La Hacienda de Tala Oblatos, con una rica historia que se remonta al Siglo XVIII, es un lugar envuelto en mitos y leyendas que han trascendido generaciones. El viejo Molino de Trigo, en ruinas, es el epicentro de relatos que lo describen como punto de reunión de brujas o refugio de duendes, que salen tras el atardecer para asustar a los niños que deambulan por la zona.
Mitos y Apariciones en la Hacienda
Cuentan que cerca de la edificación en ruinas, con más de 175 años de construida, existe el umbral hacia otra dimensión, en la que subsisten personajes que en diferentes épocas habitaron el extenso territorio de la hacienda (una quinta parte de la ciudad de Guadalajara).
Los ancianos narran que a unos 300 metros de distancia del añejo molino, en la calle Hacienda Ixcuintla, cerca del cruce con Hacienda de La Huerta, se aparece un hombre con atuendo de charro, que hace su arribo a la medianoche y se desvanece justo al llegar a la cortina metálica de un local. Otros relatan que en el mismo punto, pero dentro de una casa, han percibido la presencia de un oscuro monje, quien, silencioso, levita por el pasillo de la finca.
También existen las crónicas sobre un señor catrín y calvo. Él súbitamente es visto en una de las viviendas, pero así como suele manifestarse, al cabo de unos segundos se esfuma.
La suspicacia ha relacionado a estos seres con los habitantes de hace muchos años en la zona. Dentro de esas tierras hubo capataces así como hombres adinerados, y, en los albores de la hacienda, a principios del Siglo XVIII, fue la sede de un grupo de religiosos: la Orden de Los Oblatos del Salvador.
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El imaginario colectivo dice que por alguna circunstancia los antiguos moradores se transportan a la época actual y regresan a través de un portal metafísico, próximo al derruido molino de trigo.
El Plan y la Leyenda de la Mujer Muerta
El historiador Víctor Sánchez Ramírez señala que el arroyo de San Andrés (hoy entubado bajo la avenida Plutarco Elías Calles) llegaba a lo que actualmente es José María Iglesias, en donde formaba una cascada. Del pie de ésta y más allá de la calle Hacienda de Tala, había partes planas a ambos lados del río. Este punto aparecía en mapas anteriores al año 1900.
Esos terrenos eran conocidos como “El Plan”, un sitio al que todavía hace algunos años, acudían de paseo los vecinos de Oblatos, en donde aprovechaban para consumir jícamas y elotes cosechados ahí.
Por la cercanía con el cascajo del Molino de Trigo se gestaron historias de espantos. Cuentan que por las noches se escuchaban quejidos, se oía a la llorona y que arrastraban cadenas; aparecían una carreta de caballos, perros negros, hombres ahorcados y variados espectros.
Cierta noche, se escucharon durante la madrugada el llanto de una mujer, gritos, quejidos y lamentos; pero como los habitantes estaban acostumbrados a los sonidos sobrenaturales, no salieron de sus casas. La mañana siguiente encontraron en el arroyo, el cadáver de una mujer torturada y apuñalada.
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