Hacienda Barragán es el esplendoroso lugar en el que podrán dar rienda suelta a todas sus ilusiones. Verán enseguida que se trata de un recinto inolvidable, con una estructura sólida y llena de encanto que enmarcará bellamente toda su velada. Su boda se transformará en un festejo magistral, envuelto en un ambiente mágico que hará que sus invitados queden totalmente maravillados.
Hacienda Barragán permite a los novios hacer realidad todas sus ideas, pues tienen amplia experiencia en todo tipo de celebraciones. Su increíble apoyo les servirá para que toda la planeación de la boda y su ejecución resulten idóneas. Consulten con ellos sus paquetes y atenciones para saber más sobre este espléndido lugar.
A propósito de la celebración del 60 aniversario de la inauguración del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, este artículo intenta presentar un acercamiento a un pequeño encuentro de dos mundos que inició en 1922, cuando un grupo de menonitas procedente de Canadá llegó en tren para establecerse en el estado de Chihuahua. Aunque los menonitas no solamente se quedaron en este estado, pues después de esta fecha migraron a otros lugares, en este artículo se hablará exclusivamente del grupo que llegó a San Antonio de Arenales, hoy Ciudad Cuauhtémoc.
De esta manera, se expondrá brevemente quiénes son los menonitas y por qué su forma de vida es tan peculiar, para después hacer un breve relato de la historia de la estación de San Antonio de Arenales.
Orígenes y Creencias de los Menonitas
Los menonitas son un grupo religioso anabaptista cuyos orígenes se remontan a la Reforma protestante del siglo XVI. Reciben su nombre de un sacerdote católico holandés que se convirtió al anabaptismo, llamado Menno Simons, quien en 1536 fijó los principios de su movimiento religioso, los cuales incluían oposición a: el bautismo para los bebés y niños, el pago de indulgencias, el sistema monástico, el reconocimiento del Papa como autoridad eclesiástica, el ayuno, la confesión, la adoración de los santos, el celibato del clero, las peregrinaciones, el apoyo a cualquier movimiento armado y el servicio militar.
Lea también: El sabor único de la Crema de Sotol
Por estas razones y con el objetivo de llevar una vida lo más cercana posible a las enseñanzas de Cristo, las agrupaciones menonitas establecen gobiernos locales e independientes y mantienen sus propios medios lingüísticos, educativos y culturales. Así, con el objetivo de proteger sus costumbres y poner en práctica su estilo de vida sin interferencia del Estado, la historia de los menonitas se ha caracterizado por las migraciones repetidas de los miembros de los grupos más conservadores.
En el caso que nos ocupa, el grupo de los menonitas de la Vieja Orden u Altkolonier ha migrado de Polonia (1534-1789) a Ucrania (1789-1874) y luego a Canadá (1874-1922) pues los gobiernos de dichos países terminaron por liberalizar las concesiones que les otorgaron en un inicio, relativas a la exención del servicio militar y al derecho de tener sus propias escuelas. En Canadá, a partir de la Primera Guerra Mundial, las autoridades expidieron nuevas leyes estatales que prohibieron la existencia de las escuelas privadas de los menonitas, así como disposiciones que los obligaban a prestar servicio en el ejército.
La Estación de San Antonio de Arenales y la Hacienda Bustillos
Esa línea férrea, construida entre 1899 y 1905 por una compañía norteamericana vinculada a capitales locales, apuntaló la vieja ruta que había unido por lo menos desde el siglo XVII a la ciudad de Chihuahua con la extensa zona de lomeríos y sierras situada al oeste de la capital del estado. Así, el 15 de julio de 1899 se inauguró la sección del ferrocarril que iba de Chihuahua a las poblaciones de Santa Isabel y San Andrés.
De ahí la línea seguiría hacia Cusihuariáchic, pero al parecer la decisión de cambiar de rumbo fue tomada sobre la marcha, y se hizo por dos razones. La primera es que la situación minera en Cusi no era del todo buena, pues en 1890 un incendió terminó con las instalaciones de la principal compañía y para 1900 este escenario no había mejorado del todo. La segunda se debe al crecimiento de la Hacienda ganadera Bustillos, cuyos dueños eran los Zuloaga, una de las principales familias de hacendados porfirianos del estado.
Gracias a un aumento en producción de bienes ganaderos y agrícolas, la familia ordenó a finales del siglo XIX la construcción de un almacén en San Antonio de Arenales. Fue la misma casa Zuloaga la que escogió este lugar como el más adecuado para el embarque de su ganado y demás productos del latifundio. Aunque la línea del Ferrocarril del Noroeste había instalado por lo menos tres puntos de embarque para todos los bienes que se producían en la hacienda, el más importante era San Antonio, “Y en efecto, la estratégica colina de San Antonio de Arenales les permitió a los mayordomos y caporales de la hacienda supervisar desde lo alto y por muchos kilómetros a la redonda el movimiento del ganado vacuno destinado a ser embarcado para los mercados del país o del extranjero”.
