Descubre Cómo la Inflación Está Cambiando el Consumo Nacional: Impactos Reveladorespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Las expectativas sobre las variables macroeconómicas tienen un papel esencial en la teoría económica y en la formulación de políticas públicas. En particular, las expectativas de inflación de los agentes económicos son clave para la toma de decisiones de consumo e inversión. Adicionalmente, son muy importantes para el diseño y la implementación de la política monetaria.

De hecho, los bancos centrales le dan cada vez más importancia al canal de las expectativas como uno de los principales mecanismos de trans­ misión de dicha política. Aunque éstos buscan influir sobre aquéllas, no hay un consenso establecido en la literatura empírica sobre cómo se forman o qué peso pueden tener diferentes categorías de precios sobre las expectativas de inflación de los hogares (Armantier et al., 2013; Cavallo, Cruces y Perez-Truglia, 2017; Coibion, Gorodnichenko y Kumar, 2018; Coibion, Gorod­ nichenko, Kumar y Pedemonte, 2020; Gramlich, 1983; Duca, Kenny y Reuter, 2018; Galashin, Kanz y Perez-Truglia, 2020; Malmendier y Nagel, 2016; Ranyard et al., 2008).

I. Expectativas de Inflación y Decisiones de los Hogares

En teoría, las expectativas de inflación afectan las decisiones de los hogares mediante la tasa de interés real percibida. Ésta depende no sólo de las tasas de interés nominales que enfrentan los agentes, sino también de las expectativas de inflación futura (Coibion et al., 2020; Duca et al., 2018). Si todos los agentes tuvieran la misma información y la procesaran de la misma forma, la expectativa de inflación debería converger a un número particular. Sin embargo, los agentes económicos pueden sufrir de inatención, tener límites en su capacidad de procesamiento de la información (por ejemplo, fatiga para procesar o conseguir información), inercia en enfocarse en ciertos productos, entre otros.

Por estos sesgos, la mayoría de los bancos centrales limita la medición de expectativas de inflación sólo a especialistas del sector financiero. En el Banco de México, por ejemplo, se obtiene una medición mensual de estas expectativas a partir de la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado. Sin embargo, por la importancia de esta variable, algunos bancos centrales o agencias estadísticas también miden las expectativas de inflación al preguntar directamente en hogares o empresas.

Por ejemplo, en economías avanzadas las encuestas dirigidas a los consumidores han alcanzado un alto nivel de calidad y disponibilidad, como la Encuesta de Consumidores de la Universidad de Michigan (Universidad de Michigan [UM], 2021) y la Encuesta de Expectativas de los Consumidores (Federal Reserve Bank of New York [FRBNY], 2021) en los Estados Unidos; la Encuesta sobre Actitudes hacia la Inflación (Kantar Group [KG], 2021) y el Barómetro de Confianza del Consumidor (Growth from Knowledge [GFK], 2016) en el Reino Unido; la Encuesta Canadiense de Expectativas del Consumidor (Bank of Canada [BOC], 2021) en Canadá; la Encuesta de Expectativas del Consumidor del Banco de Alemania (Deutsche Bundesbank’s Research Data and Service Centre [RDSC], 2021), y el Estudio de Consumidores en España (Simple Lógica [SL], 2016).

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Debido a los sesgos comentados, los resultados de investigaciones previas muestran que las expectativas de los consumidores se desvían sistemáticamente (normalmente por encima) de las de los expertos, y que, además, se caracterizan por una mayor heterogeneidad que las de éstos (Armantier et al., 2013; Cavallo et al., 2017; Coibion et al., 2020; Kumar, Afrouzi, Coibion y Gorodnickenko, 2015; Ranyard et al., 2008). A pesar de esos resultados, tales encuestas son importantes por diferentes motivos. Primero, el comportamiento de los consumidores tiene un papel fundamental en la determinación de la inflación. Segundo, los bancos centrales requieren entender cómo se forman las expectativas de inflación para que la política monetaria tenga un impacto más efectivo.

