Descubre la Verdadera Historia del Conflicto en Afganistán Contra el Régimen Talibán: Impactos y Revelacionespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La historia de Afganistán ha estado marcada por constantes conflictos internos y la influencia de potencias extranjeras. En este contexto de inestabilidad, el movimiento talibán ha jugado un papel central, definiendo periodos de supresión y resistencia.

Contexto histórico: La invasión soviética y la guerra civil

La invasión soviética tiene su origen dentro de Afganistán. En abril de 1978, un grupo de militares entrenados en la Unión Soviética dio un golpe de Estado cruento (revolución Saur, “abril”) asesinando al presidente Daud, y se estableció la “República Democrática de Afganistán”, de orientación comunista. El bloque occidental vio esta intervención como un descarado acto de agresión por parte de un Estado totalitario. El día de Navidad de 1979 se produjo lo que se percibió mundialmente como una masiva, sorpresiva y sumamente eficiente invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética.

La fuerza con que la URSS entró en Afganistán, denominada oficialmente “Contingente Limitado de Fuerzas Soviéticas” (sic), era adecuada para enfrentarse a una posible (finalmente desarticulada) resistencia organizada del ejército afgano. El Estado Mayor soviético tomó como modelo operacional sus previas intervenciones en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968) (Operación Danubio), sin tener en cuenta que penetraban con efectivos muy limitados en un país mucho mayor que aquellos, sumido en plena guerra civil, sin estructuras de Estado, sin buenas comunicaciones y con una milenaria tradición de resistencia exitosa contra invasores extranjeros. Pronto, grupos de muyahidines (“luchadores de/por la fe”) se rebelaron enarbolando la bandera de la religión, pero en realidad defendiendo también sus usos y costumbres seculares. Los bombardeos subsiguientes y la reconquista de la ciudad causaron miles de muertos -por ambos bandos, incluyendo asesores soviéticos- y el país entró en una guerra civil abierta.

Tras la retirada soviética, el país se sumió en una compleja e incontrolable guerra de guerrillas y una guerra civil entre más de 20 tribus. A fines de 1994, Afganistán se hallaba en estado de desintegración, un escenario que propició el surgimiento de nuevas fuerzas.

El surgimiento del movimiento talibán y su primer régimen (1996-2001)

El movimiento Talibán es una mezcla de tradición y renovación. La palabra Talibán significa estudiante, proveniente del pastún طالبان ṭālibān, que significa «estudiantes», el plural de ’Talib’. Su líder espiritual es el mulá Mohamed Omar. Los comandantes originales de Omar eran "una mezcla de excomandantes de pequeñas unidades militares y de profesores de madraza", mientras que su rango y archivo se compone principalmente de los refugiados afganos que han estudiado en escuelas religiosas islámicas en Pakistán. Las fuentes afirman que ya en octubre de 1994, Pakistán estuvo muy involucrado en la "creación" de los talibanes. La agencia de Inteligencia Inter-Services de Pakistán (ISI), apoyó firmemente a los talibanes en 1994, en espera de una nueva fuerza de poder en Afganistán que fuera favorable al gobierno islamista de Pakistán. El gobierno afgano alegan ampliamente que la dirección de Inteligencia Inter-Services y las fuerzas armadas de Pakistán han brindado apoyo a los talibanes, tanto durante su fundación como cuando ostentaban el poder, y que también les suministró apoyo durante la insurgencia en contra del gobierno afgano.

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La primera acción militar importante de los talibanes fue en 1994, cuando marcharon hacia el norte de Maiwand, conquistando el cruce fronterizo de Spin Baldak y un depósito de municiones del comandante Gulbuddin Hekmatyar el 29 de octubre. El 3 de noviembre de 1994, los talibanes, en un ataque sorpresa, conquistarían la antigua ciudad de Kandahar, una de las más antiguas e importantes del país. Tras tres meses de luchas, para el 4 de enero de 1995, esta fuerza hasta ahora desconocida tomó el control de 12 provincias afganas que no estaban dominadas por el gobierno central, logrando el desarme de la población que se encontraba "fuertemente armada". Las milicias que controlaban las diferentes áreas del país a menudo se rindieron sin luchar, por lo que los talibanes perdieron muy pocos combatientes.

