Descubre la Impactante Historia de los Impuestos de la Corona Española que Cambiaron el Mundopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La fiscalidad colonial tuvo muchas expresiones. La más gravosa de las cargas impuestas a los indios se pagaba con trabajo, sin contar con que, además, producir y presentar un tributo en especie implicaba trabajo, y no menos el ganar lo necesario para pagarlo en dinero.

Al decir “tributo en Nueva España” lo primero que viene a la mente es el denominado tributo real que pagaban los habitantes de los pueblos de indios. En su forma final, en el siglo XVIII, montaba un peso y media fanega de maíz al año. Pero esta descripción sencilla no deja ver una realidad compleja, difícil de resumir en pocas páginas.

Además, los mismos tributarios que sufrían esa carga enfrentaban otras más que no se llamaban “tributo” pero en esencia lo eran, y, por otra parte, los que formalmente no eran “tributarios” -incluidos los españoles- también tenían que tributar. Es decir, casi todos pagaban impuestos de algún tipo.

Los tributos o impuestos se acomodan a infinidad de formas. Pueden calcularse conforme al ingreso o gasto de una persona, imponerse a cada una como capitación a tasa fija, o cargarse sobre determinada actividad. Se pueden cobrar cada vez que se hace una operación o sólo una vez al año y, según el caso, mediante pago en dinero, trabajo o especie (como ocurre con los pintores que pagan con un cuadro).

Incluso, aunque parezca sorprendente, los hay voluntarios, que es el caso cuando el que los paga siente que está haciendo una ofrenda. En tiempos prehispánicos había sistemas de tributos o impuestos porque existían autoridades legítimas y organizaciones estatales y de gobierno.

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La Administración Colonial y la Real Hacienda

Pero controlar esos dominios coloniales no era una tarea fácil; y para dominar a los pueblos conquistados, para mantener la lealtad de los conquistadores y sus descendientes, y asegurarse un ajusta parte de la riqueza de los reinos de ultramar, Fernando e Isabel, Carlos V y Felipe II impusieron a sus colonias una administración fuertemente estructurada.

En Castilla, la Corona misma, la Casa de Contratación, el Consejo de Indias y un conjunto de consejos, juntas y oficiales menores dirigían los asuntos coloniales. En las Indias, virreyes, capitanes generales, intendentes, audiencias, gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y una multitud de otros funcionarios e instituciones ejercían la autoridad real en todos los niveles de la política colonia.

Un elemento vital en esta imponente estructura administrativa era la red de cajas reales que administraba los intereses fiscales de la Corona en las Indias. De hecho, para 1501, diez años después del primer viaje de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos ordenaron el establecimiento de un sistema formal para recabar los impuestos y el tributo en la Española y para asegurar la justa parte que les correspondía de la riqueza producida en la isla.

Más tarde, mientras castilla extendía sus dominios de las islas del Caribe a tierra firme, la Corona amplió su sistema de Real Hacienda, creando cajas reales en centros administrativos importantes, puertos mayores, regiones mineras y zonas indígenas densamente pobladas.

Oficiales Reales y sus Funciones

En el siglo XVI estos oficiales reales, como eran llamados, compartían responsabilidades en el distrito de su caja. El contador llevaba los libros, registraba todos los cobros y gastos en libros de cuentas, certificaba todas las transacciones y guardaba una de las tres llaves de los arcones o cofres que contenían los fondos.

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El factor fungía como agente fiscal de la caja, negociaba con otros factores de otras cajas en las Indias y con oficiales en España; además, protegía las armas, municiones y pertrechos contenidos en los depósitos reales del distrito de la caja.

Un cuarto oficial, el veedor, supervisaba el peso y la fundición del oro y de la plata, y vigilaba todas las actividades relacionadas con la minería y la amonedación. A finales del siglo XVI, sin embargo, las funciones del factor y del veedor se combinaron en una y más adelante fueron eliminadas, dejando al contador y al tesorero como principales oficiales de la caja real.

Las tesorerías más importantes, como la de Lima y México, contaban, por supuesto, con una cantidad de oficiales menores que asentaban las entradas en las cuentas, las copiaban, trabajaban con el tesorero recolectando los impuestos y custodiaban las cajas reales.

