Acercarse a la historia de Tijuana remite invariablemente al recuento de los flujos migratorios que configuraron su población desde los primeros años del siglo XX. La llegada constante de inmigrantes delineó no solo las características demográficas de esta frontera, sino también sus semblantes social, cultural y urbano.
Crecimiento Poblacional y Factores de Atracción
El crecimiento fue extraordinario: de acuerdo con los censos de población, en 1900 habitaban en Tijuana 242 personas y a finales de siglo ya había 1 211 000 habitantes. Tan solo entre 1940 y 2000 el municipio sumó un promedio de 9 986 nuevos residentes cada año, 95% de nacionalidad mexicana, hecho que demuestra que el crecimiento respondió predominantemente a flujos sostenidos de migración interna.
Los números son producto de la atracción que Tijuana ejerció durante el siglo XX, la cual respondió a dos factores básicos: su situación geográfica y la creación constante de empleos. La vecindad con el estado de California posibilitó el desarrollo de una economía basada, en gran medida, en la satisfacción de las necesidades del público estadounidense.
La oferta varió en función del periodo histórico: el expendio de alcohol dominó durante la ley seca en Estados Unidos (1920-1933), la venta de artículos de primera necesidad durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la instalación a todo lo largo del siglo de un amplio rango de servicios relacionados con el turismo, la salud y la recreación.
Además, la inmigración fue promovida desde el centro del país por una serie de programas federales tendientes a integrar la región al sistema económico nacional, entre los que se encontraba el régimen de zona libre para la exención de impuestos, vigente en Baja California entre 1939 y 1993, y el Programa de Industrialización Fronteriza establecido en 1965.
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Objetivo del Análisis Demográfico
El objetivo del presente artículo es profundizar en el conocimiento de la evolución demográfica de Tijuana, en particular en el conocimiento de la dinámica inmigratoria que caracterizó a la ciudad a lo largo del siglo XX debida a su condición de frontera geopolítica internacional y a su distintivo contexto económico y laboral.
Las preguntas rectoras de la indagación son: ¿cómo se relaciona el crecimiento poblacional de Tijuana a lo largo del siglo XX con su contexto económico y laboral? y ¿qué variaciones demográficas entre nativos y no nativos pueden advertirse en esos cien años a través de los censos de población?
Mostrar la configuración de Tijuana como frontera de destino es esencial para comprender las sociedades que hospedan a las personas en movilidad, cuyos pasados se reflejan en su constitución actual; también para explicar cómo se confecciona la relación entre los acontecimientos y las estructuras de larga duración.
El análisis se circunscribe a la revisión de la estructura económica y laboral del siglo XX, debido a que la movilidad en México durante ese tiempo respondía en gran medida a la búsqueda de un bienestar asociado con la estabilidad laboral y mejores salarios que los ofertados en los lugares de origen de las personas.
En la dinámica migratoria subyacen, sin duda, importantes factores sociales y culturales que también hicieron de motores de las trayectorias. El análisis histórico de los cambios poblacionales de Tijuana se apoya en la investigación documental y estadística cuyo eje central es la sistematización de la información que ofrecen los censos de población de 1895 a 2000, exploración que guarda pertinencia académica tanto por el uso de la fuente misma ⸺porque se trabaja con datos oficiales regionales y locales desde la perspectiva histórica⸺ como por la extensión del periodo que se revisa.
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Obstáculos y Cambios en la Clasificación Territorial
Recurrir a los censos de población precisó superar algunos obstáculos interpuestos por la naturaleza de la conformación política de Baja California, de sus municipios y ciudades, pues se trata del penúltimo territorio de México que se reconoció como entidad federativa (1952).
Por esa razón, en los primeros cinco censos nacionales, Baja California aparece en la categoría de Distrito del Territorio de la Baja California, para entonces integrado por el Distrito Norte y el Distrito Sur. En el censo de 1940 desaparecen los distritos y cada uno se establece como territorio, con la designación de Territorio Norte de Baja California para el caso fronterizo, nombre que se invierte en el censo de 1950: Baja California Territorio Norte. A partir del censo de 1960 figura como entidad federativa y comienza el registro de la totalidad de las variables censales, antes limitadas a indicadores básicos.
De igual manera, el tipo de población en el que se clasificó a Tijuana cambió a través del siglo debido a su propio crecimiento y a las modificaciones de dicha organización territorial. En el censo de 1900 aparece catalogado como pueblo adscrito al municipio de Ensenada de Todos Santos; en el de 1910 se considera municipalidad dentro del Distrito Norte del Territorio de la Baja California y en el de 1921 regresa a la categoría de pueblo del municipio de Ensenada. En 1930 se refiere como delegación municipal del Distrito Norte; en 1940 se nombra municipio y también delegación del Territorio Norte de Baja California.
