La esclavitud fue la base de la sociedad antigua. Su aparición viene explicada por la transformación de la sociedad agrícola nómada en sedentaria, la aparición del comercio y la acumulación de riquezas, el establecimiento de la propiedad privada y el desarrollo de unas jerarquías sociales más complicadas. El Imperio Romano representó el período de mayor esplendor del modo de producción esclavista. Muchos de los grandes avances de su civilización no hubiesen sido posibles sin la presencia de un gran número de esclavos que se encargaban de numerosas tareas, desde la educación de los hijos hasta los trabajos del campo, pasando por un gran número de tareas cotidianas.
Para los romanos, la esclavitud era una parte incuestionable e incluso necesaria de su modo de vida. Para el derecho romano la esclavitud era una institución de derecho de gentes, no de derecho natural. Eso significaba que un hombre podía nacer libre y convertirse en esclavo, pero también podía salir de la esclavitud alcanzando, incluso, la ciudadanía romana. Los esclavos, considerados propiedad de sus dueños, carecían de derechos legales y personales. Sin embargo, el derecho romano también reconocía ciertas limitaciones a los abusos contra los esclavos y establecía algunas protecciones legales para ellos.
Se ha dicho que los romanos consideraban a los esclavos como objetos, y algunos ciertamente los veían así: el escritor Varrón se refería a ellos como “instrumentos agrícolas parlantes”. Pero sería más preciso decir que en general eran vistos como propiedades, del mismo modo que lo eran los bueyes o caballos: ciertamente seres vivos, pero carentes de libertad y comprados para satisfacer las necesidades de su amo.
La Esclavitud como Pilar Económico y Social
El Imperio Romano se construyó gracias a la expansión territorial y, por tanto, militar. Las conquistas permitieron que la "gasolina" económica del imperio no escasease. Mientras continuaran produciéndose, seguiría habiendo esclavos y estos eran fundamentales. La expansión romana generó una dislocación entre la economía esclavista y el sistema republicano. Paralelamente, a nivel económico la innovación decisiva de la expansión romana fue el latifundio esclavista, que transformó el campo italiano y posteriormente el hispano, el norteafricano y el galo. Las conquistas militares permitieron poner a disposición de las élites romanas grandes cantidades de tierra y de esclavos. El militarismo depredador republicano fue el principal mecanismo de acumulación económica. La guerra aportó tierras, tributos y esclavos.
Se produjo un desarrollo pleno de la economía esclavista, algo que no había ocurrido en ningún imperio tributario anterior. Como resultado de su rápida expansión territorial y de su propia evolución interna, la República romana pasó de una economía de pequeños productores agrícolas a un sistema de producción basado en la gran propiedad de la tierra y en la generalización del trabajo esclavo. En realidad, el sistema esclavista ya existía antes del siglo II (a.C.), pero durante este siglo adquirió su forma específicamente romana. Las victorias militares permitieron la llegada de un mayor número de esclavos a precios baratos, acelerando la generalización de su uso.
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A partir del siglo II a.C. las conquistas romanas generaron un flujo regular de esclavos, abaratando su precio: lo que hasta entonces había sido una práctica de los patricios empezó a estar al alcance de plebeyos pudientes y, más adelante, incluso de los ciudadanos corrientes, hasta el punto que los esclavos llegaron a constituir hasta un 30% de la población de los territorios romanos. Se libraban constantemente guerras de rapiña como importante fuente de obtención de esclavos. Las fuentes de esclavos eran varias. La más importante, aunque no la única, fue la guerra, propiamente un medio de producción de esclavos. Otra fuente importante eran las deudas, aunque la esclavitud por deudas fue abolida para los ciudadanos romanos, no fue así para aquellos morosos de provincias.
Los esclavos se adquirían de dos maneras, como botín de guerra o en el mercado. Para comprarlos, se establecieron mercados de esclavos en muchas ciudades. Los esclavos se utilizaban en las economías domésticas, eran ampliamente utilizados en las tareas de construcción y en la minería. También fueron empleados en los servicios, aunque mucho menos en la industria artesanal. A continuación, se presenta una tabla comparativa de los precios y salarios en el principado de Augusto:
| Gasto / Ingreso | Precio (Sestercios anuales) | Equivalencia (años de alimentación familiar) |
|---|---|---|
| Alimentación básica familia (4 miembros) | 1.000 | 1 |
| Sueldo legionario | 900 | 0.9 |
| Trabajo manual (rango) | 700 - 1.500 | 0.7 - 1.5 |
| Esclavo "básico" (precio estimado) | 1.000 - 2.000 | 1 - 2 |
Comprar un esclavo era una inversión cara, pero todavía asequible incluso para un ciudadano corriente, del mismo modo que lo sería hoy en día comprar un coche. Los esclavos especialistas, como los tutores, sí que podrían ser considerados bienes de lujo desde la perspectiva romana; y para los ricos patricios, el hecho de poseer muchos esclavos era otro modo de ostentación.
