Descubre la Fascinante Historia de Hacienda Quinta Carolina, un Ícono de Chihuahuapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Quinta Carolina, uno de los símbolos arquitectónicos de Chihuahua, es una edificación con una rica historia. Construida a finales del siglo XIX, ha sido una joya del paisaje chihuahuense y de la época porfirista.

Orígenes y Construcción

Esta importante edificación fue construida en los terrenos de la finca de campo conocida como "Labor de Trías", cuyo propietario fue Don Ángel Trías, importante personaje de la historia de Chihuahua y de la República Mexicana.

La finca donde murió había sido propiedad de su familia, es decir, de su abuelo materno y padre adoptivo: don Juan Álvarez, uno de los hombres adinerados más importantes de la entidad durante el primer tercio del siglo pasado. No quedaron fotografías ni descripciones de esta casa, pero como sucede regularmente, la «Labor de Trías » simboliza de alguna manera el ciclo de vida y Ia presencia de este importante personaje de nuestra historia.

En 1895, el político y militar Luis Terrazas adquirió la «Labor de Trías», antiguo predio del General y exgobernador de Chihuahua Ángel Trías Álvarez, que habitó junto a su familia durante la estancia del presidente Juárez en la entidad (1864-65). Se trataba de un lote de aproximadamente, 10 500 hectáreas. Aunque no se tiene registro de la construcción original, según el historiador Jesús Vargas, era un paraje por el que los chihuahuenses de finales del siglo XIX cruzaban para ir a misa los domingos, pescar o hacer días de campo a las orillas del Río Sacramento.

Don Luis Terrazas, con seguridad, tuvo presente esta motivación cuando unos años después emprendió las gestiones con las hijas de Trías para adquirir la propiedad que originalmente estaba contenida en 5 7/8 sitios de ganado mayor, equivalentes a 10,500 hectáreas aproximadamente. Al año siguiente, un 4 de noviembre de 1896, don Luis Terrazas le obsequia a su esposa Carolina Cuilty un bello regalo para celebrar el día de «Las Carolinas»: una hermosa casona de campo construida en el mismo espacio que había ocupado la antigua «Labor de Trías». La magnífica residencia quedó bautizada con grandes letras elaboradas sobre los bloques de cantera como la «Quinta Carolina «, y su inauguración fue un gran acontecimiento en la vida social de Chihuahua porque con ello se daba inicio a un gran proyecto que, a Ia manera de las ciudades europeas, permitiría a esta ciudad contar con un área campestre suburbana.

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Inaugurada el 4 de noviembre de 1896 por el Día de las Carolinas, la Quinta Carolina fue un regalo de aniversario de Luis Terrazas para su esposa, Carolina Cuilty, en donde pudieran recibir a sus trece hijos tras 44 años de matrimonio, sumándose a las propiedades que tenía en los alrededores. De acuerdo con la investigación del historiador Jesús Vargas Valdés, comenta que Luis Terrazas le obsequió a su esposa Carolina de Cuilty la hacienda Quinta Carolina el 4 de noviembre de 1896 en el “día de las Carolinas” como una casa de campo (Vargas Valdés, Universidad Autónoma de Juárez, 2007), alejada de la ciudad.

La hacienda constaba de diferentes construcciones, dentro del perímetro del casco se encuentra la casa principal, el boliche, la portería, la capilla, el invernadero y dos quioscos, y fuera de este espacio, la casa de administrador, la cochera, el establo, la escuela, los corrales, el pozo y la casa de los peones; cabe mencionar que anteriormente existían un granero, una troje, una lechería y el rastro, sin embargo se perdieron.

Era tan importante el proyecto suburbano iniciado con la Quinta Carolina que por sí mismo provocó la ampliación de la red de tranvías hasta aquellos terrenos. Utilizando la misma fuente, el Chihuahua Enterprise, nos enteramos de que esta ruta del tranvía se inauguró precisamente eI 21 de junio, porque en aquellos tiempos la gente de Chihuahua acostumbraba ceIebrar eI día de San Juan (24 de junio) acudiendo masivamente a bañarse al Río Sacramento -por el rumbo de Nombre de Dios-, y ese año fue una fiesta especial por la inauguración del tranvía. En junío de 1909 se completó ia línea de Nombre de Dios.

