Descubre la Fascinante Historia de Luis García Pimentel y el Legado Inolvidable de Hacienda del Sol en Morelospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Como señala Felipe Ávila (2001) “La historia es siempre la resultante de fuerzas en movimiento, compuestas por clases sociales, grupos, sectores e individuos” (p. 12). Este artículo pretende abrir una ventana a la historia de Morelos a través de la vida de Luis García Pimentel, uno de los representantes de la élite regional estatal de fines del porfiriato, quien poseía el mayor latifundio de la entidad, ya que sus haciendas Santa Ana Tenango y Santa Clara Montefalco, ubicadas al oriente del estado, tenían una extensión de 68 177 hectáreas.

Ubicación y Colindancias de las Haciendas

En los mapas de Madrigal (2000, pp. 101-105) se observa que la hacienda Santa Clara colindaba al norte con las poblaciones de Ocuituco, Metepec, Tetela del Volcán y Hueyapan. Al sur de Santa Clara se situaba la finca de Tenango que lindaba con los lugareños de Axochiapan y Telixtac, mientras que al oriente limitaban con el estado de Puebla y envolvían a los pueblos de Tlacotepec, Zaculapan, Huatzulco, Amayuca, Amiltzingo, Jantetelco, Jonatepec, Tetelilla y Altlacahuatoya. Por el poniente rodeaban a los poblados de Tlacatepec, Tlayca, Xalostoc, Pulzilla, Atotonilco y Tepalcingo; y también tocaban con las haciendas de Coahuixtla, de Tenextepango y San José del Palo o Chinameca, que en 1909 pertenecían a Manuel Araoz, a De la Torre y Mier y a la viuda de Vicente Alonso respectivamente (Womack, 2008, p. 385).

Luis García Pimentel: El Empresario Hacendado

El término empresario para el caso de los hacendados empezó a utilizarse en la historiografía mexicana, a partir del libro coordinado por Ciro Cardoso (1978) titulado Formación y desarrollo de la burguesía en México del siglo XIX, en el que la palabra incluía a los propietarios agrícolas que invertían en distintos negocios rentables. Valerio (1998), por otra parte, señala que muchos estudios monográficos sobre las haciendas han demostrado “que la mentalidad de estos terratenientes estaba en función de sus expectativas económicas, que invertían en mejoras materiales y tecnológicas en sus fincas agrícolas de acuerdo con las posibilidades de obtener ganancias según las condiciones de los mercados” (p. 467).

A lo largo de su vida, las actividades lucrativas de García Pimentel estuvieron ligadas a la producción y comercialización de productos agropecuarios, entre los que destacan los derivados de la caña de azúcar, arroz, ajonjolí, café, tabaco, hortalizas, maíz, frijol, caballos de gran calidad y ganado vacuno, entre otros. Además se dedicaba al préstamo de dinero y la compra, venta y alquiler de bienes inmuebles.

Este trabajo se centra en la actividad empresarial de García Pimentel relacionada con el campo y aborda las dos primeras fases de su trayectoria. La primera fase abarca de 1874 a 1894; en ella, se identifican su formación en los negocios, la influencia de su padre, y su participación en la compañía mercantil La Abeja y posteriormente en la empresa Martínez del Cerro y Compañía. La segunda fase inicia en 1895, cuando García Pimentel, ya con 40 años de edad, adquirió la propiedad de Tenango y Santa Clara, a raíz de la muerte de su progenitor y termina cuando se interrumpe la producción de sus fincas al principio de la revolución mexicana. Este último periodo permite analizar el desempeño profesional de García Pimentel como un empresario maduro, que tomó decisiones de inversión y de producción respondiendo a las expectativas de ganancia, a las condiciones del mercado, a los cambios legislativos y a las políticas públicas estatales y federales, aseverando que aprovechó el entorno para aumentar su patrimonio.

