Impactante Historia de la Gestión de Desastres Naturales en Puerto Rico Durante el Gobierno de Miguel de la Torrepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La historiografía tradicional de Puerto Rico ha considerado la gestión de funcionarios militares en el siglo XIX como ultraconservadora y opuesta al progreso. Recientemente, se ha analizado el papel de Miguel de la Torre (gobernador entre 1822 y 1837) en la transformación urbana de San Juan (Luque Azcona, 2020).

En este sentido, se mencionan autores como José Luis Vivas Maldonado, que calificó su gobierno como uno de los momentos "más negros" en la historia de la isla (Vivas Maldonado, 1974, pp. 193-197), y a Jesús Lalinde Abadía, que en su libro sobre La administración española en Puerto Rico durante el siglo XIX englobaba a este gobernante entre los capitanes generales que han dejado un mal recuerdo (Lalinde Abadía, 1980, p.

Investigaciones recientes se han centrado en los mecanismos utilizados durante su gestión para el control ideológico de los habitantes de la isla, en el contexto de las revoluciones independentistas en América Latina (Altagracia Espada, 2013; Navarro García, 1991; Navarro García, 1999). Asimismo, se han planteado revisiones de su gestión en un contexto más amplio, como las tesis de Nelson Hernández sobre la política económica de Miguel de la Torre (1823-1837) y la de María Providencia Ortiz Malavé sobre la modernización de la infraestructura vial en la isla (Ortiz Malavé, 2016, pp.

Este artículo analizará las respuestas dadas durante el gobierno de Miguel de la Torre a las consecuencias derivadas de fenómenos climáticos adversos. Miguel de la Torre llegó a Puerto Rico en 1822, asumiendo el cargo como gobernador y capitán general de la isla de 1823 a enero de 1837, con la facultad de gobernar la colonia como una plaza sitiada y contener en ella los afanes separatistas (Altagracia Espada, 2013, pp. 1315). Con la creación por real decreto de la Real Audiencia de Puerto Rico en 1831 y su erección al año siguiente, De la Torre asumiría también la presidencia de este órgano (Lalinde Abadía, 1980, pp. 138-147).

Su extenso gobierno y buenas relaciones con el Cabildo de San Juan favorecieron la puesta en práctica de planes de actuación de forma continuada. Para esta investigación, se han consultado fuentes documentales del Archivo General de Indias y las Actas de Cabildo de San Juan, localizadas en el Archivo General de Puerto Rico. También, los aportes que desde el siglo XVIII han hecho diferentes autores sobre las características y el impacto de los fenómenos de clima adverso en la mencionada isla, algunos de los cuales incluyen también referencias a aspectos relacionados con la gestión institucional.

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Uno de los pioneros fue fray Íñigo Abbad y Lasierra, autor de la "Historia geográfica, civil y natural de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico" (Santa María García, 2004, pp. 243-252). Otra fuente importante son las "Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la Isla de Puerto Rico" de Pedro Tomás de Córdova (López Cantos, 1986, pp. 361-384).

Autores posteriores como Rafael William Ramírez de Arellano, Luis A. Salivia y Luis Caldera Ortiz también han estudiado los huracanes en Puerto Rico. La isla de Puerto Rico, por su localización en el Caribe, se encuentra en el paso natural de ciclones, huracanes y temporales.

Solo durante el gobierno de Miguel de la Torre se produjeron varios fenómenos climatológicos adversos, algunos de ellos incluso extremos, destacando en este sentido el huracán Santa Ana, que azotó la isla en julio de 1825. El año anterior, concretamente el 9 de septiembre del 1824, se había producido un temporal, que en la clasificación realizada por Ferdinand Quiñones en su "Resumen histórico de los temporales de Puerto Rico" aparece como el huracán San Pedro Claver (Quiñones, 1992, pp.

Apenas dieciséis días antes de que el mencionado temporal se produjera, Miguel de la Torre había informado al secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia sobre la visita que acababa de concluir por diferentes rincones de la isla. En el expediente remitido, con fecha 24 de septiembre de 1824, incluyó las actas de las reuniones mantenidas en las diferentes localidades por las que había pasado, un resumen de lo acontecido y una serie de propuestas para la mejora de la administración de justicia, la seguridad, la recaudación de impuestos, así como "algún arreglo en la policía interior de seguridad y salubridad", sobre cuyos puntos afirmaba estar "preparando algunos trabajos" (Archivo General de Indias - AGI - Gobierno, Audiencia de Santo Domingo 2332, n. 27).

