La ideología, entendida como el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, forma parte ineludible del ser humano. Cuando se aplica al ámbito económico, una ideología económica es una corriente de pensamiento que expresa la perspectiva sobre la forma en que debería funcionar la economía, siempre con un fin determinado. A diferencia de la teoría económica, que trata de aportar un punto de vista explicativo y objetivo sobre el comportamiento de la economía mediante la aplicación de determinados modelos y la sucesión de fenómenos, la ideología económica es la defensa de un conjunto de pensamientos de forma normativa.
La principal diferencia entre ideología económica y teoría económica reside en la postura del individuo. Mientras la teoría económica aborda el marco económico desde un punto de vista analítico, con el fin de entender el comportamiento de la economía, la ideología económica, como economía normativa, trata de imponer un punto de vista subjetivo para la consecución de determinados objetivos. Es decir, la ideología económica es la defensa subjetiva de una serie de teorías económicas, habitualmente sujetas a una escuela de pensamiento determinada, para que la economía se comporte de una forma específica.
La Ideología en la Política Económica
Cada día, a cada instante, millones de personas en todo el mundo toman decisiones de carácter económico, muchas veces de manera inconsciente, sujetas a infinidad de restricciones y sobre la base de preferencias que no tienen por qué ser estrictamente racionales. Lo extraordinario es que, pese a la complejidad del conjunto, todas esas decisiones se ordenan sin necesidad de que alguien las coordine. El resultado no es forzosamente el más justo ni el más eficiente, pues la economía de mercado actúa al margen de la igualdad de oportunidades, lo cual no impide reconocerle su capacidad para ordenar preferencias de manera descentralizada.
Nuestra mente ordena ideas como quien une los puntos de una línea invisible porque necesita comprender el mundo que le rodea, y trata de hacerlo de la manera más sencilla, en ocasiones hasta el reduccionismo de lo binario: sí o no, más o menos, a favor o en contra. Es casi un acto reflejo. A pesar del rechazo que produce a muchos economistas, la ideología forma parte del ser humano. Es una condición necesaria en el ámbito académico, al menos aspiracional, abstraerse de todo sesgo y actuar con criterios escrupulosamente asépticos. Sin embargo, cuando se trata de política económica, las grandes decisiones obligan a elegir entre beneficios y costes que afectan de distinta manera a unos actores económicos u otros, con consecuencias que además están sujetas a un grado de incertidumbre notable. Asesorar o decidir sobre quién gana y quién pierde, o a qué llamamos “progreso”, no es algo que pueda hacerse al margen de la idea que uno tiene del mundo.
Se ha afirmado que “la edad de oro de la macroeconomía ha tocado a su fin”, en referencia a la sucesión de diagnósticos y decisiones erróneas en los últimos años. En realidad, no ha habido tal “edad dorada de la macroeconomía”, sino una edad dorada de hacer pasar por macroeconomía tesis insuficientemente fundamentadas como los mercados financieros autorregulados, la austeridad expansiva, el trickle-down o efecto goteo, la curva de Laffer y otros postulados que, como el tiempo ha demostrado, eran dogmas, pensamiento mágico o, en el mejor de los casos, evidencias anecdóticas.
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A menudo, las posiciones más progresistas, o de modificación del statu quo, suelen ser señaladas como ideológicas mientras que, incomprensiblemente, sus antagónicas no lo son. Subir el salario mínimo, aumentar la inversión pública o reforzar la progresividad fiscal se presentan como decisiones ideológicas, pero congelar el salario mínimo, reducir el gasto público o ahondar en la competitividad fiscal aparecen como decisiones “técnicas”. A esta lógica, la de hacer pasar por “técnicas” decisiones de política económica tan ideológicas como sus antagónicas, han contribuido durante mucho tiempo informes y estudios con credenciales académicas, institucionales o profesionales que, con los altavoces adecuados, han buscado definir una determinada ortodoxia. El problema de la política económica no está en su carga ideológica, ni en la tensión permanente entre planteamientos conservadores, liberales, socialdemócratas u otros, sino en la falta de honestidad, en la soberbia propia de una parte de la disciplina y en la pereza intelectual.