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Orígenes y Familia

Luis García Pimentel nació en la ciudad de México en 1855 y murió en 1930, a los 75 años de edad. Fue hijo de Joaquín García Icazbalceta y Filomena Pimentel Heras, ambos progenitores de ascendencia española, altamente educados y muy religiosos. Filomena Pimentel provenía de una familia aristócrata vinculada con la política, poseedora de grandes latifundios en Fresnillo, pero habitaba en la capital de la República Mexicana (Semo, 1998). Por su parte, Joaquín García Icazbalceta descendía por el lado paterno de una estirpe de prósperos comerciantes y, por el materno, de los dueños de las haciendas de Santa Clara Montefalco y de Santa Ana Tenango (Martínez, 1998).

Sus propiedades, en el estado de Morelos, muestran uno de los pocos casos de continuidad en la posesión a través del parentesco, pues ambas fincas llegaron a la familia desde mediados del siglo XVIII, época en que fueron adquiridas por Zalvide-Goyttia, (Huerta, 1993, p.119). La gente rumoraba que la distancia entre sus manos indicaba la cantidad de oro que llevaba en sus bolsillos por la venta de los panes de azúcar (Warman, 1988).

En 1862, cuando Luis García Pimentel tenía tan sólo siete años, falleció su madre, desde ese momento la educación de él y de su hermana María corrió a cargo de su ilustre padre, Joaquín García Icazbalceta, reconocido historiador y compilador, quien lo instruyó dentro de la fe católica y lo enseñó a sufragar obras pías (Martínez, 1998). García Icazbalceta fue precursor de la teoría católica moderna referente a las relaciones laborales (Toussaint, Scharrer y Von Mentz, 1997, p. 188) que trasmitió a su vástago.

Pasiones y Actividades Culturales

Al igual que su padre, Luis distribuía su tiempo entre las faenas lucrativas y sus pasiones históricas y culturales, tales como:

  1. La lectura y la investigación.
  2. La fotografía, que le atrajo desde joven (dejó imágenes testimoniales de la vida dentro de las haciendas azucareras y de los adelantos tecnológicos implementados en ellas).
  3. La tarea de incrementar la biblioteca de su padre y la publicación de libros que llevó a cabo hasta 1914.
  4. La promoción de la Academia de Historia de México, enfocada a fomentar el estudio de esta disciplina y a conservar el patrimonio histórico.

Dicha institución fue finalmente reconocida por la Real Academia de Historia de Madrid en 1919, a partir de lo cual García Pimentel ocupó el sillón número cuatro del recinto (Krauze, 2010).

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Matrimonio y Familia

En 1879, García Pimentel, de 24 años de edad, se casó con Susana Elguero Pérez Palacios, con la que vivió hasta que la muerte la sorprendió en 1922. Durante su matrimonio, Susana y Luis celebraron el nacimiento de ocho hijos, aunque lamentablemente dos de ellos murieron en su infancia y sólo llegaron a la vida adulta seis: Joaquín, Rafaela, Dolores, Luis, Guadalupe y Susana (María y Campos, 2000, t.

Compromiso con la Enseñanza Cristiana

Luis fue un hombre comprometido, al igual que su padre, con la enseñanza cristiana. Opinaba que esta prevenía la decadencia moral y los vicios. Inculcar el temor a Dios formaba hombres de buenas costumbres, al contrario de la educación laica que preparaba al país a una generación de bandidos. Por ello, cuando murió su padre en 1894, García Pimentel continuó sufragando los gastos de la escuela de San Cosme fundada por su progenitor en 1889 (Candia, 2011, p.

Inicios en los Negocios

Inició su vida productiva en el año de 1874, al lado de su padre, quien lo formaba e instruía en los negocios, además de pagarle un sueldo. Desde 1878 ya viajaba solo a las haciendas para observar el trabajo de los administradores y la elaboración de los endulzantes. En Tenango y Santa Clara recibía correspondencia de su padre con indicaciones diversas relacionadas con la producción y la gestión de las fincas (Rivas y Gutiérrez, 2013, p. 58).