Encuestas sobre Expectativas de Inflación

En las últimas décadas, el uso de encuestas para medir las expectativas sobre diferentes variables económicas se ha vuelto una herramienta importante tanto para investigadores como para quienes hacen la política (Armantier et al., 2013; Coibion et al., 2020). En particular, las encuestas sobre expectativas de inflación muestran que es importante hacer una distinción entre las respuestas de expertos y las del público en general. Las de los consumidores tienden a sobreestimar la inflación y muestran una mayor dispersión que las estimaciones de los expertos (Armantier et al., 2013; Cavallo et al., 2017; Coibion et al., 2020; Kumar et al., 2015; Ranyard et al., 2008).

Para México, el único estudio previo que analiza las expectativas de los consumidores es el de Murillo Garza y Sánchez-Romeu (2014). Los autores usan la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor realizada por el INEGI y explotan una pregunta de carácter cualitativo sobre las expectativas de inflación (la cual plantea si la inflación aumentará, quedará igual o disminuirá). Los autores encuentran que esta pregunta tiene poco poder predictivo para la inflación, especialmente antes de 2010.

En general, las expectativas de los expertos siguen de cerca otras variables macroeconómicas y responden relativamente rápido a los choques de política, mientras que las de los hogares no parecen seguir estos mismos patrones. La literatura ofrece dos posibles explicaciones no excluyentes para esta diferencia (Cavallo et al., 2017; Coibion et al., 2020). La primera, conocida como hipótesis de inatención racional, argumenta que las personas sólo incorporan una parte de la información disponible sobre la inflación, ya que adquirir esos datos es costoso (en relación con las ganancias potenciales de obtener y emplear tal información). Esta explicación parece ser adecuada en países que históricamente han experimentado bajas tasas de inflación durante largos periodos, donde el costo de no seguir de cerca la información disponible sobre la inflación es pequeño (Coibion y Gorodnichenko, 2015; Malmendier y Nagel, 2016).

Información y Expectativas: Estudios Empíricos

Diversos investigadores han evaluado cuál de estas hipótesis podría ser más relevante. Cavallo et al. (2017) buscan arrojar luz sobre esta discusión: primero, al poner a prueba la hipótesis de inatención racional mediante una encuesta en un contexto de baja inflación (los Estados Unidos) y uno de alta inflación (Argentina); segundo, al comparar cómo los individuos incorporaron dos tipos de información sobre la inflación -estadísticas de inflación y precios históricos de algunos productos de supermercado seleccionados al azar-. El primer resultado importante es que los individuos en el contexto de baja inflación asignaban un menor peso a sus creencias iniciales sobre la tasa de inflación en comparación con los encuestados en el contexto donde era alta, lo que coincide con la hipótesis de inatención racional.

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Consistente con este último resultado, D’Acunto, Malmendier, Ospina y Weber (2021a) analizan una muestra de consumidores en la que tienen acceso no sólo al gasto sino también a la cantidad y los precios de los productos. En contraste con la estructura del Índice Nacional de Precios al Consumidor, donde la inflación es un promedio ponderado del aumento de precios de los bienes y la ponderación está dada por la proporción de gasto en tales bienes, los consumidores parecen darles más importancia a los productos que compran y aumentan de precio, especialmente aquellos en que éste cambia más frecuentemente.

Con un resultado similar, Malmendier y Nagel (2016) encuentran que las personas forman sus expectativas de inflación de acuerdo con su experiencia de vida y, por lo tanto, dependen del contexto. Otras investigaciones han realizado intervenciones controladas y aleatorizadas para medir qué tanto las expectativas de inflación son sensibles a la información provista. Armantier et al. (2016) realizan un experimento mediante una encuesta en línea -The Survey of Consumer Expectations, de la FRBNY (2021)-. Hay dos grupos de intervención más un grupo de control: se informa sobre la inflación promedio de los precios de los alimentos en los 12 meses anteriores o la mediana del pronóstico de economistas profesionales sobre la inflación de los siguientes 12 meses.