En los distritos menores, sin embargo, un contador o tesorero realizaba a menudo todas las labores. La Corona estableció varios procedimientos para prevenir el fraude y el peculado por parte de estos oficiales reales.

Medidas Contra el Fraude

No se podía hacer ningún desembolso ni depósito en la caja sin la presencia de quienes tenían en su poder las tres llaves-el contador, el tesorero y el oficial más importante del distrito (el virrey en persona, el oidor decano de la Audiencia o el gobernador)-. Los tres tenían que estar presentes para abrir el arcón.

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Todas las cuentas eran enviadas a España para ser revisadas por la Contaduría Mayor del Consejo de Indias antes de ser finiquitadas. En 1605, Felipe III añadió un órgano intermedio para asegurar una administración honesta de las cajas reales, al crear los tribunales de cuentas de Lima, Santa Fe de Bogotá y México.

Los Contadores mayores de este tribunal realizaban visitas anuales a las reales cajas de su jurisdicción, revisaban los libros y estaban autorizados para levantar cargos a los que violaron los reglamentos reales de la administración de las cuentas o a los que cometieran fraude.

Expansión de las Cajas Reales

Las cajas reales nacieron conforme España fue extendiendo su dominio sobre nuevas regiones de la Nueva España. Diez años después, en 1531, se creó una caja real en Veracruz por su importancia como puerto principal de entrada de bienes españoles y europeos a México y de salida de plata mexicana hacia la metrópoli.

En 1540, en plena guerra de conquista contra los mayas, la Corona creó una caja real en Mérida de Yucatán. Le siguió Zacatecas en 1552, poco después de la fundición de la cuidad y del descubrimiento de sus ricos yacimientos de plata.

Después del establecimiento de la Real Caja de Zacatecas, la Corona no creó nuevas cajas durante casi cuarenta años, hasta 1590, cuando la rápida expansión del comercio entre la Nueva España y las de Filipinas hizo necesaria una caja en Acapulco.

Nueve años más tarde, en 1599, aparecieron las primeras cuentas de la caja de Guadiana o Durango, y más de un cuarto de siglo más tarde, en 1628, se fundó la Real Caja de San Luis Potosí. El ritmo de crecimiento de las cajas reales se volvió un poco más lento en el siglo XVII y a comienzos del siglo XVIII, pero siguió el mismo esquema: dondequiera que la Corona encontraba nuevas fuentes de ingreso significativas, particularmente en zonas mineras, y dondequiera que sentía la necesidad de ejercer más firmemente su autoridad, estableció una nueva caja.

Sobre esta base se establecieron cajas en las regiones mineras de Guanajuato en 1665, Pachuca en 1667, Sombrerete en 1683, Zimapán en 1729 y Bolaños en 1753. La creciente importancia militar y comercial de la costa oriental de la Nueva España se reflejó en la creación de la caja de Campeche en 1716 y en el restablecimiento de la pequeña caja de Tabasco en 1728.

La segunda mitad del siglo XVIII los borbones españoles crearon siete nuevos distritos fiscales con el propósito de fortalecer la autoridad real en zonas de frontera del norte de México y a lo largo de la bahía de Campeche, y de asegurar una eficiente recaudación de impuestos en las intendencias, creadas en 1785.

En 1770, por ejemplo, fue creada la caja de Los Alamos, que demuestra la creciente urgencia española y el deseo de Carlos II de fortalecer su dominio sobre Sonora y la costa oriental del Golfo de California.

De hecho, la continua expansión hacia el norte apresuró el traslado de la caja de los Alamos a Rosario en 1783, y a Cosalá en 1806 o 1807. En el norte y noroeste de México, las cajas reales de Chihuahua y de Saltillo, establecidas en 1785 y 1794 respectivamente, demostraban esa misma tendencia: asegurar la frontera de plantar la maquinaria administrativa española en zonas de frontera, a pesar de la pesada dependencia de estas nuevas cajas de los fondos de otras tesorerías para su mantenimiento.

En la bahía de Campeche, necesidades militares y de control del comercio de contrabando impulsaron el restablecimiento de la Real Caja del Presidio del Carmen en 1774, una caja que había funcionado por un breve lapso de tiempo, tal vez como pagaduría, anteriormente en el siglo XVIII.