Auge Azucarero en Morelos

Hacia 1876, con la llegada al poder de Porfirio Díaz y del gobernador interino del estado de Morelos, el coronel Carlos Pacheco dio inició una época de auge para los azucareros morelenses, motivada por una serie de políticas públicas que los favorecieron hasta el inicio de la revolución mexicana. Algunos de estos beneficios fueron la reducción, a nivel estatal, de los impuestos a los productores del azúcar, que gravó a esta industria como un todo con una cuota fija de 125 000 pesos, independientemente del nivel de producción; no se cobraron impuestos a los terratenientes por las fincas poseídas, y se fortaleció la administración distrital junto con las facultades de los jefes rurales para mantener el orden público (Pittman, 1989).

Mientras, a nivel federal se cerró la entrada del endulzante extranjero y se construyeron líneas ferroviarias que abarataron y agilizaron el transporte de carga (Kuntz, 1995), lo que permitió la introducción de materiales y maquinaria. Al poco tiempo se erigieron nuevas carreteras y se hizo el tendido del cableado telegráfico, eléctrico y telefónico (Kuntz, 2010). En 1884 se fundó el Banco Nacional de México, lo que uniformó la circulación fiduciaria y fue el eje de las operaciones bancarias de personas, gobiernos y compañías dinámicas de ramos diversos.

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Todos esos beneficios propiciaron la modernización de los procesos de molienda y refinación de azúcar de las fincas morelenses (Crespo y Vega, 1988). La energía hidráulica sustituyó a la generada por bueyes y mulas, para triturar la caña y extraer el jugo; en el proceso de extracción de impurezas en el zumo y de cristalización del dulce, las evaporadoras y centrífugas remplazaron el calentamiento a fuego directo y el purgado (Diez, 1919, p. CLXIX). No obstante, la renovación tecnológica no se dio de la misma manera en todas las fincas, sino que estuvo llena de contrastes. Por un lado debido a la desigual capacidad económica de los distintos propietarios y, por el otro, a que dirigían sus patrimonios de manera diferente.

A raíz de la inauguración de la estación de ferrocarril de Yecapixtla, llegó la nueva maquinaria a los ingenios de la familia García Icazbalceta. La primera nube de tizne en Morelos se vio en Santa Clara en el año de 1880, y seis años más tarde distinguió a Tenango el humo que salía de las altas chimeneas que evidenciaba la existencia de centrífugas (Warman, 1988, p. 62).

Compañías Mercantiles

García Pimentel, al mismo tiempo que ayudaba a su padre en las haciendas, se asoció con Cirilo Baranda en la compañía mercantil denominada La Abeja, que comercializaba los endulzantes de su familia y otros productos. La Abeja ocasionó dolores de cabeza al padre de Luis quien lo reprendía por la falta de transparencia y claridad en la contabilidad, además de las pérdidas en algunos periodos. Finalmente, en 1880, García Icazbalceta le recomendó a su hijo que se separará de ese negocio, al terminar el año, por el bien de todos (Rivas y Gutiérrez, 2013, p. 336).

En mayo de 1882, Luis y su primo originario de Cádiz, Juan Martínez del Cerro, establecieron un almacén, para vender el azúcar y aguardiente provenientes de las fincas familiares de Morelos (Rivas y Gutiérrez, 2013, p. 397). Más tarde, en 1884, Martínez del Cerro contrajo nupcias con la hermana de Luis, María García Pimentel, y con ello se formalizó la relación mercantil que constituyó a la empresa Martínez del Cerro y Compañía. Tanto Luis como Juan aportaron un capital de 5 000 pesos a la sociedad y la gerencia recayó en las manos de Martínez del Cerro.