Lea también: Patrimonio en la Sierra Gorda: Hotel Misión Hacienda Concá
Además, fue una base importante para el movimiento de pasajeros, pues gente de los poblados cercanos, incluido Cusihuariáchic, acudía a tomar el tren a esa estación. Y entonces, gracias al arribo del ferrocarril que enlazaría a Chihuahua con el Pacífico, el poblado de San Antonio de Arenales comenzó a crecer y se convirtió en un nudo comercial importante de la región.
Sin embargo, pasada la Revolución, la Hacienda Bustillos quedó en la ruina pues la familia Zuloaga “ligó su destino a la suerte militar y política de Villa” y debido a las exigencias de la lucha armada, perdió su producto más preciado: el ganado. A principios de los años veinte “la hacienda era entonces un páramo gigantesco, ocupado solamente en una mínima parte por la agricultura y por el casco de la hacienda.
La Llegada de los Menonitas a San Antonio de Arenales
Y en este contexto, apareció en el panorama un grupo canadiense de Menonitas de la Viaje Orden, el cual buscaba comprar tierras en otro país para conservar su forma de vida tradicional. De acuerdo con Andrea Dyck, existen dos explicaciones de por qué los menonitas decidieron organizar un primer viaje para venir a México. Según la versión inicial, durante un viaje a Sudamérica la delegación se encontró con el cónsul mexicano en Buenos Aires, quien les manifestó que las condiciones políticas y económicas de México eran mucho más favorables de lo que se imaginaban.
De cualquier forma, lo cierto es que los primeros menonitas que enviaron una delegación exploratoria a México en 1920 fueron los Altkolonier que habitaban la región de Hague-Osler, en la provincia de Saskatchewan. Estos menonitas llegaron a El Paso, Texas, el 28 de enero de 1921, donde se les unió Daniel Salas López como su intérprete. Cinco días más tarde, el grupo entró a México por Nogales, Arizona y desde este momento, se dedicó a inspeccionar algunos terrenos en los estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit y Jalisco.
No obstante, ninguno les pareció adecuado pues según ellos, la tierra era muy árida para sus cultivos, los cuales consistían principalmente en granos y cereales como el trigo, la avena y la cebada. La delegación menonita continuó, entonces, su viaje hacia la ciudad de México vía Guadalajara. Durante esta visita, los menonitas expresaron su deseo de establecerse en México, solicitando por parte del gobierno mexicano una serie de concesiones las cuales, según ellos, eran indispensables para mantener su forma de vida.
Lea también: Detalles del proceso de estadidad en Baja California
Obregón discutió con ellos punto por punto los motivos para inmigrar a México y la posibilidad del otorgamiento de libertades relativas al respeto de sus costumbres y religión. De la ciudad de México los menonitas partieron rumbo a Durango y Chihuahua y durante los siguientes días de marzo de 1921 se dedicaron a explorar algunos terrenos en venta. En Chihuahua, una vez que inspeccionaron San Antonio de Arenales, los menonitas consideraron que dichas tierras eran las que más les convenían pues supusieron que sus cosechas, principalmente el trigo, se adaptarían bien al lugar.
Con la organización de la compra de estas tierras, el plan de pagos negociado, los trabajos de deslinde listos y la proyección de los campos realizada, los primeros 400 menonitas dejaron Canadá el 1 de marzo de 1922 a bordo de seis trenes pagados por ellos mismos; cada tren costó 30 000 dólares. Después de llegar a El Paso, Texas, los inmigrantes continuaron su viaje por el Ferrocarril del Noroeste hasta su destino final: la estación de San Antonio de Arenales.
Relatan los viejos menonitas que la impresión que tuvieron al llegar a estas lejanas tierras secas y desoladas fue de una gran tristeza, porque en realidad se habían forjado otra idea muy diferente de la que sus ojos ahora veían. Tierra seca, barrida por el viento, sin el verdor al que estaban acostumbrados en la hermosa Canadá. Lomas pelonas, desierto solamente, desierto y frío […] Todo fue para ellos muy duro, muy difícil, por desconocido.
Así, los primeros menonitas bajaron de los vagones, no sin cierto temor, pues todo era una sorpresa para ellos. Y al mismo tiempo, para los mexicanos que habitaban en ese momento San Antonio de Arenales, la llegada de estos inmigrantes les ocasionó desconcierto, ya que eran personas muy diferentes a ellos. De hecho, alrededor de los carros de tren se fue formando un gran número de personas admiradas de la rara vestimenta de los hombres y las mujeres que descendían.