Por último, a finales del siglo el establecimiento de las cajas reales de Michoacán en 1788 y Oaxaca en 1790, completaron la red de los distritos fiscales en México. Significativamente, para 1800 cada intendencia, cada arzobispado y obispado, cada puerto y región minera de importancia, cada gran mercado y centro administrativo y cada puesto de avance fronterizo, tenía su caja real, veintitrés en total, sin incluir las sub-tesorerías de San Carlos de Perote, San Blas de California y las provincias internas.

Organización Geográfica de las Cajas

Las veintitrés cajas mexicanas estaban organizadas en agrupaciones geográficas. En la costa oriental fuertes lazos unían a las cajas de Mérida, Tabasco, Presidio del Carmen, Campeche y Veracruz. En el oeste y noreste, las tesorerías de Guadalajara, Los Alamos-Rosario-Cosalá, Durango y Chihuahua estaban estrechamente vinculadas.

Chihuahua, a su vez, funcionaba como conducto para los fondos provenientes de cajas más opulentas, como Durango o Rosario, destinados a los presidios del noreste de Santa Fe, El Paso del Río del Norte, Texas, San Buenaventura, Carjigal, San Eleazario, Príncipe y Cerrogordo.

La caja matriz de México era la más importante de la Nueva España y de una u otra manera estaba relacionada con todas las demás cajas. Como caja matriz, todos los excedentes de las demás cajas estaban destinados a la de México, con excepción de las de la costa oriental, que enviaban su pequeño excedente a Veracruz para su remisión a España o al Caribe.

Hasta cajas como las de Durango y San Luis Potosí, que asumían la responsabilidad de abastecer los presidios del norte a finales del siglo XVIII, remitían sus excedentes a México. También estaban muy ligadas a la capital, las cajas mineras de Bolaños, Guanajuato, Pachuca, Sombrerete, Zacatecas y Zimapán, que proveían a la caja matriz de fuertes sumas provenientes de los impuestos mineros.

Creadas en las últimas décadas del siglo XVIII, y estrechamente vinculadas a la órbita de la capital, las cajas de Michoacán, Puebla y Oaxaca enviaban importantes sumas de ingresos fiscales provenientes de alcabalas, tributos, bulas de santa cruzada, varios monopolios reales y un gran número de otras fuentes.

Acapulco y Veracruz, por su importancia como las salidas de los fondos que iban de México al extremo oriente o a España, tenían también vínculos importantes con la caja matriz.

Contabilidad y Registros

Normalmente el contador llevaba dos libros: el libro manual y el libro mayor. En el libro manual, asentaba las entradas y salidas diariamente, sin importar la fuente del ingreso; en el libro mayor llevaba cuentas por ramo o sección.

Por ejemplo, los tributos recabados eran asentados en el libro mayor, en el ramo de almojarifazgos. Los gastos eran asentados en el libro manual y en el libro mayor de la misma manera.

Las entradas, asentadas en el lado de cargo de los sumarios, revelan mucho de las actividades en el distrito de la caja. Por ejemplo, las entradas listan impuestos sobre la producción de plata y oro (3 por ciento del oro, 1.5 por ciento y quinto del oro, 1 por ciento y diezmos de plata, etc.) y sobre la acuñación de plata (señoreaje).

Las recaudaciones de impuestos a las ventas (alcabalas, 2 por ciento de Armada de Barlovento, alcabalas encabezadas, etc.) reflejan la actividad comercial en el distrito de la caja, mientras que en puertos como Acapulco, Campeche, Tabasco y Veracruz, los almojarifazgos recabados revelan la magnitud del comercio y importación y exportación.

Impuestos y Contribuciones Diversas

Los oficios seculares soportaban una carga pesada y pagaban exacciones como la media anata eclesiástica, la mesada eclesiástica y el subsidio eclesiástico. Asimismo, los oficios temporales pagaban la media anata secular y el 4 por ciento de sueldos, desde finales del siglo XVIII.

Pagos por la venta, renuncia o renta de oficios (oficios vendibles y renunciables) también eran una fuente de ingreso real. Además de los impuestos a los oficios seculares, la Iglesia soportaba otras cargas, pues hacía contribuciones por concepto del ingreso de vacantes mayores y vacantes menores, se hubiera muerto con él (espoleos), y de los novenos de la mitad del ingreso de los diezmos reservados a la Corona (novenos).