En esa época había aumentado el gusto de los citadinos por el pan (Fujigaki, 2004, p. 107) y la molienda de trigo parecía un buen negocio, por lo que esta firma inició sus operaciones arrendando el Molino del Rey, donde Joaquín García Icazbalceta, como representante legal de la compañía fungió como fiador. Cuando terminó el contrato de arrendamiento del Molino del Rey en 1887, alquilaron el Molino de Valdés y, hacia 1891, adquirieron los derechos de inquilinato del Molino de Santo Domingo; los tres inmuebles se situaban en la zona de Tacubaya y eran limítrofes.

Por un lado, Martínez del Cerro y Compañía distribuía los productos de las haciendas de la familia en la ciudad de México; por el otro, procuraba el abasto de trigo en otras entidades federativas, principalmente en los estados de México, San Luis Potosí, Veracruz y Tabasco. La relación entre los socios de Martínez del Cerro y Compañía se deterioró con el paso del tiempo. En opinión de Luis, el esposo de su hermana era un hombre de mal carácter y muy ambicioso (Rivas y Gutiérrez, 2013, p. 49).

Adquisición de las Haciendas y Modernización

Al morir Joaquín García Icazbalceta el 23 de noviembre de 1894, heredó sus bienes a sus dos hijos, Luis y María, en partes iguales. Cuando García Pimentel adquirió la posesión de las haciendas de Santa Clara y Tenango, continuó con la misión modernizadora iniciada por su padre años antes.

Se inauguró el trayecto del ferrocarril interoceánico que unía a las ciudades de Cuautla y Puebla, en 1902, y se mandó a construir la estación García, que llegaba a 3.5 km del real de Tenango, que dejó en desuso la estación de Yecapixtla (Warman, 1988, p. 62) y facilitó, aún más, la llegada de la nueva maquinaria y los materiales de construcción necesarios para las obras de infraestructura que se realizaron. Este sistema utilizaba tramos de hierro ligeros y ensamblables, que permitían enviar cargas de las fincas a la estación García, y agilizaban el traslado de la caña de azúcar, desde los puntos de corte a la báscula ubicada en el interior de casco (Toussaint et al., 1997, p. 162).

Los senderos de transporte se acompañaban de plataformas sobre rieles movidas por mulas o locomotoras pequeñas (Rangel, 2008). La manifestación predial de la hacienda de Tenango, de 1909, señala que había 20 km de vías movibles portátiles, 58 plataformas, 443 mulas para las labores de la finca, una grúa de cuatro toneladas de fuerza y una báscula que pesaba hasta diez toneladas de mercancías, utilizada para pesar la caña. Poseían todos los adelantos de la época a excepción de las locomotoras; las únicas haciendas morelenses que contaban con estas eran las de San Vicente y la de Temixco. Haciendas como la de San José Vista Hermosa, la de Vista Alegre, la de Santa Rosa y Cocoyotla, entre otras, no habían incorporado el Decaville (Crespo, 2009, p. 152).

En el mismo inventario de Tenango de 1909 se puede ver que, para desmenuzar y triturar la caña que se llevaba a la molienda, se utilizaban trapiches y filtros alimentados con la energía producida por siete generadores de vapor de 780 caballos de fuerza, adquiridos por las haciendas grandes, que movían también las centrífugas y defecadoras. Se contaba con una máquina de triple efecto, que eliminaba el exceso de humedad y dos tachos al vacío, donde se cocía el melado. Esta maquinaria era ideal para economizar agua y permitía que los ingenios de Tenango y Santa Clara usaran el líquido de manera más racional (Crespo y Vega, 1990, t. 1, p.

En palabras del ingeniero Ruiz Velázquez (2011) en 1937, “en la hacienda Santa Clara tuve la oportunidad de enterarme, desde hace muchos años, de los excelentes rendimientos de los campos, no obstante su corta dotación de aguas” (p. 371).

Índice de Eficiencia de Agua en la Zafra 1908-1909

Al calcular el índice de eficiencia de agua en la zafra 1908-1909 -mediante la división de las toneladas de azúcar producidas en cada hacienda entre el agua disponible de cada finca- se observa que el de la hacienda de Tenango es el mayor de Morelos.

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