La palabra "enajenación" significa, en el lenguaje cotidiano, "acción de enajenar". Y "enajenar" significa "entregar a otro el dominio de una cosa". El problema de la enajenación es eminentemente filosófico y, aunque antiguo, es uno que no ha perdido actualidad. En filosofía, se habla del problema de la enajenación, que tiene su entronque con el significado de la vida cotidiana. Este concepto es clave para comprender tanto la dialéctica materialista como la concepción materialista de la historia.
Cuando hablamos de enajenación (o alienación) nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra. Así, decimos que algo se enajena cuando se vuelve distinto y extraño, es decir, cuando se vuelve ajeno. El creador puede ser cualquier persona o cualquier grupo de personas y la creación puede ser también cualquier creación, ya sea el producto del trabajo, una relación social o una idea. De manera que podemos hablar de la enajenación de la propiedad, la enajenación del proceso o productos del trabajo, la enajenación política o la enajenación de las ideas, entre otras. Lo enajenado puede ser un objeto que se vende o transfiere, dejando de ser propio. También puede consistir en un lapso de tiempo o incluso la propia vida, cuando se entrega a otro que pasa a poseerla. Finalmente, la enajenación puede afectar a la persona misma, al propio ser, donde uno deja de pertenecerse y se siente poseído por fuerzas externas como la pasión, roles sociales, normas, la cultura o el sistema. En este sentido, uno se vuelve ajeno a sí mismo, apareciendo bajo una forma que le es extraña.
La enajenación es algo en lo que se piensa desde la antigüedad, pero hay que esperar hasta el siglo XIX para encontrar en Alemania una reflexión filosófica sistemática sobre el fenómeno.
Orígenes y Desarrollo Filosófico de la Enajenación
Las fuentes de la idea de la enajenación se pueden encontrar en las concepciones de la Ilustración francesa, con pensadores como Rousseau, y alemana. Esta idea expresaba objetivamente la protesta contra el carácter antihumanitario de las relaciones de propiedad privada. Uno de los primeros registros del tratamiento filosófico del tema es la teoría del Contrato Social. Los teóricos de esta teoría, en particular Rousseau, desarrollaron la idea de que la sociedad surge en el acto en que los hombres entregan al organismo social sus derechos. Este acto de entrega es un traspaso a otro de un bien y, por tanto, un acto de enajenación.
La Enajenación en la Filosofía Clásica Alemana
El problema de la enajenación continuó elaborándose en la filosofía clásica alemana.
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Hegel y la Enajenación del Espíritu
El problema de la enajenación ocupa un lugar central en la filosofía Hegeliana. En ésta, la naturaleza y la historia son la objetivación del espíritu absoluto. Hegel llama enajenación al proceso de objetivación. En Hegel, la enajenación consiste en el ser otro del espíritu, y, por lo tanto, se identifica con la objetivación. El concepto de enajenación fue utilizado por Hegel para referirse a la negación de una realidad inicial. En su concepción idealista del mundo plantea que la idea se niega y deviene en cosa, que es, en primer lugar, la naturaleza y la historia. Para Hegel, la enajenación se supera a través de la cancelación de toda objetivación. La interpretación idealista de la enajenación fue desarrollada con la mayor plenitud por Hegel, para el cual todo el mundo objetivo es el “espíritu enajenado”. Según Hegel, la tarea del desarrollo consiste en eliminar esta enajenación en el proceso del conocimiento.
Feuerbach y la Crítica Antropológica de la Enajenación
En Feuerbach, el concepto de enajenación hay que enmarcarlo en su crítica a la religión y al idealismo hegeliano. En él, la enajenación consiste en la deshumanización o negación del ser humano, creando un ser sobrehumano: Dios. Feuerbach coloca como verdadero sujeto al hombre real y sensible, y no al espíritu. De esta manera, lejos de ser el hombre un producto de Dios, Dios es un producto del hombre. El hombre, según él, enajena su esencia transfiriéndola a Dios. En el concepto de Dios Feuerbach ve los atributos humanos elevados a lo más digno, mientras que el hombre es reducido a un ser miserable. Esta enajenación tiene consecuencias nefastas para el hombre, porque no ve a Dios como un producto suyo; sino que Dios es un ser que lo domina.