Los obispados también proporcionaban fondos para el mantenimiento de la Real Orden de Carlos III, del obispo de Luisiana, del príncipe Clemente de Saxonia y de la Real Capilla de Madrid.

El ingreso proveniente de una multitud de monopolios reales (alumbres, nieve, naipes, cobre, juego de gallos, plaza de toros, papel sellado, salinas, lotería, cordobanes, tabaco y el importantísimo ramo de azogues) también ayudaba a llenar las arcas reales.

La venta de indulgencias (bulas de santa cruzada y bulas cuadragesimales) era otro privilegio de la Corona. Aunque los indios estaban exentos de muchos impuestos, pagaban el tributo, el nuevo servicio real, el medio real de hospital y el medio real de ministros. Además aportaban fondos para las cajas de comunidad de sus pueblos (bienes de comunidades).

Otros ingresos provenían de fuentes como la legalización y venta de títulos de tierras (composición de tierras), los impuestos sobre los extranjeros (composición de extranjeros) y las licencias para tiendas (pulperías). Las pensiones para viudas, huérfanos y retirados se pagaban de los descuentos hechos a los salarios de soldados y oficiales (montepío militar, montepío de ministros, inválidos, etc.).

Ingresos Extraordinarios

Las sumas asentadas en el lado de cargo de las cuentas no sólo indicaban ingresos fiscales, sino también entradas temporales de dinero depositado en la caja real y disponible por los oficiales reales durante el periodo de cuenta. Estas consistían a veces en remanentes de la cuenta anterior (existencia o alcances de cuentas); otras veces consistían en deuda sin cobrar (debido de cobrar, debido de cobrar años anteriores, debido de cobrar esta cuenta, etc.).

El dinero depositado como garantía se asentaba como depósito y era normalmente retirado una vez cumplidas las obligaciones. Préstamos de todos los tipos eran frecuentes y aparecían de muchas maneras en los libros (préstamos, préstamos patrióticos, empréstitos, suplementos de real hacienda, imposiciones de capitales, etc.).

A finales del siglo XVIII la Corona ordenó que fueran nuevamente acuñados todos los pesos de ocho y los reales; esto apareció en el lado de cargo de las cuentas como cambio de platas o moneda, macuquina, pero no constituye, de ninguna manera, una entrada. En muchas cuentas, sobre todo en la caja de México antes de la segunda mitad del siglo XVIII, extraordinario en una entrada de gran magnitud e importancia. Técnicamente este ramo incluía los ingresos que ni podían ser ubicados en ninguno de los ramos establecidos.

En México, por ejemplo, en 1750 el ramo de extraordinario sumaba 368 001 pesos. Esta suma incluía fondos provenientes de muchos de los monopolios reales como el juego de gallos, los naipes, la pólvora y el solimán, préstamos hechos al tesoro para la defensa del Caribe, impuestos al transporte pagado por quienes compraban mercurio para las amalgamación de la plata, el ingreso proveniente de los salarios de puestos militares vacantes, etc.

Conforme fueron añadidos nuevos ramos a las cuentas en la segunda mitad del siglo XVIII, el ramo extraordinario perdió importancia.

Gastos de la Corona

El lado de data de las cuentas, en el cual se asentaban las salidas, es tan importante como el lado de cargo pues detalla cómo son gastados los ingresos. Los registros de data incluían los salarios de todos los funcionarios públicos como el virrey, los oidores y los alcaldes del crimen de la Real Audiencia, los alcaldes mayores y corregidores, los reales oficiales, porteros, guardias y una multitud de otros funcionarios civiles que prestaban sus servicios en el distrito fiscal.

Estas cuentas incluían asimismo los gastos por papel, plumas, tinta, y renta y reparación de las oficinas usadas por estos funcionarios. Los situados embarcados hacia la Flo...

El Tributo Indígena

La Real Hacienda Pública fue la institución encargada de organizar, recaudar y administrar los impuestos, rentas, concesiones, entre otros. La mayor parte de los ingresos recaudados se enviaban a España y una parte menor se utilizaba como ayuda a otras colonias.

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