Descubre la Fascinante Historia Oculta de la Hacienda de Guadalupe en Ensenadapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Con el paso de los años, Valle de Guadalupe se ha vuelto un lugar imperdible a visitar para todo tipo de viajeros, especialmente para los amantes del vino ya que esta zona es reconocida por ser el mayor productor de vino mexicano. Esta región vinícola se ubica en la zona norte de la península de Baja California y comenzó hace ya más de dos siglos a escribir su exitosa historia como productor de esta bebida.

Actualmente, podrás encontrar más de 70 bodegas de varios tamaños (desde las más grandes para los emprendimientos familiares y algunas pequeñas para bodegas boutique), las cuales producen el 90 % del vino mexicano y se sitúan tanto en el Valle de Guadalupe como en los valles vecinos de San Antonio, Ojos Negros, Santo Tomás, San Vicente, La Grulla, Tanamá, Las Palmas y San Valentín.

De acuerdo con datos de Provino Baja California, los siete valles vitivinícolas del estado concentran el 70% de la producción total del vino a nivel nacional, siendo el famoso Valle de Guadalupe la zona que concentra el 50% de la producción. Es justo esta zona la más famosa y la responsable de atraer a buena parte del turismo, tanto nacionales como internacionales, a conocer las propuestas que se dan en esta región del país, siendo los blends (la mezcla de distintos varietales) los más populares.

Una de las fiestas más emblemáticas durante la temporada de vendimias es la que organiza Santo Tomás, que este 2024 celebró su XXXII edición con su tradicional verbena.

En 1907 llegaron a Valle de Guadalupe en Baja cien familias rusas procedentes del Cáucaso. De religión molokana (disidentes ortodoxos de orientación pacifista) se establecieron aquí y se dedicaron a la cría de animales y al cultivo de la tierra. Con el paso de los años, algunos volvieron a emigrar, pero otros, como la familia Bibayoff, se quedaron y cultivaron la vid. De hecho, fueron los pioneros aquí en este cultivo y en la elaboración de vino hacia los años treinta del siglo xx.

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El auge de las vinícolas en el Valle de Guadalupe

Aquí te presentamos algunas de tales vinícolas, además del Museo del Vino y un puñado de sitios para comer. La visita a estos lugares y la degustación de sus vinos permitirán al lector entender por qué muchos bajacalifornianos ya llaman a este lugar simplemente “El Valle”: es el valle encantador, productivo y sabroso por antonomasia. Y también convencerán al viajero de que en nuestro México Desconocido hay muchos, muchísimos valles hermosos, pero ninguno que se compare con Valle de Guadalupe en Baja.

Adobe Guadalupe

Es una vinícola preciosa y, definitivamente, todo un clásico de Valle de Guadalupe en Baja. Su edificio, que con sus muros blancos, sus techos de teja y su patio central con arcadas semeja una vieja hacienda mexicana (aunque fue diseñado por el célebre arquitecto iraní Neil Haghighat), y sus esculturas metálicas de los caballos y del arcángel junto a los viñedos de la casa, han sido tan repetidamente fotografiados que ya se han convertido en los mejores símbolos del valle. Pero también es un clásico, porque fue una de las bodegas pioneras en el enoturismo: sí, el vino local es excelente, pero se disfruta mejor en un hotel elegante y cómodo, flanqueado por verdes jardines, con una tina de jacuzzi mirando al viñedo y teniendo al lado un restaurante muy bien atendido.

Adobe Guadalupe fue el proyecto de Donald y Tru Miller (él, estadounidense, y ella, holandesa), iniciado desde la última década del siglo XX. Fue en el 2000 que levantaron su primera cosecha. Y muy pronto sus vinos se volvieron referencia obligada en el panorama de la enología mexicana. Su línea más antigua y famosa es la de los arcángeles, todos ellos ensambles muy aplaudidos: Miguel, Kerubiel, Serafiel, Gabriel y Rafael, que son tintos, y Uriel, que es rosado. Algo más nuevos son Jardín Secreto (tinto con base en Tempranillo) y Jardín Romántico (Chardonnay), excelentes creaciones del actual enólogo de la casa, el chileno Daniel Lonnberg.

