Las antiguas haciendas henequeneras, que funcionaron como centros productores de henequén y uno de los principales motores del desarrollo económico de la Península de Yucatán a finales del siglo XIX y principios del XX, incidieron en una serie de transformaciones socioeconómicas y territoriales con el propósito de vincularse a un mercado global. Hoy en día experimentan una reconversión simbólica y productiva en relación al uso de sus instalaciones y vestigios como parte de un proceso de revaloración patrimonial y activación turística.
De ahí que el turismo de haciendas ha emergido como un nuevo nicho de consumo y una modalidad turística distintiva en el estado de Yucatán en el último decenio.
Las Haciendas Henequeneras en la Península de Yucatán
La Península de Yucatán ha transitado, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, por una serie de transformaciones socioterritoriales y económicas con el objetivo de integrarse al mercado capitalista global. Estos patrones se han intensificado en los últimos años a partir del incremento de desarrollos inmobiliarios, que van de la mano con los cambios en el uso del suelo rural a urbano, en la ampliación de infraestructura y comunicaciones, la diversificación de la oferta de diferentes modalidades de turismo, productos, servicios y destinos en las tres entidades que la conforman: Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
Como parte de estas transformaciones territoriales y en la diversificación y ampliación de la oferta turística, conviene mencionar el papel de las antiguas haciendas henequeneras, ejemplo de modelo económico peninsular que influyó desde el último cuarto del siglo XIX hasta la década de 1970 en la conformación de la región yucateca (Bracamonte y Sosa, 2007). Espacios arquitectónicos a los que hoy en día se les considera parte significativa del patrimonio cultural-regional edificado, valorados como monumentos históricos y artísticos de Yucatán.
Es por ello que el turismo de haciendas se considera un segmento del turismo cultural, el cual ha emergido como un nuevo nicho de consumo y una modalidad turística distintiva de la región en la última década del siglo XX (Fierro, 2014), cuya característica es ofrecer a los turistas experiencias relacionadas con la apreciación del paisaje henequenero, las formas de vida de los antiguos hacendados y las comunidades mayas que les circundan, además de disfrutar del confort y la exclusividad que ofrecen dichos inmuebles restaurados (transformados en hoteles boutique o salones de eventos sociales).
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Esto implica ver al territorio y al patrimonio cultural-natural como recursos con múltiples dimensiones en el que se configura un modelo de desarrollo y de organización territorial para las comunidades en diferentes términos (económicos, sociales y culturales). Así, el patrimonio construido y edificado destaca por las posibilidades para conformar nuevos espacios para el desarrollo local, a partir de su activación turística.
Las haciendas henequeneras, como ejemplo de la producción agropecuaria e industrial vinculada al mercado capitalista, constituyen hoy en día un bien cultural cuyo valor arquitectónico, histórico y arqueológico las sitúa como un patrimonio tangible distintivo del estado de Yucatán. Se trata de un patrimonio arquitectónico, industrial e histórico que en su época de esplendor (finales del siglo XIX y principios del siglo XX) se presentaba como un espacio dinámico para la vida de las comunidades locales.
Es decir, hablar de patrimonio industrial remite a “un patrimonio histórico conformado por elementos materiales e inmateriales heredado de las empresas industriales: monumentos arquitectónicos y técnicos, artefactos, saberes y memoria, productos, culturas del trabajo, paisajes y archivos documentales que constituyen la principal fuente de información y objeto de estudio de la arqueología industrial, así como, en este caso, para la geografía del turismo por sus implicaciones territoriales en términos de planeación, ampliación y producción del espacio turístico.
En ese sentido, definir a las haciendas henequeneras como “patrimonio arquitectónico-industrial henequenero” tiene que ver con el conjunto de rasgos arquitectónicos que distinguen a determinados espacios que las conforman, en este caso productivos, si se toma en cuenta que otros estaban diseñados con fines habitacionales o para otras actividades relacionadas con el cultivo del henequén: casa de máquinas, talleres, chimeneas, bodegas, y que fueron destinados a actividades en las que era indispensable el uso de maquinaria; por ejemplo, el proceso de industrialización de la fibra de henequén en el que se usaba una máquina desfibradora de las hojas de agave, inventada en 1868 por el yucateco Esteban Solís (Peniche, 2010).
A su vez, otro aspecto a destacar de las haciendas henequeneras es que no sólo fueron unidades agrícolas que concentraban fuerza de trabajo y comercializaban la fibra del henequén, también actuaron como un sistema social y económico capaz de desarrollar una organización de la producción dentro de sus propios dominios para el sustento de gran parte de la Península de Yucatán.