Convivencia y Desarrollo Económico
Y de esta manera, desde 1922, menonitas y chihuahuenses han tenido que convivir en un mismo espacio, no sin ciertos roces originados por las relaciones entre grupos que ocupan un mismo lugar, ya que las diferencias culturales pueden ofrecer nuevas posibilidades de socialización, pero también pueden generar nuevas fuentes de conflicto. El proyecto de colonización que se llevó a cabo con los menonitas en el estado de Chihuahua implicó, necesariamente, el contacto entre la población originaria y los miembros de dicha comunidad religiosa.
Sin embargo, la vida cotidiana entre los colonos y los chihuahuenses se fue suavizando, gracias a la floreciente economía agraria menonita que muy pronto se convirtió en una importante fuente de empleo para los habitantes de ese lugar. En San Antonio de Arenales primero, y luego en Ciudad Cuauhtémoc, las aldeas establecidas crecían año con año y disfrutaban de cosechas abundantes. Aunque no todos los menonitas que han llegado a nuestro país se han quedado a vivir en Chihuahua, para los primeros menonitas de la Vieja Orden que se asentaron en el estado, San Antonio de Arenales se convirtió en el lugar central de su comunidad.
Con 21 colonias en el estado y más de 188 campos, desde su llegada los menonitas de la Vieja Orden han trabajado arduamente para abrir las tierras de Chihuahua al cultivo. Como respuesta a los privilegios gubernamentales para poder conservar su propia cultura y forma de vida, han sido incansables en sus actividades diarias. Por lo anterior, han beneficiado ampliamente a la comunidad chihuahuense e indígena, al apoyar con la venta de sus productos a la economía estatal y al generar fuentes de empleo.
“Desarrollaron la elaboración y venta de los productos lácteos, así como de cereales, leguminosas, frutas y hortalizas, además del gran avance en la industria metal mecánica. La llegada en tren de los menonitas del ala más conservadora, en 1922, sin duda marcó el inicio del progreso económico de lo que hoy en día es Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua.
Desafíos y Adaptaciones
Sin embargo, su establecimiento estuvo marcado por diversos problemas, entre los cuales se encontraron las primeras demandas de reparto de tierras, y la puesta en marcha de diversos proyectos agrarios: las colonias y los ejidos. Después de todo, los menonitas compraron tierras a una de las grandes familias terratenientes de Chihuahua mediante una acción empresarial privada y, a pesar del entusiasmo federal en la recepción de los menonitas, su asentamiento no fue visto con la misma complacencia por el gobierno local y los residentes de la región.
A final de cuentas, la familia Zuloaga fraccionó y vendió a buen precio algunas de sus propiedades, antes de que el gobierno las expropiara para la formación de ejidos. Por otro lado, los agraristas no estaban dispuestos a moverse a otras tierras, pues a sus ojos ellos eran los “herederos legítimos” de la hacienda de Bustillos, debido a los servicios prestados desde su creación en el siglo XIX. Lo anterior es un elemento que debe tomarse en cuenta al momento de examinar la relación con “el otro”, pues ayudó a generar el resentimiento con el que los menonitas fueron recibidos, desde un principio, por sus vecinos mexicanos.
En el caso que nos ocupa, el pragmatismo del presidente Obregón impuso a los chihuahuenses un encuentro con un grupo social por demás particular. Y ese encuentro ha tenido distintas manifestaciones y formas a lo largo de los años. La llegada de los colonos en marzo de 1922 provocó primero la desconfianza de la población mexicana, unida a la precaución. Asimismo, generó asombro por su diferente aspecto físico, por su forma de trabajo, por su religión y sus costumbres.
El rechazo hacia los menonitas se encadenó, en parte, con la compleja y difícil situación que vivió el campo mexicano durante el periodo posrevolucionario. Los menonitas sufrieron continuamente de robos, asaltos y otro tipo de crímenes desde su llegada. Es importante señalar que la intolerancia y los prejuicios hacia el otro no se han manifestado en un solo sentido, es decir, de los mexicanos hacia los extranjeros, sino que también se ha expresado en sentido inverso, es decir, de los extranjeros hacia los mexicanos.
Desde los inicios de su desarrollo como pueblo, los menonitas de los grupos más conservadores han recurrido a la migración como una forma de conservar la identidad y la integridad étnico-religiosa de su grupo. En ese sentido, a lo largo de su historia han sido los propios menonitas los que han decidido alienarse de los demás por su propia concepción del mundo y sus prácticas religiosas.
La creciente urbanización de las regiones en las cuales los menonitas se encuentran ha provocado, sin embargo, ciertos cambios en sus actitudes y tradiciones sobre diversos temas, especialmente en los últimos cuarenta años. Por ejemplo, a partir de la utilización de vehículos de motor con llantas de hule y de la introducción de la electricidad en los campos, durante la década de 1960, la comunidad aceptó la adopción de nuevas ideas.
