La Peña de Bernal, un monolito de 350 metros de altura, parece haber sido depositada por un gigante justo en ese sitio, como vigía y puerta de la Sierra Gorda queretana.
Poco a poco el sol comienza a bañar los portales, la parroquia de San Sebastián, las Casas Reales, el templo de Las Ánimas y los patios de las casonas centenarias.
Entorno a su enorme estructura nació, a mediados del siglo XVII, la Villa de Bernal, pero en el siglo XVII una pluma anónima rectificó su ortografía, por lo que hoy la conocemos como Villa de Bernal.
De acuerdo con investigaciones recientes, la Peña de Bernal se formó hace 100 millones de años -milenios más, milenios menos-, durante el periodo Jurásico, y en su origen debió ser tres veces más alta que en la actualidad.
Así, en 1647 llegaron hasta las faldas de la peña el teniente de origen vasco Alonso Cabrera, sus tres hijos y siete soldados quienes, a solicitud de los otomíes, se aposentaron en un lugar estratégico que les permitía percatarse del posible ataque de los chichimecas que merodeaban en los cercanos cerros San Martín y El Zamorano.
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Esos primeros españoles, procedentes de la vecina Cadereyta, construyeron tres habitaciones, una cocina, una troje y un corral, protegidos por altas bardas de tepetate y cuyos vestigios se localizan a la entrada de Bernal. Un siglo después se edificaría parte de un presidio que asemeja un castillo, hoy conocido como Casas Reales.
Hacia 1850, Villa de Bernal fue declarada pueblo y cabecera municipal, categoría que perdió en 1918, cuando la sede municipal se cambió a la actual población de Ezequiel Montes.
Los numerosos portales del centro ocupan un lugar muy importante en la vida social de Bernal, pues en torno a ellos se reúnen los lugareños a charlar a comentar los últimos sucesos en la comunidad o a negociar.
El señor José Velásquez Quintanar, cronista de San Juan del Río y ferviente enamorado de Bernal, relata la historia de esta celebración: “En 1992 nos reunimos un grupo de vecinos en el centro de Bernal a festejar la llegada de la primavera, Colocamos macetas con flores en puertas y ventanas, preparamos platillos tradicionales y llevamos un conjunto musical de San Juan del Río”.
Resultó una fiesta tan animada que un año después llegaron para tal ocasión numerosos visitantes de Querétaro y Tequisquiapan. «A las 12 en punto del mediodía», señala Velázquez Quintanar, «todos los presentes oramos por la paz tomados de las manos. Al siguiente año un nutrido grupo de asistentes subió a la cumbre y con pequeños espejos enviaron la primera luz del día a la población.
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Entre 1996 y 1997 se organizó una promoción de la fiesta a nivel estatal. “La Peña de Bernal” -concluye el cronista- “es un poderoso imán, en el sentido amplio de la palabra. Provee de energía física, mental y espiritual a quienes se acercan a ella. Hay que amarla, conocerla y disfrutarla.
Además de su belleza, si algo distingue a Bernal es la longevidad de sus habitantes. Es bien sabido que el promedio de vida en este rincón del México provinciano es de 94.7 años, aunque parezca increíble.
Por las calles y las veredas transitan numerosos ancianos como don José flores, quien a los 102 años todavía trabajaba y había contraído nupcias por tercera vez a los 90, o como don Concepción Rincón, quien a la edad de 89 años aún dirigía su negocio de cobijas de lana que había iniciado en 1927.
En el municipio de El Marqués en Querétaro se encuentran vestigios de una historia que permaneció escondida, por decir menos, cientos de años. Este tramo, cuyos orígenes devienen de la conquista religiosa que se enfrentó a la rudeza del pueblo Chichimeca y que tuvo una segunda etapa de renovación con el reparto de tierras durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, pretende tener ahora una nueva era.
Una actividad, que pareciera contra natura debido al clima semiextremo que predomina en Querétaro y parte del bajío mexicano, es ahora un pilar que comienza a levantarse a pesar de que ésta no era una tierra que estuviera dedicada a cultivar viñedos; sin embargo, hoy es uno de los destinos con más visitas enfocadas en la cata de vinos.
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De más de 3 millones de botellas de vino que se producen al año en Querétaro, 60% corresponde a vino espumoso que ha merecido premios nacionales e internacionales, pero en las exhaciendas, y en hectáreas de terrenos de la Asociación de Haciendas y Viñedos del Marqués también se cosechan otras uvas para tintos y blancos.
