Descubre las Estrategias Clave para Sobrevivir y Manejar Emociones en la Sociedad Centroamericana Colonialpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El presente artículo explora la cotidianidad de las y los centroamericanos en la era colonial, predominantemente del interior, analizando información de archivo a través de los criterios de “estrategias de supervivencia” y emociones. La hipótesis es que para superar las adversidades, la sociedad centroamericana adoptó una serie de mecanismos para sobrevivir, entre los que tuvieron principal protagonismo las uniones matrimoniales e informales, planeadas o no.

El Contexto Histórico y Social

Las exigencias derivadas de la sucesión de ciclos económicos, determinados por la preeminencia de una mercancía de exportación, reclamaron de la colonial Audiencia de Guatemala (en la actual Centroamérica), sobreponerse a su rol secundario en el tráfico comercial y a la falta de interés real de las autoridades por dar un impulso organizado a la economía local. Durante todo el período que duró el colonialismo español, la sociedad centroamericana requirió echar mano de mecanismos de autonomía y subsistencia con resultados, a tal fin, exitosos.

Poca importancia se ha dado a los asentamientos rurales en América Latina, en desproporción con el papel que jugaron en el proceso de estructuración de la sociedad colonial. Eso confiere a los territorios "del interior" un indudable protagonismo en la implementación de estrategias de supervivencia, soluciones humanas mínimas para satisfacer necesidades básicas de manera que los individuos y sus núcleos familiares puedan mantenerse con vida en un contexto de desigualdad y vulnerabilidad social.

Estrategias de Supervivencia: Un Concepto en Evolución

El concepto estrategias de supervivencia cobró particular auge en América Latina en las décadas de 1970 y 1980. Esto ha permitido superar el cuestionamiento de la asunción, por parte de las estrategias de supervivencia, de dar por planificadas o deliberadas todas las conductas familiares, por existir comportamientos como la fecundidad fuera del alcance de una estrategia preconcebida o advertir en esos comportamientos (la fecundidad misma) resultados adversos a la supervivencia familiar.

Si bien no hay una orientación clara respecto de nombrar “de sobrevivencia” o “de supervivencia” a las estrategias de vida, se ha evidenciado la relevancia contemporánea del concepto al demostrar la posibilidad de hacerlo extensible a ámbitos tan diversos como la vinculación material y biológica, la reproducción de los sujetos sociales, los comportamientos sociales y demográficos y las formas de reproducción social con foco en la mujer.

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La Dimensión Emocional de la Supervivencia

Poco se ha observado el pasado histórico a través de las estrategias de supervivencia y menos el colonial. Además de explorar la dimensión histórica de las estrategias de supervivencia, aquí se quiere proponer que una vigorosa contribución a su conceptualización deriva precisamente de lo no-planificado, del hecho de que toda decisión, incluso la más racional, implica emociones.

Las emociones han llegado a constituirse en un marco clave para el análisis histórico de la sociedad, y con ellas las y los historiadores construyen entornos “densos”, ricos en complejidad institucional y detalles personales. El presente estudio aborda las emociones como dos grandes “territorios” sobrepuestos. El primero, integrado por emociones “básicas”, como el miedo y la alegría, el odio y la pena, el asco o la ira. El segundo, como un conjunto de reglas que varían en el tiempo y que están circunscritas a un entorno social de comunidades emocionales: sistemas de sentimientos que determinan lo valioso o lo perjudicial para los individuos de esas comunidades.

Las comunidades emocionales han devenido así en una de las formas elegidas por diferentes académicos(as) para referir las emociones compartidas en una diversidad de contextos. Aún queda mucho por hacer en el ámbito de la historia colonial americana; sin embargo, ejemplos del estudio de comunidades emocionales incluyen ya tanto ámbitos de convivialidad como de resistencia, de cambio y movilidad social.

Esto, además de dar sentido al aporte que aquí se quiere hacer, refuerza la viabilidad del vínculo entre emociones y estrategias de supervivencia. La supervivencia encarna lo emocional, ¿acaso el miedo a la muerte -por ejemplo- no es motivo suficiente para trazar estrategias para superarla y en el mejor de los casos, alcanzar la felicidad? Además, si bien las estrategias de supervivencia no pueden domeñar el rumbo de las conductas emocionales, es innegable que lo estratégico es ajustable por naturaleza.

Uniones Matrimoniales y Familia: Pilares de la Supervivencia

¿Por qué estudiar las uniones? Por ser el paso previo a la constitución de la familia, sujeto consustancial a las estrategias de supervivencia. En tal sentido, aquí se ha tomado como marco, parte de la numerosa producción latinoamericana sobre familia, matrimonio, uniones informales y afectos. También se ha estudiado la poca pero valiosa producción centroamericana.