Tipos de Ideologías Económicas
El sistema económico es un marco que integra una economía, siendo el conjunto de acciones que contribuyen al desarrollo de una sociedad y a su situación económica. La ideología económica, por otro lado, trata de imponer, de forma subjetiva, el sistema económico que, bajo su criterio, se considera válido frente al resto. Así es como nació el propio liberalismo, al igual que otras corrientes como el marxismo. Algunas de estas ideologías incluyen:
- Laissez Faire: Lo que denominamos capitalismo de libre mercado. Es una ideología que aboga por un libre mercado, donde la oferta y la demanda marquen las reglas del juego.
- Neoliberalismo: Una ideología económica que basa sus teorías en la antigua escuela clásica, es decir, en el antiguo liberalismo clásico. No obstante, es un término polémico.
- Economía social de mercado: Una ideología muy defendida por los ordoliberales.
- Socialismo democrático: Una corriente que defiende el cooperativismo para los medios de producción, en lugar de una propiedad privada total.
Adicionalmente, existen ideologías consideradas como de tercera vía, una mezcla entre capitalismo y socialismo. Un ejemplo es la Economía mixta, donde la mayoría de decisiones económicas son resueltas por la interacción entre compradores y vendedores, pero el Estado juega un papel fundamental como administrador.
La Influencia de las Ideas Económicas en la Historia: El Caso de Keynes
Previamente a la publicación del libro de Keynes, la tradición económica hacía hincapié en la existencia de una tendencia natural, en toda economía de libre empresa, a conseguir posiciones de equilibrio de la producción en condiciones de pleno empleo. En esos términos, la cuestión de la ocupación dejaba de ser un problema de gobierno. Una situación de desempleo generalizado desaparecería automáticamente, gracias a la mecánica del sistema que aseguraba, en razón de su funcionamiento intrínseco, la recontratación de los cesantes. Sin embargo, fue la voz de Maynard Keynes la primera que se alzó en denuncia de tal falacia. No existía en ninguna economía la invocada “tendencia mecánica” que asegurara el pleno empleo; es más, un periodo histórico caracterizado por la desocupación masiva podía ser perfectamente calificado como una situación de equilibrio, en el sentido de que la oferta global estaba en paridad con la demanda.
En ausencia de algún cambio sensible en el nivel de inversión, una economía podía permanecer anclada indefinidamente en un estado de desocupación. De ahí, que Keynes señalara a su teoría como una “teoría general”, por la razón de que comprendía y explicaba todas las posiciones “de equilibrio económico” incluyendo, por supuesto, la situación de pleno empleo. Aunque su autor subraya el carácter eminentemente teórico de sus estudios, los postulados descubiertos tuvieron inmensas implicaciones en términos de política económica. La manipulación de la inversión y del gasto público podía transmitir incrementos más que proporcionales al empleo y a la producción.
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El gasto público deficitario, que secularmente se había considerado un pecado financiero y una práctica intrínsecamente antisocial, adquiría ahora certificado de respetabilidad. Nunca antes un avance científico se había prestado a tan variadas interpretaciones y, por lo tanto, ocasionado tan diversas consecuencias. Desde tiempos inmemoriales los gobiernos del mundo han discurrido pretextos para incurrir en políticas inflacionarias; pero no existía el precedente de que éstos fueran “autorizados”, aprobados por principios científicos de veracidad irrefutable.
El Ciclo Político Económico (CPE) y la Ideología Partidista
La Teoría del CPE comenzó a desarrollarse a finales de la cuarta década del siglo XX, donde surgieron los primeros estudios que abordaban las fluctuaciones económicas desde una perspectiva política. No obstante, el primer modelo estadístico fue introducido en 1975 por el economista estadounidense William Nordhaus, quien establece formalmente la teoría del CPE. Dicha teoría sostiene que un gobierno democrático emplea la política económica con fines oportunistas; es decir, lleva a cabo políticas que impacten positivamente en indicadores económicos con el propósito de obtener el voto de los ciudadanos. Por lo que, en el CPE los gobiernos influyen sistemáticamente en la macroeconomía de un país intentando atraer un mayor número de votos.
