Descubre la Fascinante Historia de Hacienda de Corralejo y su Vínculo Secreto con Miguel Hidalgopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El presente trabajo ofrece una contribución documentada sobre la vida del prócer Miguel Hidalgo, revelando en detalle sus facetas como propietario de haciendas y empresario. Al situarse en el parteaguas de los siglos XVIII y XIX, este estudio redimensiona las crisis agrícolas de la época, así como las políticas financieras de la Corona.

Crisis Agrícola y Búsqueda de Soluciones

La crisis agrícola de 1785-1786, que azotó el Bajío, había obligado a buscar soluciones como el fomento de cultivos de riego en zonas distantes y de otro clima. Esto se convirtió en prevención para futuros percances. De tal suerte agricultores de esa región, sin dejarla, buscaban poner un pie en otras tierras.

La Familia Hidalgo y la Adquisición de Haciendas

El administrador de la hacienda de Corralejo, Cristóbal Hidalgo, que había padecido aquella crisis, vio con buenos ojos que tres de sus nueve hijos se interesaran en comprar las pequeñas haciendas de Jaripeo, Santa Rosa y San Nicolás al oriente de Michoacán, cerca de Taximaroa. Ellos eran Joaquín, Miguel y Manuel Hidalgo.

Se trataba de una oportunidad, pues se estaban subastando en la ciudad de México, donde vivía Manuel, quien las adquirió por $18,000, participando tal vez con la parte más significativa. Al poco tiempo, en 1791, los Hidalgo hubieron de conseguir de la mitra vallisoletana un depósito por $7,000 a 5% anual, por cinco años y renovable, para habilitar aquellas haciendas.

Ninguno de ellos las atendió directamente, si bien el propietario formal, que era Manuel, debería estar más al pendiente. Nombró un administrador, Félix Cardoso Villaseñor, quien no pudo evitar el despojo de una parte de la fincas, si bien pequeña, perpetrado por una autoridad del rumbo. Es poco probable que los Hidalgo hubieran contado con la liquidez necesaria de los $18,000 para aquella compra.

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Un préstamo por $2,000 que por esos días solicitó y obtuvo Joaquín Hidalgo parece se destinó a ello, pero era insuficiente. Sucedió, en efecto que Josefa Picado, dueña de Corralejo, mediante poder otorgado a Miguel Hidalgo, había solicitado y obtenido de la mitra vallisoletana la cantidad de $20,000 supuestamente para habilitación de Corralejo. Y posteriormente recibió $6,000, gracias a trámites del mismo Miguel.

Al fin y al cabo, si los Hidalgo tomaron de ese dinero para la compra de las haciendas de Taximaroa, simplemente tendrían que hacer rendir más las tierras de Corralejo, así como pagar en sus tiempos réditos y capital.

Ascenso Profesional de los Hidalgo

Los Hidalgo profesionistas habían ascendido notablemente: Joaquín, de rector del Colegio clerical a cura interino de San Miguel el Grande y de ahí a cura propietario de Tiríndaro-Coeneo y luego cura de Santa Clara. Manuel, de abogado de la Real Audiencia de Guadalajara pasó a la de México y obtuvo el puesto de abogado de presos de la Inquisición. Otros dos hermanos, José María y Mariano, iniciaron estudios, pero no concluyeron carrera.

José María se quedó en Corralejo ayudando a su padre, por cuya muerte en agosto de 1790 quedó como administrador de la hacienda. Por su parte Mariano fue destinado al comercio gracias a un préstamo obtenido por Joaquín. Miguel, que había pasado por todas las cátedras del Colegio de San Nicolás, conservando las de teología y moral, llegó a secretario, vicerrector, tesorero del Colegio y rector.

