optó por una interpretación restringida que se refirió exclusivamente a los afroamericanos, excluyendo en general a los indígenas. En consecuencia, la esclavitud de indios continuó hasta finales del siglo XIX y, en algunas áreas remotas, hasta bien entrado el siglo XX.

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