La democracia es un ideal universalmente reconocido que se basa en valores comunes compartidos por personas de todo el mundo, independientemente de las diferencias culturales, políticas, sociales y económicas. Como se reconoce en la Declaración y Programa de Acción de Viena, la democracia se basa en la voluntad libremente expresada del pueblo de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales y su plena participación en todos los aspectos de su vida. Es considerada una forma de gobierno justa y conveniente para vivir en armonía.
El término "democracia" tiene su origen en dos palabras del griego: “demos”, pueblo, y “kratos”, gobierno. Podríamos traducirlo entonces como “el gobierno del pueblo”. Esta frase refleja la idea fundamental de la democracia: un modo de gobierno en el cual todas las personas pueden participar en el proceso de toma de decisiones para generar el bien común. Precisamente así fue como el presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, la definió: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Vivir en una democracia supone pensar que cada uno de los miembros de una comunidad con derecho a serlo, es decir, sus ciudadanos y ciudadanas, son quienes toman las decisiones, quienes ejercen el poder y quienes se benefician del resultado de esas decisiones. Cuando las personas participan en las decisiones, se puede lograr el bien común, es decir, construir una sociedad en la que cada persona sea libre e igual y donde cada uno pueda realizar su vida conforme a sus deseos y preferencias.
La historia de la democracia es la de un montón de gente exigiendo que se cumplan una serie de derechos (la libertad de expresión, el voto, el derecho de asociación, la libertad de prensa, la libertad de culto, el respeto a las minorías y a las diversidades, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias). La democracia es una tensión permanente entre lo que es y lo que debiera ser, y los intentos de alcanzar el ideal son lo que nos permiten avanzar hacia la construcción de una sociedad más libre, igual y solidaria, en la que las personas pueden construir una vida plena y feliz.
Principios y Valores Fundamentales de la Democracia
La democracia tiene como objetivo: preservar y promover la dignidad y los derechos fundamentales de la persona; lograr la justicia social; fomentar el desarrollo económico y social de la comunidad; reforzar la cohesión de la sociedad; mejorar la tranquilidad nacional; y crear un clima favorable a la paz internacional. La democracia como forma de gobierno es un punto de referencia universal para la protección de los derechos humanos; proporciona un entorno para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.
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La libertad, la igualdad y la autorrealización son precisamente los valores que la democracia pretende que cada ciudadano y ciudadana puedan realizar. Cuando vivimos en una democracia compartimos una serie de ideas basadas en el respeto mutuo y en la posibilidad de que cada uno ejerza su libertad, sin quitar a los otros la posibilidad de también ejercerlas.
La Libertad
La libertad es un valor que comúnmente asociamos con la capacidad de hacer o pensar lo que queremos. Este concepto parece simple, aunque resulta bastante más complicado si lo pensamos más a fondo y en relación con otras personas. La libertad no es poder hacer cualquier cosa, sino hacer lo que quieras, siempre que no afectes ni limites los derechos de los otros. La libertad tiene dos dimensiones que los filósofos llaman “libertad de” y “libertad para”.
La primera, “libertad de”, se refiere a la ausencia de los límites externos que pudieran, de manera arbitraria o caprichosa, restringir nuestra capacidad de decidir o hacer. Por ello, los Estados democráticos basan su actuación en la ley, que debe ser siempre objetiva y neutral y que, además, permita tratar de la misma manera a todas las personas. En ese sentido, al someternos al “imperio de la ley”, evitamos los peligros e inconvenientes derivados del uso arbitrario del poder.
La segunda, la “libertad para”, se refiere a nuestra capacidad de hacer, de actuar, de tener control sobre nuestras vidas y realizar nuestras metas o sueños. Este tipo de libertad puede verse afectada, ya no por los límites legales o restricciones arbitrarias impuestas por alguien sobre nosotros, sino por las condiciones de vida en las que nos encontramos. Si somos pobres, si vivimos en las afueras de una ciudad muy grande, si no pudimos estudiar y tener acceso a un trabajo remunerado o tenemos algún problema de salud, nuestras oportunidades de ser libres se verán limitadas. Para una sociedad democrática es importante que estos elementos no tengan un peso decisivo en las vidas de las personas, que no les restrinjan y no les impidan desarrollarse plenamente.