La Región de Vinos de Querétaro, o Ruta del Arte, Queso y Vino, se constituye como el segundo producto turístico de mayor relevancia para el estado, con la recepción anual de más de 860,000 turistas hospedados en hotel y la visita de más de 930,000 personas que van directamente a los viñedos y queserías artesanales.
Se estima que la actividad turística de esta ruta genera poco más de 3,700 millones de pesos al año, en 11 de los 18 municipios del estado, según cifras oficiales de la Secretaría de Turismo de Querétaro.
A las rutas de Pueblos Mágicos Peña de Bernal, Cadereyta, Tequisquiapan y Amealco se suma una nueva serie de experiencias en el municipio de El Marqués con la restauración de sus haciendas y el acondicionamiento de hoteles-viñedos que acogen por excelencia el turismo de romance en México.
“Estamos muy preocupados por brindar a la gente una experiencia única, personalizada, en nuestras vendimias no sobrevendemos los eventos, por ejemplo, son 600 boletos vendidos y son 600 las personas que entran a las catas, además de que entre los socios de Haciendas y Viñedos del Marqués lo que buscamos es detonar el trabajo y que la derrama económica se quede dentro del municipio de El Marqués, que la gente no se vaya de Querétaro, además de generar fuentes de trabajo y hacer capacitación de la gente que colabora con nosotros”, dice María Teresa Magaña, gerente y portavoz de la asociación.
Esta ruta que se encuentra a 25 minutos de la capital queretana se compone de lugares emblemáticos como La Misión de Chichimequillas, La Casa del Molino, Rancho Santa Marina, Vinos del Marqués, Hacienda Atongo, Ex Hacienda El Lobo, el hotel boutique María & Bernardo, Viñedos del Polo y la Hacienda Amazcala, todos con un encanto único.
Para finalizar esta temporada de 14 fiestas de vendimia (cuando se cortan las uvas), las cuales atrajeron a poco más de 50,000 personas hacia el estado, los organizadores, empresas, junto con el gobierno del estado montaron una exposición del pintor Diego Glazer y conciertos en el viñedo El Vegil, de Huimilpan.
Querétaro es un estado que cautiva por su diversidad natural, histórica y cultural, pero también esconde rincones fuera de lo común que despiertan la curiosidad de viajeros intrépidos. Desde un mirador que parece tocar el cielo hasta fósiles milenarios en medio del bosque y un gigantesco monolito envuelto en misterio, esta es una ruta para quienes buscan experiencias únicas.
Ubicada en el Pueblo Mágico de Bernal, la Peña de Bernal es uno de los monolitos más grandes del mundo. Su colosal estructura de origen volcánico ha dado pie a diversas teorías y leyendas.
Algunos creen que funciona como un portal interdimensional, otros afirman haber visto luces extrañas y objetos voladores no identificados en sus alrededores. Durante el equinoccio de primavera, este lugar cobra una energía especial.
Cientos de personas acuden para cargarse de "energía cósmica", realizar rituales o simplemente disfrutar del ambiente místico que rodea a esta formación.
Hay quienes aseguran que dentro de la Peña existen yacimientos de cuarzo, lo que le da “poderes” e invita a la visitas ovnis. Incluso se dice que en el exterior hay miembros de la Hermandad Blanca, seres de luz que cuidan el equilibrio del universo. Si eres amante de lo paranormal, este sitio no puede faltar en tu itinerario.
A 12 kilómetros de Pinal de Amoles se encuentra uno de los paisajes más espectaculares de todo el estado: el Mirador de Cuatro Palos. Situado a 2 mil 727 metros sobre el nivel del mar, este punto es perfecto para los amantes del senderismo, la fotografía de naturaleza y el turismo ecológico.
Desde aquí se puede contemplar la inmensidad de la Sierra Gorda, el Cerro de la Media Luna, la Misión de Bucareli y, en días despejados, hasta la propia Peña de Bernal. El amanecer es el mejor momento para visitar el mirador: el sol asoma lentamente entre un mar de neblina que convierte el paisaje en una escena cinematográfica. La sensación de estar por encima de las nubes es indescriptible.
La biodiversidad también hace de este lugar algo especial. Es hogar de especies como el carpintero arlequín y el paro embridado. Permite observar el contraste entre bosques templados y matorrales áridos en un mismo horizonte.