Todo ello significaba mayores ingresos. Así, por la cátedra de teología percibía $300 anuales, por la de moral $250, por el puesto de vicerrector, $100; de rector, $300; por tesorero, un porcentaje de lo que cobraba para el Colegio, que distribuido eran $303 al año. De manera que antes de ser rector recibía $953 y de rector $1,153. Aparte había concursado y obtenido por currículo, la sacristía mayor de Apaseo, un beneficio, que no requería su presencia en el lugar, y le dejaba al año unos $100; y luego disfrutó otro tanto de la sacristía de Santa Clara.

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Finalmente, gozó una capellanía, que le redituaba también $100. De manera que en total los ingresos anuales de Hidalgo siendo rector llegaban a $1,353, cantidad nada despreciable, pero inferior a beneficios parroquiales de medianos para arriba.

Como sea, el ascenso de los Hidalgo había sido rápido, y además de sus méritos, parece había concurrido la mediación de dos tíos suyos, connotados y bien colocados clérigos del obispado: José Antonio y Vicente Gallaga Villaseñor, primos hermanos dobles de la difunta Ana María Gallaga Villaseñor.

El mejor destino económico para un clérigo de aquel tiempo, fuera de las canonjías, no era la rectoría de un colegio, sino una parroquia de diezmos y obvenciones significativos. Y Miguel después de entrar a varios concursos, logró en interinato la parroquia de Colima en febrero de 1792. Antes de salir hubo de entregar cuentas de los cinco años en que se había hecho cargo de la tesorería del Colegio.

Hizo una relación pormenorizada de los ingresos, que importaron $59,580.6, así como de los gastos que fueron $60,862, quedando a su favor $1,282.1. Pero antes de su aprobación, las cuentas deberían ser revisadas. Y eso llevaría tiempo. Por lo pronto Hidalgo llegaba a Colima y calculaba que la parroquia le daría más que los ingresos de San Nicolás, pues por participación en el diezmo tendría alrededor de $1,250 anuales y por obvenciones $2,782, que en realidad se le reducían a $1,077, pues de ellas debía pagar tres vicarios, amanuense y otros gastos.

De cualquier manera al año serían en total $2,327 netos, alrededor de $1,000 más de lo que había percibido en San Nicolás. Sin embargo, tales percepciones no eran inmediatas y hubo de gastar en viaje, menaje y servicio de casa cural, sobre lo que no tenía experiencia, pues desde los doce años su residencia había sido el Colegio. Además antes del año se le presentaron los gastos de otro largo viaje, de Colima a San Felipe en la intendencia de Guanajuato, pues por fin se le daba en propiedad un beneficio de primera.

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Así las cosas, hubo de solicitar y obtener de tres sujetos de la localidad varios préstamos por un total de $1,650. Llegó a San Felipe con el año de 1793. Ahí percibiría anualmente alrededor de $3,500 netos. Era un reconocimiento a su desempeño como brillante catedrático y el mejor teólogo del obispado.

Miguel Hidalgo, Hacendado en Taximaroa

Las fincas de Taximaroa pasaron a Miguel en 1794. No estaban produciendo lo que se esperaba, tal vez por mal tiempo o mala administración, o bien porque el depósito no se había empleado totalmente en ellas. Como sea, ese mismo año Miguel solicitó y recibió en depósito hipotecario otros $8,000 a cinco años, obligándose a réditos de $400 anuales, de nuevo para habilitarlas, o tal vez más bien para pagar a su hermano Manuel la parte con que había participado en la compra.

De tal manera, a partir de este segundo depósito, Miguel debía pagar anualmente $750 de réditos. Figurando ya como dueño de las haciendas, Miguel aprovechó la cercanía de las minas de Angangueo para que en ellas se beneficiaran metales preciosos. Mas no parece que se haya logrado mayor cosa, al menos que la mina del Espíritu Santo, donde su hermano Joaquín invirtió hacia 1798, se ubicara en Angangueo, y de la que obtuvo $4,000.

