José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, es uno de los personajes más emblemáticos y controvertidos de la historia de México. Porfirio Díaz fue un destacado político y militar oaxaqueño que gobernó México en varios períodos durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Su trayectoria hacia la presidencia estuvo marcada por una profunda evolución personal y un liderazgo militar clave en momentos decisivos para la nación.
Primeros Años y Formación
Porfirio Díaz nació en Oaxaca, en la antes provincia de Antequera, la noche del 15 de septiembre de 1830 y fue bautizado por su padrino José Agustín Domínguez ese mismo día. A mediados de 1833, se desarrolló una epidemia de cólera morbus, en la ciudad de Oaxaca. Su padre no alcanzaría a vislumbrar las alturas que su hijo Porfirio alcanzaría en la historia de México, pues lo dejó huérfano cuando este contaba apenas 3 años de edad, víctima de la epidemia de cólera.
A principios de agosto, José Faustino Díaz se vio infectado, y el 29 de agosto dictó su testamento, dejando todos sus bienes a su esposa, Petrona Mori. Así es como describe Porfirio Díaz en sus Memorias, la situación familiar tras la muerte de su padre: «Su buen juicio y sus deberes de madre le proporcionaron la manera de prolongar por mucho tiempo aquellos escasos recursos». Las jovencitas Díaz: Manuela, Desideria y Nicolasa se dedicaron a tejer, costurar, y a hacer buenos postres y alimentos para vender y mantener un sustento económico en la familia; Petrona Mori, sembró nopales para la producción y venta de la grana cochinilla.
En 1835, Porfirio ingresó a la Escuela Amiga, institución educativa controlada por la parroquia de Oaxaca donde aprendió a leer y escribir. En 1841, a la edad de 11 años, el niño Porfirio Díaz fue hecho aprendiz de carpintero, por encargo de su madre Petrona. El padrino de Porfirio, José Agustín Domínguez y Díaz, quien era sacerdote y llegaría a ser Obispo de Antequera, recomendó a su madre apresurar el ingreso de su hijo al Seminario Tridentino de Oaxaca. En 1843, Porfirio ingresó al seminario, comenzando con un bachillerato en artes. Durante tres años, hasta 1846, Porfirio estudió física, matemáticas, lógica, gramática, retórica y latín.
Porfirio Díaz daba clases de latín a Guadalupe Pérez, hijo del licenciado serrano destacado Marcos Pérez, quien tenía una fuerte y cercana relación con Benito Juárez. Un día al finalizar una de sus clases, el licenciado Marcos Pérez invitó al joven Porfirio a asistir a una entrega de premios en el Colegio Liberal. Al observar el trato abierto y respetuoso de Marcos Pérez y Benito Juárez, y al escuchar discursos que hablaban de los jóvenes como amigos, y los derechos del hombre, (cosa que no sucedía y tomaba en cuenta en el seminario) Porfirio decidió abandonar el seminario e ingresar en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, entonces considerado herético. A pesar de haber sido un alumno regular durante toda su carrera escolar, Díaz logró salir adelante en los estudios de derecho, y a fines de 1850, se convirtió en maestro en ese mismo instituto. Poco tiempo después, y ante la situación económica que pasaba su familia, Porfirio se convirtió en bolero, más tarde trabajó en una armería ensamblando y arreglando rifles, al tiempo que consiguió trabajo como carpintero. En 1854, sustituyó a Rafael Urquiza como bibliotecario del Instituto. Cuando Manuel Iturribarría, profesor de la cátedra de derecho natural, abandonó el puesto por enfermedad, Díaz se convirtió en profesor interino. Esto mejoró en parte su situación económica y la de su familia. Díaz estudió derecho romano, materia que aprobó con la mejor calificación de su generación.
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Carrera Militar Ascendente
La Intervención Estadounidense y el Plan de Ayutla
En 1846, a los 16 años de edad, Porfirio Díaz comenzó a dar señales de lo que sería su fuerte carácter y personalidad, al enrolarse en el ejército para defender al país de la invasión estadounidense de 1846-1848. Al producirse la Intervención estadounidense en México, en el seminario de Oaxaca surgió la inquietud de luchar contra los invasores, idea que fue respaldada y alentada por los sacerdotes y maestros. En octubre de ese año, varios alumnos se dirigieron a ver al gobernador del Estado y solicitarle su ingreso al ejército nacional. Porfirio Díaz estaba en ese grupo, y los cadetes fueron asignados al Batallón de San Clemente.