La Igualdad
Esto nos lleva a pensar en otro de los valores fundamentales para la democracia: la igualdad. Rousseau, un filósofo suizo del siglo XVIII, decía que la igualdad era indispensable para la formación de una sociedad democrática. La igualdad se asocia no solamente con ser iguales frente a la ley y al gobierno, sino que implica la necesidad de asegurar que las desigualdades educativas, económicas y sociales en una sociedad no sean demasiado grandes. Las desigualdades extremas pueden excluir a las personas de la vida de la comunidad y de la participación en las decisiones públicas y ello, a su vez, hace que la democracia se vuelva débil y no cumpla con sus objetivos. Las sociedades democráticas pretenden eliminar las desigualdades extremas y garantizar que todas las personas tengan, por lo menos, las condiciones mínimas para desarrollar una vida digna.
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La libertad y la igualdad han sido consideradas, por algunos pensadores, como valores opuestos que entran en conflicto. La igualdad, cuando es vista como uniformidad, nivelación o aplastamiento de las aspiraciones personales puede ser vista como enemiga de la libertad. Las sociedades democráticas celebran la pluralidad y la diversidad, por lo que no pretenden uniformar a todas las personas y despojarlas de las características que las hacen únicas y diferentes frente a los demás. Lo que sí pretenden hacer es reducir las desigualdades que impiden a las personas la realización de sus derechos de autodeterminación.
La Autorrealización Personal
La autorrealización personal también es un valor importante para la democracia. Su objetivo es que las personas tengan suficiente autonomía para decidir qué vida quieren llevar, tomar sus decisiones en función de la elección que realizaron y poder llevarlas a cabo de manera efectiva. Podemos decir que la autorrealización tiene que ver con su capacidad de poder desarrollar una vida significativa: poder vivir una vida larga y feliz, en buena salud, en condiciones de seguridad y paz, disfrutando de la naturaleza, del contacto con otras personas y del esparcimiento, pudiendo tomar decisiones autónomas para definir su futuro y el de su comunidad. Para que eso sea posible, todas las personas deben contar con condiciones mínimas necesarias que aseguren sus posibilidades reales de hacerlo.
Características de los Regímenes Democráticos
Ciertamente, existen características fundamentales inherentes a las instituciones democráticas: los líderes son elegidos por voto popular, los derechos humanos básicos están garantizados y las libertades humanas (como la libertad de religión) no solo se fomentan, sino que están protegidas por la ley. Es de hecho una característica fundamental de las democracias que protejan a los ciudadanos, pero también es fundamental que esta protección sea un reflejo de las normas de la sociedad y respetuosa de la diversidad de la población.
Modern democratic governance relies on checks and balances, constitutional protections, citizen participation and institutions that prevent power concentration. También depende de elecciones competitivas, libertades civiles y transferencias pacíficas del poder. Un gobierno limitado es un tema familiar en las democracias, ya que una menor intrusión gubernamental significa mayores libertades civiles. Sin duda, la Constitución de los Estados Unidos ha sido un vehículo icónico para que otros la emulen en términos de fortalecimiento de gobiernos democráticos al subrayar la importancia de los derechos humanos. Muchas naciones recién independizadas a lo largo del siglo XX y principios del XXI han seguido su ejemplo al enfatizar los derechos básicos del individuo.
En una típica democracia, el gobierno se establece con base en la constitución social y la cultura del país en cuestión. Sin embargo, la composición social y cultural distintiva de una sociedad significa que su sistema de representación democrática reflejará esa particularidad y, por lo tanto, los sistemas democráticos a menudo difieren de muchas maneras entre sí. Estudiar la democracia es estudiar las sociedades y culturas que la implementan.
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Los gobiernos democráticos modernos funcionan con base en la representación y la participación política. Ciertamente, un gobierno democrático garantiza el estado de derecho, realiza elecciones confiables y garantiza la separación e independencia de poderes. También respeta los derechos humanos universales y garantiza la defensa y protección de los derechos humanos, consagrados en documentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) de la ONU. El gobierno plenamente democrático garantiza la libertad de expresión y la libertad de prensa, consagradas como derechos humanos por la ONU. Defiende el sistema de partidos, donde el debate público, la alternancia en el gobierno nacional o los gobiernos locales y la actividad parlamentaria se sostienen en la defensa del sistema de partidos, que forma parte de la libertad de asociación reconocida como un derecho humano. Esto puede adquirir la forma del pluripartidismo (varios partidos políticos) o el bipartidismo (dos partidos políticos hegemónicos).
