A nadie le cabe la menor duda de que Guadalajara ha transitado de gran ciudad a complejo metropolitano, en cuyo territorio se han integrado, aglomerado y traslapado espacios y poblaciones de los municipios que colindan con ella, un aglutinamiento urbano en el que se diluyen los límites municipales. Como bien ha señalado Borja (2004), las aglomeraciones urbanas o metrópolis son resultado de procesos de crecimiento económico y demográfico que dan lugar a una expansión rápida de una ciudad central sobre los territorios de sus vecinos. No es una metrópoli homogénea, es un lugar de contrastes cuyos paisajes han sido construidos y desarrollados en distintas épocas.
Así es el caso de Guadalajara, una ciudad con una estructura que fue variando ante la oferta y la diversidad de fraccionadores, servicios, etc., hasta romper las fronteras administrativas de los municipios colindantes y conurbarse. La metropolización de Guadalajara comenzó en la década de 1960, vinculada a procesos económicos, políticos y sociales que propiciaron el surgimiento del mercado inmobiliario y la urbanización del suelo tanto de Guadalajara como de los municipios vecinos (López, 1996; Cabrales, 2000). En 1980 Guadalajara, junto con los municipios de Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, abarcaba casi 20 mil hectáreas y estaba habitada por 2'335,000 personas (Wario, 2004). En las décadas subsiguientes esta metrópoli continuó extendiéndose hasta conurbarse en 2005 con el territorio de los municipios de El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos y Tlajomulco de Zúñiga y sumar 60 mil hectáreas (Wario, 2004), pobladas por 4'170,000 personas (INEGI, 2006).
Así, el crecimiento urbano de la ciudad y su anexión con las poblaciones periféricas multiplicó la pluralidad de asentamientos, unos programados y otros espontáneos, tanto en tierras privadas como en ejidales y comunales de valles y barrancas. Complejidad de ámbitos que forman la existencia de ciudades que, como señala Amalia Signorelli (1999), están constituidos por la diversidad entre ciudad y campo, así como las diversidades internas de cada una, referidas no sólo a la variedad estructural de los hábitats urbanos, sino también a la funcional.
En esta pluralidad urbana destacan los grandes desarrollos habitacionales de vivienda media e interés social, surgidos durante la década de los setenta, hábitats masificados en los que se han separado de forma tajante los lugares destinados al descanso, al trabajo y a la recreación. Son asentamientos de densidad habitacional alta, tipo horizontal, vertical o mixto (horizontal-vertical). Están constituidos por viviendas medias y/o de interés social, formados por una serie de conjuntos habitacionales organizados en bloques de uno o varios diseños arquitectónicos de vivienda unifamiliar, edificios de departamentos o multifamiliares y/o tipo dúplex. En estos grandes desarrollos pueden distinguirse claramente dos modelos: el abierto (como Miravalle, Ciudad Loma Dorada, El Sauz, Jardines del Valle, etc.), y el cerrado (Hacienda de Santa Fe, Hacienda Real). El primero surgió durante la década de 1970, en la periferia de Guadalajara, entre los límites de los municipios de Tlaquepaque, Zapopan y Tonalá. El segundo a partir del año 2001 en territorio de los municipios de Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga.
La intención del presente trabajo es reflexionar acerca de las formas de habitar y construir los asentamientos humanos en la zona conurbada de Guadalajara (ZCG). Los grandes desarrollos habitacionales de vivienda media e interés social son ámbitos planificados que, por su tamaño y número de pobladores, se asemejan a ciudades medias, mas no tienen el equipamiento y los servicios de una ciudad y presentan características distintas a la estructura de sitios urbanos tradicionales como los barrios, colonias y fraccionamientos, no sólo por la variedad de los repertorios y las tipologías arquitectónicas empleadas, sino también por la organización misma.
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En mi opinión, son características formales que, a fin de cuentas, inciden en la forma de vivir y utilizar el espacio por parte de sus moradores. Varias investigaciones de carácter histórico, antropológico y geográfico han dado cuenta de la configuración espacial y social de los hábitats urbanos tradicionales como los barrios, las colonias y los fraccionamientos abiertos o cerrados, regulares o irregulares. La diferencia de los diversos asentamientos ha sido relacionada con la segregación espacial y estructural, por la presencia o no de infraestructura y equipamiento, así como por el tipo de vivienda y la sociedad que los ha formado y habitado.
Estas características sociales y estructurales refieren procesos históricos, sociales, políticos y económicos desde su fundación hasta la época actual, así como también reflejan diversas formas de habitar, apropiarse y darle sentido a la vida cotidiana en el ámbito urbano. Sin embargo, poco se ha escrito sobre los grandes desarrollos habitacionales, a pesar de que este modelo de asentamiento se ha vuelto común en múltiples ciudades de la República Mexicana. Los estudios encontrados se relacionan con el proceso de gestión y obtención de las viviendas (García y Puebla, 1998); otros, como el que lleva a cabo un grupo de la Universidad de Michoacán, atiende sólo los efectos físicos producidos y trata de proponer soluciones de diseño (Velazco, 2002). Algunos más hacen referencia al análisis de los grupos que residen en el lugar.
