Introducción: El Positivismo y el Porfiriato
Al alba del siglo XX, México experimentó un período de profunda transformación bajo el gobierno de Porfirio Díaz, caracterizado por una aplicación rigurosa del positivismo, una filosofía ideada por el francés Auguste Comte. Esta corriente, que enfatizaba el orden y el progreso, desempeñó un papel crucial en la configuración de la política y la sociedad mexicana durante el Porfiriato. La doctrina influyó profundamente en el gobierno de Porfirio Díaz, quien gobernó México de manera casi ininterrumpida desde 1876 hasta 1911. En la segunda mitad del siglo XIX la filosofía positiva se consolidó como la corriente de pensamiento dominante en México, muchos pensadores la utilizaron como marco teórico para interpretar los acontecimientos pasados y proyectar el futuro de la nación.
Orígenes y Principios del Positivismo: Auguste Comte
El positivismo, fundado por Auguste Comte en el siglo XIX, se basa en la idea de que el conocimiento verdadero se deriva únicamente de la experiencia empírica y la observación científica. El positivismo fue una filosofía que surgió en Francia a mediados del siglo XIX, en una etapa en la que se intensificó el crecimiento económico por la expansión acelerada de la economía de mercado. En este periodo el avance de la ciencia y la tecnología revolucionó en muy poco tiempo las relaciones de producción, la estructura de la sociedad y el equilibrio político dentro de los países y en las relaciones internacionales. Es en este contexto en el que surge el positivismo.
Su propuesta original y el nombre de la corriente se lo debemos a Augusto Comte (1798-1857). A partir de 1830 comenzó a publicar su Curso de Filosofía Positiva, que fue completado en 1842 y que más adelante se convertiría en su obra más conocida. El término “positivo”, tal como Comte lo empleó en su filosofía positiva, era explícitamente polémico y pretendía ser un arma ideológica capaz de combatir el legado ideológico del iluminismo y la Revolución. Paradójicamente, lo que Comte proponía era en realidad una síntesis dialéctica de dos principios que hasta entonces habían sido percibidos como antípodas: el orden y el progreso.
La idea básica de Comte era que las ciencias tienen jerarquía. Los problemas sociales han de ser analizados desde una perspectiva científica que se fundamente en la observación empírica de los fenómenos y que permita descubrir y explicar el comportamiento de las cosas en términos de leyes universales susceptibles de ser utilizadas en provecho de la humanidad.
La Ley de los Tres Estadios
La analogía que pretendía establecer entre los fenómenos físicos y los sociales lo llevó a plantear la distinción entre estática social y dinámica social. Comte definió la estática social como “el estudio de las leyes que gobiernan la acción y la reacción de las diferentes partes del sistema social”. Según Comte, la tendencia histórica de todas las sociedades las conduce hacia el progreso, lo único que cambia es la velocidad con la que se producen los cambios.
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Todas las sociedades evolucionan a lo largo de tres etapas que corresponden a los tres estadios por los que atraviesa la maduración de la mente humana, que son aplicables también para entender el desarrollo de todas las ramas del conocimiento. Estos tres estadios son el teológico, el metafísico y el positivo, y se caracterizan porque en cada uno de ellos la explicación de los fenómenos es atribuida a diferentes factores, hasta llegar a comprenderlos por sí mismos y en sus relaciones entre ellos.
Estadio teológico. Es el punto de partida tanto de la mente humana como de toda sociedad y forma de conocimiento.
En el estado metafísico se cuestiona la racionalidad teológica, y lo sobrenatural es reemplazado por entidades abstractas. La culminación del sistema de Comte se alcanza cuando el hombre renuncia a conocer la causa original de las cosas y se conforma con conocer los fenómenos en sí mismos y las relaciones entre ellos. En este estado la humanidad no busca saber qué son las cosas, sino que mediante la experiencia y la observación trata de explicar “cómo” se comportan, describiéndolas fenoménicamente e intentando deducir sus leyes generales, útiles para prever, controlar y dominar a la naturaleza (y a la sociedad) en provecho de la humanidad.
La filosofía positiva de Comte estaba claramente orientada a la acción: su propósito fundamental era transformar la sociedad mediante la aplicación de la ciencia. De ahí que la construcción de una nueva ciencia, la sociología, juegue un papel tan importante dentro de su propuesta de reforma social.
El Positivismo frente a otras Corrientes
Se podría afirmar también que la filosofía positivista lo que hace es basar su conocimiento en lo real, dejando a un lado las teorías abstractas al considerarlas metafísicas. El positivismo también criticó al liberalismo, por considerar sus postulados metafísicos y ajenos al conocimiento científico de las sociedades, al no tomar en cuenta el grado de evolución de los pueblos. Comte plantea una reforma social confrontando a las propuestas de la Ilustración suscritas por Voltaire y Rousseau, y -analizando a la Revolución Francesa- les acusa de generar utopías metafísicas irresponsables e incapaces de lograr un orden social.