Una característica importante en las democracias, por lo tanto, es que dichos sistemas están arraigados en el servicio al pueblo, defendiéndolos de actos ilegales. Dado que la gente está muy involucrada (y participa en gran medida) en las instituciones democráticas, esperan que sus funcionarios electos respondan a sus necesidades y demandas. Además de las elecciones celebradas para elegir representantes del poder legislativo o del poder ejecutivo, en los gobiernos democráticos se pueden aplicar mecanismos de consulta popular como plebiscitos o referendos, que en algunos casos sirven para conocer la opinión de los ciudadanos sobre determinados temas de importancia. Sin embargo, en las democracias no todo puede someterse a votación.
La Separación de Poderes
- Poder ejecutivo: Ejecuta las leyes y administra el Estado.
- Poder legislativo: Es el encargado de redactar, modificar o derogar las leyes, y de supervisar la acción del poder ejecutivo.
- Poder judicial: Es el encargado de administrar la justicia, interpretar las leyes y vigilar su cumplimiento, y defender los principios rectores de la Constitución.
Tipos de Democracia como Régimen de Gobierno
La democracia es un sistema de gobierno que surgió en la Edad Antigua, en la ciudad-Estado griega de Atenas en el siglo VI a. C. En el siglo V a. C., los antiguos griegos exploraron cómo hacer que sus instituciones de gobierno fueran más representativas del pueblo. Existe una amplia gama de formas de democracia, algunas más liberales que otras. Existen varios tipos de democracias, cada una caracterizada por distintos tipos de gobernanza.
Democracia Directa y Representativa
- Democracia directa o participativa: Tipo de democracia que fue puesto en práctica en Atenas en la Antigüedad y propuesto por algunos teóricos políticos modernos y contemporáneos, como Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Plantea la participación directa del pueblo en la toma de decisiones, principalmente mediante la celebración de asambleas.
- Democracia indirecta o representativa: Tipo de democracia más común en los gobiernos democráticos actuales, en la que, mediante el régimen representativo, el pueblo elige a sus representantes en elecciones libres para que ellos tomen las decisiones políticas en su nombre. La complejidad y la escala de las sociedades modernas han hecho de la democracia representativa, también conocida como república democrática, el modelo predominante.
Democracia Parlamentaria y Presidencialista
- Democracia parlamentaria: Los sistemas parlamentarios concentran el poder ejecutivo dentro de las legislaturas, fomentando la creación de coaliciones y una gobernanza basada en el consenso.
- Democracia presidencialista: Tipo de democracia en la que el jefe del poder ejecutivo (el presidente) es elegido directamente por la ciudadanía. Los sistemas presidenciales separan los poderes ejecutivo y legislativo, creando distintos mecanismos de rendición de cuentas.
Desafíos y Evolución de la Democracia
A lo largo de la historia, la filosofía de la democracia y su aplicación práctica han demostrado ser difíciles de equilibrar. Los líderes políticos y los filósofos políticos de la época desconfiaban de la idea de otorgar un gran poder a las masas por temor a la ignorancia y la inexperiencia. De hecho, muchos filósofos veían la incipiente noción de democracia como corruptora, ya fuera dando poder a las masas sin educación o que esas masas dieran legitimidad a los imperialistas. Más de dos mil años después, persiste un vínculo filosófico y sociológico entre los gobiernos democráticos y las sociedades que representan.
Una característica interesante de las democracias es que son una infraestructura legislativa dinámica. En la actualidad, tras un periodo de mayor democratización en todo el mundo, muchas democracias parecen estar retrocediendo. Algunos gobiernos parecen estar debilitando deliberadamente los controles independientes de sus poderes, asfixiando las críticas, desmantelando la supervisión democrática y asegurando su dominio a largo plazo, con un impacto negativo en los derechos de las personas.