Con el firme apoyo de Pakistán, Arabia Saudita y Osama Bin Laden, que luego formaría la organización terrorista Al Qaeda, los talibanes marcharon posteriormente a Kabul. En 1996, los talibán toman Kabul, la victoria fue total. El régimen de los talibanes tuvo el control de la capital de Afganistán (Kabul) y la mayor parte del país durante cinco años, en el llamado "Emirato Islámico de Afganistán", adquiriendo el reconocimiento diplomático de solo tres países: Pakistán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. El movimiento talibán está estrechamente vinculado a las ideas del «movimiento wahabí». En el poder, los talibanes implementan la escuela de jurisprudencia islámica Hanafí, que se hizo famosa internacionalmente por la forma de tratar a las mujeres.

Un país bajo la Sharía: la vida en el Emirato Islámico (1996-2001)

Bajo los talibanes, Afganistán se había convertido en un agujero negro en el que podían prosperar todo tipo de extremismos. La sharía, en sus formas más feroces, se aplicaba en todas partes, con ejecuciones públicas, lapidaciones y latigazos. Mientras los talibanes controlaban Afganistán, prohibieron las actividades consideradas haram, incluidos los medios de comunicación, las pinturas, la fotografía, y las películas que mostraban a personas u otros seres vivos. También prohibieron la música con instrumentos, a excepción del daf, un tipo de tímpano. Trabajar para la televisión era una pesadilla, porque tomar la imagen de cualquier ser vivo estaba expresamente prohibido por motivos religiosos. Las librerías eran saqueadas regularmente en busca de ilustraciones, y cualquier librero culpable era azotado.

La represión de los derechos de las mujeres fue sistemática y severa:

  • Las mujeres sólo se aventuraban a salir si tenían un permiso por escrito de los hombres y, por supuesto, tenían que llevar la omnipresente burka.
  • Los talibanes impidieron que las niñas y las jóvenes asistieran a la escuela para evitar la zina que en caso de adulterio conlleva a la lapidación o Rajm.
  • Les prohibieron a las mujeres trabajar fuera del área de atención médica (los médicos varones tenían prohibido tratar a las mujeres).
  • Exigieron que estuvieran acompañadas por un pariente masculino y usaran una burka en todo momento cuando estuvieran en público, para mantener el Namus y evitar así el crimen contra el honor.
  • Si las mujeres quebrantaban ciertas reglas, eran públicamente flageladas, lapidadas, decapitadas o ejecutadas con otros métodos.
  • Los talibanes permitieron y alentaron el matrimonio de niñas menores de 16 años.
  • Según un informe de Amnistía Internacional, el 80% de los matrimonios afganos eran forzados.

Los talibanes y sus aliados cometieron masacres contra civiles afganos, negaron el suministro de alimentos de la ONU a 160.000 civiles hambrientos y llevaron a cabo una política de arrasar las tierras, quemando vastas áreas fértiles y destruyendo decenas de miles de hogares. Las minorías religiosas y étnicas fueron fuertemente discriminadas durante el gobierno de los talibanes. Los talibanes cometieron masacres especialmente entre los chiitas y la población hazara, que consideraban como "sub-humanos" porque eran "no creyentes", y según ellos no tenían ningún derecho. Es por ello que muchos Hazaras huyeron a la zona de Massoud.