La carrera militar y política de nuestro protagonista tuvo su inicio con la proclamación del Plan de Ayutla, bajo el liderazgo de Juan N. Álvarez. El 1 de marzo de 1854, en Ayutla de los Libres, actual Estado de Guerrero, Florencio Villareal y Juan N. Álvarez proclamaron el Plan de Ayutla contra el presidente Antonio López de Santa Anna, quien estaba en el poder por décima primera ocasión desde el 20 de abril de 1853. Este audaz movimiento se erigió en oposición a la undécima presidencia de Antonio López de Santa Anna. El 9 de agosto de 1855, Santa Anna renunció a la presidencia y se embarcó en el puerto de Veracruz rumbo a Cuba. Juan N. Álvarez, quien había encabezado la revolución, fue nombrado presidente provisional. El 27 de agosto, Benito Juárez regresó de su exilio en el extranjero y fue nombrado gobernador de Oaxaca. Celestino Macedonio, quien era el secretario de Gobierno Estatal, nombró a Díaz como jefe político del distrito de Ixtlán. En calidad de subprefecto del distrito de Ixtlán, el joven Porfirio demostró su capacidad organizativa al establecer y liderar una guardia que desempeñó un papel trascendental en el primer sitio de Oaxaca a fines de 1856. En premio a sus servicios por la causa liberal, el presidente Ignacio Comonfort confirió a Díaz el mando militar del istmo de Tehuantepec, en la cabecera de Sto. Domingo Tehuantepec. Tras la victoria del movimiento liberal, el presidente Ignacio Comonfort depositó en él la responsabilidad del mando militar en el Istmo de Tehuantepec, una tarea crucial para contener los avances de los conservadores.
La Guerra de Reforma y la Intervención Francesa
Durante el periodo tumultuoso de la Guerra de Reforma, conocida también como la Guerra de los Tres Años, que se extendió desde el 17 de diciembre de 1857 hasta el 1º de enero de 1861, el destacado líder Benito Juárez asumió la presidencia constitucional interina. Al estallar la guerra de Reforma, Díaz peleó en varias batallas, como en la acción militar de Calpulalpan, bajo las órdenes de José María Díaz Ordaz e Ignacio Mejía. En este contexto histórico, Porfirio Díaz desempeñó un papel activo y participó en diversas batallas que marcaron un hito en su trayectoria. Entre ellas, la Batalla de Calpulalpan destacó como un testimonio de su destreza y valentía. En tres años le fueron conferidos los cargos de mayor, coronel y teniente general.
Durante el conflicto de la Segunda Guerra de Intervención Francesa (1862-1867), Porfirio Díaz desempeñó un papel destacado en varias batallas que han dejado una huella imborrable en la historia. Entre estos eventos cruciales se encuentra la famosa Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862, donde su valiente intervención contribuyó a la derrota de los franceses. El 5 de mayo, Díaz y otros militares intervinieron en la batalla de Puebla, donde lograron derrotar a los franceses y hacerlos retroceder hasta Orizaba. Díaz defendió el ala izquierda de la ciudad, y rebatió en dos ocasiones el ataque francés.
El 15 de octubre de 1863 el presidente Benito Juárez lo nombró General de División y el 28 del mismo mes se le dio el mando militar de 4 estados: Veracruz, Puebla, Oaxaca y Tlaxcala. Resaltaron sus acciones militares en el estado de Oaxaca, en donde organizó guerrillas contra los franceses. Otro momento trascendental fue la toma de Puebla en 1867, un logro que le valió ser aclamado como el “héroe del 2 de abril” en la prensa nacional. El 2 de abril de 1867, Díaz tomó Puebla, y el 15 de junio de ese año recuperó para las tropas republicanas la Ciudad de México. Y una vez que el emperador Maximiliano de Habsburgo fue fusilado junto con Miguel Miramón y Tomás Mejía el 19 de junio de 1867, Díaz lideró la toma de la Ciudad de México dos días después. En reconocimiento a sus méritos, se le otorgó una división militar y una hacienda en Oaxaca, conocida como la Hacienda de La Noria. Cabe mencionar que durante el Segundo Imperio, Porfirio Díaz mantuvo una relación amorosa con la soldadera Rafaela Quiñones, de la cual nació su hija Amada Díaz el 7 de abril de 1867.