Entre ellos cabe mencionar los trabajos realizados por Aguilar et al. (1998), que incluyen el análisis de las formas de vida en los conjuntos habitacionales del Infonavit, destacando lo que puede contribuir al discernimiento del proceso de apropiación del sitio y a la construcción de la identidad del lugar y la formación de un tejido social (Esquivel, 2002). De ahí que el propósito de este ensayo sea reflexionar sobre el proceso de creación y habitación en dos de los grandes desarrollos habitacionales que forman la ZCG: Ciudad Loma Dorada y Hacienda de Santa Fe. Se utilizaron varias fuentes de información, tales como archivos municipales, estatales o empresariales, censos y bases estadísticas oficiales, informes técnicos, cartografías y fotografías, artículos hemerográficos y fuentes bibliográficas de diferente índole, así como los resultados de una encuesta de carácter exploratorio aplicada en 2004.
El mercado inmobiliario y la planeación urbana
En la década de 1970 Guadalajara y su periferia eran la imagen de la diversidad y los contrastes, debido a la creciente promoción del mercado inmobiliario destinado a vivienda y servicios con la intervención de los sectores público y privado. El capital privado se orientó a la producción de vivienda media y residencial, mientras que el sector público participó en la edificación de casas de interés social y departamentos en edificios multifamiliares (López, 1996: 396-397). En ese mismo decenio también empezó a extenderse el fenómeno de las urbanizaciones no planeadas tanto en tierras ejidales como privadas (Camberos, 1993). Tal crecimiento irregular representó alrededor de 60% de la expansión urbana y desplazó la oferta formal (CEJ, 1982), lo que derivó en un desarrollo hacia la periferia de Guadalajara, mismo que no se detuvo con la devaluación del peso mexicano en 1976, una de varias subsecuentes.
Como contraparte empezaban a multiplicarse los fraccionamientos residenciales conocidos como "cotos" fuera del Valle de Atemajac en los municipios de Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga. Como bien señala Cabrales (2001), se caracterizan por ser cerrados, con vigilancia, acceso controlado y rodeados de altos muros. Se inició así la privatización del espacio público -calles, zonas verdes y espacios de recreo-, pues sólo pueden acceder a ellos sus moradores y sus invitados. Estos fraccionamientos eran promocionados por empresas privadas y con recursos bancarios, que en menor proporción invertían en fraccionamientos dirigidos a la clase media (López, 1996: 396-413). En esa década también surgieron los grandes desarrollos habitacionales como Miravalle, El Sauz y Ciudad Loma Dorada.
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Ese decenio también se distinguió porque el Estado mantenía una actitud de planificar el crecimiento poblacional y urbano de las grandes ciudades con base en las recomendaciones internacionales. Para ello, el gobierno federal, el 20 de mayo de 1976, decretó la Ley Gener al de Asentamientos Humanos. Por su parte, el gobierno del estado y la Comisión de Planeación Urbana, ante el proceso de expansión urbana, instituyó, en 1971, el Esquema Director 71; en seguida se realizó el Plan General Urbano (JGPUEJ, 1972) con la intención de ordenar y regular el crecimiento en el área metropolitana de Guadalajara.
Específicamente, en el Esquema Director 71 se consideraba una serie de soluciones técnicas que proyectaban a "Guadalajara: hacia un sistema de ciudades" que incluían las poblaciones vecinas de Tlaquepaque, Zapopan y Tonalá. En la ordenación de los sistemas se proponian a unidades o áreas urbanas autosuficientes, donde existieran zonas de vivienda, de equipamiento industrial, comercial, espacios abiertos, así como vialidades primarias y secundarias (Coplaur, 1971).
Ciudad Loma Dorada
En ese periodo de crisis económica, de diversidad edificatoria y de contrastes urbanos, del inicio de la regulación y el ordenamiento del crecimiento urbano, surgió Ciudad Loma Dorada al oriente de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG), en territorio del municipio de Tonalá, que hasta los años setenta había permanecido como una población periférica a Guadalajara y estaba habitada en 1980 por 21,407 personas (INEGI, 1993). Una villa alfarera caracterizada por su trazo en damero, con calles rectas y empedradas y casas de adobe con puertas y ventanas de madera; en la mayoría de los casos tenían un traspatio con corrales para la cría de animales y espacio para guardar las herramientas de uso agrícola, sin faltar los hornos para la alfarería.