Feuerbach nos dice: "…La teología escinde (entzweit) y aliena (entäussert) el hombre, para luego identificar con él la esencia (wesen) alienada (entäussert)…". Y añade: "El hombre -he aquí el misterio de la religión- objetiva se esencia, luego, de nuevo, hace de sí mismo el objeto de ese ser objetivado, metamorfoseado en un sujeto, una persona; el hombre se piensa, es para sí mismo objeto, pero en tanto que objeto de un objeto, de un ser otro o ajeno".
Feuerbach dio una interpretación antropológica a la enajenación. Él ve la fuente de la enajenación en los estados psicológicos, y trató el mundo sensible del hombre como el fundamento enajenado de la vida humana, contraponiéndolo al mundo ficticio de la enajenación. Sin embargo, al reducir la enajenación únicamente a los fenómenos de la conciencia, Feuerbach no encontró las vías reales necesarias para superarla, pues las veía sólo en la crítica teórica.
La Enajenación en el Pensamiento de Marx
Marx hereda el concepto de enajenación de la filosofía alemana, especialmente del idealismo de Hegel y del materialismo de Feuerbach. En sus estudios, Marx se detuvo en más de una ocasión en el fenómeno de la enajenación.
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El Fundamento Económico de la Enajenación Capitalista
Marx hace un análisis de los fundamentos económicos de la enajenación del obrero en las condiciones de la producción capitalista. En los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, señala que hay cuatro momentos de la enajenación económica del proletario:
| Aspecto de la Enajenación | Descripción |
|---|---|
| Enajenación del producto de su trabajo | El producto del trabajo se opone al obrero como algo alineado, un poder independiente, y se convierte en objeto ajeno y hostil. |
| Enajenación del acto mismo de la producción, de la actividad | El trabajo es exterior al obrero; en él no se confirma, sino que se niega, no se siente feliz, sino desgraciado, y mortifica su cuerpo y arruina su mente. |
| Enajenación del ser genérico | El trabajo enajenado enajena la esencia del hombre, convirtiendo la vida de la especie en un medio de vida individual. |
| Enajenación del hombre con respecto al hombre | Una consecuencia inmediata de la enajenación del hombre de su producto, su actividad vital y su ser esencial, es la enajenación del hombre del hombre. |
Refiriéndose a las condiciones de la producción capitalista, Marx nos dice que "el obrero se hunde al nivel de una mercancía y se convierte en realidad en la más miserable de las mercancías". El obrero se hace más pobre mientras mayor riqueza produce, cuanto más aumenta su producción en poderío y extensión. El obrero se convierte en mercancía más y más barata a medida que crea más mercancías. El valor creciente del mundo de las cosas determina la directa proporción de la devaluación del mundo de los hombres.
El trabajo no sólo produce mercancías: se produce a sí mismo y al obrero como mercancías. Este hecho expresa que el objeto que produce el trabajo -el producto del trabajo- se le opone como algo alienado, como un poder independiente del producto. La realización del trabajo en su objetivación aparece como una pérdida de realidad para los trabajadores; la objetivación como la pérdida del objeto y servidumbre del objeto; la apropiación como enajenación. Mientras más se desgasta el obrero, más poderoso se hace el mundo objetivo alienado que él crea frente a sí, y más pobre se hace a sí mismo -su mundo interior-, menos le pertenece como suyo. Lo mismo pasa en la religión: mientras más pone en Dios, menos retiene el hombre para sí. El obrero pone su vida en el objeto; pero ahora su vida ya no le pertenece a él, sino al objeto; de ahí que, mientras mayor es su actividad, mayor es la falta de objetos del obrero.
La enajenación se manifiesta no solo en el resultado sino en el acto de la producción: dentro del acto de la producción misma. Al enajenar del trabajo la naturaleza y al hombre mismo, sus propias funciones activas, su actividad vital, el trabajo enajenado enajena la esencia del hombre. Convierte la vida de la especie en un medio de vida individual.