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La intervención internacional y la caída del régimen (2001)

Solo dos meses antes del fin de este régimen, los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington habían sido planeados y guiados por Osama Bin Laden y su movimiento Al Qaeda. Cuatro aviones comerciales son secuestrados. Dos son estrellados contra el World Trade Center de Nueva York, que colapsa. Uno choca contra el edificio del Pentágono en Washington y otro se estrella en un campo en Pensilvania. Los talibanes, que tomaron el poder después de una ocupación soviética de una década, a la que siguió una guerra civil, se negaron a entregar a Bin Laden.

En respuesta, una coalición liderada por Estados Unidos bombardeó instalaciones de los talibanes y de al-Qaeda en Afganistán. La intervención militar de Estados Unidos en Afganistán comenzó en octubre de 2001 con el objetivo de combatir a los terroristas de Al Qaeda -responsables de los ataques del 11-S- y al régimen talibán que los había acogido. En dos meses, los talibanes ya habían sido derrotados. Las fuerzas antitalibanas de la Alianza del Norte, que contaban con el apoyo de Estados Unidos y otros países occidentales, se habían detenido en las afueras de la ciudad, y los talibanes simplemente habían huido. Para el 13 de noviembre de 2001, todos los talibanes habían huido o habían sido neutralizados. "Gracias a Dios que vinieron", gritó un anciano cuando mis colegas y yo entramos a Kabul el 14 de noviembre de 2001, abriéndonos paso entre una alegre multitud.

La era post-talibán y la reconstrucción del Estado (2001-2021)

En diciembre del mismo año, fueron firmados los acuerdos de Bonn, auspiciados por Naciones Unidas, a fin de diseñar la estrategia internacional que ayudaría a la reconstrucción del Estado afgano sin los talibanes para poder sostener la paz y evitar, a largo plazo, que los terroristas pudieran reorganizarse de nuevo en el país. Después de prolongadas negociaciones en una “loya jirga” o gran asamblea, la nueva constitución afgana se convierte en ley. Hamid Karzai, líder de la tribu Popalzai Durrani, se convierte en el primer presidente bajo la nueva constitución. Su misión inicial fue apoyar proyectos de reconstrucción, pero rápidamente se vieron envueltos en operaciones de combate.

La estrategia internacional se articuló a partir de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) que, dirigida por la OTAN desde 2003, tenía el objetivo de velar por la seguridad de Kabul y sus alrededores, combatir Al Qaeda y los insurgentes, así como liderar la reforma del sector de la seguridad. El presidente estadounidense, Barack Obama, aprobó un aumento importante en el número de tropas enviadas a Afganistán. El líder de al-Qaeda, Osama Bin Laden, murió en un asalto de los Seals de la Armada de Estados Unidos en un recinto en Abbottabad en Pakistán. El cuerpo de Bin Laden fue retirado y enterrado en el mar. La operación puso fin a una cacería de 10 años liderada por la CIA. La confirmación de que Bin Laden había estado viviendo en suelo paquistaní alimentó las acusaciones en EE.UU.

A pesar de los desafíos, hubo logros significativos. El gobierno apoyado por Estados Unidos tuvo logros como el desarrollo urbano de Kabul. El nivel de vida se ha disparado. Los autos abarrotan calles que antes estaban vacías. Las escuelas han florecido, especialmente para las niñas; bajo los talibanes la educación de las niñas estaba expresamente prohibida. La música, prohibida bajo los talibanes, suena por todas partes. Hay edificios nuevos en muchos lugares. En una ceremonia en Kabul, la OTAN finalizó sus operaciones de combate en Afganistán. Estados Unidos retiró miles de soldados.

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Sin embargo, los gobiernos de los dos presidentes afganos posteriores a los talibanes, Hamid Karzai y Ashraf Ghani, fueron elegidos democráticamente. Pero nunca fueron fuertes, y la corrupción fue el sistema que mejor funcionó. El presidente afgano Ashraf Ghani dijo que más de 45.000 miembros de las fuerzas de seguridad de su país han muerto desde que asumió el liderazgo en 2014. El Talibán lanzó una serie de ataques suicidas, coches bomba y otros asaltos. El edificio del parlamento en Kabul y la ciudad de Kunduz fueron atacados.