Crisis del Siglo III y el Declive del Sistema Esclavista
Era previsible que el Imperio Romano entrase en crisis cuando las circunstancias que permitieron su desarrollo y expansión cambiasen, o mejor dicho, se detuvieran. A partir del siglo III, la falta de mano de obra esclava fue un problema grave para toda la economía romana, especialmente, en el ámbito de la producción artesanal y agraria. Esto se debió a que las fuerzas productivas no podían desarrollarse más en el marco de relaciones de producción de la sociedad esclavista. La explotación de los esclavos, basada en la coerción extraeconómica, adquiría proporciones monstruosas, y a la explotación y a la violencia, los esclavos respondían con un bajo rendimiento y con el deterioro de los instrumentos.
Además, los costes de mantener el limes de las amenazas de los bárbaros generaron un aumento de los gastos para las autoridades romanas. Los emperadores romanos, al subir los impuestos como forma de aumentar sus ingresos, no fueron muy originales. Para terminar de complicar la situación, los emperadores se vieron en la necesidad de devaluar la moneda, ya que escasearon el oro y la plata. Prácticamente desaparecieron el áureo y el denario, y fueron de latón y de bronce las monedas en circulación. Al ser de peor calidad, se precisaban de una mayor cantidad, provocando el aumento de los precios.
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Conflictos Sociales Internos
En el régimen esclavista, la clase dominante, compuesta por dueños de esclavos (grandes terratenientes, dueños de talleres, comerciantes y usureros), explotaba a la numerosa clase de los esclavos. Existían también capas intermedias de población libre, como pequeños propietarios (artesanos y campesinos) y el “lumpenproletariado” proveniente de artesanos y campesinos arruinados. Con la disgregación de la sociedad esclavista, la lucha de clases alcanzó su punto culminante. Las sublevaciones de esclavos se entremezclaban con la lucha de los pequeños campesinos arruinados contra los grandes propietarios de tierras.
La ruina de los pequeños propietarios, quienes además de sufrir una ausencia dilatada de sus explotaciones como consecuencia de las cada vez más largas campañas militares, no pudieron resistir la competencia de los bajos precios de los cereales importados desde las provincias africanas. Muchos de ellos tuvieron que proletarizarse en la agricultura o emigrar a las ciudades, especialmente a Roma, donde era difícil encontrar trabajo (dado que el comercio y la artesanía estaban ya ocupados por esclavos y libertos) y donde muchos fueron atrapados (y manipulados) en las redes clientelares de la nobleza y la nueva plutocracia. Esto generó agitación campesina en demanda de tierras y dificultades económicas del proletariado urbano, lo que se tradujo en una movilización contra la oligarquía senatorial.
Respuestas Políticas y la Fragmentación del Imperio
Las dificultades de los emperadores para hacerse con el control de la situación acabaron provocando una solución, casi inevitable: era necesaria la división del imperio para poder así gobernarlo de forma más eficaz. Fue Diocleciano el que planteó la primera división en el año 293, aunque más bien era un reparto de poder entre dos Augustos y dos Césares. Esta solución no tuvo mucho éxito, ya que los enfrentamientos entre los augustos y sus sucesores no tardaron en producirse. El ejército acabó situándose siempre del lado de aquel que garantizase sus pagas. En muchos casos, un reinado era cuestión de días.
Además, los pueblos germánicos, que hasta finales del siglo III habían sido detenidos con éxito en el limes septentrional, fueron ya imparables en el siglo IV. No fueron pocos los emperadores que, ante la nueva situación, negociaron con los invasores. A cambio de permitirles el asentamiento, estos debían de convertirse en defensores de Roma. Fue Teodosio el emperador que finalmente, a finales del siglo IV, estableció la división definitiva del imperio en dos mitades. A su muerte en el año 395, sus hijos, Arcadio y Honorio, recibieron el Imperio de Oriente y el Imperio de Occidente, respectivamente.
La Caída y la Transición al Feudalismo
La caída del régimen esclavista en Roma fue acelerada por las invasiones. Lo inevitable en el Imperio Romano de Occidente acabó ocurriendo en el siglo V. En el 476 el godo Odoacro acabó deponiendo oficialmente al último emperador, Rómulo Augústulo. La agudización de la lucha de clases y la irrupción desde fuera condujeron a la destrucción del régimen esclavista y su sustitución por el feudalismo. La forma de explotación esclavista es reemplazada por otra, la explotación feudal. Con la eliminación del modo esclavista de producción, la esclavitud no desaparece por completo.
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