No obstante, pocos días después, el 22 de octubre, el mencionado gobernador tenía que dar cuenta al gobierno metropolitano de los "estragos causados en varios pueblos de dicha isla" por el "furioso temporal ocurrido el 9 de septiembre último". Según las relaciones de las pérdidas acaecidas por las informaciones que había recibido, los mayores destrozos se habían producido en varias localidades situadas al sudoeste de la isla. De la Torre destaca, en este sentido, cómo "la villa de San Germán y los partidos de Cabo Rojo y Sabana Grande" no habían "dejado de experimentar pérdidas", aunque también menciona a los de Ponce, Peñuelas, Yauco y Juana Díaz, al sur, y los de Mayagüez, Añasco, Rincón e Isabela, al oeste y norte.

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Dentro del expediente relativo a este asunto, De la Torre incluyó las relaciones recibidas de los daños ocasionados por el temporal en las zonas afectadas. En ellas aparecen aspectos relativos a los destrozos de caminos y edificios, como la iglesia de San Germán, que había "quedado bastante arruinada a pesar de la vigilancia y cuidado" (AGI - Gobierno, Audiencia de Santo Domingo 2332, n.

Luis Salivia menciona que el huracán Santa Ana barrió la isla de sudeste a norte, al entrar su vórtice entre Humacao y Yabucoa y salir hacia el Atlántico por la región comprendida entre Arecibo y Vega Baja, con vientos muy violentos que causaron en ella daños sin precedentes (Salivia, 1950, pp. 152-153). De la Torre daba cuenta al gobierno metropolitano de este "huracán espantoso que ha sufrido la isla de su mando" en un escrito con fecha de 2 de agosto, en el que manifestaba "los muchos destrozos que ha ocasionado, el número de personas que han perecido y pérdidas sufridas", según los partes que había recibido de varios pueblos del interior.

A continuación, en el mismo escrito daba parte de los principales destrozos ocasionados en la capital, destacando, en este sentido, la caída de un lienzo de la muralla y del puente de San Antonio, "que ha dejado incomunicada la ciudad", el destrozo de los pararrayos de los almacenes de pólvora, así como las puertas y ventanas arrancadas de edificios públicos, "particularmente en la casa de gobierno, que ha sufrido bastante".

Después se refiere a los estragos ocasionados en los pueblos interiores que, según los partes recibidos hasta ese momento, habían sido extraordinarios en los de Naguabo, Humacao, Las Piedras, Caguas, Rio Piedras, Loíza, Guainabo, Bayamón, Toa Alta y Baja, Vega Alta y Baja y Manatí. Cifraba en más de 150 las personas fallecidas "bien a impulso del viento, o ahogados en las extraordinarias crecientes que han hecho los ríos, siendo infinitamente mayor el número de heridos y contusos, debajo de las ruinas de las casas y la caída de los árboles".

Después pasa a centrarse en las consecuencias económicas que el desastre tendría para Puerto Rico, afirmando su temor de que "semejante catástrofe... haya sido general en la isla", poniendo de relieve cómo el paso del huracán había dejado "consternados a estos naturales, y puesto a su gobierno en una situación difícil, porque observa la pérdida total de la cosecha, la carencia absoluta de víveres, y la miseria que es probable suceda, particularmente entre la gente infeliz, en cuyo alivio me ocupo de la manera más exquisita para evitar unos males tan próximos y destructores".

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En la correspondencia de los siguientes días, De la Torre incluiría también información sobre otro desastre que nada tenía que ver con los efectos del huracán. Nos referimos al "estado que manifiesta la pérdida total experimentada en el pueblo de Aguadilla en el incendio que sufrió la madrugada del 12 de junio último".

El envío del "estado que demuestra las pérdidas sufridas de resultas del temporal de 26 y 27 de julio" tendría que esperar, en cambio, hasta abril del año siguiente, hecho que De la Torre justificaría "por haber estado reuniendo los precisos datos para formarlo" (AGI - Gobierno, Audiencia de Santo Domingo 2333, n.

Otra descripción del huracán Santa Ana y sus efectos aparecen en las Memorias de Pedro Tomás de Córdova de 1832, en las que se les califica como el temporal más "furioso" que la isla había experimentado desde 1819. En ellas se menciona que en la noche del 26 al 27 de julio de 1825 "fue acometida la Isla por uno de aquellos terribles efectos de la naturaleza", tras dos días en los que "se habían experimentado copiosas lluvias" y fuertes ráfagas de viento.

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