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La religión de la humanidad buscaba sustituir a la tradicional (en especial a la católica) por un conjunto de principios morales que evitaran la desarticulación del tejido social. La sola pretensión de construir una religión de la humanidad, con dogma, culto y calendario definidos por el propio Comte en su Catecismo positivista, despertó severas críticas y la oposición de la Iglesia.
Herbert Spencer y la Evolución Social
Herbert Spencer tuvo como eje de sus reflexiones y análisis la evolución de las sociedades. Para él, todos los fenómenos experimentan evolución, involución o disolución, dentro de un proceso en el que la materia se integra y el movimiento tiende a desaparecer. Desde esta perspectiva, la sociología fue definida por Spencer como “el estudio de la evolución en su forma más compleja”. Lejos de suscribir la ley de los tres estadios, Spencer prefería caracterizar las etapas por las que había atravesado la humanidad a partir del tipo de relaciones políticas que establecieron en cada uno los hombres entre sí y con el Estado.
Diferencias entre Comte y Spencer
Mientras Comte quería construir una sociedad guiada por la religión del positivismo y orientada por los filósofos positivistas, Spencer desconfiaba de cualquier intento de centralizar el poder político y económico en menoscabo de las libertades individuales, por lo que su ideal era que la interferencia del Estado se redujera al mínimo posible. Comte creía en la necesidad de moralizar a la sociedad, reemplazando las antiguas religiones teológicas por la religión positiva, ya que solamente así podría garantizarse la convivencia y la cohesión social. Para Spencer la moral no se puede enseñar porque es el resultado de la acción individual.
Para Spencer el principio que gobierna la historia es análogo al que rige en la biología: la supervivencia del más apto. Corresponde al Estado definir reglas claras para garantizar la propiedad y para permitir a los individuos beneficiarse de la vida en sociedad con plena certidumbre de que existe un árbitro imparcial en caso de que surjan conflictos, pero no le corresponde resolver el problema de la desigualdad, que es inherente a la sociedad. En sus propias palabras, “el Estado debe proteger la libertad de los individuos, pero es lo único que debe proteger”. Spencer no considera que corresponda al Estado intervenir en la educación de los individuos como lo propone Comte.
En síntesis, puede afirmarse que las ideas de Spencer, a pesar de sus inconsistencias lógicas, eran mucho más compatibles con los principios del liberalismo clásico e incluso podían ser utilizadas para justificar los costos sociales de la modernización económica, política y social que trajo consigo el desarrollo del capitalismo y el ascenso del liberalismo durante el siglo XIX. La competencia y el interés individual le parecían fuerzas más eficientes para promover el desarrollo de las sociedades que el corporativismo y el paternalismo.
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El Positivismo en México: Gabino Barreda y la Educación
Aunque las ideas positivistas en México comenzaron a difundirse varios años después de la muerte de Comte, acaecida en 1857, la importancia que tuvieron en la educación, la ideología, la historiografía y el discurso político del Porfiriato se ha visto reflejada en la amplia bibliografía que se ha escrito sobre este tema. En México la difusión de las ideas positivistas comenzó a raíz del triunfo de la República y tuvo uno de sus más entusiastas partidarios en Gabino Barreda.
Estas circunstancias explican el recelo con el que fue recibida en México, tanto por la Iglesia como por ciertos pensadores liberales, la decisión del presidente Juárez de confiar a Gabino Barreda, seguidor y autoproclamado discípulo de Comte, la creación y dirección de la Escuela Nacional Preparatoria. A tan sólo tres meses de la caída del Segundo Imperio, Gabino Barreda pronunció en Guanajuato la oración cívica del 16 de septiembre de 1867 con motivo de la celebración del inicio de la Guerra de Independencia. La hipótesis más plausible sigue siendo la de Leopoldo Zea, según la cual “Juárez, como sagaz hombre de Estado, adivinó en la doctrina positiva el instrumento que necesitaba para consolidar la revolución reformista”.
El proyecto educativo de Juárez avanzó en la secularización de la sociedad mexicana, al reorganizar los sistemas de enseñanza media y superior desde una perspectiva laica. El énfasis del proyecto estaba en educar a las elites y no al pueblo llano, meta que en 1867 se presentaba como irrealizable en el corto plazo. El positivismo comenzó a difundirse gradualmente desde la Escuela Nacional Preparatoria y, lo que fue más importante, las nuevas generaciones comenzaron a formarse bajo el influjo de estas ideas.