Tal vez la mejor manera de conocer los vinos es en las cenas maridaje que se ofrecen en la casa. Son comidas de cinco tiempos preparadas por la chef Martha Manríquez, maridados con distintas añadas (muchas veces reservas especiales). Y se llevan a cabo en el elegante comedor de la casa con su vajilla y cubiertos de lujo. Estas comidas cuestan 70 dólares y es preciso reservarlas con antelación. Adobe Guadalupe ofrece también masajes y catas verticales con presentación de los caballos aztecas que se crían en los establos de la bodega en el Valle de Guadalupe en Baja. A un lado se encuentra la tienda. En ella, el visitante hace las degustaciones básicas, pero también encuentra muchos otros productos que comprar: los vinos, pero también el tequila Tía Tula y el mezcal Lucifer, elaborados especialmente para Adobe Guadalupe; aceitunas y aceite de oliva de la casa; miel, conservas, artesanías, arte y regalos. Entre la bodega y la tienda está el Adobe Food Truck, que por su servicio rápido puede ser una cómoda opción para el viajero que visita varias vinícolas durante el día. Aparte, sus platillos (tipo tapas) son muy sabrosos: desde las patatas bravas, los champiñones al ajillo y las ensaladas, hasta la chistorra al brandy o el picosito de salchicha polaca con camarones del Pacífico.

Alximia

Presidida por el productor Álvaro Álvarez, esta empresa familiar basa su filosofía en el respeto al medio ambiente. Por ello, sus vinos principales llevan nombres como Helios, Magma, Pira o Aqua, haciendo alusión a los cuatro elementos. Su historia empezó en 2004 con la plantación del viñedo, y aunque el año siguiente inició la vinificación de la uva, produciendo apenas 20 cajas de AlXimia Cabernet y AlXimia Cabernet Merlot, en realidad consideran al año 2008 como su año formal de inicio. Su relajado edificio de estructura circular viene muy a tono con su filosofía y hace posible observar todo el proceso desde la sala de degustación: el viñedo -que hoy produce uvas Cabernet Sauvignon, Syrah, Tempranillo y Barbera-, el área de selección de la uva y despalillado, las salas de fermentación y de añejamiento en barricas de roble. Alximia también tiene un restaurante llamado La X donde organizan maridajes y en ocasiones eventos con paella, música en vivo, y hasta lecturas de poesía. Abre para desayunar, comer y cenar.

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Balch’é

En 1997 Juan Ríos adquirió 32 hectáreas de un viejo viñedo familiar en el Valle de Guadalupe en Baja y se dispuso a regenerarlo con la idea de elaborar vino casero. Al paso de los años lo pensó mejor y se decidió a vender su producción. A principios de siglo construyó su cava, amplió los viñedos y comenzó a comercializar sus caldos. Para el 2008 comenzó a vender los vinos Premium, como el Balch’é Cero (Nebbiolo) o Balch’é Tres (Merlot), que desde entonces se han ubicado entre los vinos más caros de México. Actualmente ya produce más de 20,000 cajas anuales de 18 etiquetas diferentes: 14 tintos, tres blancos y un clarete. El enólogo a cargo desde el año 2014 es Óscar Delgado Rodríguez. El nombre de esta casa hace referencia a la cultura maya, pues el balch’é no es otra cosa que un árbol cuyos frutos eran fermentados para deleite de ciertos dignatarios. Además de visitar ahora la bodega misma, el visitante puede también comer en el restaurante Tahal. Se espera que en un futuro próximo esta vinícola cuente también con servicio de hospedaje.