El regreso del Talibán (2020-2021)

La culminación de la intervención occidental se dio con las negociaciones de paz. Sin embargo, el presidente Ghani seguiría en su palacio y el ejército se pasearía en sus costosos vehículos occidentales, si Donald Trump no hubiera decidido que necesitaba un éxito en política exterior antes de las elecciones de 2020. Pensó que poniendo fin a una guerra de larga duración, la más larga de la historia de EE.UU., lo conseguiría. Estados Unidos y el Talibán firmaron un “acuerdo para llevar la paz” a Afganistán, en Doha, Qatar. La administración Trump acordó una reducción inicial de sus tropas de 13.000 a 8.600 para julio de 2020, seguida de una retirada total para el 1 de mayo de 2021. Estaba previsto que las fuerzas estadounidenses se retiraran de Afganistán para el 11 de septiembre de 2021, exactamente 20 años desde los ataques del 11 de septiembre.

Varios políticos y periodistas afganos estaban horrorizados por la conclusión de las conversaciones de EE.UU. con los líderes políticos talibanes en Doha en febrero de 2020, y doblemente horrorizados cuando el presidente Joe Biden dejó claro que no iba a reanudarlas. Advirtieron que por muy moderados y pacíficos que prometieran ser los líderes en Doha, los combatientes talibanes sobre el terreno no sentirían ninguna obligación de respetar la letra pequeña. Inmediatamente después de que las tropas estadounidenses, británicas y otras occidentales comenzaron a retirarse, los combatientes talibanes de todo Afganistán hicieron su jugada por el poder. Los informes sobre la ejecución de prisioneros provocaron un ambiente de pánico ciego en una ciudad tras otra, hasta que la propia Kabul sucumbió y funcionarios y soldados se dirigieron al aeropuerto para salir. La retirada de las tropas internacionales en agosto de 2021 fue dramática: dimisión del Gobierno de Ashraf Ghani, rendición del ejército afgano y los talibanes tomando el control de todo el país. Los talibanes seguían siendo las autoridades de facto del país tras el colapso del anterior gobierno en agosto de 2021.

El régimen talibán actual: represión y crisis humanitaria

Bajo el actual régimen talibán, se han intensificado los ataques sistemáticos generalizados contra los derechos de las mujeres y las niñas. Se privó a las mujeres y las niñas de casi todos sus derechos fundamentales, y las mujeres hazaras y de otras minorías religiosas sufrían discriminación interseccional. Se intensificaron los decretos y las políticas de los talibanes dirigidos a las mujeres y las niñas, que les impedían acceder a la enseñanza después de los 12 años, trabajar con organismos de la ONU, ONG e instituciones estatales y disfrutar del derecho a la libertad de circulación, expresión y participación política. El requisito de los talibanes de que las mujeres fueran acompañadas por un mahram (familiar varón) en sus desplazamientos restringió el acceso de éstas al trabajo en el sistema de atención sanitaria y sus posibilidades de buscar atención médica. Los talibanes ordenaron a negocios privados y centros de salud que no atendieran a ninguna mujer que no fuera con un mahram, según informó la ONU. En junio, según los medios de comunicación, los talibanes intimidaron y amenazaron a mujeres que trabajaban para organismos de la ONU y a sus familias en la capital, Kabul. En marzo, la UNAMA informó de que los talibanes habían impedido que las mujeres asistieran a las oraciones en las mezquitas durante el Ramadán en las provincias de Badghis y Herat. En julio, los talibanes arrestaron a decenas de mujeres en Kabul por violar su restrictivo código indumentario. Las mujeres y las niñas sufrían niveles cada vez mayores de violencia por motivos de género, tanto en el hogar como en público. Según informó la ONU, el riesgo de violencia contra las mujeres y las niñas se había incrementado un 40% bajo el régimen talibán, y 14,2 millones de mujeres necesitaban protección y ayuda. Aumentaron los matrimonios forzados, prematuros e infantiles. Mujeres y activistas de derechos humanos de Afganistán calificaron de “apartheid de género” los ataques que estaban llevando a cabo los talibanes contra las mujeres y las niñas. En agosto, la ONU calculaba que más del 78% de las mujeres afganas estaban excluidas de la educación, el empleo y la formación.

