Descubre la Fascinante Historia Oculta de la Hacienda Escolástica en Azcapotzalcopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Este artículo analiza el trabajo de reconstrucción de la Ciudad de México que los jesuitas llevaron a cabo después del sismo de 1985. Es interesante observar cómo, después del sismo, los jesuitas que participaron en el trabajo de reconstrucción tendrán visiones totalmente distintas.

El Contexto Histórico y Político

En este sentido, un elemento importante a considerar es que los jesuitas que desempeñaron el trabajo de reconstrucción actuaron bajo la influencia considerable del Concilio Vaticano II. En particular, en la etapa posconciliar, se modificaron notablemente las relaciones entre los Estados y la Iglesia católica, puesto que el Concilio Vaticano II legitimó la existencia de dichas relaciones. El conflicto con el modelo de nación liberal que caracterizó el siglo XIX y la primera mitad del XX desapareció repentinamente en el marco del Concilio Vaticano II. La declaración “Dignitatis Humane sobre la libertad religiosa” (1965) y la constitución “Gaudim et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual” (1965) representan un ejemplo de dicho cambio.

Por primera vez, la Iglesia, por medio del aggiornamento, aceptó y legitimó la libertad religiosa, y, consecuentemente, fue posible mantener relaciones estables con naciones que anteriormente no simpatizaban con la institución. Es importante considerar dichos elementos propios del México posconciliar, sobre todo en la década de 1980, pues este fuerte cambio permitió la creación de un diálogo abierto, sea por parte del Gobierno o de la Iglesia. Las consecuencias de este proceso generaron una reforma constitucional importante en 1992.

El contexto general que propició la cercanía entre la Iglesia católica y el Gobierno no fue el único elemento. El terremoto hizo tambalear un sistema de legitimación política que, en la Ciudad de México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) había consolidado muchas décadas atrás. De 1985 en adelante, empezaron procesos que, años después, terminaron con las primeras votaciones democráticas en el Distrito Federal y la elección de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como Jefe de Gobierno en 1997, en oposición al PRI. Bajo esta lógica, el surgimiento de corrientes críticas dentro del PRI y la fundación del Partido Revolucionario Democrático (PRD), en 1989, fueron elementos relevantes que condicionaron la acción de los actores jesuitas que analizo en las siguientes páginas. Presumiblemente, el sismo aceleró un proceso de deslegitimación política del partido hegemónico.

Por esta razón, el proyecto de reconstrucción de la Ciudad de México, impulsado por el Gobierno, ofreció una plataforma fundamental para readquirir la legitimidad perdida hacia extensos sectores de la población. Los actores jesuitas que analizo tuvieron posicionamientos antitéticos respecto de las relaciones a entablar con el Gobierno. La Compañía de Jesús, desde finales del siglo XVI hasta el XX, desempeñó un papel relevante en la formación de los jóvenes, enfocándose de manera particular en los sectores elitistas.

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La Compañía de Jesús y su Evolución

En México, muchos jesuitas se alinearon con los cambios que estaba respaldando Pedro Arrupe. Este proceso fue estimulado desde Roma, pero también en América Latina, donde desde las décadas de 1960 y 1970 surgieron ideas críticas hacia el modelo económico, político e incluso religioso que involucraba a muchos sectores de la jerarquía católica. Para las provincias jesuitas de estas áreas, fue decisiva la reunión que Pedro Arrupe convocó en 1968 con todos los provinciales de Latinoamérica en Río de Janeiro. Esta reunión se transformó en un documento que fue una referencia importante en las décadas de 1970 y 1980: “la Carta de Río”.

Estamos persuadidos que la Compañía de Jesús en América Latina necesita tomar una clara posición de defensa de la justicia social a favor de los que carecen de los instrumentos fundamentales de la educación, sin los cuales el desarrollo es imposible. En particular, la Compañía de Jesús en México administraba tres escuelas elitistas: el Instituto Patria, en la Ciudad de México; el Instituto Lux, en León, Guanajuato, y el Instituto Oriente, en la ciudad de Puebla. Gutiérrez asignó al jesuita Pablo Latapí la tarea de hacer un estudio sobre estos tres colegios.

En torno al Instituto Patria, el colegio más prestigioso que formaba a las élites capitalinas, se generó un debate que polarizó a la provincia, principalmente en dos agrupaciones: los progresistas y los conservadores. Los segundos querían seguir educando a las élites, en conformidad con el carisma originario del fundador San Ignacio. En general, eran mayores de edad y se les acusaba de llevar una alta calidad de vida en las comunidades donde se administraban estos colegios.