De acuerdo con el CPE, un partido político puede adquirir un enfoque oportunista o un enfoque partidista. Considerando un enfoque oportunista, los partidos políticos simplemente intentan mantenerse en el poder y llevan a cabo políticas orientadas a dicho objetivo. Se espera que los partidos políticos no cuenten con preferencias propias y solo busquen permanecer en el poder. Por otro lado, un partido político de izquierda empleará una política económica orientada a la aceleración económica, con el objetivo de incrementar el bienestar y con ello, velar por los intereses del trabajador. Por lo que, los partidos políticos de izquierda tienen como prioridad reducir las tasas de desempleo, aunque esto repercuta en la estabilización de la economía, vía mayores tasas de inflación.
Emplear el espectro izquierda-derecha ha sido adecuado dentro de las ciencias sociales, ya que funge como mecanismo de medición y de ubicación simbólica de los partidos. Dicho espectro permite sintetizar la información, por lo que representa una ventaja cognitiva en la comprensión de una ideología política. Aunado a la simplificación del universo político, este espectro dota de identidad política y permite analizar cuestiones de proximidad o polarización de los partidos con otros elementos políticos. Un ciudadano puede valorar la ideología de un partido y con ello, evaluar la política económica del gobierno y a partir de su valoración, tomar su decisión electoral.
Evidencia Empírica del CPE
En la actualidad existen diversas investigaciones que han probado empíricamente la presencia del CPE a nivel mundial con un enfoque oportunista. Uno de los estudios de mayor reconocimiento ha sido el de Alesina et al. (1999), quienes han encontrado la existencia del CPE en su modalidad partidista en Estados Unidos, empleando datos trimestrales de 1947 a 1994 del crecimiento económico, inflación y desempleo. De igual manera, bajo un enfoque partidista, Carrillo (2012) realizó un análisis con datos trimestrales de Ecuador en el periodo de 1993 a 2010, relativos a la producción, al nivel de precios y a los impuestos. En Europa, Peña-Miguel & Cuadrado-Ballesteros (2020) emplearon un panel de datos de 22 países y tuvieron como hallazgo que, si bien los efectos de la ideología política aparecen en el corto plazo, en el largo plazo los efectos no existen.
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El estudio pionero del CPE en México, llevado por Gámez & Botello en 1987, encontró evidencia de la influencia significativa de un sexenio presidencial en México en el periodo de 1953 a 1982, en el comportamiento de las variables de gasto público, exportaciones e ingreso agregado.
Análisis del Régimen Económico y la Ideología en México
Contexto Histórico: Del Porfiriato a Cárdenas
La relación entre economía, política e ideología ha sido un tema central en la historia de México. La obra "Liberalismo oligárquico y política económica. Positivismo y economía política del Porfiriato" busca en la historia orientaciones para mejor conocer el presente. Destaca en su recorrido el periodo más dinámico de crecimiento económico del país en el siglo XIX. El objetivo inicial de Limantour al hacerse cargo de la Secretaría de Hacienda (1893) fue corregir los desequilibrios fiscales y sentar las bases de una hacienda pública. El superávit fue de los principales logros del gobierno de Díaz, y hubo mucha ingeniería financiera, aumento en la eficiencia recaudatoria y mejor presupuestación del gasto.
Las acciones tomadas por el gobierno en 1896 en materia económica serían decisivas para la construcción del Estado, no solo se trataba de avanzar en la integración del mercado interno, sino en la consolidación del poder político del Estado vía la centralización de la recaudación. La interpretación positivista de la historia vino a alterar ideas sobre la riqueza del país, pasando de la noción de México como cuerno de la abundancia a un país con una insuficiente y heterogénea población y una economía descapitalizada. Toda modernización económica genera altos costos sociales y ganadores y perdedores.