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El Camino Hacia la Presidencia: Planes y Elecciones
El Plan de La Noria: La No Reelección de Juárez
Una vez finalizada la guerra y restaurada la República, se hizo necesario convocar elecciones, ya que el presidente Juárez había permanecido indefinidamente en el poder debido a las circunstancias excepcionales. En las elecciones presidenciales de 1871, además de Juárez, Díaz y el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Sebastián Lerdo de Tejada, se postularon como candidatos. En los comicios celebrados el 27 de agosto de ese año, obtuvieron respectivamente 5,837, 3,555 y 2,874 votos. Díaz y Lerdo de Tejada impugnaron el resultado de las elecciones.
Fue desde este lugar que años más tarde proclamó el famoso Plan de La Noria, que resonaría en la historia de México, aunque diera tristes resultados a su autor. Es así como proclamó el llamado Plan de La Noria, con el que exhortó a los militares mexicanos a derrocar a Juárez. Entre sus postulados, se encontraban frases como: «La reelección indefinida, forzosa y violenta del Ejecutivo Federal ha puesto en peligro las instituciones nacionales» y «Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y esta será la última revolución».
Díaz acertaba plenamente al afirmar que la reelección indefinida representaba una amenaza para las instituciones nacionales, ya que al fortalecer a un líder debilitaba a las demás instituciones, lo que resultaba en una institucionalidad débil en lugar de una fuerte. Díaz tenía una clara comprensión de la raíz del problema cuando señalaba que “la reelección indefinida es un mal de menor importancia en comparación con la perpetuidad de un ciudadano en el ejercicio del poder, que con la conservación de prácticas abusivas, confabulaciones dañinas y la exclusión de otras inteligencias e intereses, que son consecuencias inevitables de la inmutabilidad de los empleados en la administración pública”. “La continuidad del poder en un mismo individuo ha sido frecuentemente el término de los gobiernos democráticos. Las elecciones repetidas son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como permitir que un mismo ciudadano ejerza el poder durante mucho tiempo.
Además, en el Plan de La Noria, Porfirio Díaz presentaba su programa de acción. Lucharía por la causa del pueblo, y el pueblo sería el único dueño de su victoria. Su bandera sería la “Constitución de 1857 y la libertad electoral”, y su programa se basaría en “menos gobierno y más libertades”. Propuso la formación de una convención integrada por tres representantes de cada estado, elegidos popularmente, para establecer un programa de reconstrucción constitucional y nombrar a un Presidente Constitucional de la República, excluyendo al actual líder de la guerra. Este plan de acción también incluía una serie de propuestas concretas, como la elección directa y personal del presidente, la prohibición de que cualquier ciudadano que haya ejercido autoridad o cargos con funciones nacionales en el año anterior pueda ser elegido, y la necesidad de que el Congreso de la Unión solo tenga funciones electorales en asuntos puramente económicos, sin intervenir en la designación de altos funcionarios públicos. Asimismo, se planteaba la aprobación de la Cámara para el nombramiento de secretarios de despacho y cualquier empleado o funcionario que percibiera más de tres mil pesos anuales. Se garantizarían derechos y recursos propios a los ayuntamientos como elementos indispensables para su libertad e independencia. Además, se establecería el juicio por jurados populares para todos los habitantes de la República, quienes tendrían la responsabilidad de declarar y calificar la culpabilidad de los acusados, mientras que los funcionarios judiciales solo aplicarían las penas establecidas por las leyes existentes.
La Caída de Juárez y la Ascensión de Lerdo
A pesar de los nobles ideales planteados en el Plan de La Noria, la Revolución sería aplastada primero por la fuerza y luego por los resultados electorales. El 18 de julio de 1872, apenas unos años después, Juárez falleció en la Ciudad de México y Sebastián Lerdo de Tejada asumió la presidencia interina en su calidad de presidente de la Corte, convocando a elecciones extraordinarias. En estas elecciones, Lerdo de Tejada obtuvo 9,520 votos (equivalentes al 92.32%), mientras que Porfirio Díaz solo recibió 604 votos. A través de su ministro de Guerra y Marina, Lerdo decretó una amnistía para todos los revolucionarios de La Noria.
