El turismo de hacienda ha logrado un importante éxito en la escena turística de la Península de Yucatán al colocarse entre las preferencias de un público que busca exclusividad, confort y privacidad en el servicio de hospedaje. Este trabajo estudia una de las tantas dimensiones implicadas en el turismo como el eje que articula y modela las relaciones sociales, políticas y económicas analizadas aquí. Con la restauración de las exhaciendas henequeneras se instaura un nuevo nicho de consumo para la actividad turística que gira en torno a una forma patrimonial distintiva: majestuosas edificaciones que en el pasado se dedicaron a la producción de henequén.
Orígenes y Evolución de las Haciendas Mayas
Durante los primeros años de la época colonial, las ahora famosas haciendas, eran estancias asignadas a los encomenderos españoles. Estas estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial era la producción de ganado.
El henequén es una especie de planta del género de los agaves, que fue cultivada por los mayas en la época prehispánica, por la utilidad de sus fibras para la fabricación de sogas y cordeles, su producción y explotación fue tan fructífera que se convirtió en importante agroindustria ganando el nombre de “oro verde”. El henequén creo un escenario completamente nuevo que abarcaba el paisaje y los edificios de la hacienda, incluyendo las viviendas de los trabajadores.
Las haciendas henequeneras yucatecas surgieron en la segunda mitad del siglo XIX por impulso de las antiguas familias que desde la época colonial poseían grandes propiedades territoriales, por la participación de sus herederos y por los nuevos grupos ricos que se habían desarrollado en el comercio. Estas haciendas fueron el resultado de la transformación de las haciendas maicero-ganaderas establecidas por los españoles durante el tiempo de la colonia.
La Zona Henequenera
La zona henequenera comprende el noroeste del actual estado de Yucatán. Los hacendados se vieron en la necesidad de trasladarse continuamente entre sus propiedades y Mérida por motivos de negocios y por formar parte de una clase social que se fortalecía entre sí con un gran número de actividades como las efectuadas en los clubes, en paseos como el carnaval, culturales como el teatro, y en general una vida urbana cuyas exigencias transformaron el mundo del hacendado.
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Características de la Vida en las Haciendas
En general, para realizar las actividades productivas había dos tipos de trabajadores: los acasillados, que residían permanentemente en la hacienda, y los peones, que eran contratados de acuerdo a los requerimientos de la producción y provenían de los poblados vecinos. Para lograr el arraigo de los trabajadores acasillados y aislarlos de los pueblos, el dueño de la hacienda debía proveerlos de condiciones de vida semejantes a la de los poblados.
Además de proporcionarles una vivienda, era necesario dotarlos del equipamiento comunitario básico. Dependiendo de las dimensiones de la hacienda, los trabajadores tenían, entre otras cosas: plazas públicas, capilla, escuela, dispensario médico, tienda de raya, cementerio, calabozos y espacios recreativos en las plazas.
Las plazas públicas cumplían una función importante en la organización de la producción. Antes del amanecer sonaba la campana y los trabajadores acudían a la plaza para que se les asignaran sus tareas. También ahí se ejecutaban los castigos, convirtiéndose en espacios cargados con un gran significado. Estos espacios también eran utilizados para actividades religiosas como las festividades del santo patrono de la hacienda, en las que se realizaban desde bailes hasta corridas de toros.
Por otra parte, a través de mecanismos compulsivos, no exentos de violencia, como los préstamos, los trabajadores adquirían deudas que les obligaban a permanecer en la hacienda, continuando así una disposición legalizada desde la época colonial.
La población trabajadora estuvo de manera permanente al servicio de las haciendas, y se procuraba que contrajeran deudas las cuales fueran un sacrificio de su libertad para el resto de sus días. Este régimen de deudas y servidumbre perduro hasta 1914. Los campesinos avecindados en las haciendas no tenían libertad de trabajo. La condicion de los sirvientes acasillados en las haciendas era muy similar a la de los campesinos de la Europa Medieval (servidumbre de gleba), no estaban vinculados al dueño sino a la tierra.
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Los sirvientes no eran esclavos, conservaban ciertos derechos civiles; tampoco eran libres, pues estaban arraigados y obligados a prestar servicio sin su voluntad. Sus derechos políticos eran ficticios. No podían separarse de la hacienda, eran reintegrados por la autoridad. El salario no era estipulado por ellos.
En las haciendas el ausentismo del dueño hacía que la autoridad quedara en esas ocasiones en manos del mayordomo. Se azotaba a los peones si salían de la propiedad sin permiso. En la tienda de raya, era donde se endeudaban los peones. Ellos nunca recibían dinero, se encontraban medio muertos de hambre y trabajaban casi hasta morir.
El Eclecticismo Arquitectónico en las Haciendas Henequeras
El eclecticismo, fue la expresión arquitectónica del auge henequenero. La cultura arquitectónica generada durante este período no se identificó con la concepción formal de vanguardia surgida en Estados Unidos, con la industrialización independiente.
