Descubre la Fascinante Historia Religiosa de Hacienda San Ángel en Tijuanapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En 2012, el Instituto Nacional de Antropología e Historia reconoció por primera vez un edificio de la ciudad de Tijuana como patrimonio histórico. Sorpresivamente, se trató de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, cuya construcción se remonta a mediados del siglo XX. La razón, de acuerdo con este organismo, es que, aunque el inmueble no es tan antiguo, el lugar en el que se encuentra ha albergado un recinto religioso desde el año de 1902, y que, como dice la placa conmemorativa, sus antecedentes se remontan a finales del siglo XIX, siendo tan antiguos como la ciudad misma.

Orígenes de la Presencia Católica en Tijuana

El área donde se ubica Tijuana adquirió su carácter fronterizo con el tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, ya que la línea divisoria internacional se trazó precisamente a la altura del Rancho Tijuana, propiedad de la familia Argüello. Si bien la fecha virtual de fundación del poblado corresponde al año de 1889, sus antecedentes se remontan a 1874, cuando se creó una aduana en el lugar. Las primeras noticias que se han encontrado sobre la presencia de la Iglesia católica en el área de Tijuana corresponden a 1886, cuando Luciano Osuna mandó construir un pequeño oratorio de adobe. Por ello, los poblados de esa zona fueron atendidos por clérigos de las diócesis de California y de Sonora. La presencia de este clero itinerante ha sido identificada principalmente por medio de registros bautismales.

La Capilla de Adobe: Primer Recinto Religioso

En 1886, el padre Luciano Osuna, adscrito a la diócesis de Sonora, encabezó la construcción de una capilla de adobe en el rancho de Tijuana, la cual fue destruida por la inundación de 1891. Luciano Osuna pertenecía a la arquidiócesis de Guadalajara. Se trasladó a California durante la Guerra de Reforma, cuando la mayor parte de los obispos mexicanos se encontraban exiliados en Estados Unidos. Fue ordenado sacerdote en 1863 en San Francisco por Pedro Loza, obispo de Sonora, y al año siguiente se trasladó al vicariato de Baja California como parte de la ayuda brindada por el obispo de San Francisco, José Sadoc Alemany, al vicario Juan Francisco Escalante. En 1868 marchó hacia la Alta California, donde trabajó con las comunidades indígenas de Sonoma, el valle de Napa y el lago Mendocino hasta 1879, cuando regresó a México (Dwyer, 1976).

La documentación eclesiástica más antigua que menciona este recinto es un informe que Osuna presentó ante la diócesis de Sonora en 1888. Como parte del proceso de reestructuración de esta diócesis, el secretario del obispo hizo llegar a sus párrocos un cuestionario durante diciembre de 1887, el cual fue respondido por Osuna al año siguiente.

Esta primera capilla guardaba notables similitudes con las que por esos años se construyeron en las comunidades indígenas de California, propias de un lugar de misión. Una era la capilla de Santa Ysabel Asistencia, dependiente de San Diego, dedicada a atender indígenas de las etnias Luiseño y Diegueño; otra la capilla construida en la reserva indígena de Pauma. Finalmente estaba la capilla provisional que se habilitó en San Diego en la década de 1850, dedicada a la Inmaculada Concepción y que fue atendida por el padre Ubach hasta su muerte. Los ornamentos y utensilios propios de la misa los llevaba el sacerdote consigo, como parte de un altar portátil. Todas estas construcciones eran de adobe.

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Estos aspectos ponen de manifiesto la porosidad de la línea divisoria, pues de ambos lados se filtraban procesos sociales y culturales. En especial es de destacarse que, debido a la distancia que separaba a la frontera de la sede del vicariato apostólico que se encontraba en La Paz, el catolicismo fue administrado por esos años desde el sur de California. Por otra parte, tanto la forma como el tamaño de la primera capilla de Tijuana reflejan las condiciones del poblado, cuyo surgimiento guardó una estrecha relación con la frontera entre México y Estados Unidos, y su crecimiento con el desarrollo económico del sur de California.

Sin embargo, esta capilla fue destruida, junto con las primeras edificaciones del naciente poblado, por una inundación ocurrida en 1891. No obstante, su imagen quedó plasmada en tarjetas postales sobre Tijuana, que circularon entre los turistas que visitaban el lugar durante las primeras décadas del siglo XX. Este detalle es un indicio de que, dentro de la forma en la que los estadounidenses imaginaban y observaban este poblado, el Old Mexico, la Old Adobe Chapel de “Tia Juana”, remitía no sólo al mundo rural mexicano, sino también al pasado hispano e indígena del sur de California, caracterizado, entre otras cosas, por sus construcciones de adobe.

El Pequeño Templo de Madera

Como vimos, Tijuana quedó sin capilla en 1891. No fue sino hasta la primera década del siglo XX cuando contó nuevamente con un templo. Esta vez estaría localizado en el segundo asentamiento de la población, alrededor del cual se formó el primer núcleo urbano, fuera del alcance de las crecidas del río. Tijuana pasó alrededor de una década sin un recinto de culto. Seguramente sus pobladores asistían a sus servicios religiosos al templo de la Inmaculada Concepción en San Diego, del otro lado de la frontera. No fue sino hasta 1902 cuando un grupo de vecinos se organizó para la construcción de un templo, para lo cual se realizaron diversas actividades, tales como kermeses y rifas, destacando la participación del comerciante Alejandro Savín y de su esposa, Manuela Garfias de Savín, quienes donaron un terreno ubicado en lo que actualmente son las calles 2da y Niños Héroes del centro de la ciudad.