Corrupción y Desempeño Gubernamental
Ahora bien, la forma en que los líderes elegidos por el pueblo para gobernar bajo sus propias reglas constitucionales deciden comportarse es una situación bastante diferente. En los ideales teóricos, más influencias democráticas conducen a menos corrupción y delincuencia. El modelo de democracia, después de todo, se basa en la noción de confianza en el poder del pueblo. Ahora bien, la democracia permite la libertad de pensamiento no solo de los ciudadanos, sino también de los líderes.
Que la corrupción política pueda existir e incluso prosperar en una democracia no es de extrañar. Ahora bien, dicha corrupción se ilumina aún más cuando la nueva democracia resulta ineficaz para abordar las necesidades del pueblo. Cuando la pobreza, el desempleo y los problemas económicos persisten, el sentimiento público tiende a volverse negativo ante las deficiencias del gobierno, y puede volverse negativo con respecto al concepto de democracia en general. En algunas sociedades, los incidentes de corrupción y la ineptitud percibida en su liderazgo los han llevado a reconsiderar el retorno a sistemas de gobierno autoritarios o totalitarios.
La afirmación de que las democracias son naturalmente susceptibles a la corrupción, sin embargo, es una generalización excesiva. La mayoría de los gobiernos, ya sean de composición democrática o no democrática, corren el riesgo de una mala gestión por parte de su liderazgo. El grado en que esta corrupción se manifiesta no depende del tipo de gobierno, sin embargo, sino de la cantidad de oportunidades que existen para que ocurran sobornos, comisiones ilegales y otras formas de actividad ilícita. Las economías prósperas en las nuevas democracias, por ejemplo, crean tentaciones para los posibles delincuentes. Estudios sobre instituciones democráticas y corrupción han establecido un fuerte vínculo inverso entre ambos elementos. Sin embargo, el punto de inflexión en la relación entre la corrupción y la salud a largo plazo de un gobierno democrático ocurre a los pocos años de la implementación del sistema.
La Democracia en América Latina
La discusión sobre si el sistema parlamentario de gobierno es superior o contiene beneficios de los cuales adolece el presidencial, es antigua y ha recorrido los aspectos y énfasis más diversos. Es increíble la cantidad de libros y ensayos que se han escrito sobre si el sistema parlamentario es más apto o idóneo que el presidencial para alcanzar la democracia con estabilidad y gobernabilidad. La discusión ha adquirido nuevas perspectivas a mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado. El énfasis se coloca en la estabilidad de los sistemas; se resalta que el presidencial fundamentalmente se encuentra en el continente americano; el parlamentario en Europa, varias ex-colonias británicas y Japón.
Mientras los países de Europa occidental han alcanzado, después de la Segunda Guerra Mundial, sistemas democráticos con estabilidad y un desarrollo socioeconómico impresionante, los países de América Latina han sufrido múltiples fracasos democráticos, debido a golpes de Estado, gobiernos autocráticos, militares y dictatoriales, aunados a graves problemas sociales y económicos. Aproximadamente el 43% de los habitantes de la región viven en la pobreza, son los países con los niveles de desigualdad social más agudos en el mundo, la concentración de la riqueza es indignante y los rezagos en los sistemas de salud, educación, vivienda y trabajo son inmensos. En algunos Estados de la región el encono social crece y las sociedades se están dividiendo y paralizando.
Múltiples ejemplos de esta situación se pueden encontrar en América Latina, donde varias sociedades se enfrentan a tal elección. En consecuencia, por contraste con Europa, todo pareciera indicar que a los países de América Latina podría convenirles un cambio de sistema de gobierno para implantar el parlamentarismo; es decir, imitar a Europa occidental en este aspecto específico. Por desgracia, la resolución de los ingentes problemas en América Latina no puede tener un impulso favorable con el simple cambio de sistema de gobierno. Las graves dificultades que afectan y han afectado la democracia con estabilidad en dicha región responden a factores sociales y económicos, así como el sistema político como un todo, incluyendo el de partidos y el electoral, los factores reales de poder internos y externos, sin descuidar aspectos importantes como la cultura cívica.
