Descubre la Fascinante Historia de la Hacienda El Naranjo: Secretos y Leyendas Reveladaspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Cuando recorremos la monótona planicie de la temporalera, una importante zona agrícola al sur del municipio de El Mante, Tamaulipas, no esperamos encontrar nada fuera de lo común. No obstante, este trayecto nos depara algo extraordinario. El solitario y vetusto edificio parece querer atraernos hacia su interior, como si quisiera susurrarnos: «Vengan, pasen…». Este castillo, con su magnífica casona, iglesia y otras edificaciones, es el casco de la exhacienda de El Naranjo y data de la época porfiriana.

Estaba constituida por diversas dádivas otorgadas por los virreyes de aquella época a Domingo Hernández Prieto y por las que adquirió, ayudado por don Diego de Barrientos y Rivera, desde los años de 1570 a 1613 (después de la conquista de la Huasteca).

En el año de 1869, el dueño de la hacienda de El Naranjo es el señor Blas Escontría, quien además compra varios terrenos colindantes.

Joaquín Meade, ilustre historiador y nieto de don Ángel Saínz Trápaga, en su Monografía de la Huasteca tamaulipeca, nos dice que El Naranjo era la hacienda ganadera mejor organizada de Tamaulipas. Contaba con unas 15 mil cabezas de ganado mayor de cría y de 4 a 5 mil yeguas, por lo que su caballada y mulada fue la de más renombre en la Huasteca. En Tantoyuquita, junto al río Tamesí, tenía magníficos potreros de engorda de zacate guineo y pará.

La magnífica casa de la hacienda se construyó con tres tipos de material: en su mayor parte se empleó piedra de la región unida con argamasa, siendo ésta la fase de construcción más antigua; posteriormente se levantaron algunos muros con ladrillo fabricado junto al casco en una ladrillera de buena producción; y finalmente, se utilizó cantera en escaleras, barandales y fachada principal de la casa. Contaba también con una calera propia en la sierra donde se producía cal de excelente calidad.

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Este último, a su vez, vende al señor Robert Mallory Harris 12 150 ha en 1954, y en el año de 1956 dona a su familia la cantidad de 3 296 ha, quedándose solamente con 17 238 hectáreas. Sin embargo, parte de esta superficie se les expropiada por el gobierno. Posteriormente, María de los Ángeles vende la propiedad y cede los derechos hereditarios al señor Víctor Rivero Azcárraga quien a su vez cede los derechos a Manuel A. Ravizé; en 1970 Guillermo Manuel Meade compra los derechos hereditarios y recupera el casco de la hacienda.

La información histórica que contiene este artículo fue tomada del libro Monografía de la Huasteca tamaulipeca de Joaquín Meade, ilustre historiador y uno de los antiguos dueños de la hacienda y de datos proporcionados por otros descendientes de la familia de doña Joaquina Sáinz Trápaga. No obstante, los lectores podrán tener una visión de conjunto, del entorno y contexto histórico en el cual surge esta gran hacienda tamaulipeca.

El proyecto contempla primero restaurar el edificio, ya algo deteriorado, y después acondicionarlo con mobiliario que vaya de acuerdo con el estilo y la época de la hacienda.

Los visitantes que llegaban a esta hacienda «la más hermosa» como muchos la llamaron, se anotaban en un libro llamado «El Naranjo», el cual tiene registros desde 1899. Entre los más distinguidos se cuentan A. Luna, quien visitó la hacienda en 1925 y compuso el himno a El Naranjo; en 1928 Charles Lindbergh, aviador norteamericano y el famoso actor Gary Cooper visitó el lugar en los años sesenta.

Asimismo, en esa época, fue importante el movimiento de pertrechos, provisiones y soldados durante la guerra de Intervención Francesa en el sur de Tamaulipas. Los terrenos de la hacienda de El Naranjo vivieron episodios heroicos cuando, el 20 de enero de 1866, Pedro José Méndez derrota a los franceses en la cuesta del Cantón, abajo de El Abra de Tanchipa (donde hoy pasa la carretera a El Mante); y pocos días después, el 23 de enero de 1866 en Tantoyuquita, Méndez casi destruye a la competente escolta francesa de 100 hombres que conducían un cargamento que valía más de 200 mil pesos a San Luis Potosí, en esta última batalla, el gran almacén de la terminal fue incendiado y saqueado, el jefe francés capitán Joaquín logró salvarse, pero desafortunadamente el joven héroe tamaulipeco, general Pedro J.

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