Descubre la Fascinante Historia y el Impresionante Legado de Hacienda Chiconcuac en Cuernavacapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Hacienda Chiconcuac, ubicada en Xochitepec, Morelos, es una joya patrimonial que conserva su arquitectura original. Su historia se remonta al siglo XVI, siendo testigo de siglos de historia mexicana.

Orígenes e Historia Temprana

La Comunidad de Chiconcuac en Xochitepec, Morelos se estableció mucho antes de que llegaran españoles y frailes a este extenso valle. Xochitepec fue fundado como pueblo entre los siglos XIV y XV por los aztecas y Tlahuicas. En la época prehispánica fue tributario del valle de México y en la época virreinal pertenecía al gobierno del Marquesado del valle de Oaxaca con cabecera en la Alcaldía mayor del Valle de Cuernavaca.

Los primeros datos que encontramos respecto a los orígenes de este ingenio nos dicen que para 1731 “el trapiche de Santa Catarina Chiconcoac era propiedad de Andrés Martínez, vecino de Cuernavaca”. En 1736 la hacienda llegaba a una extensión de 602 hectáreas y su valor era de aproximadamente 22,769 pesos. Hay registro de que, en esta época vivían 107 esclavos, además de los peones residentes, las viviendas de estos eran construcciones muy rudimentarias, hechas por ellos mismos con cañas, paja y lodo.

A mediados del siglo XVII en Chiconcuac, germina una unidad de producción que tenía como fin convertirse en productora de mieles, iniciando solo con el proceso de muy pocas cantidades de azúcar de caña, existen aperos que solo evidencian la producción de piloncillo y una azúcar que era considerada de muy bajo aprecio, no era entonces una unidad de producción importante aún, su sistema de trabajo en inicio indica el uso de molinos que se movían mediante la fuerza animal -bueyes o mulas- “esta unidad productiva era conocida como trapiche”. En 1800 el trapiche pasa a convertirse en un ingenio importante en la región.

Siglo XIX: Cambios de Propiedad y Producción Azucarera

Después de la guerra de Independencia se une esta hacienda a las de Dolores y San Vicente para formar una unidad bajo el dominio de don Vicente Eguía, comerciante de Cuernavaca y dependiente del opulento Yermo. A mediados de siglo, dentro de los decretos del Congreso del Estado de México, al cual todavía pertenecía el territorio que algunos años después sería el estado de Morelos, se publicó en mayo de 1851 una lista de haciendas con su respectiva catalogación fiscal de acuerdo a sus volúmenes de producción y allí encontramos a Chiconcuac como de tercer orden, pagando 150 pesos mensuales de contribución.

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Pasa después a manos del súbdito español don Pío Bermejillo, junto con las de San Vicente y Dolores y en 1874 las vende a don Jorge Carmona y doña Dolores Arriaga de Carmona, de la Ciudad de México. En esta época su valor fiscal era de 69,300 pesos, como unidad, pero funcionaba coma anexa de San Vicente.

El grupo de estas tres haciendas permanece unido cuando son entregadas a la empresa Béistegui y Cía., en 1889, como vemos en la Memoria presentada al Congreso del Estado de Morelos (que se había creado 20 años antes), por el entonces Gobernador don Jesús H. Lo incauta posteriormente la Caja de Préstamos para venderlo en 1927 al Gral. Francisco J. Serrano.

Más tarde se construyó un segundo acueducto, de mayor extensión, para poder captar más líquido el cual desempeñó un importante papel en la industria azucarera para el riego y como fuerza motriz para impulsar los molinos. En Chiconcuac hoy en día se observan considerables cuerpos de agua, ya sea en ojos de agua, manantiales, pequeñas lagunas, hondonadas con cause de aguas e incluso balnearios con borbollones donde brota el agua limpia y con altos índices de minerales, Von Webeser comenta al respecto que “El agua era conducida entonces a través de canales de riego. La mayoría de estas fuentes se encontraba en las tierras altas, donde se formaban del escurrimiento de la sierra o de volcanes. El agua debía conducirse desde las tierras altas hacia los valles bajos, donde se asentaba el trapiche y los campos agrícolas. El acueducto de Santa Catarina en Chiconcuac es, de manera particular, uno de los cuatro acueductos en el Estado de Morelos que en la actualidad se encuentra funcionando aún después de 200 años de su construcción.