Bruma

Es uno de los conjuntos más innovadores del Valle en cuanto a estilo arquitectónico y, desde luego, un lugar para disfrutar con los cinco sentidos. Visualmente es un lugar que atrapa. La vinícola aparece precedida por una rampa, que es como la ladera del cerro. Arriba está el tronco seco de un encino de 300 años que se levanta sobre un espejo de agua. Luego uno baja y entra a la inesperada cava octagonal. A un lado están las elegantes villas con muros y techos de color arena, frente a un pequeño lago. Más allá, se encuentra Casa 8, un lindo bed & breakfast, con sus habitaciones como camufladas entre las rocas. Al otro lado, está el restaurante Fauna con una terraza medio protegida por piedras y olivos. Hacia abajo se extiende el mar de viñedos y hacia atrás se yerguen los cerros de la orilla del valle. El arquitecto, Alejandro D’Acosta, quiso integrar la construcción al aspecto del valle y lo logró. Pero lo más sorprendente es que gran parte de todo este despliegue de lujo se construyó con basura cercana. Las vigas están hechas de coches de desecho de Mexicali. La madera que cubre muros y pasillos son pedazos, todos iguales, que provienen de puentes desmontados de Estados Unidos. Y los pequeños cristales redondos que cuelan la luz ambiente no son otra cosa que los desechos de la fábrica de lentes de la empresa Augen de Ensenada.

El propósito ambientalista no acaba ahí. El lago de las villas es parte del sistema de tratamiento de aguas, y el espejo de agua que está bajo el encino refrigera naturalmente la cava sobre la cual se encuentra. Cada detalle resulta revelador. Este proyecto lo lanzó un grupo de ocho amigos encabezado por el empresario Juan Pablo Arroyuelo. Comenzó a tomar forma hacia 2012 y poco a poco ha ido añadiendo nuevas áreas. Fauna, por ejemplo, apenas abrió en 2017 y en el segundo semestre de 2018 se espera que entre en operación un nuevo bar. El conjunto y la vinícola llevan por nombre Bruma. Los vinos están a cargo de Lourdes Martínez Ojeda, una destacada enóloga bajacaliforniana con más de 13 años de experiencia en bodegas Grand Cru de Francia. Por ahora los elaboran cuatro etiquetas: tres de ellas bajo el nombre de Bruma Ocho (un tinto, un rosado y un Chardonnay) y otra más llamada Bruma Plan B.

El encanto del lugar también es notable en Fauna, uno de los restaurantes de antología del valle. Una entrada de ostiones Kumamoto envueltos en salsa de manzana y pata de mula con aceite de chile chilhuacle, o un plato fuerte de frijol encurtido con chicharrón y pulpo son creaciones de su chef, el ensenadense David Castro Hussong. ¿Suena a que está experimentando? Tal vez, pero él explica, “para mí es cocina mexicana; es reflejo de lo que comí y de lo que me gusta comer”. Y son platillos deliciosos. Aparte, el conjunto tiene las opciones de hospedaje ya mencionadas y, para sus huéspedes hay bicicletas de alquiler y también se pueden organizar cabalgatas.

F. Rubio

Inició en 2003 como un proyecto recreativo de Francisco Rubio. Al principio tuvo cuatro hectáreas. Los frutos se los pasaba a otras vinícolas que pagaban con botellas. Luego empezó la elaboración de caldos propios. Poco a poco, esposa, hijos y nietos se involucraron en el proyecto y hoy la F. del nombre hace referencia a la familia entera. Los vinos pronto encontraron una colocación comercial. Eso sí, sin perder la idea original de hacerlos con un máximo de calidad. Siendo una vinícola con viñedo propio, los Rubio se propusieron no cosechar más de cuatro toneladas de uva por hectárea, de modo que las plantas sean expresión plena de la tierra. Y esa regla la han mantenido hasta la fecha. El enólogo de la casa es Alberto Rubio. Hoy ofrecen siete etiquetas (todas con el símbolo de los elefantes), algunas son mezclas y otras monovarietales (Tempranillo y Malbec). La bodega está abierta a visitas y cuenta también con un bistro a cargo del chef Alex Rubio, llamado Parcela 70.

