Los MCS (Modelos de Contabilidad Social) contienen la descripción estadística y contable que asocia una representación del acontecer social, en su procesamiento e interpretación.
Independientemente de la complejidad técnica y matemática que implica el MCS, subyace el concepto teórico con que se analizan las variables y se delinea el cariz de la propuesta para resolver la problemática identificada. Mediante el análisis econométrico elucida los mecanismos, procedimientos y objetivos a conseguir, así como el espacio y tiempo que ocupa.
La Relación entre Contabilidad Nacional y Teoría Económica
La contabilidad nacional y la teoría económica están relacionadas estrechamente. La interacción social que proponen los MCS no ha sido fácil de delimitar desde la perspectiva de cuentas nacionales, porque su planteamiento teórico y técnico describe categorías económicas y financieras, además la contabilidad económica es relativamente reciente en el desarrollo de la teoría económica.
Walras (Walker y Daal, 2014) formalizó una sistematización de las funciones de demanda y oferta; propuso que los individuos que poseen factores de producción (trabajo y capital) se integran en familias que demandan bienes producidos y empresas que demandan factores de producción y producen bienes, que mediante la tecnología interactúan retomando la Ley de Say; y supone que en el mercado, los precios de los factores son de equilibrio, porque la producción y el consumo se igualan para generar un equilibrio general.
La crisis de los años treinta evidenció la efectividad de las fuerzas de mercado para sostener por sí solas el equilibrio general. Keynes propuso contabilizar los flujos de demanda y oferta para identificar los problemas que afectaban a la demanda efectiva y desplazaban el equilibrio general; tendió el camino a la integración de un sistema de estadística derivada, que dio paso a la contabilidad social.
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Así, Keynes cuestiona la efectividad del mercado para equilibrar la demanda con la oferta de los factores de producción y su distribución del ingreso, critica la fragilidad e imperfección de los mercados y además sustenta la participación del gasto de gobierno para incentivar y orientar la demanda efectiva.
Kuznets (1937) apoyó el posicionamiento teórico de Keynes, aportó la medida del producto interno bruto (PIB) como indicador general de crecimiento económico; en contraposición a la TEG, cuestiona el empleo del PIB per cápita como indicador de bienestar (1955: 4). Concibe insuficiente este indicador para entender el bienestar económico y social entre países, además justifica la necesidad de estudiar las consecuencias en la distribución de beneficios entre el capital y el trabajo.
Por su parte, Walras aportó los componentes de las funciones de demanda y oferta por tipo de agente económico. Keynes los formalizó proponiendo su medición, lo que representa la base de los cuadros de oferta y utilización (COyU), y junto con Kuznets habilitó el análisis de la demanda efectiva.
El SCN delimita el equilibrio general propuesto por Walras a partir del PIB obtenido del intercepto entre las funciones de demanda y oferta. Describe cómo el ingreso generado en la producción se ajusta por los impuestos, tasas de interés y transferencias intersectoriales; también explica cómo fluyen los recursos entre los factores y cómo se asignan al consumo, el ahorro y la inversión.
Powelson (1958; 1963) afirma que la contabilidad social como técnica de estudio de la economía debe sustentar el análisis y la planeación de los gobiernos, no solo para auxiliar su gestión, sino que al formar parte de la teoría económica tiene que funcionar de manera semejante a la estadística y la matemática en otras disciplinas.
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La economía como ciencia social requiere de otras ciencias y técnicas como las matemáticas y las cuentas nacionales, que le aportan sustento a su cuerpo analítico, pero no puede abandonar este rigor científico a la axiomatización pura de conceptos.
Tanto la teoría económica, como las cuentas nacionales transitan de la congruencia conceptual y metodológica para expresar la realidad que refieren, hacia una consistencia interna, conforme se perfeccionan los registros estadísticos que sirven para medir las variables económicas.
No obstante, la congruencia y la consistencia técnica que el SCN aporta a la teoría económica tampoco resuelven en la práctica el problema de método, porque la contabilidad social que emerge de estas parece orientarse a resaltar el modelo de equilibrio general (MEG), como si fuese un todo absoluto para interpretar los indicadores generados.