Galashin et al. (2020)) utilizan un experimento de campo en el que combinan, de manera novedosa, información de una encuesta telefónica con datos administrativos detallados sobre las transacciones y los saldos de las tarjetas de crédito de los usuarios de un banco comercial en Malasia. La encuesta se realiza para medir las expectativas de los consumidores sobre la inflación y la depreciación cambiaria futuras. Durante ésta se proporciona información sobre el pronóstico de expertos respecto de la inflación, la depreciación del tipo de cambio o ambas, de forma que genere una variación exógena en estas expectativas. Los participantes sí cambiaron sus expectativas de inflación y de depreciación al recibir la información adicional. La teoría tradicional indicaría que mayores expectativas de inflación (al mantener constante la tasa de interés)­ conducirían a más endeudamiento, y que mayores expectativas de depreciación fomentarían más gasto en bienes importados.

Finalmente, Coibion, Gorodnichenko y Weber (2021b) realizan un experimento aleatorizado en hogares de los Estados Unidos, con el fin de analizar cómo la información sobre las condiciones fiscales afecta sus expectativas económicas. La intervención consistió en informar sobre el déficit fiscal, así como de los niveles de deuda actuales y futuros. El estudio arroja dos resultados importantes: la información reciente (el tamaño del déficit en 2018 o el de la deuda del gobierno) no tiene ningún efecto sobre las expectativas de inflación de los hogares ni afecta sus expectativas sobre las perspectivas fiscales, mientras que información sobre los resultados futuros esperados (el aumento proyectado de la deuda pública para 2028 o el nivel esperado de deuda pública futura) aumenta las expectativas del nivel de deuda futura y las expectativas de inflación, tanto en el corto plazo como en la próxima década.

Esta naciente bibliografía encuentra que hay información que sí toma en cuenta a las personas y otra que no. Los resultados de Coibion et al. (2021b) sugieren que las variables exógenas, en este caso el tipo de información proporcionada, pueden tanto dejar las expectativas intactas (información reciente) como modificar las expectativas de corto y largo plazos (información sobre resultados esperados).

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II. Análisis de Encuestas sobre Expectativas de Inflación en Hogares

El Cuadro 1 muestra un resumen de algunas de las encuestas sobre expectativas de inflación en hogares que se utilizan en varios países. Las columnas de la tabla describen las características básicas de cada encuesta. La columna Redacción se refiere a la manera en la que están formuladas las preguntas de la encuesta sobre las expectativas de inflación: “inflación” quiere decir que la encuesta pregunta específicamente sobre la tasa de inflación en el país, “general” implica que pregunta sobre los precios en general (es decir, sin hacer uso de la palabra “inflación”). La mayoría de las encuestas usa una pregunta sobre precios en general.

La columna Percepción indica si se pregunta o no sobre el cambio en precios en el último año. La mayoría de las encuestas sí incluye este tipo de pregunta. La columna Predicción (plazo) da cuenta de la cantidad de años en el futuro que se pide considerar para una predicción; si se piden estimaciones para distintos periodos sólo presentamos el más largo en el cuadro. La mayoría de las encuestas utiliza una predicción de un año en adelante. La columna Estimación puntual señala si la encuesta pide o no una estimación puntual del cambio en precios -en general, se pregunta también la dirección (subir o bajar) del cambio-. La mayoría sí pide una estimación puntual -también en el caso de Japón e Indonesia; véase Murillo Garza y Sánchez-Romeu (2014)-.

Las encuestas muestran una considerable heterogeneidad en la forma en que están redactadas las preguntas, a fin de obtener las expectativas de inflación. Tales formulaciones van desde “precios en general”, “precios en las tiendas”, “nivel de precios (medido por el índice de precios al consumidor)” hasta directamente sobre la inflación. Esto podría ocasionar que los resultados de la medición dependan de cómo se haga la pregunta. Aunque pequeñas diferencias podrían parecer triviales, Armantier et al. (2013 y 2016) y Bruine de Bruin et al. (2012) documentan que la forma de frasear las preguntas de inflación impacta cómo los hogares las interpretan y responden. En específico, estos últimos autores demuestran que los cambios en la redacción de las preguntas de la encuesta sobre las expectativas de inflación afecta...