Lo anterior denota que las labores económicas dominantes de los pobladores eran las agrícolas y las artesanales, que se realizaban tanto en Tonalá como en los numerosos ranchos cercanos (Arias, 2000). Sitio en el que todos se conocían, se llamaban por su nombre y mantenían relaciones de vecindad similares a las de un pueblo -particularidades que, según los habitantes del lugar, aún se conservan. En ese ámbito pueblerino surgió Ciudad Loma Dorada a finales de 1979, cuyo nombre evidencia las tendencias económicas y políticas de los programas de gobierno expuestos en el Esquema Director 71 y materializadas por el mercado inmobiliario de entonces. Así, Loma Dorada fue promocionada como "una ciudad para 10,000 familias", y ocuparía una superficie de 244 hectáreas organizada en cuatro secciones "A", "B", "C" y "D", con una estructura celular de comunidades-barrio constituidas con áreas de vialidad, habitación y servicios, un desarrollo habitacional de tipo abierto, pero que presenta cerramientos al interior.
A diferencia de Miravalle y El Sauz, Ciudad Loma Dorada es un desarrollo de tipo mixto y empezó promocionado con vivienda de tipo medio y residencial, pero años más tarde se saturó de vivienda de interés social tipo unifamiliar, dúplex y de edificios multifamiliares. La oferta estaba dirigida a la clase media y financiada por instituciones de crédito. Con ese fundamento acordaron ofrecer a la venta 5,340 lotes desde 140 m2 hasta más de 200 m2, así como 4,200 casas unifamiliares de tipo medio, además de construir algunos edificios multifamiliares de tres niveles con dos departamentos por piso, edificados por la Promotora Loma Dorada, y distribuidos en las cuatro secciones, las que una vez habitadas albergarían a 40 mil personas.
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Las secciones contarían con las tres jerarquías de una ciudad: la local, la barrial y la regional. El equipamiento local estaría formado por guarderías, jardines de niños, parques infantiles y locales comerciales de primera necesidad. El equipamiento barrial lo compondrían los centros barriales, con plazas cívicas y comerciales, mercados y escuelas -primarias, secundarias y preparatorias-, así como zonas verdes y deportivas. El equipamiento regional consistiría en tiendas departamentales y de autoservicio, hoteles, restaurantes, cinematógrafos, etc., características estructurales y arquitectónicas de "la nueva imagen residencial de Guadalajara", según destacaba el anuncio promocional. Para ello se emplearían 40 del total de las 244 hectáreas del desarrollo.
Con ese esquema se asentó Ciudad Loma Dorada en el cerro del Rey Xoloc, siguiendo el trazo del mismo; se construyeron enormes manzanas irregulares distribuidas por grupos que desembocaban alrededor de los elementos que componen el corazón de las comunidades barriales: áreas verdes y de servicio, estacionamientos, vías peatonales y andadores, formando en ocasiones calles semicerradas. Dicha traza se repetía en las cuatro secciones, que quedaron delimitadas por las vías primarias consistentes en amplias avenidas o ejes viales. Sin duda, este nuevo concepto aparecía en oposición a la forma tradicional de construir y habitar en Guadalajara y en el sitio urbano más cercano, la cabecera municipal de Tonalá, característica que sirvió de incentivo para que más de alguno se entusiasmara en comprar vivienda en Ciudad Loma Dorada, "la zona de más brillante porvenir", según decía el promocional que prometía una mejora en las condiciones de vida.
De residencial a popular
Ciudad Loma Dorada empezó a edificarse en 1979 y los primeros moradores se establecieron a mediados de 1980. El proyecto original consideraba la edificación de vivienda tipo medio; sin embargo, esa promesa se mantuvo en la sección "A" sólo durante los cinco primeros años. A partir de 1984 la situación cambió, motivada fundamentalmente por la crisis económica que sufrió México y que trajo como consecuencia el desempleo, las altas tasas de interés y el bajo poder adquisitivo de las clases medias, lo que provocó que el acceso a la vivienda de los estratos medios y populares se dificultara aún más. Ante esa realidad, la Promotora Loma Dorada modificó a partir de 1985 su política promocional, así como la parcelación de las secciones: los lotes se redujeron de 140 m2 a 90 m2. Y con la intención de redensificar el espacio, en las áreas que estaba estipulado que se edificaría vivienda unifamiliar surgieron conjuntos de edificios. Así, empezaron a introducir en ...
Hacienda Real
Para ilustrar lo anterior, se llevó a cabo el análisis del fraccionamiento “Hacienda Real”, localizado en la delegación Arroyo de Enmedio, en el sur del Municipio de Tonalá, Jal. Otro elemento importante a destacar es la fecha en la que se incrustó esta acción urbanística en la zona (2001, año de autorización). La estrategia del desarrollo “Hacienda Real”, consistió en realizar un desarrollo monofuncional de vivienda, con un muro perimetral que lo aislara del contexto, un entorno que carecía de espacios públicos y equipamientos por tratarse de asentamientos con irregularidades en la tenencia de la propiedad.