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El Plan de Tuxtepec: La Rebelión Contra Lerdo
El 23 de diciembre de 1875, Lerdo anunció su candidatura a las elecciones presidenciales de 1876, buscando su reelección. Con un rotundo triunfo, obtuvo 7,536 votos (equivalentes al 90.93%), superando ampliamente a José María Iglesias, quien solo logró 368 votos a su favor. Este segundo mandato presidencial estaba programado para comenzar el 1° de diciembre de 1876 y concluir el 30 de noviembre de 1880. Tomó armas contra el gobierno federal en dos ocasiones: la primera contra Benito Juárez, con el Plan de La Noria, y posteriormente, contra Sebastián Lerdo de Tejada, elaborando el Plan de Tuxtepec.
En el Plan de Tuxtepec, tras establecer que “las leyes supremas de la República son la Constitución de 1857, el Acta de Reformas promulgada el 25 de septiembre de 1873 y la Ley del 14 de diciembre de 1874”, se añadió en el artículo 2º que “la no reelección del presidente de la República y de los gobernadores de los Estados” tendría el mismo carácter de ley suprema. Al igual que en el Plan de La Noria se enfatizaba “la insurrección nacional que devolverá su imperio a las leyes y a la moral ultrajadas, basada en nobles y patrióticos sentimientos de dignidad y justicia”. Ahora, en el Plan de Tuxtepec, se afirmaba que “la República Mexicana está gobernada por un sistema político abusivo, que desprecia y viola la moral y las leyes, corrompe a la sociedad, menosprecia las instituciones y hace imposible remediar tantos males por medios pacíficos”.
A pesar de las derrotas militares sufridas por Díaz y sus seguidores, finalmente lograron vencer a las tropas lerdistas en la batalla de Tecoac el 16 de noviembre de 1876, con el apoyo de refuerzos liderados por su compadre Manuel González, quien perdió el brazo en dicho combate y fue conocido como “El Manco de Tecoac”. Díaz llegó a la capital el 21 de noviembre, asumiendo el cargo de presidente provisional el 26 de ese mismo mes, y dejando el gobierno en manos de Juan N. Méndez para organizar las elecciones, mientras él coordinaba las operaciones militares para atacar y derrotar a Iglesias. Con Lerdo exiliado en Nueva York e Iglesias en San Francisco, Porfirio Díaz fue elegido presidente constitucional para su primer mandato.
Primer Gobierno Constitucional y el Interludio de Manuel González
Porfirio Díaz ejerció el cargo en forma constitucional del 5 de mayo de 1877 al 30 de noviembre de 1880. A su llegada a la presidencia, Porfirio Díaz se encontró con las finanzas nacionales totalmente quebradas, lo que afectó de alguna manera el crecimiento del país, además, su prioridad fue establecer el orden y la paz social.
Posteriormente, Díaz fue sucedido en la presidencia por su compadre Manuel “El Manco” González, quien gobernó desde el 1° de diciembre de 1880 hasta el 30 de noviembre de 1884. Durante este período, se llevaron a cabo importantes cambios. No solo se abolió el sistema de alcabalas o aduanas interiores, de acuerdo con lo establecido por el Plan de La Noria, sino que también se modificaron los términos de sucesión en caso de faltas temporales y absolutas del presidente de la República. En lugar de que dicha sucesión recayera en el presidente de la Suprema Corte, ahora sería responsabilidad del presidente o vicepresidente del Senado, o de la comisión permanente durante los períodos de receso.
Antes de hablar del segundo periodo de Díaz en el poder, es menester mencionar que su primera esposa falleció el 8 de abril de 1880, antes de que finalizara su primer mandato presidencial. Posteriormente, contrajo matrimonio con Carmen Romero Rubio el 5 de noviembre de 1881.