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Las haciendas henequeneras fungieron como centros de población, debido a la gran cantidad de personas y familias que podían reunir como mano de obra. Sin embargo, después de esa época dorada, aunque las haciendas fueron en detrimento, alrededor de sus resabios se conformaron pueblos o colonias.
Es por ello que el auge actual de las haciendas dentro de la incorporación al turismo del estado de Yucatán se debe a su valor histórico, patrimonial y arquitectónico, y ha adquirido relevancia. Por ejemplo, en ocasiones se realizan restauraciones parciales o totales a los predios o los cascos, principales vestigios que priorizan conservar. En otros casos, sólo dan mantenimiento y, en cuestiones particulares, cambian totalmente la esencia del inmueble al transformar y cambiar sus usos.
Algunas se han transformado en su totalidad para dar hospedaje de lujo a turistas con cierto perfil y poder adquisitivo, como es el caso de la hacienda Temozón Sur, analizada como expresión del paisaje turistificado por Arredondo (2019), y Santa Cruz Palomeque. Así, en los últimos años este patrimonio arquitectónico e industrial ha reorientado sus funciones hacia a la actividad turística, ya que incorporarse a esta dinámica puede representar una ganancia considerable. A lo que habría que agregar su contribución al desarrollo local, como es el caso de la Fundación Haciendas del Mundo Maya en la creación de talleres artesanales como alternativa laboral para grupos de mujeres mayas que habitan en las zonas henequeneras de Campeche y Yucatán, regional y territorial de la población.
Hacienda Temozón Sur
La Hacienda Temozón Sur vio sus inicios en el siglo XVII y logró su mayor auge una centuria después, cuando el henequén generó una nueva dimensión social y financiera para la Península, mediante el cultivo y exportación de la fibra hacia Estados Unidos principalmente. Aquí están a la vista vestigios industriales y elementos propios del procesamiento de la fibra. Se conserva el antiguo salón de máquinas y el patio de secado.
La arquería de la casa principal acoge y convoca en una plácida estancia, ahora convertida en restaurante de selecta y tradicional cocina yucateca e internacional. La piscina, con detalles arquitectónicos modernos, luce magnífica al centro de un conjunto visual que proyecta al fondo el edificio de la casa de máquinas que congregó en arduas labores a los campesinos mayas. Siguiendo esa ruta, en el traspatio el visitante encontrará un lindo y refrescante cenote.
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Temozón nos permite apreciar ahora los indicios de la época de esplendor. Están a la vista vestigios industriales y elementos propios del procesamiento de la fibra. Se conserva el antiguo salón de máquinas y el patio del secado. La arquería de la casa principal nos acoge y convoca en una plácida estancia, ahora convertida en restaurante de selecta y tradicional cocina yucateca e internacional.
La piscina, con detalles arquitectónicos modernos, luce magnífica al centro de un conjunto visual que proyecta al fondo el edificio de la casa de máquinas que congregó en arduas labores a los campesinos mayas. Tiene un encanto especial, recuperó su ambiente y el estilo de vida de fines del siglo XIX. Cuenta con 28 suites que respetan el estilo y refuerzan la atmósfera creada por sus constructores iniciales.
La naturaleza se hace presente en todo el entorno de la hacienda: flora, fauna, cenotes y grutas. Como en los otros casos, la Fundación colabora con la comunidad, apoyando diferentes talleres que han rescatado técnicas tradicionales. En la noche nos sentamos en una de las fabulosas terrazas de Temozón para tomar una copa y cuál fue nuestra sorpresa cuando se presentó ante nosotros un grupo de baile tradicional yucateco formado por niños y sus padres.
Se encuentra a 35 minutos del Aeropuerto Internacional de Mérida. Todas las habitaciones tienen el nombre de su función original; por ejemplo: la farmacia, la escuela, la cocina; son amplias, con aire acondicionado y espaciosos baños con modernas amenidades. Todas las habitaciones cuentan con una hamaca para permitirle al huésped dormir al estilo maya.
Cómo llegar: Saliendo del Aeropuerto Internacional de Mérida, toma el periférico con rumbo a Cancún. Recorre aproximadamente 2 km y sigue en la dirección Campeche-Chetumal. 5 km después, da la vuelta a la izquierda y sigue en dirección Uxmal-Chetumal hasta pasar por los pueblos de Xtepén y Yaxcopoil.
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