La Hacienda La Cima se sitúa en una porción del fértil valle de Puebla, caracterizado por un clima semiseco y templado. Estas condiciones favorecen la siembra de cereales, frutas, hortalizas y forraje, elementos cruciales para la cría de aves y ganado vacuno y porcino.
Los Inmigrantes Italianos y su Llegada a la Región
El 23 de septiembre de 1882, los primeros rayos del sol iluminaron el Citlaltépetl, un buen augurio para los inmigrantes italianos que llegaban en el vapor Atlántico desde Génova. Estos inmigrantes, provenientes de diversas partes de Italia, fueron conducidos hacia su nueva patria.
La comitiva continuó su viaje por tren hasta Cholula y luego a Tonanzintla. Durante el trayecto, pasaron por las ricas tierras de la Hacienda de San José Actipac y de San Bartolo Granillo, esta última inicialmente asignada para su establecimiento. Sin embargo, debido a intereses personales del jefe político de la región, estas tierras fueron cambiadas por las menos fértiles de la Hacienda de Chipiloc.
Tras descender del tren, los inmigrantes abordaron otro autobús hacia el pueblo de Chipilo, vía Atlixco. Después de un corto viaje de unos 15 minutos, llegaron a su destino.
Chipilo: Un Pueblo con Raíces Italianas
En Chipilo, conocieron al señor Daniel Galeazzi, un hombre de avanzada edad, cabello blanco, delgado y con grandes mostachos, propietario de la tienda local. Al preguntarle si era italiano, respondió: «Yo nací en Chipilo, soy mexicano y me siento orgulloso de serlo, pero tengo ascendencia italiana, procedente del pueblo de Segusino, de la región del Véneto (norte de Italia), como lo fueron la mayoría de los ancestros de los habitantes de aquí.
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El señor Galeazzi añadió que el nombre correcto no es Chipilo, sino Chipiloc, palabra de origen náhuatl que significa «lugar donde corre el agua», debido a un arroyuelo que fluía por el pueblo. Con el tiempo, la «c» final se fue omitiendo, posiblemente por su similitud fonética con palabras italianas.
Poco a poco, se reunieron miembros de la familia Galeazzi y algunos clientes en la tienda. Durante la conversación, el señor Galeazzi mencionó el himno de Chipilo, compuesto por Humberto Orlasino Gardella, colono del pueblo, y dio a conocer algunas tradiciones locales, como la quema de la vecchia mordana el 6 de enero, una muñeca de tamaño natural que se quema ante la mirada de los niños.
También habló del juego de las bochas, un antiguo juego del Mediterráneo que consiste en lanzar pelotas de madera o metal sobre un campo de tierra apisonada.
El señor Galeazzi obsequió a los visitantes un ejemplar del primer número de Al baúl 1882, un boletín de la vida sociocultural de Chipilo, distribuido en marzo de 1993. Este boletín fue el resultado de la colaboración literaria de varios colonos interesados en preservar el dialecto véneto y las tradiciones heredadas de sus ancestros.
El Cerro de Grappa y el Homenaje a los Soldados Italianos
Antes de despedirse, el señor Galeazzi sugirió a los visitantes subir al Cerro de Grappa, alrededor del cual se ha extendido el pueblo. En la cima del cerro, se encuentran tres monumentos en homenaje a los soldados italianos caídos en la «Gran Guerra» (1914-1918) en las orillas del río Piave y en el Cerro de Grappa.
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Dos de los monumentos están adornados con esculturas religiosas clásicas: la del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Rosario. El tercer monumento, más sencillo, tiene una roca de regulares dimensiones en su parte superior, traída desde el Cerro de Grappa en Italia por la nave real Italia en noviembre de 1924.
Puebla: Un Palimpsesto Cultural
Puebla es conocida principalmente como una ciudad colonial gracias a sus relatos fundacionales y al predominio de disciplinas como la historia y la arquitectura en su estudio e historiografía. Se cuenta que “Puebla de los Ángeles” fue creada para españoles en un paraje donde no existían ciudades prehispánicas, discurso que repetido a lo largo de casi cinco siglos, se ha afianzado en el imaginario y las creencias colectivas.