El Siglo XX y la Actualidad

El abandono hace sus estragos y aunque pasa por varias manos de particulares, entre ellos el actor de cine norteamericano, Tyrone Power, se sigue destruyendo hasta que hace unos cuantos años la comienza a reparar el Arq. El estupendo acueducto, que aún funciona llega del exterior y nos marca con claridad el lugar de la rueda, el trapiche, las hornallas, con linternillas reconstruidas y una hilera de chacuacos de sección rectangular, así como el resto del ingenio, con algunos de los salones sin techo.

La casa principal, con su tradicional galería con arcos labrados en piedra, aunque aquí sólo en la planta alta, a los lados bien proporcionadas ventanas y un gran arco en planta baja que conduce a los amplísimos salones que servían como purgares. La barda perimetral se ha conservado en muy buen estado, así como el portón principal, aunque ahora se accesa por un pórtico habilitado desde el patio, que con el fin de independizar el acceso a la iglesia, se dividió con una barda. La capilla de la hacienda es una verdadera iglesia, hoy día dedicada a San Antonio de Padua, que de hecho funciona abierta al culto. Es de una sola nave, con bóveda de cañón y cúpula octogonal con linternilla.

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Fundada por Martín Cortés, hijo de Hernán Cortés y La Malinche, esta hacienda ha sido testigo de siglos de historia mexicana. Posteriormente, en el siglo XIX, Doña Felicitas Juárez, hija de Don Benito Juárez, hizo de este lugar su hogar. La hacienda ha jugado un papel importante en la historia de México y es hoy en día un monumento cultural vivo, capaz de hacer sentir a cualquiera el paso del tiempo en sus paredes y jardines.

Hacienda Chiconcuac como Espacio para Eventos

Actualmente, la Hacienda Chiconcuac se ha transformado en un lugar ideal para la celebración de eventos, especialmente bodas. Las haciendas ofrecen un escenario de cuento, donde los jardines antiguos, las construcciones coloniales y la tranquilidad del entorno crean una atmósfera única y elegante. Aquí, el suave clima de Morelos se convierte en el aliado perfecto para que cada detalle de la boda brille sin preocupaciones.

La Hacienda Chiconcuac cuenta con servicios que la posicionan como un lugar extraordinario para bodas. Con la opción de alquilar tres espacios distintos para eventos, la hacienda también ofrece la renta de su capilla abierta, así como alojamiento en seis habitaciones y un servicio completo de banquete, haciendo que los invitados disfruten de una experiencia completa.

Servicios Exclusivos

  1. Renta de espacios para eventos: La hacienda cuenta con tres áreas diferentes para la recepción, cada una con una capacidad de entre 300 y 350 personas. Desde la terraza “El Laurel” hasta el patio “Palacio del Marqués” y la “Sala Hipóstila con Arcadas”, cada espacio ofrece una atmósfera propia que se adapta a la visión de cada pareja.
  2. Capilla Abierta: Ubicada dentro de los antiguos hornos donde se procesaba el jugo de caña en el siglo XVI, la capilla destaca por su diseño estilo teatro medieval, lo que la convierte en un lugar único para ceremonias íntimas. Con capacidad para 200 personas en su interior, se encuentra equipada con 150 sillas, altar, reclinatorios para los novios, mantel, cirios y accesorios para el sacerdote.
  3. Alojamiento: La hacienda ofrece alojamiento en seis habitaciones exclusivas, perfectas para que los familiares cercanos disfruten del confort y del ambiente acogedor del lugar.

Espacios para Ceremonias y Recepciones

  • Terraza Principal “El Laurel”: Capacidad para 300 a 350 personas, rodeada de árboles y naturaleza exótica.
  • Patio “Palacio del Marqués”: Un patio de ensueño con capacidad de 300 a 350 personas, perfecto para un cóctel al aire libre, rodeado de árboles centenarios.
  • Salón “Sala Hipóstila con Arcadas”: Capacidad para 300 a 350 personas, conservando un estilo auténtico y elegante.
  • Capilla Abierta: Con capacidad para 200 personas y un ambiente íntimo dentro de un espacio consagrado. (Se encuentra dentro de la Hacienda)
  • Logía Frontal del Monumento: Perfecto para ceremonias civiles, ofreciendo un ambiente romántico frente al monumento principal.

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