La represión se extiende a la libertad de expresión y a las minorías. Asimismo, los talibanes reprimieron a los medios de comunicación independientes y silenciaron toda crítica de sus políticas, arrestando y deteniendo arbitrariamente a periodistas y miembros del funcionariado del anterior gobierno. Los talibanes siguieron atacando y reprimiendo a los medios de comunicación independientes y críticos, persistiendo en atacar a periodistas que criticaban sus políticas draconianas. En julio, la UNAMA informó de que en al menos la mitad de las provincias del país los talibanes habían prohibido que se tomaran fotos o se emitieran por televisión imágenes de seres vivos. En agosto, los talibanes arrestaron a tres miembros del personal de una emisora de radio local, Radio Nasim, que dejó de emitir en las provincias de Daikundi y Bamiyan después de 13 años. Los talibanes restringieron aún más la libertad de expresión y el derecho a la educación al prohibir en las universidades los libros escritos por mujeres y la enseñanza de materias incompatibles con su interpretación de la sharia (ley islámica). También prohibieron los textos poéticos que fueran críticos con sus políticas, decisiones y prácticas, así como la poesía romántica.

Los decretos, políticas y prácticas de los talibanes discriminaban a las minorías etnorreligiosas. Los que se negaron a someterse a estas políticas fueron agredidos físicamente, coaccionados y amenazados de muerte. La organización local de derechos humanos Rawadari informó de que los talibanes habían obligado al menos a 203 personas a convertirse al islam suní. Según informaron Rawadari y los medios de comunicación, en las provincias de Bamiyan, Ghazni, Ghor, Herat, Kabul y Nimruz los talibanes habían impuesto restricciones a la celebración de los ritos religiosos de las comunidades chiíes de etnia hazara, concretamente durante el mes de muhárram. En julio, los talibanes desalojaron por la fuerza a familias hazaras del pueblo de Rashak, en el distrito de Panjab (provincia de Bamiyan), después de que un tribunal talibán resolviera un conflicto sobre tierras a favor de comunidades nómadas de etnia pastún. También en julio, los talibanes desalojaron por la fuerza cientos de hogares en el distrito de Dawlatyar (provincia de Ghor) por un largo conflicto sobre tierras entre dos tribus. Según los medios de comunicación, los desalojos tenían motivación política, ya que muchas de las personas afectadas apoyaban al anterior gobierno.

Violencia, tortura y crisis judicial

Hubo ejecuciones extrajudiciales de personas detenidas y disidentes y se reprimieron las protestas de manera sistemática. Los talibanes detuvieron y recluyeron arbitrariamente a quienes criticaban sus normas draconianas, incluidos periodistas y activistas de derechos humanos. Los medios de comunicación y la ONU informaron de casos de personas disidentes, entre ellas miembros del funcionariado del anterior gobierno, que habían sido devueltas a Afganistán y sometidas a detención y reclusión arbitrarias. Hasta marzo, la UNAMA había registrado al menos 23 detenciones y reclusiones arbitrarias de miembros del funcionariado del anterior gobierno. Según Rawadari, 251 personas -entre ellas manifestantes, figuras influyentes y miembros del funcionariado del anterior gobierno- fueron víctimas de ejecución extrajudicial, misteriosamente asesinadas o heridas por los talibanes y por actores desconocidos durante la primera mitad del año.