La Consolidación del Porfiriato y la Reelección Perpetua
Bajo su liderazgo, Díaz regresó a la presidencia el 1° de diciembre de 1884, para un período de cuatro años. Así pues, durante su segundo mandato presidencial (1884-1888), se llevó a cabo una reforma constitucional el 21 de octubre de 1887, que permitió la reelección del presidente para un único período constitucional inmediato. Después de ser reelegido en 1888 para el período inmediato y para un tercer mandato presidencial (1888-1892), se realizó una nueva modificación constitucional el 20 de diciembre de 1890. Con estas modificaciones, Díaz logró imponerse y perpetuarse en el ejercicio del poder indefinidamente. Fue reelegido para un tercer mandato consecutivo y luego para un cuarto mandato presidencial (1892-1896). El tiempo que acumuló ejerciendo el cargo de presidente de México tuvo una extensión sin precedentes, llegando a los treinta años con ciento cinco días. Sin embargo, como es de conocimiento público, Díaz se mantuvo en el poder hasta el 25 de mayo de 1911, lo que implicó un total de 34 años en el cargo, incluyendo los cuatro años de gobierno de su compadre.
Períodos Presidenciales de Porfirio Díaz
| Período | Inicio | Fin | Observaciones |
|---|---|---|---|
| Provisional (1ª vez) | 28 de noviembre de 1876 | 6 de diciembre de 1876 | Tras la victoria del Plan de Tuxtepec. |
| Provisional (2ª vez) | 17 de febrero de 1877 | 5 de mayo de 1877 | Después de dejar el cargo en manos de Juan N. Méndez. |
| Constitucional (1er mandato) | 5 de mayo de 1877 | 30 de noviembre de 1880 | Primer mandato constitucional. |
| Presidencia de Manuel González | 1 de diciembre de 1880 | 30 de noviembre de 1884 | Interludio presidencial. |
| Constitucional (2º mandato y reelecciones) | 1 de diciembre de 1884 | 25 de mayo de 1911 | Inicio del Porfiriato y reelecciones continuas. |
El Legado y la Caída de Porfirio Díaz
Lo más importante que hizo Porfirio Díaz fue consolidar un largo período de estabilidad política y promover el desarrollo económico en México a través de políticas modernizadoras y la atracción de inversiones extranjeras. Durante su liderazgo, implementó reformas para modernizar y desarrollar el país, pero también generó desigualdades y reprimió la oposición. Si bien las políticas económicas del General trajeron consigo la modernización y crecimiento de la economía mexicana, el porfiriato se caracterizó por ser un régimen represivo que recurría a la fuerza para imponerse, cuando no funcionaban las prácticas de conciliación. La paz que se impuso durante el Porfiriato brindó un enorme avance económico, científico y cultural para el país. Durante el Porfiriato en México, que abarcó desde 1876 hasta 1911, Porfirio Díaz gobernó de manera autoritaria, promoviendo la modernización y el desarrollo económico del país. Si bien hubo avances en infraestructura y estabilidad, el régimen también generó desigualdad, represión política y la concentración de poder.
Uno de los aspectos que afectó con el paso de los años al gobierno de Porfirio Díaz fue la división de clases, una insatisfacción política que ocasionó el surgimiento de grupos contrarios a él. Después de los sucesos de Cananea y Río Blanco en 1907, Díaz otorgó una entrevista al periodista estadounidense James Creelman, en 1908. En dicha publicación Díaz declaró: "He esperado pacientemente que llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país." A raíz de estas declaraciones, se crearon partidos políticos de oposición para las elecciones que se llevarían a cabo en 1910, destacando el partido Anti-reeleccionista, encabezado por Francisco I. Madero. Esta situación de inestabilidad política fue aprovechada por Francisco I Madero, quien encabezó el movimiento ciudadano que desembocó en la renuncia de Porfirio Díaz (1830-1915), ya que se había mantenido tres décadas en el poder mediante sucesivas reelecciones. Para el 25 de mayo de 1911, Díaz decidió renunciar a la presidencia para evitar males mayores. Poco después, salió al exilio, abordando la embarcación Ypiringa en el puerto de Veracruz, que la llevaría a París, donde moriría el 2 de julio de 1915.
La percepción de Porfirio Díaz como un héroe es controvertida debido a las diferentes interpretaciones históricas y opiniones divergentes. Algunos lo consideran un héroe por su liderazgo en la modernización y desarrollo económico de México durante el Porfiriato, que trajo estabilidad y progreso al país. Sin embargo, también se le critica por su gobierno autoritario, desigualdad social y falta de democracia, lo que llevó a la posterior Revolución Mexicana.
