Descubre el Verdadero Significado, Historia y Origen de la Hacienda que Todos Deberían Conocerpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Seguramente, por alguna película mexicana que hayas visto, tienes una idea acerca de lo que era una hacienda. Tal vez has tenido la oportunidad de visitar un "casco de hacienda" o una hacienda actual; si es así, te habrás dado cuenta de que se trata de grandes propiedades con considerables extensiones de tierra.

Originalmente, el término "hacienda" se refería a un "conjunto de bienes". Por eso, durante los primeros años de la época colonial, las ahora llamadas haciendas eran más bien estancias asignadas a los encomenderos españoles. Que las Audiencias se informasen de los malos tratamientos hechos a los indios.

En las adiciones de Valladolid se agregó: Que a los conquistadores que no tuvieran indios, o a los hijos legítimos de los conquistadores que estuviesen pobres, se les dieran empleos de corregidores, u otros con cuyos productos pudieran vivir; y siendo menores de edad se les diese una parte de los tributos, de los repartimientos que dejaron sus padres.

Que se quitasen todas las encomiendas e indios que tuvieran los visorreyes o gobernadores o sus lugares tenientes o cualquier oficial nuestro así de justicia como de nuestra hacienda, prelados, casas de religión, hospitales, cofradías u otras semejantes. Que los indios fuesen tan bien tratados como personas libres y vasallos del rey de España. Y que los presidentes y oidores de la Audiencia cuidasen de la tasa de los tributos, y que el encomendero que cobrase más de lo que estaba tasado se le privase inmediatamente de la encomienda.

Que en lo sucesivo no se encomendasen ya indios, sino que en muriendo los encomenderos, su repartimiento pasase a la corona. Que los tributes que debían cobrar los encomenderos fuesen tasados por los gobernadores, con el objeto de que no fuesen excesivos. Sin duda alguna, se trata de una lectura muy relevante.

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Como sabrás, Fray Bartolomé de las Casas era un obispo español, reconocido como protector de los derechos de los indígenas. La mayoría de trabajadores de las haciendas eran los llamados peones, muchos de ellos liberados de las condiciones de la encomienda, como “hombres libres”, pero también despojados de las tierras y aguas de sus poblaciones por los nuevos hacendados. Por ello, tenían la necesidad que acudir a trabajar en las haciendas.

En el transcurso del siglo XVII, las estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes. Pero su actividad primordial siguió siendo la producción de ganado.

Las Haciendas Henequeneras Yucatecas

Durante el siglo XIX, muchas de las haciendas maicero-ganaderas, especialmente las de Mérida, se transformaron en henequeneras. Las haciendas henequeneras yucatecas surgieron en la segunda mitad del siglo XIX por impulso de las antiguas familias que desde la época colonial poseían grandes propiedades territoriales, por la participación de sus herederos y por los nuevos grupos ricos que se habían desarrollado en el comercio.

Estas haciendas fueron el resultado de la transformación de las haciendas maicero-ganaderas establecidas por los españoles durante el tiempo de la colonia. Las grandes haciendas henequeneras representaron durante 100 años la base de la economía de Yucatán.

Dos factores contribuyeron a su auge:

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  1. La llamada Guerra de Castas, iniciada en 1847, que destruyó la industria del azúcar y otros cultivos del oriente y sur del actual estado de Yucatán.
  2. El invento de la raspadora mecánica para desfibrar, hecho por José Esteban Solís en 1852, quien pudo desfibrar 6,300 pencas en 21 horas.

No obstante, los hacendados yucatecos no conformaban un grupo homogéneo económica e ideológicamente. Existían serias diferencias entre ellos por orígenes e intereses que representaban. La zona henequenera comprende el noroeste del actual estado de Yucatán.

Los hacendados se vieron en la necesidad de trasladarse continuamente entre sus propiedades y Mérida por motivos de negocios y por formar parte de una clase social que se fortalecía entre sí con un gran número de actividades como las efectuadas en los clubes, en paseos como el carnaval, culturales como el teatro, y en general una vida urbana cuyas exigencias transformaron el mundo del hacendado.

La Cultura y el Mundo de las Ideas

El henequén creó un escenario completamente nuevo que abarcaba el paisaje y los edificios de la hacienda, incluyendo las viviendas de los trabajadores. Fue un mundo de imágenes moderno, contradictorio y vasto.

Los hacendados viajaban frecuentemente a Europa y la mayoría de sus hijos estudiaba en el extranjero. Esta segunda generación de hacendados con grandes pretensiones y posibilidades, entendió su "misión de civilizar" a la europea su tierra, que cincuenta años atrás estuvo amenazada por los mayas sublevados durante la Guerra de Castas.

La cultura y el mundo de ideas adoptados por los hacendados fueron la de la civilización europea, y en especial, la francesa. La casa principal expresaba la presencia del hacendado; la casa de máquinas, concebida muchas veces como un verdadero templo o palacio del trabajo; la iglesia o capilla como parte de la casa principal; las casas de los trabajadores, modernas también, de mampostería y teja ubicaban al peón en el nuevo mundo apropiado por el hacendado, que abarcaba todo el territorio visible.

