Los impuestos son las contribuciones que, por ley, los ciudadanos y las empresas deben pagar para que el Estado pueda cubrir las necesidades comunes. Los contadores trabajamos a diario con ellos y realmente son una cuestión a la que estamos habituados.
Algunas civilizaciones de la historia han logrado gran poder gracias a las contribuciones de sus habitantes. En un principio las personas contribuían con su trabajo y bienes como pieles, parte de sus cosechas, terrenos y animales. Más adelante comenzaron a recaudarse metales como el oro, la plata y el cobre.
Civilizaciones tan antiguas como la de Babilonia o la del Valle del Indo establecieron sistemas de recaudación. Aunque hay mucho que se desconoce de estas primeras civilizaciones humanas, buena parte de lo que dejaron por escrito tenía relación con la vida comercial.
Una de las primeras funciones de la escritura fue la de llevar un registro de la compra y venta de artículos así como los contratos celebrados entre particulares, del mismo modo se registraban las aportaciones de los ciudadanos al erario público. Estas dos civilizaciones acabaron por desaparecer y dejaron muchas preguntas sobre su estilo de vida, sistema de jerarquización social y religioso, así como sobre los motivos últimos para su disolución.
Ya en la península Helénica surgen las primeras ciudades estado y con ella una de las primeras civilizaciones en cobrar impuestos a sus ciudadanos. Tampoco hay que olvidar que los griegos fueron una de las civilizaciones más destacadas en el comercio.
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Los griegos se dedicaban principalmente a la agricultura y al comercio marítimo de granos, especias, papiros, cerámica, vino, aceite de oliva, mármol y monedas de plata. Sólo los más ricos pagaban tributos que eran aplicados a las casas, vino, esclavos, heno, ganado, entre otros bienes.
Si bien es cierto que la mayor parte de los ingresos públicos procedían de las aportaciones del patrimonio real, esto no era suficiente para cubrir todos los gastos públicos. Se demandaban obras públicas, había que sufragar los eventos religiosos, costear la celebración de las fiestas y mantener limpias las calles. Igualmente, en Grecia también surge algo muy similar a lo que hoy en día podría ser Hacienda.
El Tesoro de Delos
Es el caso del Tesoro de Delos, que terminó trasladándose a Atenas. Inicialmente, este Tesoro se ocupaba de conseguir ingresos para financiar un ejército y una armada. El Estado no solo recaudaba unos ingresos públicos, sino que también ejercía una función de distribución de la riqueza. En este sentido, los ciudadanos más acaudalados, al acudir a ciertos eventos festivos, debían hacer una contribución.
La moneda en la Antigua Grecia
Los egipcios fueron de las primeras civilizaciones en acuñar monedas. Los distintos sellos que se imprimían sobre el metal aseguraban que el peso de la pieza correspondía a cierto valor. Recordemos que metales como el oro, la plata y el cobre eran preciados por su escasez y pronto se volvieron un bien con valor universal que sustituyó el trueque.
Sin embargo, era fácil hacer aleaciones no tan puras de los metales o trastocar la báscula al momento de pesar las piezas de metal. Por ello las monedas comenzaron a ser una forma válida de dinero, el sello significaba que un gobierno avalaba el valor de la moneda. Ciudades estado como Atenas comenzaron a acuñar monedas con búhos y otros animales para reconocer su origen.
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La naturaleza de los impuestos se basa en las contrapartidas, es decir, se paga una cantidad determinada al Estado a cambio de recibir una serie de prestaciones públicas.
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