El SCN retoma en sus COyU el concepto de flujo circular de valores de los bienes y servicios en la economía ideado por Quesnay (1767), lo cual permitiría a los países racionalizar sus recursos. La óptica de optimización que tienen gobierno y empresas promueve como herencia de la posguerra que el debate económico se oriente a responder cuestiones sobre qué, cómo, cuánto y dónde producir; por ello, el trabajo de Leontief con su modelo de insumo producto (1966), cuyo aporte es la matriz de insumo producto (MIP), ha sido tan replicado.
Con la MIP, la contabilidad nacional y su capacidad de expresión social se asumen como insumo estadístico para la teoría económica, pues facilita el empleo de modelos matemáticos. La contabilidad social posibilita a Debreu (1984), Arrow y Hahn (1983) y Mckenzie (2006) fundamentar la consistencia interna de la economía neoclásica a través del MEG.
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La medición de las cuentas nacionales es compleja debido al cúmulo de interrelaciones económicas y financieras que surgen como consecuencia de la actividad de los factores de producción; armonizar la medición de eventos macroeconómicos subyacentes no es fácil.
Tanto la axiomatización de preceptos teóricos, como el uso frecuente de modelos de simulación, justifican el apoyo que el SCN recibe de gobiernos y organismos internacionales para formular un sistema de estadística derivada que compara y evalúa las distintas experiencias en economía y sociales a nivel mundial.
Más allá del debate teórico y del interés de la comunidad internacional por contar con una medida de cada país en el sistema económico mundial, los economistas aceptan las cuentas nacionales como instrumento de análisis, así como su expresión social.
Danilo Astori (1991) cuestiona la universalidad de las cuentas sociales a partir de intereses de los organismos internacionales; por su contenido conceptual y estadístico que apuntala el rigor científico las ubica como instrumento de análisis y programación.
Aplicación Metodológica del SCN y el MCS
El aporte de este artículo se ubica en la aplicación técnico-metodológica del SCN de 1993 que sustenta a la contabilidad social descrita por sectores institucionales, debido a que el MCS vincula los flujos del sistema económico tanto con los sectores de actividad como con los institucionales de un país.
Asimismo, esta aplicación permite estudiar la estructura económica de diversas entidades e indagar sobre los efectos que provocan la política económica, fiscal o monetaria. Un MCS para sectores institucionales permite comparar resultados entre los agentes y las actividades que realizan; por su parte, las matrices de contabilidad social (MCS) derivadas describen cualquier tópico.
Las cuentas por sectores institucionales (CSI), desglosadas conforme al SCN 1993, recibieron un fuerte impulso por la ONU y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En 1998 México fue el quinto país, después de Inglaterra, Noruega, Holanda y Francia, en elaborar un sistema que describiese: producción, distribución, acumulación y financiamiento de los agentes económicos clasificados en sectores institucionales.
La versión vigente de 2008 del SCN no desglosa más las transacciones de distribución de ingreso y gasto entre sectores institucionales, tampoco precisa adiciones a la propuesta de elaborar un MCS para las cuentas institucionales. Por el contrario, aprovecha los desgloses logrados con la versión de 1993 en las sociedades no financieras y financieras, y amplía las transacciones de activos y productos nuevos como el software de las empresas y los mercados accionarios, de crédito y de valores.
El SCN determina los avances de medición estadística en cada país afiliado a la ONU y la OCDE. Actualmente, México tiene elaborada su MIP de 2013 que coincide con el SCN de 2008; la versión de MIP de 2008 se basó en el SCN de 1993, ambos estadísticos aportan elementos informativos por sector de actividad no disponibles desde la última matriz de 1980, apoyan diferentes estudios, algunos en plena correspondencia teórica con el MEG, basadas obviamente en la TEG.
En este contexto de elaboraciones, destacan, entre otros, los trabajos de:
- Casares et al. (2015), propone una estructura distributiva de impuestos y transferencias públicas para analizar la reforma fiscal de 2013.
- Harris (2002) aplica la técnica de entropía cruzada de análisis sectorial con la MIP, para estimar parámetros de la producción y consumo a nivel regional y local.
- Barboza et al. (2009) implementa idéntica técnica para procesar información del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM), utiliza la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), y elabora estimadores de sectores institucionales exógenos a las CSI.
- Sorbazo (2011) propone un modelo agregado por sector de actividad, desglosado en transacciones distributivas, con multiplicadores de impacto del gasto público en la economía, para medir el efecto de la política fiscal en el crecimiento económico.