La incorporación en México de la política positiva, es decir, la mezcla de política y postulados científicos, se debió al periódico La Libertad (1878-1884), fundado entre otros por Sierra y quien lo dirigió entre mayo de 1878 y abril de 1880. Este periódico fue importante porque defendió los derechos de la sociedad, el orden y la paz, y constituyó “el primer órgano del positivismo mexicano que aplicó los principios de dicha filosofía para proponer una serie de medidas políticas”. Además, introdujo la idea de que el bien general y colectivo debía imperar sobre el bien individual, ya que el individuo era parte de una categoría más amplia llamada sociedad, por lo que quedaba subsumido a ésta. Con ello se fue incorporando y consolidando la idea de que lo importante era hablar de colectividad (nación) y no tanto de individualidad, porque los grandes motores del progreso nacional no se enfocaban en la realización integral del individuo, sino en el desarrollo económico, en la reorganización administrativa y en el fomento a la educación nacional bajo una perspectiva científica.
El Positivismo como Fundamento del Régimen Porfirista
Durante el Porfiriato, la aplicación del positivismo se tradujo en una serie de políticas orientadas a modernizar México. La expansión del ferrocarril, el incremento de la inversión extranjera y el desarrollo del capitalismo marcaron el avance económico del país. No obstante, esta modernización tuvo un costo significativo: la explotación laboral y la creciente desigualdad social.
Los intelectuales porfiristas mexicanos del siglo XIX asumieron como suyos los postulados de la filosofía positiva, pero comprendieron que el éxito de aplicarlos dependía de que pudieran ser adaptados “a realidades estrictamente mexicanas”. Esto fue precisamente lo que se intentó hacer durante la ‘política científica’ de finales del siglo XIX, que implementó el positivismo y su metodología, basada en fundamentos científicos y técnicos, a las realidades del país para intentar solucionar los problemas nacionales.
La Historiografía Positivista del Porfiriato
Un aspecto central del positivismo en México fue su impacto en la educación y la historiografía. La filosofía positivista promovió un renovado interés por la historia nacional, vista como un instrumento para consolidar la unidad nacional y fortalecer el régimen de Díaz. La oración cívica de Barreda en 1867 puede ser considerada como el primer intento por aplicar los esquemas positivistas a la interpretación de la historia de México.
En palabras de Leopoldo Zea, “Gabino Barreda hace de la historia de México un eslabón de la historia de la humanidad, según la tesis del positivismo comtiano. En la progresiva emancipación mental de la humanidad, México representa un alto grado de progreso”. Sin embargo, habrían de pasar varios años antes de que se escribiera la primera historia mexicana estructurada a partir de las tesis de Comte. Esta primera obra de la historiografía positivista no tuvo como propósito ofrecer una interpretación de la evolución económica, política o social de México, sino de la historia de la ciencia mexicana, en concreto de la medicina.
"México: su evolución social", Obra Cumbre del Positivismo
Por su análisis, explicación e interpretación de la historia nacional México: su evolución social es la obra culminante del positivismo mexicano. Esta obra, pensada como una interpretación del desarrollo histórico de la nación mexicana a partir de las herramientas teóricas y metodológicas de la doctrina positivista, en sus diversas vertientes, bien puede ser considerada la obra cumbre de la historiografía porfirista, y ello tanto por sus postulados como por su consistencia teórica.
México: su evolución social fue publicada durante el ‘porfirato’, es decir, durante el periodo de gobierno del presidente Porfirio Díaz (1877-1911) y en el contexto de la llamada ‘política científica’ de corte positivista. Desde su planeación fue pensada como una obra única, por eso fue financiada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (encabezada en aquel momento por José Yves Limantour) y publicada por el importante editor Santiago Ballescá. Su objetivo aparece claramente en el contrato entre el editor y la Secretaría de Hacienda: “Dar a conocer en el país y en el extranjero, la importancia de los progresos que México ha conquistado en todos los ramos del saber y de la actividad. La obra comprenderá tres ediciones: una en idioma castellano, otra en francés y en inglés la tercera.”
Aunque no hay una estructura clara ni bien definida, pues cada capítulo puede revisarse con independencia del resto, eso no significa que la obra no tenga unidad; de hecho, presenta un sentido de totalidad y eso se debe en gran medida a que fue dirigida por un solo individuo: Justo Sierra. Junto con Sierra colaboraron en el equipo editor catorce personas, aunque los autores de los artículos fueron sólo trece. A pesar de no ser la primera obra de su tipo, México: su evolución social superó a las que le antecedieron y se convirtió en la recopilación historiográfica más importante del porfiriato.
Por eso el historiador Álvaro Matute ha argumentado que es un documento historiográfico e ideológico invaluable, ya que contiene “el credo fundamental del porfiriato” así como otros elementos influyentes para la Revolución mexicana. Lo considera “la más completa y sistemática elaboración de la ideología del grupo de los ‘científicos’, complementada con las expresiones de autores ajenos a él, pero de alguna manera coincidentes en muchos puntos de vista con los ideólogos porfirianos”.