Indirectamente, el conflicto de la ley con la realidad se remonta a la formulación del Plan Sexenal de Gobierno de 1933, aprobado por la segunda convención ordinaria del Partido Nacional Revolucionario el 6 de diciembre de ese año. Se dice que la elaboración de ese programa gubernamental fue parte integrante de la escalada callista para hacer de Cárdenas el candidato a la Presidencia. El plan sexenal fue diseñado por dos comisiones; la técnica y la programática que, al parecer, tuvieron poco contacto entre sí durante el transcurso de los trabajos. Han sido muchas las críticas elevadas en contra del plan sexenal. Lombardo Toledano, por ejemplo, señaló en su momento que, lejos de constituir un plan revolucionario, era un programa de gobierno “mal formulado y de tendencia fascista”, ya que en lugar de proponer una transformación en el régimen económico consagraba el sistema de producción prevaleciente y reafirmaba la “política imperialista de los Estados Unidos sobre México”.
El Régimen de Lázaro Cárdenas y sus Implicaciones Económicas
Lázaro Cárdenas recibió la candidatura para la Presidencia del país en 1933, en un contexto donde todo dependía de la voluntad de Plutarco Elías Calles. Cárdenas, aunque joven, mostraba un currículum político y militar notable. Sin embargo, a pesar del tutelaje, existían entre “padrino” y “ahijado” diferencias profundas en la concepción de los problemas nacionales, como las huelgas obreras de 1935 y la función de la reforma agraria. El presidente Cárdenas heredó de su régimen antecesor una efervescente actividad sindical. Al asumir la Presidencia, en lugar de reprimir el movimiento obrero, decide que éste se manifieste y aflore para así poder encauzarlo y controlarlo. Esto chocó abiertamente con los deseos y la voluntad de Calles. La ruptura final sobreviene aproximadamente diez meses después, culminando con la expulsión del país del general Calles.
Se sostiene que no fue sino hasta la expatriación de Calles cuando el gobierno del general Cárdenas pudo emprender abiertamente su programa de reformas sociales: el reparto agrario y las obras de irrigación y de comunicaciones. Este acontecimiento vino acompañado por el cese inmediato de todos los partidarios de Calles incrustados en el gobierno cardenista. Los datos estadísticos y la información financiera indican en general que, si bien el programa de gobierno cardenista se inicia con intensidad a partir de su arranque en 1935, el impulso expansionista definitivo, y por lo tanto inflacionario, lo recibe la economía el año inmediato posterior. El presupuesto de egresos del gobierno federal experimenta un incremento del 35% en el año de 1936, mientras que en 1935 este aumento fue de solo 13.6%.
La flamante ley orgánica del Banco de México tardó poco en entrar en conflicto con la ruda realidad. El primer choque frontal se produce durante la última sesión que realiza la comisión redactora de la ley antes de su expedición. La crítica de Wiechers, sin embargo, no hizo mella en los legisladores; los escritos de Keynes eran demasiado novedosos y polémicos. La ley orgánica del Banco de México de 1936 entró en vigor el 31 de agosto de ese año, pero en un principio señaló un plazo de cuatro meses para que sus preceptos entraran en vigor, el cual fue extendido indefinidamente por varios decretos reformatorios, hasta que en diciembre de 1938 se publicó una nueva ley orgánica que la modificaría definitivamente. La primera extensión se registra en un decreto promulgado el 1º de enero de 1937, el cual estiraba el término hasta el 31 de diciembre de ese año. Posteriormente, otro decreto de agosto de 1937 prolongó aún más el plazo, llevando su término hasta agosto de 1938. El texto de ese precepto indicaba que durante el transcurso del mencionado lapso las autoridades del banco deberían dictar las medidas para ir adaptando paulatinamente las actividades del instituto a las normas de la referida ley, meta que nunca se alcanzó.
El Plan Sexenal prometía notable actividad legislativa. Las escasas indicaciones cuantitativas ya anunciaban mayúsculos esfuerzos de gasto e inversión públicos. El presupuesto del Departamento Agrario sería elevado a 4 millones de pesos anuales, y durante el sexenio esa asignación nunca podría disminuir del monto señalado, representando un incremento del 81% con respecto a 1933. Otros rubros donde se exigían incrementos considerables eran Salubridad y Educación. La campaña electoral de Cárdenas, un "viento incesante", recorrió en siete meses 27,609 kilómetros. En el transcurso de la misma, el candidato avaló las principales aristas del plan sexenal, puntos que después confirmaría como guías indiscutibles de su gestión gubernamental: intervencionismo estatal, laborismo y revolución agraria, educación socialista y nacionalismo. Esta concepción de economía dirigida, cristaliza a un nivel inferior en dos vertientes básicas: la política obrerista y sindicalista, y el agrarismo. El concepto de nacionalismo tuvo para Cárdenas múltiples significados, incluyendo la protección de la cultura y los valores mexicanos, así como el resguardo de la soberanía nacional.