Inflación Reciente en México

La cuesta de enero ha sido menos pronunciada para el bolsillo de los mexicanos, ya que la inflación continúa desacelerándose. Este jueves, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en 3.69% a tasa anual, su nivel más bajo desde febrero de 2021, de acuerdo al informe dado a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi). El aumento generalizado de precios se ha colocado dentro del rango objetivo del Banco de México (Banxico), cuya meta inflacionaria se encuentra en el rango de 3% y más o menos un punto porcentual.En la primera quincena de enero de 2025, el INPC registró un aumento de 0,20% respecto a la quincena anterior, su tasa más baja para este periodo desde 2019. Esta desaceleración se encuentra también en el rango esperado por los analistas financieros.

Según la encuesta de expectativas de Banamex, las previsiones se encontraban entre un mínimo de 3,53% y hasta 4,07% entre las 30 instituciones financieras consultadas.La inflación no subyacente, que incluye las tarifas del Gobierno y reguladas, también registró una pronunciada desaceleración para ubicarse en 3,60% a tasa anual, su menor nivel desde la segunda quincena de febrero del 2024. Al interior de este índice, se observa una inflación negativa para precios agropecuarios de 0,99% en la última quincena, siendo la mayor caída para un periodo igual desde el 2018.La baja estuvo liderada por el precio de las frutas y verduras, con una inflación anual negativa de 6,11%. Los precios del jitomate, la uva y el chile poblano son los que muestran menores descensos. En contraste, los energéticos y tarifas autorizadas por el Gobierno registraron una inflación de 0,70% en la última quincena, siendo la mayor inflación para un periodo igual desde 2021.

En contraste, el componente subyacente, que determina la trayectoria de la inflación general en el mediano y largo plazo, registró una inflación anual de 3,72%, la mayor tasa desde la segunda quincena de octubre, con lo que hila tres quincenas de aceleración.Gabriela Siller, directora de análisis económico de Grupo Base, señala que la desaceleración en la inflación aumenta la probabilidad de que el Banco de México recorte en 50 puntos base la tasa de interés el 6 de febrero. “El resultado de la primera quincena de enero sugiere que la inflación está mostrando un mejor desempeño y podría cerrar en 3,9% en diciembre de 2025″, indica la especialista.

Impacto de la Inflación en el Consumo Privado

La subida de precios en productos y servicios afectó a las y las mexicanas al inicio del segundo semestre del 2024, debido a la inflación, reportó el Inegi. Detalla que la inflación general repuntó a 5.57 por ciento anual durante julio, desde 4.98 por ciento anual en junio y ligó cinco meses al alza, impulsada por las frutas y verduras, y los energéticos. Además, según la columna de Víctor Piz, Inflación pasa factura al consumo privado, al inicio del tercer trimestre del 2024, el consumo privado en México tuvo un débil desempeño, lo que podría sugerir que ya se manifiestan los efectos del alza en la inflación general.

El consumo privado, según el Inegi, es la información que mide la evolución del gasto realizado por los hogares en bienes y servicios de consumo, pueden ser de origen nacional como importado.Esta información permite dar seguimiento de forma mensual al componente más significativo del producto, por el lado de la demanda.Piz destaca que las ventas de los agremiados a la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) reportaron un incremento nominal de 1.2 por ciento anual en tiendas comparables o iguales, aquellas que tienen al menos un año de operación.