Es precisamente por su condición de pueblo o delegación, que en los primeros cuatro censos del siglo XX no existen las variables desagregadas de nativos y no nativos, pues estas solo se registraban a partir de la municipalidad. A partir del censo de 1950 y en adelante Tijuana es considerada solo como municipio.
Conviene señalar que para el análisis estadístico se considera Tijuana a partir de su demarcación más amplia, es decir, de municipio o delegación, no de localidad.
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Contribuciones a los Estudios Histórico-Demográficos Regionales
En el panorama de la bibliografía académica, el presente artículo pretende contribuir en los estudios histórico-demográficos regionales. En Baja California, este campo comenzó a explorarlo Lemoine (1959) en su artículo pionero “Evolución demográfica de la Baja California”, y se basó en los diarios misionales y en otras fuentes documentales oficiales. Después siguieron las aportaciones de Piñera y Martínez (1994), Baja California 1901-1905. Consideraciones y datos para su historia demográfica, trabajo en el que se utilizan las partidas de nacimiento, de matrimonio y de defunción del Registro Civil. Canales (1995) escribe “El poblamiento de Baja California. 1848-1950”. Es el único autor entre los mencionados que se basó en los censos como fuente principal.
En el primer apartado se presenta el análisis de los datos censales a la luz de las particularidades de Baja California. En el segundo se abordan las singularidades de la migración interna de Tijuana en el marco de un desarrollo económico y laboral sui géneris.
Baja California: Dinámica de Movilidad Poblacional
Baja California. El primer censo mexicano, realizado en 1895, mostraba la preocupación del gobierno de registrar la incipiente dinámica de movilidad de la población nacional, diferenciando en sus conteos entre “habitantes”, personas “de paso” y “ausentes”. El censo registró 12 632 000 habitantes en el país, 141 000 de paso y 209 000 ausentes.
La migración interna se captó en el volumen de quienes residían en una entidad distinta de la que habían nacido, y representaban alrededor de 730 000 personas, equivalentes a 5.7% de la población nacional. Los movimientos migratorios de México seguirían tornándose cada vez más significativos conforme avanzaba el siglo XX, sobre todo debido a los flujos de la población rural hacia las ciudades, y de los estados del centro y de occidente hacia la frontera norte por el flujo de personas que tenían como destino final Estados Unidos.
En 1921 la migración interna alcanzó 9.1% de la población nacional, mientras que la migración internacional fue de 3%. En aquel momento, la frontera norte figuró como uno de los escenarios de la movilidad, debido a la coincidencia de dos fenómenos promotores de atracción: la promulgación de la ley seca o Ley Volstead en Estados Unidos (1920-1933) y el periodo de paz posterior a la lucha revolucionaria, que dio seguridad a los visitantes extranjeros para cruzar a México y evadir la prohibición del consumo de alcohol en su país.
Entre 1930 y 1990, mientras la población de México se multiplicó por seis, las ciudades fronterizas crecieron 14 veces. En los seis estados fronterizos, el crecimiento demográfico causado por la migración condujo a que entre 1930 y 1960 se registrara una tasa de 3.9% anual contra ‒0.3% nacional.
Si se distingue la inmigración en función de las ciudades colindantes con Estados Unidos, se encuentra que, en 1990, 96% de la población fronteriza se concentraba en seis ciudades: Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Laredo, Reynosa y Matamoros. Eventualmente, tanto la llegada de nuevos pobladores como el tránsito de migrantes internacionales hicieron de la frontera norte “un entorno demográfico único en el mundo”.
En Baja California es posible reconocer tres periodos en su historia demográfica. El primero va de 1900 al término de la tercera década, con un territorio semidespoblado que de alguna manera se empezaba a redescubrir. El segundo va de 1940 hasta mediados de la década de 1960, cuando el tránsito internacional se intensifica con emigraciones y deportaciones.
En 1895 Ensenada era la cabecera del Distrito Norte del Territorio de la Baja California y concentraba la mayor cantidad de habitantes de la región: 1 500 personas, entre las que predominaban extranjeros originarios de Estados Unidos o de Europa interesados en invertir en las minas, en el incipiente comercio o en la pesca.
En 1900 el Distrito Norte del Territorio de la Baja California tenía 7 583 habitantes en una extensión de poco más de setenta mil kilómetros cuadrados, lo que significa una densidad poblacional de nueve habitantes por kilómetro cuadrado. En cambio, California contaba en ese mismo año con 1 485 000 residentes. Tan solo el condado de San Diego sumaba 35 000.