Si lo tuyo es el turismo geológico y la historia natural, el ejido el Madroño, en Landa de Matamoros, guarda un tesoro inusual: fósiles marinos de más de 100 millones de años. En esta zona, rodeada por árboles de madroño, puedes observar restos petrificados de moluscos que vivieron cuando la Sierra Gorda estaba sumergida bajo el mar.
Este escenario poco común ofrece una mirada distinta a la región. Además de la abundante vegetación, el área invita a reflexionar sobre la transformación del planeta y la conexión entre lo terrestre y lo marino. El Madroño es ideal para una caminata contemplativa o una visita guiada con enfoque científico y naturalista.
Si llegas hasta el Madroño, no pierdas la oportunidad de explorar el resto del municipio. Ya sea que busques cargar energía, admirar paisajes de otro mundo o tocar los vestigios de un pasado submarino, esta ruta está hecha para ti.
Lo considerado como místico o mágico de este pueblo, es el monolito que de forma majestuosa sobresale del paisaje, la peña de Bernal; alcanza una elevación de 2 430 m s. n. m. y está ubicada entre las poblaciones de San Sebastián, Bernal y San Antonio de la Cal.
Según los expertos, la enorme roca tectónica se formó por la actividad volcánica hace 8.7 millones de años. La peña de Bernal forma parte del llamado Triángulo Simbólico. Recibe energías positivas del emblemático monolito, un espacio de peregrinaje ritual, simbólico y sagrado, transitado por los lugareños desde tiempos inmemoriales.
Bernal es un destino donde la majestuosidad de la naturaleza y la riqueza de la tradición convergen en un mismo escenario. Resguardado por la imponente Peña de Bernal, el tercer monolito más grande del mundo, este Pueblo Mágico encapsula la esencia de Querétaro.
Aquí, descubrir qué hacer en Bernal es un viaje que transcurre entre calles empedradas, rincones llenos de historia y sabores que conquistan el paladar. Cada paso revela una experiencia única, desde la exploración de antiguas leyendas hasta la contemplación de paisajes que invitan a detener el tiempo. En esta guía, te llevaremos a través de una experiencia única, desde la cima de su icónica peña hasta los sabores auténticos de sus gorditas, pasando por la exploración de su centro histórico y la inmersión en su legado cultural.
Desde la Ciudad de México, toma la autopista México-Querétaro (Carretera 57) hasta San Juan del Río. Diversas líneas de autobuses ofrecen servicios desde la Ciudad de México hasta Querétaro, como Primera Plus. El aeropuerto más cercano es el Aeropuerto Intercontinental de Querétaro.
La plaza principal de Bernal es el punto de partida ideal para conocer el pueblo. En ella se encuentra la Parroquia de San Sebastián Mártir, un templo del siglo XVIII con una fachada barroca de cantera.
La Peña de Bernal es el principal atractivo del pueblo. Este monolito de 350 metros es ideal para el senderismo y escalada. Esta formación natural es perfecta para los amantes del senderismo y la fotografía. Ubicado en una zona elevada de Bernal, ofrece vistas panorámicas de la Peña de Bernal y un ambiente tranquilo.
Situado a pocos minutos del centro de Bernal, este hotel combina arquitectura tradicional con instalaciones modernas. Este hotel boutique, localizado en una casona restaurada, ofrece una experiencia personalizada con habitaciones temáticas. Ya sea subiendo la Peña de Bernal, recorriendo su centro histórico o degustando su gastronomía, cada rincón ofrece una experiencia auténtica.
Con la media de entre 20,000 y 30,000 turistas mensuales, el Pueblo Mágico de Bernal es uno de los puntos clave más especiales del Querétaro. Formada hace casi 9 millones de años, la Peña de Bernal ha dado lugar a todo tipo de historias, mitos y leyendas, motivo de la catalogación de Bernal como Pueblo Mágico en 2005. Siendo la peña, además, una de las 13 Maravillas de México reconocidas por la Secretaría de Turismo, así como inscrita por la Unesco en la lista de Patrimono Inmanterialde la Humanidad.