Para 1902 se inauguró un segundo recinto, pero en otro sitio. Éste era un pequeño templo de madera, al parecer proveniente de San Diego, el cual fue colocado en un terreno donado por el comerciante Alejandro Savín. La inauguración del templo, consagrado a Nuestra Señora de Guadalupe, ocurrió 12 de diciembre de 1902. No es mucha la información que se tiene sobre los primeros años del templo, aunque sabemos que fue atendido por dos sacerdotes provenientes de Guadalajara: Pascual Robles y Bernabé Chavarría. A este último se le atribuye su inauguración y bendición.

Es de notar que el aspecto de esta iglesia nos recuerda más a un templo protestante estadounidense del área rural, que a uno católico de México. De acuerdo con algunos testimonios recuperados por el padre Lorenzo Joy, el templo fue comprado y traído de Estados Unidos: “la construcción no es de una iglesia tradicional. Eso dio origen a la versión que la capilla fue originalmente comprada en el área de San Diego y trasladada a Tijuana, para servir a los católicos”. Esta hipótesis tiene sentido, pues la práctica de comprar casas de madera en el vecino país y trasladarlas a los terrenos de la naciente ciudad de Tijuana era bastante común en esa época, y porque guarda ciertas similitudes con algunos de los templos protestantes de California en la segunda mitad del siglo XIX.

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Las imágenes más antiguas que se conservan del templo de madera de Tijuana muestran que, al igual que las iglesias protestantes del otro lado de la frontera, estaba compuesto únicamente por la nave central y con un techo de dos aguas. No es sino hasta la década de 1920 cuando podemos identificar una actividad eclesiástica notable en Tijuana, con la llegada del misionero Severo Alloero.

Actividad Eclesiástica Notable y Conflictos Posrevolucionarios

En 1923 iniciaron los planes por parte del misionero italiano Severo Alloero y los fieles de Tijuana para construir un templo más grande, pero las circunstancias políticas y económicas lo impidieron, y sólo se pudo lograr su ampliación hasta 1931 por José Rosendo Núñez, primer sacerdote diocesano en arribar a la región tras la suspensión del culto durante el conflicto religioso. Del mismo modo, la historia de este templo, especialmente entre los años de 1920 y 1940, se encuentra estrechamente vinculada a los conflictos que se suscitaron entre la Iglesia católica y los gobiernos posrevolucionarios, que, aunque con importantes matices, tuvieron resonancia en prácticamente todo el territorio nacional.

De acuerdo con la Constitución de 1917, ningún extranjero debía ejercer como ministro de culto en el país, razón por la cual los sacerdotes italianos fueron expulsados del Distrito Sur de la Baja California, aunque sus conflictos no fueron sólo con las autoridades políticas, sino también con las eclesiásticas de la diócesis de Guadalajara, que apostaban por una mexicanización de la Iglesia peninsular. Severo Alloero nació en el norte de Italia. En 1901 ingresó al seminario misional de San Pedro y San Pablo en Roma. Dos años después sería ordenado sacerdote, cuando se trasladó a Baja California, junto con José Cotta. Trabajó en la Paz hasta 1906, cuando fue enviado a Santa Rosalía, donde permaneció hasta 1918; tuvo que salir debido a que fue sorprendido oficiando sacramentos sin autorización. Se trasladó al Distrito Norte y en 1921 fue asignado a Tijuana. No se conoce la fecha exacta de su llegada, pero sabemos que en agosto de 1921 celebró algunos bautizos en Valle de las Palmas, y que en octubre del mismo año fundó la Asociación de la Vela Perpetua del Santísimo Sacramento. Este grupo, conformado por mujeres, tenía como finalidad fundamental la oración, pero en este caso específico, además de orar, se dedicarían a difundir las creencias y prácticas católicas en la naciente población, al tiempo que realizaban numerosos trabajos encaminados a la reconstrucción del templo. Los primeros planes para reconstruir el templo de madera se gestaron en 1923.

Hibridismo Cultural y Arquitectura Religiosa

Las regiones fronterizas son propicias para los intercambios entre distintas culturas, procesos que suelen englobarse bajo el concepto de hibridismo cultural, y de los cuales suelen resultar objetos híbridos que materializan los intercambios entre distintas tradiciones culturales; la arquitectura religiosa suele ser uno de los ejemplos más evidentes. En este caso nos encontramos con una de esas situaciones, específicamente con el segundo templo, similar a la arquitectura protestante del oeste norteamericano. El padre Núñez notó varios elementos de la religiosidad fronteriza que le resultaban ajenos e intentó mexicanizarlos hasta donde las circunstancias se lo permitieron. Sin embargo, su propia trayectoria como sacerdote se vio marcada por la condición fronteriza, pues él mismo tomó parte de algunos intercambios culturales con el protestantismo.

A finales de la década de los años cuarenta, durante un acelerado proceso de poblamiento, y como parte de la institucionalización de la Iglesia católica en la región, dirigido por los Misioneros del Espíritu Santo (MSpS), comenzó la construcción de la que sería, a partir de 1964, la catedral de la diócesis de Tijuana.

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