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Casa de Piedra

Es una vinícola modesta en términos de producción y que elabora pocas etiquetas. Su edificio, sencillo y robusto, hace honor al nombre de la vinícola y ya tiene unos 20 años. Sin embargo, es muy recomendable visitar Casa de Piedra por ser una de las vinícolas clave en la historia del valle. El famoso enólogo Hugo D’Acosta dirigió la producción de Bodegas de Santo Tomás a partir de los años ochenta del siglo XX. Luego dejó aquella casa con la idea de crear esta otra, como un proyecto enteramente propio. Y aquí, a finales de los noventa comenzó a elaborar el Vino de Piedra, quizá el caldo más célebre del Valle de Guadalupe en Baja y, en definitiva, un parteaguas en la historia de la vitivinicultura regional.

Su idea, que hoy siguen muchos, era obtener vinos que revelaran el terruño de su origen. Las reseñas y comentarios que este vino ha suscitado son incontables. Ahora, aparte de ese vino tinto, esta bodega produce un blanco llamado Piedra del Sol y una línea de espumosos bajo el nombre de Espuma de Piedra. Lo mejor es que estos tres vinos son los que pueden saborearse en la degustación básica.

Casta de Vinos

Interesante por su utilización de la uva Mourvèdre, esta pequeña vitivinícola fundada en 2010 por la familia Castañeda -de ahí el nombre de la casa- produjo en su primera añada apenas 14 barricas, para crecer a más de 400 en el 2018. Apasionados de la topografía y la flora local, su construcción aprovecha materiales como el granito, la piedra laja, la piedra de canto rodado y el adobe, mientras que varios de sus vinos llevan nombres de especies vegetales de la zona, como Cardón, Cirio, Flor de Roca y Pitaya. Entre sus más de 10 etiquetas, los vinos de la línea Casta Tinta están entre los más galardonados. También muy aplaudidos han sido el tinto Cardón (Cabernet Sauvignon y Mourvèdre), el blanco Casta Blanca (Chardonnay) y un fresco rosado llamado Pitaya, elaborado con uva Grenache en honor de las mujeres que luchan contra el cáncer de mama. Si estás por Valle de Guadalupe en Baja, haz una parada en su sala de degustación para disfrutar sus vinos en compañía de algún miembro de la familia Castañeda. Tiene un restaurante que funciona sábado y domingo. La cata … se realiza en el interior de la cava.

Casa Magoni

Patriarca de los enólogos de Valle de Guadalupe, Don Camillo Magoni nació a mediados del siglo pasado en Morbegno, en el norte de Italia, y en los años sesenta vino a Baja California invitado por su paisano Ángel Cetto. Por décadas fue el enólogo de L. A. Cetto. Poca gente hay que conozca tan profundamente las posibilidades de Valle de Guadalupe como él. A principios del milenio estableció su propia bodega por el gusto de elaborar buenos vinos y hacer pruebas con nuevas cepas (hoy, su campo experimental tiene sembradas 70 cepas de todo el mundo). En 2013 Casa Magoni comenzó a vender al público y ahora se ha convertido en una bodega familiar que se ufana de vinificar con uva propia. Aunque sus tintos suelen estar hechos con uvas italianas, también tienen un inolvidable Malbec-Merlot, entre otros caldos recomendables.

Hotel Boutique Wine Resort

Inició elaborando vino en 2011 en instalaciones ajenas y con uva comprada, pero poco a poco ha ido creciendo y ahora es una muy bonita y prometedora vitivinícola con hotel boutique (Wine Resort). La arquitectura es notable: las líneas del viñedo convergen todas en un círculo conformado por 21 elegantes habitaciones, más la terraza de degustaciones, un penthouse y un restaurante. Sin embargo, no es indispensable ser huésped para disfrutar del restaurante o probar las seis etiquetas de la casa: dos ensambles, tres monovarietales (Nebbiolo, Syrah y Malbec) y un blanco. Como hotel el lugar abrió en el verano de 2016.