Obras Influyentes en "México: su evolución social"
México: su evolución social no fue la primera obra de su tipo y, por lo mismo, hubo textos que influyeron decisivamente en su planeación. Éstos fueron:
- el Diccionario universal de historia y geografía (1853-1856) en 10 tomos;
- Algunas ideas sobre la historia y manera de escribir la de México (1865) de Manuel Larráinzar;
- Estudios sobre la historia general de México (1875-1877) de Ignacio Álvarez en 5 volúmenes;
- Historia de México (1876-1882) de Niceto de Zamacois en 20 volúmenes;
- History of Mexico (1883-1887) de Hubert H. Bancroften en 14 volúmenes;
- México a través de los siglos (1884) de Vicente Riva Palacio en 5 tomos y
- “México social y político: apuntes para un libro” (1889) de Justo Sierra.
Las dos últimas obras fueron especialmente influyentes para la obra que nos ocupa. La enciclopedia dirigida por el general Riva Palacio, fue importante por i) la información detallada, precisa y exhaustiva que brindó sobre el país; ii) la periodización que hizo de la historia de México en época prehispánica, Colonia, Independencia, México independiente y Reforma; iii) el interés de escribir una historia nacional; iv) la concepción del tiempo histórico lineal y continuo; v) haber utilizado el método positivo y abordado las teorías de la evolución.
Metodología y la Concepción Organicista
En cuanto al método de investigación empleado en la obra, es palmario que la mayoría de ellos se sirvió de la metodología científica de corte positivista. Ésta era la herramienta en boga, considerada la más eficiente, rigurosa y exacta para estudiar los hechos sociales. El método histórico positivista utilizado tuvo como eje motor dos operaciones propias del positivismo comteano: el “análisis” y la “crítica”. Por medio del ‘análisis’ se examinaron las fuentes en su aspecto externo, precisando fechas, autores, autenticidad de la información, de las fuentes, etc. A través de la ‘crítica’ se estableció una valoración sobre qué partes podían ser utilizadas y cuáles no, para posteriormente implementar clasificaciones y relacionar unos hechos con otros.
En términos generales podemos decir que la forma en la que los autores se acercaron a sus temas fue comparando, comprobando, describiendo y explicando la información recabada, con el propósito último de prever prospectivamente el devenir de los acontecimientos que estudiaban. Esto último, que no era sino un anhelo de progreso, hizo pensar a los autores que los únicos capaces de guiar a la humanidad hacia algo mejor eran aquellos que se servían de la metodológica de los planteamientos científicos. La impronta positivista de la obra se manifestó no sólo en el uso e incorporación de categorías positivas, sino también en la pretensión y búsqueda de un saber histórico que teniendo en cuenta el cuerpo social sirviera de orientación al poder.
El hecho de que la obra haya sido organizada en partes o capítulos temáticos desarrollados cronológicamente, acorde a las grandes etapas de la historia nacional, refleja el peso de la concepción organicista fruto de la influencia positivista y de las teorías de la evolución social, sobre todo de Herbert Spencer. Éste, al equipar el progreso social con el progreso biológico y extraer deducciones morales de la evolución, entendió el progreso como espontáneo y automático, por lo que la acción y el esfuerzo humanos quedaban relegados a una simple interferencia en las leyes biológicas de la naturaleza. Esta idea, asumida por muchos de los autores, muestra que la concepción organicista spenceriana permeó sobremanera la configuración y metodología de la obra, al entender a la sociedad, y por ende a la nación, como una especie de “organismo” social, esto es, como un ser vivo, complejo, relacionado entre sí y con su “medio”. La cita anterior contiene términos como ‘gestación’, ‘organismo’, ‘vitalidad’ y ‘civilización’, lo que pone de manifiesto no sólo la concepción positivista de la obra, sino, sobre todo, su metodología histórico-cientificista.
Declive del Positivismo y Legado Actual
El positivismo comenzó a perder terreno con el auge de la Revolución mexicana en 1910. Este conflicto armado, que buscaba la justicia social y el cambio político, desafió las premisas del régimen porfiriano y, por ende, del positivismo como base ideológica del gobierno. Hoy en día, el positivismo como filosofía política y social ha sido en gran medida desplazado por enfoques más contemporáneos que integran perspectivas multidisciplinarias y críticas sobre el desarrollo social y económico.
En el México actual, la influencia del positivismo se percibe principalmente en el ámbito histórico y académico, donde su impacto en el desarrollo educativo y la historiografía sigue siendo objeto de estudio. En resumen, el legado del positivismo durante el gobierno de Porfirio Díaz refleja un periodo de intensas transformaciones y contradicciones en la historia de México.
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