La historia de Peña de Bernal, pese a la fundación de su pueblo por los españoles en el s. XVII, se remonta a tiempos prehispánicos. La zona fue un lugar de culto para los indígenas, donde otomíes, toltecas y chichimecas celebraban rituales que hoy en día todavía se reproducen. Tras el inicio de la celebración en el día 1 de mayo, pasando por danzas, cánticos y comidas de corte tradicional, la fiesta concluye con la devolución de una cruz de madera de 85 kgpor los llamados “escaloneros”, situada todo el año en la cima de Peña de Bernal. Rito que venera una cruz original, hecha en piedra, de la que sólo se conservan sus vestigios.
Pese al arraigo del cristianismo, muchos de sus peregrinos honran a sus antepasados y hacen del lugar un ecosistema de ritos centrados en el agua y la lluvia, donde muchos exhiben sus chimales siguiendo la tradición otomí-chichimeca. Aunque, sea cual sea el motivo espiritual que atrae a los visitantes, esta guardiana de un territorio sagrado goza de un fuerte imán para los turistas. Según los datos municipales de la región, Bernal recibe entre 20,000 y 30,000 visitantes cada mes, turismo que conforma su principal sustento económico.
Aunque la altura de la peña sobre el terreno pueda parecer modesta para algunos, la escalada es asumible y muy hermosa, con un ascenso de unos 45 minutos hasta el punto más alto de Peña de Bernal. Escalada aparte, existen muchas otras actividades que hacer en los lugares con naturaleza en Querétaro.
Desde rutas enológicas y gastronómicas para descubrir el vino y la comida de la región -los viñedos de Finca Sala Vivé o la Bodega Freixenet, así como sus quesos y dulces, recomendando la Casa Museo del Dulce en Bernal- hasta, simplemente, recorrer sus calles. Más allá de las principales actividades turísticas de la zona, empaparse de la cultura viva de Peña de Bernal es en realidad el mejor modo de conocer la región y zambullirse de pleno en su esencia más profunda.
Por ejemplo, a través de sus manifestaciones artísticas, donde el pozo cultural de Querétaro es ya una referencia a nivel nacional por su actividad. Uno de los ejemplos son los llamados Recorridos o Noches de Leyendas, en las que se narra tanto la vida de personajes históricos de épocas distantes y dispares, como los clásicos de La Llorona, La misa de medianoche o el Charro Negro, prácticamente cada fin de semana. O mitos autóctonos como El Tesoro de Bernal. Más que una fortuita formación volcánica y un pueblo fundado por el colonialismo español, el Pueblo Mágico de Bernal y su Peña representan ese portal inmortal a la identidad mexicana. Donde historia y leyenda, rito y arte consiguen atraer con una fuerza inmortal y poderosa a miles de turistas cada mes. Un lugar fácilmente accesible, como puede comprobarse a través del Sitio de ETN, al que es obligatorio acudir y vivir al menos una vez en la vida.
Según cuenta la historia, la Hacienda Galindo fue el regalo que entregó Hernán Cortés a “La Malinche” en 1524, en agradecimiento a su extraordinaria actitud de servicio y sus conocimientos.Es un hermoso lugar ubicado en la carretera Amealco-Galindo en San Juan del Río, Querétaro a una distancia de 180 km y tan solo dos horas del bullicio de la Ciudad de México y del área metropolitana.
Las habitaciones están diseñadas de manera elegante y minimalista, que te invitan a la relajación y te trasladan al pasado, con la belleza del presente y el deseo del futuro. La cama es uno de los elementos más atractivos, ya que permite el descanso a todo esplendor.Dentro de sus servicios destaca el Spa Misaya donde el México colonial se fusiona con las prácticas e influencias holísticas del mundo en un espacio que ofrece reconexión con la naturaleza a través de un auténtico temazcal, clases de yoga, sesiones de meditación, equinoterapia y vinoterapia.
Para complementar las experiencias de los huéspedes, en sus estancias podrán hacer uso de la pista de jogging de 600 metros, alberca climatizada y una sala de juegos que incluye billar, hockey, ping pong, futbolito y juegos de mesa.Aunado a esto ofrece actividades de recreación como recorrido de leyendas, fogata en el jardín, paseos a caballo y renta de bicicletas. Además, al ser un hotel para toda la familia los niños podrán disfrutar del Club Fiesta Kids, área de juegos y tour en granja.
Su ubicación le permite cercanía a lugares de interés como Peña de Bernal, Tequisquiapan, Amealco y Querétaro capital, así como a diversos viñedos tradicionales, entre ellos La Redonda y Freixenet, por lo que es posible realizar tours y catas de vino, incluso la visita a una planta de cerveza artesanal para sus huéspedes.