En contraste, los progresistas eran generalmente más jóvenes, estaban en sintonía con Arrupe, e intentaban vivir dentro de un contexto de pobreza auténtica, y, en consecuencia, encontraban en la formación de las clases necesitadas la verdadera vocación de la orden. Fue en este contexto que Gutiérrez Martín decidió cerrar el Instituto Patria, y con esta medida se polarizó aún más una división que ya anteriormente existía en la provincia. Por este acto, Gutiérrez fue acusado de autoritarismo, muestra clara de que este proceso se encontraba en la línea de la política que Arrupe estimulaba en tales años.

Dicho contexto resulta muy importante para poder entender plenamente a los principales actores de esta historia, puesto que los jesuitas que actuaron en el sismo de 1985 en la Ciudad de México eran parte del sector progresista, militantes de Acción Popular. En especial, los jesuitas que encabezaron el trabajo de reconstrucción en la colonia Guerrero formaban parte de agrupaciones de la Teología de la Liberación.

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El Trabajo de Reconstrucción y las Figuras Clave

El objetivo principal de este artículo es analizar el trabajo de reconstrucción de la ciudad que los jesuitas llevaron a cabo después del sismo de 1985. Para ello, comparo la acción de Enrique González Torres, creador y director de la Fundación para el Apoyo de la Comunidad (FAC), con la obra de los jesuitas en la colonia Guerrero, donde se creó otra institución importante en la construcción de viviendas: Promoción de Actividad Socio Educativa (PASE). Considero que estos dos actores fueron presumiblemente entre los más representativos del trabajo de reconstrucción que el catolicismo estimuló en la Ciudad de México.

La hipótesis que intentaré confirmar es que, en los años de la reconstrucción, los jesuitas residentes en la comunidad de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, en la colonia Guerrero, fueron los únicos que tuvieron la capacidad económica y cultural para poder contraponerse a la acción de la FAC, que coordinaba y centralizaba las obras reconstructivas en el Arzobispado de México. Esta oposición fue motivada por razones políticas e ideológicas, entre fuerzas progresistas representadas por los jesuitas de la colonia Guerrero y fuerzas eclesialmente más conservadoras que encabezaba un miembro de la Compañía de Jesús.

Paradójicamente, de la Iglesia católica, los principales actores que encabezaron el proceso de reconstrucción fueron jesuitas que habían desarrollado una ruta similar que abarcó hasta la década de 1970, pero sucesivamente se generó una ruptura. Por un lado, había continuidad en el acercamiento tanto a las Comunidades Eclesiásticas de Base, por parte de los jesuitas de la colonia Guerrero, como, en general, hacia un sector amplio de la provincia mexicana.

Hace algún tiempo investigué el proceso de reconstrucción, enfocándome en las relaciones entre el Arzobispado de México y el Gobierno federal o el Departamento del Distrito Federal (DDF), sin reflexionar en cuanto a que, por parte del catolicismo, los principales actores involucrados en este proceso eran jesuitas. Sin duda, los miembros de la Compañía de Jesús mostraron posturas antitéticas, y una buena parte de ellos protagonizaron las obras de reconstrucción.

Las principales fuentes primarias que utilicé fueron entrevistas con jesuitas o exjesuitas que se involucraron en este proceso. Por parte de la FAC, entrevisté tres veces a Enrique González Torres. También logré entrevistar a varios exjesuitas que actuaron en la colonia Guerrero. Consulté el Fondo Cancelería del Archivo del Arzobispado de México (AHAM), en el cual encontré algunos documentos. El perfil de este personaje es muy interesante.

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Pertenece a una familia de ricos industriales farmacéuticos, con algunos hermanos que se dividían las tareas entre la administración de las empresas familiares y la participación en la estructura política dominante por medio del PRI. Su hermano Jorge González Torres fundó en 1986 el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que por muchos años fue un aliado inseparable del PRI. Otro de sus hermanos, Víctor González Torres, apodado el “Dr.

Como expliqué anteriormente, en la década de 1970, como jesuita, Enrique González Torres se integró en el sector progresista de la provincia mexicana de la Compañía de Jesús. De esta manera, fue parte del grupo que respaldó el cierre del Instituto Patria, y tuvo una vigorosa participación en las reuniones de Acción Popular. Precisamente, en 1985, después del sismo, González Torres tenía este cargo, y había empezado la recaudación de recursos mediante un Fondo de Ayuda Católico (FAC).

Además de los problemas personales de González Torres, la dificultad fundamental fue que el Arzobispado de México quería encargarse de la recaudación de fondos para la reconstrucción, sin permitir a la CEM que coordinara la ayuda. Este nuevo contexto transformó al jesuita en uno de los principales operadores del arzobispo primado Ernesto Corripio Ahumada, quien era considerado, por el sector cercano a la Teología de la Liberación, como un conservador. Es necesario aclarar que la FAC surgió desde las cenizas de la Caritas diocesana y se transformó, en poquísimo tiempo, en una de las más importantes fundaciones privadas que tenía la Ciudad de México.