- Núñez y Polo (2010) presenta una modelación que retoma los conceptos de PIB e ingreso disponible totales y construye un marco de referencia conceptual para elaborar MCS.
- Fuentes et al.
Minsky (1986) coincide con Keynes en que el sistema económico es por naturaleza un desequilibrio permanente porque la dinámica de (K) y (L) en las funciones de demanda y oferta en la producción y los mercados financieros es en sí misma un punto débil e inestable.
La propuesta de Keynes (1936) de analizar circuitos distributivos del ingreso en sus interrelaciones estructurales permite ver la formación del ingreso disponible del gobierno, cómo lo transfiere a los hogares, y determina en parte su nivel de ahorro e inversión productiva.
De acuerdo con Kuznets (1937), la medición del ingreso nacional es necesaria para definir políticas públicas que acompañen al bienestar de la población. El MCS que propone el SCN de 1993 no es tema acabado, deja abierta la posibilidad de aplicar técnicas y herramientas disponibles para su integración, por lo que su diseño y aplicación continúan en discusión.
En este contexto, González et al. (2017) proponen una metodología con expansores estadístico-matemáticos a la información del ingreso de los hogares según la ENIGH, que ajusta a las cuentas nacionales. Cortés y Vargas (2017) reconoce la condición estadística de subvaluación que tiene la encuesta, corrige la diferencia mediante estimación de rangos de subregistro y calcula su efecto a medida que la desigualdad en la distribución del ingreso es mayor que la desigualdad que se mide, y concluye que la encuesta debe replantearse a partir de los parámetros de discrepancia calculados por él; Bustos (2015; Bustos y Leyva, 2016; Bustos y Leyva, 2017) estima las distribuciones de ingresos ajustada por otras fuentes estadísticas y aplica un criterio de compatibilidad para armonizarlas, empleando un método de probabilidad de pseudo verosimilitud restringida, supone que puede compensar las respuestas subjetivas y establecer parámetros de distribución del ingreso para hogares con método de Gini en confronta con los ingresos reportados en la encuesta y el ingreso calculado.
Salvo en Bustos, el ajuste que proponen estos estudios no considera adicionar al dato de ingreso disponible de la encuesta información contable, registros administrativos ni datos de encuestas auxiliares especializadas por tipo de agente económico para su expansión, tal como lo hace el SCNM, que toma en cuenta a la ENIGH como insumo estadístico.
Esta investigación asume que la estimación de ingreso disponible de las cuentas nacionales es certera y que la desigualdad en su distribución para (K) y (L) no ocurre en esta fase de circulación, sino en la determinación de la masa salarial, que se origina en la producción, en la categoría de ingreso generado.
La distribución del ingreso explicita la circulación del dinero; por su parte, las cuentas distributivas describen definiciones de política fiscal y monetaria, mediante circuitos de distribución, redistribución y asignación de recursos y gastos.
En esta investigación se utiliza una metodología basada en el modelo de contabilidad nacional y social con aplicaciones de matrices y submatrices de clasificación y distribución de transacciones, sectores y subsectores institucionales. Para procesar los resultados obtenidos se emplea el multiplicador de gasto propuesto por Keynes.
Se parte de la fórmula general OTi=∑j=1ndfij+di, planteada por Leontief (1966), que si bien fue desarrollada para el esquema productivo, mediante la siguiente igualdad basada en el axioma de identidad matemática, se armoniza con el sector institucional ∂ij≡A∈ij.
Lo anterior nos permite conectar la actividad económica con el sector institucional.
Pese a la importancia que tanto organismos internacionales como gobiernos han dado al SCN, su difusión como estadística derivada no recupera el planteamiento ideado por Walras, sino que consiste y se difunde a partir del encuadre contable “T”, o mediante esquemas matriciales con sus respectivas derivaciones y desgloses; no se cuenta con una descripción holística que permita sistematizar el análisis de las interacciones que se originan entre sus variables como resultado de la acción del capital y el trabajo.
Este MCS retoma el concepto de sector institucional del SCN (1993), su delimitación se refiere al conjunto de unidades institucionales que realizan actividades económicas y efectúan transacciones con otras entidades; adicionalmente, tienen la capacidad de poseer activos y contraer pasivos (INEGI, 2000).
El gobierno general (GG) produce bienes y servicios no de mercado para la sociedad, redistribuye el ingreso a través de impuestos, subsidios y transferencias. Los hogares son consumidores finales de los bienes.
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