Viñas de Garza

Esta bodega, que inició en 2012, suele trabajar con uvas de la Antigua Ruta del Vino. Allá mismo vinifica, pero es en el Valle de Guadalupe donde tiene su sala de degustación y un restaurante. Sus instalaciones son rústicas y sencillas, pero agradables y de buen gusto. Ubicadas junto a los viñedos, se utilizan con frecuencia para bodas y eventos sociales. Esta vinícola elabora cinco vinos: Aurum, que es una mezcla de Cabernet Sauvignon y Tempranillo; Tempranillo, que es un varietal de esta cepa; Rosam, un Cabernet Sauvignon con un muy apreciado toque dulce; los vinos de la línea premium llevan por nombre Platinum y son monovarietales de Cabernet Sauvignon y Syrah. El restaurante es una muy popular opción para comer en las excursiones a Valle de Guadalupe.

Vinícola Regional de Ensenada

Esta vitivinícola inició operaciones en 1995. Cuenta con un viñedo de 37.5 hectáreas que cultiva siguiendo el modelo francés. Produce anualmente 15,000 cajas de más de una docena de etiquetas. La bodega habla de cuatro líneas de caldos. Los llamados “grandes vinos” pertenecen a la línea que lleva el nombre de la vinícola e incluyen un vino blanco, una mezcla bordelesa, un Cabernet Franc-Merlot, un Merlot, un Zinfandel y El Gran Divino, ...

Hacienda Guadalupe: Un lugar de ensueño para celebrar bodas

Celebrar la boda rodeados de viñas es el sueño de muchas parejas, si ustedes desean festejar su enlace en un ambiente exclusivo y sofisticado, rodeados de la calidez del viñedo, sin duda Hacienda Guadalupe será una gran elección. Todos los espacios de la hacienda están decorados en un estilo rústico, utilizando los materiales propios de la zona, adaptándose a su gusto y necesidades. Gracias a su gran extensión, esta hacienda puede albergar eventos de hasta 400 personas siempre realizados al aire libre ya que no cuenta con espacios interiores.

Hacienda Guadalupe será una gran elección que les permitirá disfrutar al máximo de la celebración de su enlace sin ninguna preocupación, con la confianza de estar en manos de un equipo altamente capacitado y en un entorno de ensueño. Les ofrecerá un paquete básico, que se puede adaptar a las necesidades y preferencias de los clientes. Si celebran su boda en este hermoso lugar, tendrán acceso a una pequeña tienda en la que podrán adquirir regalos y recuerdos para sus seres queridos, así como de un restaurante que ofrece excelente comida regional.

En Hacienda Guadalupe se pueden encontrar menús de boda con un costo por invitado desde $2,000 hasta $5,000. Hacienda Guadalupe ofrece sus servicios de banquete de boda para un mínimo de 50 invitados y puede dar servicio hasta un máximo de 250 invitados. A Hacienda Guadalupe lo recomienda el 100% de las parejas que ya disfrutaron de sus servicios. Su valoración global es de 5.0 y recibió esa puntuación en calidad del servicio, flexibilidad, relación calidad/precio, profesionalidad y tiempo de respuesta.

Servicios ofrecidos en Hacienda Guadalupe

  • Menú de tres tiempos, cocina de autor con ingredientes regionales de alta calidad.
  • Posibilidad de llevar su pastel de boda o contactar directamente con el proveedor.
  • Pago en efectivo y tarjeta de crédito (Visa, Master Card y American Express).

Autorización: el hotel se reserva el derecho a preautorizar la tarjeta de crédito de los huéspedes antes de la llegada. Peticiones especiales: las peticiones especiales están sujetas a disponibilidad al hacer el registro de entrada y pueden conllevar un suplemento. Las peticiones especiales no están garantizadas. Las reservas de 10 habitaciones o más pueden estar sujetas a condiciones y suplementos especiales. La piscina puede climatizarse por un suplemento. Los huéspedes deberán mostrar un documento de identidad válido y una tarjeta de crédito al realizar el check-in. Ten en cuenta que todas las Peticiones especiales están sujetas a disponibilidad y puede haber cargos adicionales. Informa al Hacienda Guadalupe Hotel tu hora de llegada con anticipación.

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