Como última medida, el trabajo de González Torres, en la segunda mitad de la década de 1980, generó un acercamiento entre el Arzobispado de México, el Gobierno federal y el Departamento del Distrito Federal. La disponibilidad del Gobierno para permitir a FAPRODE comprar deuda pública en descuento, con la obligación de invertir las ganancias financieras en la reconstrucción de la ciudad y sucesivamente invertir lo recabado en el territorio mexicano.

Es un hecho que González Torres encabezó este proceso, aprovechando también una estructura de relaciones personales con políticos que ya conocía anteriormente, por medio de su familia: “Cuando se dio el terremoto el regente de la ciudad era Ramón Aguirre, y el secretario general de gobierno era Guillermo Cosío Vidaurri, amigo mío desde tiempo, era amigo de uno de mis hermanos”. La diferencia fundamental fue que, después del sismo, las relaciones se formalizaron en un contexto en el que el jesuita representaba al Arzobispado de México. Seguramente, la fundación y dirección de la FAC reveló las grandes capacidades administrativas y ejecutivas de González Torres.

He mencionado aquí a un jesuita que encabezó un proceso muy importante de reconstrucción, en estrecha relación con el Gobierno. En líneas generales, este sector del catolicismo, crítico hacia los proyectos de González Torres, confluía en la Teología de la Liberación.

Como mencioné, desde la década de 1970, los jesuitas tuvieron una presencia importante en las áreas conflictivas de la zona metropolitana de la Ciudad de México, y en particular en Nezahualcóyotl y el Ajusco. Hay que decir que la Unión de Vecinos de la colonia Guerrero, para el día del sismo, era una organización muy estructurada, muy bien aceitada.

Colegios Destacados cerca de Hacienda Escolástica

Además de su rica historia, la zona de Azcapotzalco, donde se ubica Hacienda Escolástica, ofrece una variedad de opciones educativas de calidad. Si estás considerando rentar un departamento en Azcapotzalco, es fundamental conocer las opciones académicas disponibles:

  1. Instituto La Paz: Ofrece una formación integral, combinando excelencia académica con actividades extracurriculares.
    • Dirección: Av. Plan de San Luis 445, Nueva Santa María, Azcapotzalco, CDMX.
    • Niveles educativos: Maternal, Preescolar y Primaria.
  2. Colegio 10 de Mayo: Se compromete con la formación académica y humana de sus estudiantes, ofreciendo programas educativos actualizados.
    • Dirección: Calle 17 No. 220, Pro Hogar, Azcapotzalco, CDMX.
    • Niveles educativos: Maternal, Preescolar, Primaria y Secundaria.
  3. Centro Educativo Nueva Escocia AC: Se distingue por su enfoque bilingüe y multicultural, preparando a los estudiantes para un mundo globalizado.
    • Dirección: Calle Texcoco 229, Clavería, Azcapotzalco, CDMX.
    • Niveles educativos: Maternal, Preescolar, Primaria, Secundaria y Preparatoria.
  4. Colegio Trilingüe Pedro María Anaya: Ofrece una educación trilingüe, incorporando inglés y francés en su plan de estudios.
    • Dirección: Calle Platanales 178, Nueva Santa María, Azcapotzalco, CDMX.
    • Niveles educativos: Preescolar y Primaria.
  5. Centro Escolar Lancaster: Se caracteriza por su ambiente inclusivo y atención personalizada, promoviendo el desarrollo integral de sus alumnos.
    • Dirección: Hacienda Escolástica 66, Providencia, Azcapotzalco, CDMX.
    • Niveles educativos: Preescolar, Primaria, Secundaria y Preparatoria.

¿Por qué rentar en Azcapotzalco?

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Preguntas Frecuentes

¿Cuál es el costo promedio de las colegiaturas en Azcapotzalco?

Los costos varían según la institución y el nivel educativo. En promedio, las colegiaturas oscilan entre $3,000 y $8,000 MXN mensuales.

¿Existen colegios bilingües en Azcapotzalco?

Sí, instituciones como el Centro Educativo Nueva Escocia AC y el Colegio Trilingüe Pedro María Anaya ofrecen programas bilingües y trilingües.

¿Qué actividades extracurriculares ofrecen estos colegios?

La mayoría de los colegios mencionados cuentan con una variedad de actividades extracurriculares que incluyen deportes, artes plásticas, música, danza y clubes de ciencia, entre otros.

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