En cuanto a tiendas totales, que incluyen unidades nuevas, el crecimiento fue de 4 por ciento respecto a julio de 2023.‘‘En ambas mediciones es el menor crecimiento en las ventas de bienes al menudeo en supermercados y tiendas departamentales desde abril pasado’', destaca Piz. El dato se refuerza, según el Indicador de Consumo Big Data BBVA Research, que indica que el consumo privado en México se contrajo a principios del tercer trimestre del año.El indicador se construye a partir del gasto efectuado en terminales punto de venta de BBVA en el país. En julio registró una caída de 1.4 por ciento mensual.‘’La desaceleración del consumo en los meses recientes pudiera estar relacionada con la tendencia al alza de la inflación general en el país y, probablemente, con las altas tasas de interés’', explica Piz.

El incremento de los precios comenzó en 2021, inicialmente impulsado por el aumento en los precios más volátiles de la economía, particularmente de los energéticos (que tuvieron una inflación anual de 19.30% en abril de 2021) y de las mercancías como alimentos, bebidas y tabaco (donde la inflación anual superó el 4% desde abril de 2020). Conforme pasaron los meses las presiones se extendieron a productos agropecuarios y los precios de los servicios. Es por ello que el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) analizó las presiones inflacionarias observadas a finales de 2021 y los primeros meses de 2022, y el impacto en el gasto de los hogares con diferentes niveles de ingresos.

Al ordenar a los hogares de México por decil de ingreso y analizar las diferentes proporciones de gasto que destinan a los diferentes rubros de consumo, es posible construir un índice de precios para la canasta representativa de cada decil, y por ende, distinguir el cambio en el costo de la canasta de consumo que cada familia enfrenta. Los resultados muestran claramente que el aumento proporcional en el nivel de gasto de las familias con menores ingresos es significativamente mayor que el observado en familias con mayor poder económico. En general, los hogares de menores ingresos destinan una mayor proporción de su gasto a la adquisición de bienes cuyos precios han subido más durante el último año, por lo que el impacto de la inflación es más fuerte para sus canastas de consumo.

La composición de las canastas de consumo de los hogares mexicanos resulta en una disparidad en las presiones inflacionarias que enfrentan. En contraste, el gasto proporcional en artículos y servicios de educación para el decil 1 fue únicamente 2.4%, mientras que en el decil 5 se destinó 3.8% y en el decil 10, 9.8% del gasto total. El efecto del incremento en precios sobre los productos en los que más gastan los hogares con menores ingresos implica que el poder adquisitivo de los estratos socioeconómicos más bajos es también el que más se contrae ante un periodo con altas presiones inflacionarias.

Esto extiende las brechas ya existentes entre los extremos socioeconómicos, que persisten no sólo en materia de ingresos, sino también en otros indicadores. En este contexto es importante implementar acciones para salvaguardar el poder adquisitivo de la población, al mismo tiempo que se busca una estabilidad en precios.

Medidas para Mitigar el Impacto de la Inflación

  • Fortalecer la competencia económica. Una condición necesaria para asegurar que los consumidores mexicanos tengan acceso a mejores precios es la garantía de la competencia económica.
  • Aprovechar los beneficios del comercio exterior. Facilitar la importación de bienes básicos, principalmente alimentos, para incrementar su disponibilidad a precios más bajos mejora el nivel de precios enfrentado por la población.
  • Focalizar los apoyos a la población de más bajos recursos.
  • Facilitar la producción nacional de bienes con alta inflación. Se debe incentivar y acelerar la producción local de bienes esenciales, como los granos, a fin de asegurar una mayor oferta y disponibilidad de alimentos con precios competitivos a largo plazo.

Productos que bajaron de precio en julio (con todo e inflación):

  • El precio del camarón cayó 0.29 por ciento mensual.
  • El del pescado, apenas 0.19 por ciento mensual en julio.
  • El azúcar tuvo una caída de 2.41 por ciento mensual en su inflación.
  • Las aspiradoras y otros aparatos para el hogar tuvieron un descenso de 2.27 por ciento.
  • Los medicamentos gastrointestinales, 1.84 por ciento.
  • Los muebles para el hogar fueron más baratos en julio, después de que su precio se contrajo 1.71 por ciento.

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