Gastos y Deudas de Miguel Hidalgo

Independientemente de la falta de producción de las haciendas, sobrevino un problema no menor; y es que Miguel, en la euforia de ser hacendado a distancia y beneficiado de pingüe parroquia, durante los siete primeros años en San Felipe gastó pródigamente en comida, música, baile y teatro para gente de diversas calidades: criollos, indios y castas. Por la igualdad con que trataba a todos, la casa cural de San Felipe sería llamada la Francia Chiquita.

Es también casi seguro que entonces haya comprado libros que siempre quiso tener, como las obras completas de uno de sus teólogos preferidos, Jacobo Jacinto Serry, así como textos de historia a cuya lectura se aficionó en esos años. Finalmente, dadivoso como era, no le duraba el dinero frente a sus parientes necesitados, particularmente los hijos del segundo y tercer matrimonio de su padre: Mariano, Ana Josefa, Juan Nepomuceno, Guadalupe, Vicenta y Agustina Lucía.

Se decía en efecto que había conseguido el beneficio parroquial, "para que socorriera a su pobre familia". Así, pues, no parece que el gasto de Hidalgo en San Felipe se haya derivado mayormente del juego, sino del dispendio en música y comida para todos, libros para sí mismo y ayuda a parientes. Pero tales gastos se reflejaron en el atraso de pagos de los réditos referidos y en otros menores que se fueron acumulando hasta hacerse mayores.

Me refiero a las pensiones y cargas fiscales que iban aparejadas a los beneficios eclesiásticos del obispado, los cuales debían pagar una contribución para el sostenimiento del Seminario Tridentino y para el Colegio femenino de las Rosas de Valladolid. Y la Corona, imponía la mesada, y a través de la Comisaría de la Bula de la Santa Cruzada exigía un subsidio por la obtención y disfrute de los mismos beneficios.

Así empezaron a ser frecuentes los reclamos de los acreedores a Miguel Hidalgo. Miguel cubría unos pagos, ignoraba otros, y al final muchos se le juntaban; de tal suerte en 1795 ya se hablaba de concurso de acreedores. A raíz de que su hermano Joaquín obtuvo la parroquia de Dolores y empezó a saldar algunas deudas propias, también pudo aliviar un crédito vencido de su hermano Miguel, al facilitarle $1,710.4.

De tal manera se cubrieron algunos réditos caídos, pero no todos. Por esos mismos días las cuentas de la tesorería de San Nicolás finalmente fueron revisadas por dos veces, en la primera, de 1797, el saldo a favor de Hidalgo se modificó de $1,282.1, a sólo $400.3. Pero el resultado de la segunda revisión, de 1799, fue sorprendente: el Colegio no le debía nada, al contrario Hidalgo adeudaba $7,069.3.

Y en realidad las cuentas de Hidalgo no estaban tan mal, pues apenas le encontraron ahí un alcance por $303.1. La diferencia principal estaba en el criterio del gasto. El segundo contador tuvo por excesivos $4,512 de cocina y alimentos; no le parecieron unas condonaciones de pagos de colegiatura por $422, y le cobraba $1,820 de réditos porque Hidalgo había dispuesto de capitales del Colegio para el gasto corriente.

Lo que pasaba es que la segunda revisión era promovida por quien había sido sucesor de Hidalgo en el puesto de rector y tesorero, y había optado por una austeridad contraria a la prodigalidad de Hidalgo, quien entre otras cosas había dispuesto que los estudiantes comieran carne todos los días. Se llamaba Manuel Iturriaga. Al enterarse Hidalgo de tales cargos, manifestó que nombraría apoderado a quien daría instrucciones.

Ingresos Anuales de Miguel Hidalgo como Rector

Cargo Ingreso Anual
Cátedra de Teología $300
Cátedra de Moral $250
Vicerrector $100
Rector $300
Tesorero $303
Sacristía Mayor de Apaseo $100
Capellanía $100
Total como Rector $1,353

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