En América Latina, la concepción democrática no se encuentra completamente arraigada. Si no se puede ofrecer un nivel digno de existencia a la familia, se prefiere desarrollo que democracia. Considero que es claro que desarrollo socioeconómico y democracia tienen que ir de la mano y viceversa, como ha acontecido en Europa occidental en las últimas seis décadas. Si no ocurre así, ningún sistema democrático tiene asegurada la estabilidad y la gobernabilidad.
Entonces, no puede realizarse un pronunciamiento sobre el sistema de gobierno que es mejor en un país determinado para lograr la democracia, si previamente no se analizan tiempo, instituciones, cultura y evolución políticas, así como los sistemas electoral y de partidos. Únicamente un dato más, contenido en el Latinobarómetro 2005, que ayuda a comprender esta cuestión especialmente compleja:
| Pregunta | Respuesta | Porcentaje (2002/2003/2004/2005) |
|---|---|---|
| ¿Democracia o desarrollo económico? | Desarrollo económico es lo más importante | 52% |
| Democracia es lo más importante | 25% | |
| Ambos por igual | 17% | |
| Satisfacción con el funcionamiento de la democracia | Satisfecho | 27%/29%/29%/31% |
| Insatisfecho | 60%/66%/65%/61% | |
| No sabía / Se calló | 8%/6%/7%/8% | |
| Calificación promedio (1-10) en 2005 | 5.5 (Venezuela: 7.6, Paraguay: 4.2) | - |
La transición de infraestructuras gubernamentales, particularmente el cambio de un régimen autoritario a un sistema democrático, no es una tarea sencilla, y el resultado de la democratización no siempre es integral o totalmente inclusivo. Sin duda, la mayoría de los sistemas nacionales en transición han adoptado los ideales políticos y filosóficos de una democracia moderna. El problema en este caso es de naturaleza sociológica. Los reformadores destacan los grandes rendimientos potenciales asociados con el sistema de mercado abierto que se asocia comúnmente con los regímenes democráticos. Sin interferencia gubernamental o regulaciones excesivamente onerosas, las empresas suelen poder desarrollarse y prosperar plenamente, generando rendimientos lucrativos. Por lo tanto, los politólogos a menudo miden el éxito o el fracaso de las naciones recién democratizadas en términos de producto interno bruto (PIB).
El énfasis que ponen los países en transición es en la generación de ingresos; el llamado "estado de bienestar", sin embargo, no se considera una prioridad. Por lo tanto, muchos sistemas pueden tener un PIB más fuerte como resultado de la democratización, pero aquellos que antes estaban sumidos en la pobreza tienden a seguir siendo pobres. Así, un resultado inesperado de la democratización es la estratificación social pronunciada.
Desde luego, todas las afirmaciones anteriores se encuentran enmarcadas dentro de sistemas democráticos. Las dictaduras, gobiernos autoritarios o militares no constituyen sistemas presidenciales sino autocracias. Los sistemas presidenciales únicamente se pueden discutir y analizar en el marco de los regímenes democráticos. Las autocracias son algo diferente, son la negación de la libertad y de los derechos humanos; en una palabra, de la dignidad humana.
Fortalecimiento de la Resiliencia Democrática
Mejorar la resiliencia democrática requiere esfuerzos intencionales para fortalecer tanto las instituciones democráticas como las prácticas de gobernanza. Fomentar la educación democrática y la alfabetización cívica: la salud democrática a largo plazo depende de ciudadanos que comprendan los principios democráticos, posean habilidades cívicas y mantengan un compromiso con los valores democráticos.
Pilares para la Resiliencia Democrática
- Construcción de resiliencia y confianza institucional: Las instituciones democráticas fuertes deben ser capaces de resistir el estrés y mantener su eficacia durante las crisis. La resiliencia institucional implica la creación de salvaguardas redundantes, procedimientos claros para situaciones de emergencia y mecanismos para la adaptación y reforma institucional.
- Fomento de la participación inclusiva: Expandir la participación democrática requiere eliminar las barreras que impiden que los ciudadanos se involucren significativamente en los procesos políticos.
- Mejora de la transparencia y la supervisión gubernamental: Las iniciativas de transparencia deben ir más allá de simplemente publicar información para garantizar que los datos gubernamentales sean accesibles, comprensibles y accionables para los ciudadanos.