En una descripción deI tranvía, publicada en el periódico en inglés Chihuahua Enterprise (julio-agosto y noviembre de 1909) se lee lo siguiente: A lo largo de la vía del tranvía se habían construido varias fincas, como la que ocupó el Hospital Verde que originalmente, junto con otra casa ubicada enfrente, perteneció también a la familia Terrazas. Muchos extranjeros y comerciantes de la ciudad construyeron en esta zona. Entre otros propietarios se citan a Federico Moye, Rodolfo Cruz y Julio Miller.

La Quinta queda a una hora corta del camino en coche y desde antes de divisarse el gentil edificio comienzan los encantos del lugar. Ésta, que tiene cuatro entradas simétricas, se levanta en una plazoleta y la encierra una elegante verja de hierro pintada al óleo blanco, y dividida por columnas de cantera rematadas en esferas de la misma piedra. El atrio está engalanado con primorosos jardines, de los que se levantan tres kioscos. La casa habitación es elegante y seria y sus alturas rematan en dos torreones-miradores y una cúpula central de cristales. A los corredores pintados de óleo salmón se asciende por escalinatas de piedra cantera y están pavimentados con mosaico. Este salón es hermoso. El comedor es amplio y en elegantes vitrinas se encierra la numerosa vajilla que requiere la honorable familia. En la parte posterior hay un foso que sirve de bodega y un precioso invernadero donde las gayas flores de la casa resisten las inclemencias del invierno, sin ponerse tristes y mustias como las hermanas suyas que pasan la helada del año sin el calor que las vivifica y que se marchitan al golpe del cierzo cruel. Nota final es el detalle por demás simpático que ofrece cerca de la entrada de la Quinta la multitud de graznadores gansos, ya blancos como grandes copos de nieve, ya pintados como los iris del cielo.

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La Revolución y el Abandono

Poco más de diez años pudieron disfrutar los Terrazas su finca de campo. En 1910 la Revolución incendió todo el territorio deI estado. Don Luis Terrazas y la señora Carolina Cuilty junto con algunos de los hijos emigraron a Ia ciudad de México, mientras se sabía en qué iba a terminar la guerra contra Porfirio Díaz. Después de que se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez, en el mes de mayo de 1911, Ia familia Terrazas regresó a Chihuahua y prácticamente nadie los molestó, ni a ninguna otra de Ias familias adineradas.

En 1910 las actividades de la hacienda fueron afectadas a causa de invasión territorial que convino con la Revolución Mexicana y la lucha de Francisco Villa contra “los ricos de Chihuahua” (Vargas Valdés, Universidad Autónoma de Juárez, 2007) por lo que cientos de residencias y todo tipo de negocios fueron confiscados durante la Revolución. Después de la derrota de las fuerzas villistas el gobierno de Venustiano Carranza devolvió el inmueble a la familia Terrazas.

Sin embargo, cuando en 1912 se levantaron los orozquistas con el Plan de Ia Empacadora en contra deI gobierno del presidente Madero, se exaltó por todos los medios Ia relación entre Pascual Orozco y los ricos de Chihuahua. Cientos de residencias y todo tipo de negocios fueron conficados durante la Revolución, y muchas de estas propiedades, sobre todo Ias fábricas y haciendas, murieron rápidamente en cuanto a su producción. La Quinta Carolina fue una de las primeras propiedades ocupadas por el gobierno revolucionario del general Francisco Villa. En 1913 la Quinta Carolina fue ocupada por el gobierno de Francisco Villa. En ese periodo fue casa del general Manuel Chao y se usó para reuniones militares.

A Ia muerte de don Luis Terrazas, Ia Quinta Carolina pasó a ser propiedad del señor Jorge Muñoz. Muchos años, desde la década de Ios treinta, Ia Quinta estuvo habitada y los terrenos aledaños produjeron Ias mejores verduras y hortalizas que se consumían en la ciudad de Chihuahua. Comenta Vargas que la Quinta funcionó desde 1923 hasta el año de 1970 a cargo del administrador Ventura Chavira, ya que su dueño Jorge Muñoz la visitaba muy poco (Vargas Valdés, Universidad Autónoma de Juárez, 2007). Varios años, desde la década de los años treinta, la quinta estuvo habitada y los terrenos aledaños produjeron las mejores verduras y hortalizas que se consumían en la ciudad de Chihuahua.