Las personas detenidas fueron sometidas a tortura y otros malos tratos. Las organizaciones locales e internacionales de derechos humanos HRD+, Rawadari, Organización Mundial contra la Tortura y otras destacaron el uso por parte de los talibanes de torturas como “arrancar dientes y uñas”, “aplicar descargas eléctricas”, “realizar simulacros de ahogamiento” y “amenazar con matar a familiares de la víctima”. Según los informes, los talibanes sometieron a agresiones y abusos sexuales tanto a hombres como a mujeres en detención. La UNAMA documentó cinco casos de tortura y otros malos tratos infligidos a miembros del funcionariado del anterior gobierno entre enero y marzo. Los talibanes impusieron castigos corporales, que equivalían a tortura y otros malos tratos, por acusaciones de “adulterio”, “consumo de alcohol”, “homosexualidad” y “pederastia”. Estos castigos se añadían a las penas de cárcel. Los talibanes continuaron reprimiendo las reuniones pacíficas críticas o independientes. Según los informes, en los distritos de Argo, Jurm y Khash de la provincia de Badajshán, los talibanes mataron al menos a 10 manifestantes e hirieron a 40 más durante las protestas que desencadenó el programa de erradicación del cultivo de adormidera.

Continuó siendo prácticamente imposible acceder a un juicio justo. Dado que los talibanes habían desmantelado la legislación y las instituciones jurídicas que existían previamente, resultaba casi imposible acceder a un juicio con garantías. La restrictiva interpretación de los talibanes de la sharia (ley islámica) siguió prevaleciendo frente a la anterior legislación, sin que se tuvieran en cuenta la diversidad religiosa, los derechos de las mujeres y las niñas ni las obligaciones internacionales. La Corte Penal Internacional (CPI) emitió órdenes de detención contra el líder y el presidente del Tribunal Supremo talibanes por el delito de “persecución por motivos de género”, considerado un crimen contra la humanidad.

Inestabilidad económica y crisis humanitaria

El país se encontraba en una situación de inestabilidad económica, con una crisis humanitaria cada vez más grave. En el país continuó la inestabilidad económica y se agudizó la crisis humanitaria; 22,9 millones de personas -casi la mitad de la población- dependían de la ayuda. La crisis humanitaria se agravó a causa de catástrofes como terremotos, devoluciones forzosas masivas sin precedentes desde Irán y Pakistán y el impacto de la crisis climática. La crisis humanitaria se vio agravada por el recorte de los fondos de ayuda de Estados Unidos, el mayor donante de Afganistán, y la reducción de la ayuda de otros países. Aunque existían, según el Banco Mundial, señales de una recuperación económica gradual, los talibanes agudizaron la crisis humanitaria, especialmente para las mujeres. En junio, UNICEF informó de que el 90% de los niños y las niñas vivían en situación de pobreza alimentaria, la mitad de ellos en grado extremo. El acceso a la atención sanitaria continuó siendo limitado, especialmente en las zonas rurales, ya que se mantenía la fragilidad del sector sanitario del país y su dependencia de la ayuda internacional. La falta de financiación puso en peligro servicios esenciales de atención sanitaria que proporcionaba la OMS. La discriminación restringió el acceso a la asistencia humanitaria de grupos étnicos y religiosos marginados. Las ONG denunciaron que se discriminaba en el empleo a grupos étnicos marginados y minorías religiosas.

A pesar de los abusos y violaciones de derechos humanos generalizados perpetrados por los talibanes y del agravamiento de la crisis humanitaria, varios países devolvieron a personas afganas, violando con ello el principio de no devolución. Alemania y Austria comenzaron a deportar a personas afganas, colocándolas en situaciones de peligro. Irán, Pakistán, Tayikistán y Turquía devolvieron a personas refugiadas y solicitantes de asilo afganas en expulsiones masivas. Explosiones y atentados suicidas que se atribuyeron a grupos contrarios a los talibanes, a actores desconocidos y a restos de municiones sin explotar de anteriores conflictos mataron e hirieron a civiles, según la ONU y organizaciones afganas de derechos humanos.

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