La frontera de Tecate, formada por una serie de ranchos, se vio beneficiada por el enlace del ferrocarril San Diego-Arizona en 1919 para establecer contacto comercial con Estados Unidos. Mexicali explotaba su valle con la canalización del río Colorado, obra de la compañía estadounidense California Development, la cual atrajo familias procedentes de la población minera El Álamo, de la misma Ensenada y de Sonora.
El valle de Mexicali e Imperial Valley en California desarrollaron su potencial de producción agrícola en sólida concordancia, a tal grado que la producción algodonera de Mexicali, que en 1912 había logrado cosechar 19 200 hectáreas, estuvo financiada en parte por la compañía estadounidense Colorado River Land Company, inversionista de infraestructura agraria en ambos lados de la frontera.
Entre 1910 y 1921 se duplicó el porcentaje de no nativos en Baja California (véase Tabla 1), esto es, de 32.3 a 67.8%, lo que en términos absolutos significó la llegada de 12 821 inmigrantes, entre mexicanos y extranjeros. Este aumento estaba relacionado con la movilización de las familias hacia la frontera norte durante el conflicto revolucionario que trataban de evadir la lucha armada o que querían participar en las grandes cosechas de algodón de Mexicali, las cuales en 1920 habían llegado a cubrir 40 000 hectáreas.
Como referencia del tránsito de sur a norte, en ese tiempo Estados Unidos registró un aumento de inmigrantes mexicanos, de 41 490 en la primera década del siglo, a 236 548 entre 1911 y 1921.
A continuación, se presenta una tabla con datos relevantes sobre la población en Baja California:
| Año | Población Total | Porcentaje de No Nativos |
|---|---|---|
| 1910 | * | 32.3% |
| 1921 | * | 67.8% |
*Se considera solo la población del Distrito Norte del Territorio de la Baja California.N.
En la década de 1920 el alza poblacional de Baja California reflejó la situación antes referida para toda la frontera norte: la promulgación de la ley seca en Estados Unidos (1920-1933) promovió el comercio y la apertura de sitios de esparcimiento y sentó las bases de una industria turística muy productiva que en el último lustro del siglo XX tenía el sur de California “como principal zona emisora de visitantes a esta región bajacaliforniana”.
Entre 1921 y 1930 llegaron 17 448 nuevos habitantes a Baja California, 83% de ellos mexicanos. En este panorama fueron importantes las medidas que tomó el gobierno federal para desarrollar el estado, primero con la promulgación de los Perímetros Libres Experimentales en Tijuana y Ensenada (1933-1939) y después con el régimen de zona libre (1939-1993), disposiciones que permitieron la importación de mercancías libres de impuestos para consumo o uso dentro de la zona preferente.
El proyecto de colonización del presidente Lázaro Cárdenas fue una invitación más para que la migración interna encaminara sus pasos hacia Baja California. La promoción era explícita: “El plan presidencial concede grandes ventajas y facilidades a las personas, obreros, campesinos y hombres de negocios, de cualquier parte del país, que deseen trasladarse a la Baja California y radicarse en su territorio. Visítela usted; allí se encuentra su porvenir”.
Se considera la década de 1940 como el inicio del segundo periodo histórico demográfico referido. En ese periodo Baja California registró 100 885 inmigrantes, varones en su mayoría, y alcanzó en los siguientes 10 años el máximo aumento inmigratorio de su historia en ese lapso: 175 163 nuevos residentes no nativos, es decir, un promedio diario de 48 personas.
En este punto sobresale otro aspecto sustancial de la dinámica demográfica bajacaliforniana: la emigración de mano de obra hacia California, corriente en constante aumento durante el siglo XX.
A partir de 1940, Tijuana se convirtió en el lugar más concurrido para cruzar hacia Estados Unidos, sobre todo con la emergencia de la Segunda Guerra Mundial que coincidió con la puesta en marcha del Programa de Contratación Temporal de Trabajadores Agrícolas, comúnmente conocido como programa bracero (1942-1964). Este programa privilegió la contratación de mexicanos para labores agrícolas en los estados del sudoeste estadounidense.
Se estima que “dos millones de mexicanos bajo contrato pasaron por California entre 1942 y 1960”, monto que representa la mitad del total de los trabajadores que participaron en el programa bracero durante ese periodo. Así, si antes del conflicto bélico había más mexicanos en el estado de Texas que en cualquier otra parte de Estados Unidos, en 1955 el número de mexicanos que residía en California había ganado la mayor concentración.