La ciudad, capital del estado de Puebla, fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1987 por los valores arquitectónicos y la traza urbana de su zona de monumentos en el centro histórico. La dimensión arqueológica ha de entenderse como una propiedad cultural con interés histórico de todo aquello donde la reconstrucción y la reinterpretación sea posible mediante el uso y la práctica de la arqueología, de modo que puede aplicarse a todo sitio afectado por el desarrollo territorial, con el objetivo de humanizar los sitios de acuerdo al significado cambiante de cualquier manifestación cultural de las sociedades.
En 1987 el centro histórico de Puebla obtuvo esta distinción por sus aspectos arquitectónicos sobresalientes y por ser una muestra del desarrollo urbano de una época. El predominio de los valores arquitectónicos y monumentales asociados a la fundación colonial han ensombrecido hallazgos más discretos de otras temporalidades, produciendo narrativas de la ciudad donde no aparece el patrimonio arqueológico.
El patrimonio arqueológico es una de las muchas huellas que surcan y dejan marca en el territorio, a manera de un sedimento, no sólo en términos de su materialidad, sino de las relaciones emotivas y significativas que es capaz de generar entre sus habitantes.
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El estudio del patrimonio cultural engloba un amplio abanico de expresiones materiales e inmateriales que durante la segunda mitad del siglo XX dio origen a múltiples tratados y convenciones para su salvaguarda. En México, el patrimonio cultural se entiende, por un lado, desde un sentido antropológico como los bienes culturales con valor excepcional heredados del pasado, y por otro, desde el marco jurídico que lo protege.
Uno de los problemas de tal énfasis es que al centrar la exploración, la preservación y la protección legal en sitios prehispánicos monumentales, se propicia un sesgo en el conocimiento de los procesos históricos de la antigüedad, además de que los sitios pequeños quedan mucho más vulnerables a la destrucción por los procesos de modernización.
Puebla se fundó en un valle rodeado por poderosos señoríos prehispánicos como una estrategia geopolítica monárquica para establecer un centro rector regional que administrara y gobernara un territorio que llegó a tener bajo su jurisdicción 731 pueblos de indios, una villa de españoles y una ubicación privilegiada para el tránsito comercial.
La traza urbana de la fundación creció y poco a poco integró los barrios perífericos entre los siglos XVII y XVIII; durante la primera mitad del siglo XIX la formación de un cordón industrial rompió el orden colonial y diferenció a los nuevos asentamientos periféricos con concepciones distintas de usos y apropiación del espacio. Fue hasta el siglo XX que la ciudad experimentó un crecimiento acelerado.
En 1977, con la declaratoria de Zona de Monumentos se reconoció oficialmente al centro histórico por su arquitectura civil y religiosa y por las características formales de la edificación de la ciudad, determinando que era de utilidad pública su protección, investigación, conservación y restauración. Una década más tarde fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La investigación arqueológica en Puebla se ha visto obstaculizada por conflictos internos del INAH, por intereses políticos y por la exclusión de los estudios arqueológicos en los presupuestos de proyectos de intervención urbana que dejan a la disciplina como una técnica auxiliar complementaria a la historia del sitio o como el requisito incómodo para intervenir libremente un inmueble.
En 2018, la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas del INAH contaba 2,955 sitios arqueológicos en todo el estado de Puebla (doce de los cuales se localizan en el municipio donde se asienta la capital), a los que se sumó Totimehuacan en 2020, más tres sitios en proceso.
Con la mejora de la situación sanitaria, durante los primeros meses del 2022 se realizó un trabajo de campo que consistió principalmente en recorridos a los sitios, así como entrevistas con informantes claves contactados a través de dichas redes sociales. La visita a los sitios tuvo el propósito de observar en el terreno actual el estado de los vestigios arqueológicos y su relación con los ...
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