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Organización del Trabajo y la Vida en la Hacienda

En general, para realizar las actividades productivas había dos tipos de trabajadores: los acasillados, que residían permanentemente en la hacienda, y los peones, que eran contratados de acuerdo a los requerimientos de la producción y provenían de los poblados vecinos.

Para lograr el arraigo de los trabajadores acasillados y aislarlos de los pueblos, el dueño de la hacienda debía proveerlos de condiciones de vida semejantes a la de los poblados. Además de proporcionarles una vivienda, era necesario dotarlos del equipamiento comunitario básico.

Dependiendo de las dimensiones de la hacienda, los trabajadores tenían, entre otras cosas: plazas públicas, capilla, escuela, dispensario médico, tienda de raya, cementerio, calabozos y espacios recreativos en las plazas.

Las plazas públicas cumplían una función importante en la organización de la producción. Antes del amanecer sonaba la campana y los trabajadores acudían a la plaza para que se les asignaran sus tareas. También ahí se ejecutaban los castigos, convirtiéndose en espacios cargados con un gran significado. Estos espacios también eran utilizados para actividades religiosas como las festividades del santo patrono de la hacienda, en las que se realizaban desde bailes hasta corridas de toros.

Por otra parte, a través de mecanismos compulsivos, no exentos de violencia, como los préstamos, los trabajadores adquirían deudas que les obligaban a permanecer en la hacienda, continuando así una disposición legalizada desde la época colonial.

La población trabajadora estuvo de manera permanente al servicio de las haciendas, y se procuraba que contrajeran deudas las cuales fueran un sacrificio de su libertad para el resto de sus días. Este régimen de deudas y servidumbre perduro hasta 1914. Los campesinos avecindados en las haciendas no tenían libertad de trabajo.

La condición de los sirvientes acasillados en las haciendas era muy similar a la de los campesinos de la Europa Medieval (servidumbre de gleba), no estaban vinculados al dueño sino a la tierra. Los sirvientes no eran esclavos, conservaban ciertos derechos civiles; tampoco eran libres, pues estaban arraigados y obligados a prestar servicio sin su voluntad. Sus derechos políticos eran ficticios. No podían separarse de la hacienda, eran reintegrados por la autoridad. El salario no era estipulado por ellos.

Por lo que respecta a los derechos de los trabajadores se ha señalado que muchos eran propietarios de diversas clases de animales domésticos y algunos hasta de unas cuantas cabezas de ganado. Tenían derecho a cultivar maíz. Sus deudas se originaban generalmente en préstamos para bodas, bautizos, velorios, fiestas.

La servidumbre gozaba de relativo bienestar, no tanto por humanidad, sino por propio interés o egoísmo del hacendado. Había escasez de braceros, por lo que los hacendados hicieron venir a Yucatán, a gran costo, millares de trabajadores contratados en China, Corea y las Islas Canarias. El jornal era un poco superior al de los campesinos de otros estados.

En las haciendas, el ausentismo del dueño hacía que la autoridad quedara en esas ocasiones en manos del mayordomo. Se azotaba a los peones si salían de la propiedad sin permiso. En la tienda de raya, era donde se endeudaban los peones. Ellos nunca recibían dinero, se encontraban medio muertos de hambre y trabajaban casi hasta morir.

La Arquitectura Ecléctica de las Haciendas

El eclecticismo fue la expresión arquitectónica del auge henequenero. La cultura arquitectónica generada durante este período no se identificó con la concepción formal de vanguardia surgida en Estados Unidos, con la industrialización independiente.

Este proyecto promovió en Norteamérica durante el último cuarto del siglo pasado, una nueva concepción de arquitectura conocida como la Escuela de Chicago o la Generación de 1880, basada en la deliberada ruptura con la Escuela de Bellas Artes de París, con la cultura europea, en la búsqueda de una expresión propia ligada a una industria en consolidación. Era una arquitectura que, según su principal exponente y teórico Luis H. Sullivan, buscaba su expresión en los nuevos materiales de construcción, en la naturaleza y en la expresión y sentido común del pueblo, así como en los valores espirituales y en una concepción democrática de la sociedad.

De este modo, los hacendados yucatecos no se sintieron motivados por esta nueva concepción, y mucho menos la tomaron como modelo a importar, o la adoptaron como filosofía arquitectónica, ya que era contraria a su espíritu ostentoso que requería un mundo de imágenes comprobado y de mayor contenido simbólico lo más ajeno posible a una arquitectura democrática, descifrable o traducible por el pueblo.

El proyecto económico e ideológico de los hacendados, durante la época de mayor desarrollo, fue congruente con sus manifestaciones arquitectónicas: descontextualizaron las diversas formas expresivas de la historia europea y desvirtuaron su sentido histórico, creando una imagen de progreso importado y, un ambiente de fantasía y frivolidad que le imprimieron una fuerza idílica a esa arquitectura ecléctica, en donde se pueden apreciar rasgos de la arquitectura colonial, elementos neo-barrocos, clasicistas, neo-góticos, arquitectura tropical caribeña y hasta referencias de la arquitectura civil medieval.

El Declive de las Haciendas Henequeneras

A mediados de 1940, cuando se inventaron los hilos sintéticos, la industria del henequén cayó abruptamente y con ello, el esplendor de las haciendas.

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