Respecto al inicio de la inflación bajo el mandato de Lázaro Cárdenas, dos posiciones extremas intentan contestar: una opina que la inflación no se inició sino hasta bien entrado el sexenio (mediados o finales de 1936), mientras otras autoridades señalan que el movimiento inflacionista se desarrolla desde el momento mismo de asumir Cárdenas la Presidencia (diciembre de 1934). La verdad se encuentra entre las dos posiciones; el primer planteamiento implica la hipótesis de que el presidente Cárdenas no pudo echar a andar su programa de gobierno sino hasta 1935, después de haberse librado del tutelaje político de Plutarco Elías Calles en abril de ese año.
Ideología Política y Crecimiento Económico Subnacional en México (1990-2020)
En el caso de México, la ideología política de los partidos ha sido modelada en un espectro izquierda-derecha por diversos autores. La dimensión izquierda-derecha tiene gran relevancia en la comprensión de las dinámicas competitivas de los partidos políticos. Se considera que el PRI es el partido que se encuentra en el centro, y el PRD y el PAN los partidos que se posicionan a la izquierda y a la derecha del PRI, respectivamente. La presente investigación aborda la teoría del CPE bajo un enfoque partidista en México, empleando un análisis de regresión con un panel de datos para las 32 Entidades Federativas en el periodo de 1990 a 2020.
El estudio incorpora variables electorales con el fin de estimar el CPE y variables de control que pretenden capturar la esencia del ciclo económico. Las variables binarias LEFT y RIGHT, asociadas al PRD y al PAN respectivamente, y sus interacciones con variables electorales, buscan capturar el efecto sistemático y cíclico de la administración en su modalidad partidista. Se espera que el signo de las variables de control como el gasto público (GG) y la inversión pública (IP) sean positivos sobre el PIB per cápita. Respecto a las variables electorales, se espera que el signo de las binarias del año previo y del año de la elección sea positivo, y la asociada al año posterior sea negativo, demostrando la presencia del CPE tradicional. Respecto a las variables asociadas al CPE partidista, se espera un signo positivo para las variables de izquierda y un signo negativo con las variables de derecha; es decir, una administración pública de izquierda obtendría mayores tasas de crecimiento que administraciones de derecha.
En cuanto a las tendencias del crecimiento económico, el PIB per cápita nacional ha experimentado una tendencia positiva a lo largo de las últimas tres décadas, aunque la tasa de crecimiento ha tenido una volatilidad destacada con tres puntos críticos debido a las crisis económicas en 1995, 2009 y 2020.
La composición de las gubernaturas en el país para el periodo considerado muestra que el PRI ha tenido la mayor presencia con el 66%, seguido por el PAN con el 21%, luego aparece el PRD con el 10%, y el resto de los partidos tan solo han obtenido el 3% de las gubernaturas. Respecto al PIB per cápita por ideología política, en gran parte del periodo estudiado, el PIB per cápita de las Entidades donde gobernaba el PRI era mayor que en el resto de los partidos, con excepciones puntuales.
El comportamiento promedio a lo largo del periodo de estudio, según la ideología política, muestra diferencias significativas:
| Ideología Política | PIB per cápita promedio | Tasa de crecimiento económico promedio |
|---|---|---|
| Centro (PRI) | Mayor | Segunda |
| Izquierda (PRD) | Segunda | Mayor |
| Derecha (PAN) | Tercera | Tercera |
En el análisis por año de gobierno, en el último año de gestión, es evidente que se experimenta la mayor tasa de crecimiento económico, tal cual lo establece el CPE. El modelo ha sido estimado mediante mínimos cuadrados generalizados (GLS), donde los errores estándar se estimaron con la corrección de White, y bajo efectos fijos en las unidades, lo cual captura la heterogeneidad de cada una de las Entidades Federativas.