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La ausencia de estudios como el que aquí se expone ha hecho de la revisión documental un elemento clave. Los archivos consultados han sido principalmente el Archivo General de Centroamérica (AGCA) y el Archivo Histórico Arquidiocesano en Guatemala (AHAG), el Archivo Municipal de Sonsonate, en El Salvador (AMSO) y los archivos de parroquias de la Diócesis de Guatemala (actuales Guatemala y El Salvador) en los siglos XVIII y XIX, colecionados por The Genealogical Society of Utah (TGSU) y disponibles en The Family Search, un importante registro digital de carácter genealógico.

Con sus defectos (inconstancias, información incompleta, arbitrariedades de los registradores y, por supuesto, ignorancia de las uniones informales), los libros parroquiales (cerca de 12 100 actas) han proporcionado información sobre el nacimiento, casamiento y muerte de los individuos en las parroquias de la región Pacífica centroamericana que aquí se tratan. Se han seleccionado las parroquias con información y períodos más completos.

La Región Pacífica Centroamericana en el Siglo XVIII

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, la vertiente Pacífica del norte de la Audiencia de Guatemala era la mejor organizada y más poblada; además, era escenario de una particular movilidad social y geográfica producto de la actividad económica. Mientras provincias como Suchitepéquez y Escuintla se ocupaban de una limitada producción comercial y de subsistencia, o escenificaban despoblación y reacomodos poblacionales, la provincia de San Salvador bullía en producción añilera, una actividad que la provincia de Sonsonate compartía con la diversificación y el incremento productivo.

Durante todo el período colonial, tres condiciones incidieron de manera notable en la sociedad de la Audiencia de Guatemala: la marginalidad geográfica en relación con las principales rutas comerciales; la dependencia de la metrópoli regional, Guatemala; y la falta de interés de las autoridades por dar un impulso organizado a la economía fuera de la práctica monoexportadora.

Esta presión tuvo por marco una sociedad dividida social y étnicamente, de manera que la marginalidad, “la ausencia de un rol económico artículado al sistema” se cebó en la grandes mayorías productivas, radicadas principalmente al interior de la Audiencia, y las mantuvo en la pobreza, “un síndrome situacional en el que se asocian el infraconsumo [...], precarias condiciones de habitabiliad, bajos niveles educacionales, malas condiciones sanitarias, una inserción inestable [...] en el aparato productivo, un cuadro actitudinal de desaliento”.

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Mientras el poder colonial vigilaba el sometimiento al orden establecido, las élites locales hicieron del comercio local y el monocultivo exportador su divisa, con distintas consecuencias para los grupos sociales. Para los menos privilegiados (indígenas, ladinos o mulatos, españoles pobres) la ingesta alimentaria, por ejemplo, se vio limitada por las capacidades adquisitivas, escasos márgenes para la diversificación de la dieta y una nutrición poco balanceada, apenas suficiente para mantener con vida a los contingentes humanos que irónicamente eran el motor de la economía agraria.

Un ejercicio apoyado en los documentos consultados indica que el sueldo medio recibido por la masa de trabajadores en el Pacífico centroamericano osciló entre seis y ocho reales a la semana, en la segunda mitad del siglo XVIII. Con un estimado medio de cinco personas, el sostenimiento anual del núcleo familiar requería unas nueve fanegas de maíz (cada fanega con 10 arrobas de 25 libras), que al precio medio de dos pesos la fanega (cuando no había escasez por causa de plagas o sequías) suponía un gasto total de 18 pesos.

Los privilegiados (españoles o supuestos españoles) contaron con más ventajas frente a la marginalidad, pero la sobrellevaron con pragmatismo. Estudios de su cotidianidad, indican que los hacendados se parecían más a sus trabajadores que a las reducidas élites administrativas coloniales avecindadas en las también pequeñas ciudades y villas del interior. Respecto de las prácticas alimentarias de la familia hacendada, si bien hay constancia de la ingesta de raciones mayores de carne y lácteos, así como de eventuales especias, aceites o semillas, predominó la dieta antes referida.

Esta suerte de “homogenización” de las limitaciones y la forma de encararlas, provino de que la marginalidad endémica de la colonialidad centroamericana se matizó con fenómenos que tampoco respetaban diferencias y que eran ajenos al control humano, como plagas, enfermedades, escasez y desastres naturales, entre los más sobresalientes.

Solo durante los primeros 40 años del siglo XVIII, hubo en Centroamérica una epidemia (de 1703 a 1715) que mató a “muchos naturales”; langostas y hambruna en 1706; viruela en 1708-1709; luego, un gran terremoto en 1717. Durante los siguientes 20 años, ocurrieron invasiones de langostas (1723-1724, 1732), nuevas epidemias: viruela (en 1725 y 1733) y sarampión (en 1728), así como una sequía (en 1734, 1736 y 1739) que afectó a toda Centroamérica.

En suma, la marginalidad derivó en una sociedad cuya sobrevivencia pendió, en su generalidad, de hábitos elementales, basados en la naturaleza agraria, el acceso a lo básico y el consumo de lo disponible y que precisó de diversos mecanismos materiales y emocionales.

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