La mayoría de la información administrativa de la hacienda fue destruida, sin embargo algunos libros de registros, pueden ser encontrados en el Museo de la Revolución en la antigua casa de Francisco Villa. En el libro Chihuahua, una historia compartida 1824 y 1921, Graciela Altamirano y Guadalupe Villa comentan que la crisis financiera internacional de 1907 junto con la depresión económica americana dañó la economía de la región en distintos sectores: “afectó las rutas de los ferrocarriles, subió el costo de vida y el desempleo (…). La situación empeoró todavía más cuando el estado sufrió una combinación de severa sequía en 1907 - 1908 y una helada prematura en 1909” (Altamirano & Villa, 1988, págs. 171-172).

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Para sobrellevar las necesidades de la época, comenta Vargas que en los primeros años del gobierno de Óscar Flores Sánchez (1968-1974), se construyeron pozos para el abastecimiento del agua de la ciudad, esta medida significó la muerte para todas las huertas que se habían habilitado alrededor de la Quinta y, en cierta forma, todo el conjunto de adversidades provocaron también el abandono de la misma junto con todas las instalaciones que la acompañaron desde finales del siglo pasado, que dio pie a ser susceptible de ataques por vándalos que puso riesgo el patrimonio cultural de la finca.

En los primeros años del gobierno del licenciado Óscar Flores se instalaron pozos para el abastecimiento del agua de la ciudad. Esta medida significó la muerte para todas las huertas que se habían habilitado alrededor de la Quinta y, en cierta forma, provocó también el abandono de la misma y de todas las instalaciones que la acompañaron desde finales del siglo pasado. Poco tiempo después de que se hicieron los pozos se formó un ejido en las propiedades. Don Jorge abandonó el lugar y solamente acudía los fines de semana. Cierto día, los ladrones se metieron a lo que era el despacho del señor Muñoz y ese acontecimiento marcó el inicio de una cadena de robos.

En los años siguientes, las instalaciones de la Quinta se convirtieron en refugio nocturno de todo tipo de personas. En los años de 1980 a 1989, algunos chihuahuenses dispuestos a destruir despiadadamente la Quinta la incendiaron varias veces. En el primero de ellos se destruyó el gran domo que cubría todo el patio central. Tras numerosos saqueos e incendios en los años 80, la propiedad fue abandonada en manos del Gobierno del Estado. De 1980 a 1989 fue incendiada en varias ocasiones, a pesar de haber sido donada en 1987 por la familia Muñoz Terrazas al Estado de Chihuahua. En ese periodo se perdieron el domo que cubría el patio central, además de algunas habitaciones, así como los tapices interiores. Convertida en un ejido, los robos en la propiedad se volvieron constantes.

Restauración y Centro Cultural

Construida en a finales del siglo 19 la Quinta Carolina ha sido desde siempre una joya del paisaje chihuahuense y de la época porfirista, aunque su historia no está exenta de violencia y abandono a la que estuvo sujeta por décadas hasta su restauración en 2007, terminada en 2016. Vista actual de la Quinta Carolina, ubicada en la calle Monte Everest y Av. Dostoyevski, Col. Quinta Carolina, Chihuahua, Chihuahua.

De acuerdo con la tesis de Abril Rubio, quien pertenece a la Secretaría de Cultura, explicó que para evitar mayores pérdidas al patrimonio de la hacienda, después de quince años de abandono, en 1995 se concluye un Plan Parcial para la zona con el que se logra la donación de la Casa Grande a Gobierno del Estado, posteriormente a este hecho y a partir del año 2007 comienzan los trabajos de proyecto y construcción en pro de la conservación del inmueble, para el desarrollo del Centro Cultural Quinta Carolina, actividades que concluyen en el año 2016, con una inversión inicial mayor a 42.5 millones de pesos y con el esfuerzo de muchas personas involucradas, posibilitando a que inicien las actividades propias de un centro cultural en servicio a la comunidad.

El edificio principal que tuvo una ardua labor de restauración se ha transformado en el Centro Cultural Quinta Carolina, un recinto de alto formato de espacios culturales diferentes, para lo cual se invirtieron más de 63 millones de pesos, mediante un proyecto ambicioso que inició con esta finca. Este plan parcial comprende los edificios que están en ruinas y también un espacio que el Municipio urbanizó como zona de parque. Este proyecto lo realizó y supervisó el arquitecto Gasón Fourzán Fierro, quien estuvo encargado de los diversos proyectos de conservación, principalmente de la Casa Grande.