La privación y la expropiación inherentes a la propiedad privada están en el origen de la enajenación. Marx explica que, mientras la clase poseedora “se siente a gusto y fortalecida” en la enajenación, la clase desposeída “se siente aniquilada” por estar enajenada, pues “deja de existir” en ella y ve en ella “su propia impotencia”. Es por esto que la enajenación tan sólo puede ser combatida por los desposeídos, por los trabajadores explotados, ya que son ellos quienes la sufren y quienes quieren por ello liberarse de ella.
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En la descripción del capitalismo que Marx nos ofrece en su madurez, los sujetos no se poseen a sí mismos, estando enajenados, poseídos por el capital, por el dinero, por el comercio y por el valor de cambio de las mercancías. Todo en el sistema capitalista se muestra inhumano, ajeno a lo humano, enajenado con respecto a la humanidad.
La Actividad No-Enajenada
La noción de una actividad no-enajenada es un eslabón fundamental de la argumentación en los Cuadernos de París. Aquí Marx nos pide que supongamos una producción en la que se “produce en tanto que ser humano”, desenvolviéndose a través de lo que se produce, “objetivando la individualidad y la peculiaridad”, creando un producto que sería una “expresión vital individual” y una “comprobación de la personalidad”. Quizás la idea más próxima que podemos hacernos de la actividad no-enajenada, tal como la entiende Marx, sea la creación artística en la que nos realizamos al realizar lo más íntimo de nuestro ser.
Esta experiencia es lo más distante del trabajo enajenado que Marx observa en el capitalismo: un trabajo en el que el trabajador no puede ni expresarse ni objetivar su individualidad y peculiaridad, ni comprobar su personalidad, ni realizarse ni realizar nada íntimo de su propio ser. El capitalismo se apropia del trabajo vivo, enajenándolo del trabajador, y lo transforma en trabajo muerto, en capital, con el que puede seguir enajenando el trabajo del trabajador. Así, cuanto más trabaja el trabajador, cuanto más riqueza produce, más fortalece aquello que lo enajena, lo explota, lo empobrece. Nuestra fuerza termina siendo la del poder con el que se nos domina, con el que se nos explota, oprime y reprime, con el que se nos controla y disciplina.
La Superación de la Enajenación
Para superar la enajenación, Marx propone una nueva vía. Ya no se trata de educar al hombre, ilustrarlo o hacer una prédica moral sobre él, como antes se pretendía. Para Marx, la enajenación es objetiva. Por tanto, hay que suprimir las condiciones objetivas que generan la enajenación. Esta eliminación es, según Marx, la transformación revolucionaria de la realidad, la subversión de la realidad por la acción de las fuerzas sociales más revolucionarias.
A través de la práctica revolucionaria, fundamentalmente del proletariado, y la instauración del comunismo es que puede tener lugar la superación de la enajenación. Siguiendo las ideas de Marx, Engels señala: "El comunismo es la doctrina de las condiciones de liberación del proletariado… El proletariado se libera suprimiendo la propiedad privada, la competencia y todas las diferencias de clases". Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, la sociedad suprimirá todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Entre estas consecuencias "nefastas", según Marx y Engels, hay que incluir la enajenación, que suponen -en la sociedad futura- será superada.
Con esta enajenación, para expresarnos en términos comprensibles para los filósofos, sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Primero, es necesario que se engendre una masa de la humanidad absolutamente "desposeída" que se subleve. Segundo, un desarrollo universal de las fuerzas productivas que evite la escasez y la recaída en la miseria. Marx y Engels entienden el comunismo de forma muy dialéctica: "El comunismo -nos dicen- no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual".
Sin embargo, la práctica mostró que la sociedad comunista (el socialismo real) no era ajena al fenómeno de la enajenación. Mucho se ha discutido sobre la existencia de la enajenación en el socialismo, y en no pocas ocasiones se modeló una argumentación simplificada que trató de sustentar a priori la eliminación radical de este fenómeno negativo en la nueva sociedad. Son numerosos los hechos que prueban la enajenación en el socialismo. Según algunos autores, el desarrollo ulterior en el tiempo de la sociedad socialista irá superando paulatinamente la enajenación, entendiendo la desalienación como un proceso y no como un acto.