Rubio comentó que en el proyecto buscaron un equilibrio entre preservar lo original, tanto como fuera posible, y en aquellos detalles de los cuales no tuvieran registro para su reproducción, con la intención de no inventar cosas, como sucedió con el domo del salón principal, decidieron acondicionarlo a un estilo contemporáneo.

El nuevo Centro Cultural Quinta Carolina abrió sus en 2016 y desde entonces ha sido sede de actividades artísticas y culturales; la más constante es de una escuela de música para niños. Nombrada en honor a la esposa de Luis Terrazas, la Quinta Carolina ha pasado por diferentes etapas a lo largo de la historia. De ser una labor a una finca de descanso familiar a finales del siglo XIX, para proyectarse como la primera universidad fronteriza durante el gobierno de Pancho Villa, hasta llegar a ser un centro cultural comunitario desde su restauración en 2009. Vista original de la Quinta Carolina a finales del siglo XIX.

Actualmente funge como centro cultural, sede de importantes eventos en la capital del vecino estado tales como la jornada de trabajo Milpas Culturales y una Feria del Vino en mayo así como el Primer Coloquio de Periodismo Cultural 2.0 la semana pasada, en cuya inauguración la arquitecta Abril Rubio, directora del centro, contó a los asistentes la historia de este lugar.

“Es una hacienda en sí y haciendas hay muchas y en Chihuahua Luis Terrazas tenía más de 60, pero una hacienda es una actividad productiva [] había una persona encargada y un grupo de gente que vivía en torno a esta actividad. En la hacienda se llevaban procesos de ganadería, cultivo y se exportaban a los Estados Unidos y el centro de México”, explicó.

Luis Terrazas y Carolina Cuilty

Luis Terrazas fue un político, empresario y militar chihuahuense, uno de los más grandes terratenientes del país y gobernador de ese estado en más de una ocasión, por breves periodos de tiempo, debido a la inestabilidad política durante la Guerra de Reforma. En 1852 contrajo matrimonio con Carolina Cuilty Bustamante y en 1896 compra la antigua “Labor de Trías” para construir en su lugar una casa de campo que obsequió a su mujer por el “Día de las Carolinas”, y ocho años después se convirtió en este emblemático conjunto arquitectónico.

“Su inauguración fue un evento muy importante en la ciudad de Chihuahua”, comentó, “también fue importante que se trajeron un tranvía desde el centro de la ciudad hasta acá, que era lejísimos”. “Este tranvía era eléctrico”, agregó, “Luis Terrazas decía que era para que los 300 habitantes se movieran de la ciudad a esta zona pero realmente también servía para iluminar la casa. Era la única construcción acá al norte que tenía iluminación eléctrica; cosa extraña, porque no tenía sistema de drenaje ni tubería de agua”.

Arquitectura y Diseño

El conjunto cuenta con la casa mayor, diseñada como un grupo de habitaciones alrededor de un salón principal, con entradas viendo al oriente y poniente, así como una cochera -para los antiguos carruajes-, la casa del administrador, una pequeña iglesia, establo y hasta un pequeño lago privado, que se secó con el tiempo cuando se explotaron los mantos acuíferos de la zona. “Eran más de 300 hectáreas las que formaron parte de la hacienda”, comentó la arquitecta.

Sólo la capilla principal tiene un mejor aspecto y se dice que incluso hace 10 años aún se oficiaba misa. No obstante, los alrededores dejan mucho que desear ya que el camión para llegar es de pura terracería, solamente otra finca está habilitada de forma privada para eventos especiales y privados, muy frecuentemente para bodas y fiestas, pero cuatro edificaciones más como las caballerizas, casas de visita, están en deterioro constante.

El proyecto aún está vigente, sin embargo las acciones han sido detenidas, ya sea por falta de recursos federales y estatales, poca comunicación con varios de los propietarios, casi todos descendientes de Don Luis Terrazas y otros dueños de predios en las inmediaciones, que no se ha podido poner de acuerdo para una compra-venta adecuada, convenio, intercambio, entre muchas más opciones.

Anteriormente se tenía eventos por parte de la Secretaría de Cultura, muchas del área de públicos específicos con temáticas infantiles y gratuitas, pero también hacían visitas con escuelas primarias y secundarias de la zona, reuniones, conferencias y concursos culturales, como las de El Quijote, así como escuela de música y paseos programados, sin embargo debido a la contingencia sanitaria por el coronavirus (Covid-19), estas actividades están suspendidas hasta nuevo aviso.

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