De este modo, los hacendados yucatecos no se sintieron motivados por esta nueva concepción, y mucho menos la tomaron como modelo a importar, o la adoptaron como filosofía arquitectónica, ya que era contraria a su espíritu ostentoso que requería un mundo de imágenes comprobado y de mayor contenido simbólico lo mas ajeno posible a una arquitectura democrática, descifrable o traducible por el pueblo.
El proyecto económico e ideológico de los hacendados, durante la época de mayor desarrollo, fue congruente con sus manifestaciones arquitectónicas: descontextualizaron las diversas formas expresivas de la historia europea y desvirtuaron su sentido historico, creando una imagen de progreso importado y, un ambiente de fantasía y frivolidad que le imprimieron una fuerza idílica a esa arquitectura ecléctica, en donde se pueden apreciar rasgos de la arquitectura colonial, elementos neo-barrocos,clasisistas, neo-góticos, arquitectura tropical caribeña y hasta referencias de la arquitectura civil medieval.
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Hacendados y Rancheros Mayas en el Siglo XIX
No sólo los grupos "blancos" y pudientes de la sociedad tuvieron haciendas, sino también los mayas. Al ser la hacienda una de las pocas actividades económicas productivas que se podían llevar a cabo en la península, algunos mayas (si bien son minoría) se volvieron propietarios, incluso tuvieron trabajadores adeudados; por tanto, no permanecieron al margen del desarrollo económico y participaron activamente de éste.
En este trabajo me ocuparé de los amos mayas, seguiré algunas de sus estrategias y reconstruiré sus lazos sociales. Para realizar lo anterior, he utilizado documentos de carácter notarial, en particular los testamentos y los intestados, escritos en español, que prácticamente han sido la única vía para entrar en la vida de estos mayas, a quienes he identificado como tales por el patronímico.
En febrero de 1842, el viajero John Lloyd Stephens llegó al rancho Kiwic en Yucatán y describió a su dueño de la siguiente forma:
El tal propietario era un indio puro, el primero de esta antigua pero degradada raza a quien hubiésemos visto en la posición de ser dueño y propietario de tierras: era como de cuarenta y cinco años de edad y muy respetable en su apariencia y maneras. Había heredado de sus padres aquella finca, sin saber cuánto tiempo hacía que se les hubiese transmitido, si bien estaba en la creencia de que siempre había estado en su familia. Sirvientes suyos eran los indios del rancho, y en ningún pueblo o hacienda habíamos visto hombres de mejor apariencia y mejor disciplinados [...] No es exacto que el indio sea apto solamente para los trabajos manuales, sino que es muy capaz de poseer lo que se necesita para dirigir los trabajos de otros... (2003: 324).
Stephens se sorprendió al constatar que un indio podía ser "amo", pero el cacique de Kiwic no era el primero ni el último en serlo.
Ejemplos Notables de Haciendas Mayas
Hacienda Yaxcopoil
En maya significa “lugar de los álamos verdes” fue fundada en el siglo XVII, a poco más de 30 kilómetros de Mérida, en el municipio de Umán, la hacienda Yaxcopoil es de las haciendas más emblemáticas por su conservación, tamaño y ubicación justo en el centro del mundo maya. En su momento de mayor esplendor, la hacienda contaba con 11 mil hectáreas, posicionándose como una de las más grandes de Yucatán.
La casa principal está compuesta de amplios salones, rodeada de numerosos y extensos jardines con una vegetación inigualable. La oficina aún conserva libros, documentos y gran información de la administración de la hacienda cuando seguía en operación. El oratorio está decorado con un óleo de la época colonial, en él se encuentra la imagen del santo patrono de la hacienda, San Gerónimo de Yaxcopoil.
El comedor y cocina conservan sus muebles que reflejan la vida doméstica de la época y cuenta con piscina y vestidores, un tanque de riego y la noria con su motor original del siglo XX, que sigue operando extrayendo agua para su uso cotidiano. En uno de los salones llamado “Cuarto Maya” se puede encontrar un pequeño museo que reúne numerosas piezas y reliquias arqueológicas que se encontraron en las ruinas de Yaxcopoil, permitiéndonos conocer un poco más de la cultura maya y su historia.
Hacienda Teya
Fundada en 1683, ubicada a unos 15 minutos de Mérida, inició como una hacienda agrícola y ganadera. En Teya se puede sentir la esencia del pasado que se respiran en sus instalaciones. Restaurada por Jorge Cárdenas Gutiérrez, emergió de las ruinas y volvió a la vida como uno de los recintos más espectaculares de la región.
Posee claros antecedentes de la época hacendaria donde se trabajaba en la ganadería y la maicena, fue rescatada en 1954 por Don Julio Laviada quien la restauró con un estilo colonial integrando con acierto, las ampliaciones del período henequenero. Conserva su cuarto de máquinas casi intacto, dejando detalles del tiempo que nos ayudan a imaginar cómo era la vida y el trabajo en la época colonial.
En su interior, aún podemos encontrar cerca de 20 kilómetros de rieles casi intactos, donde se transportaba el henequén para ser trabajado. La casa principal mantiene casi todos sus muebles originales, con hermosos candiles y detalles enigmáticos; en el cuarto principal se puede ver una ampliación para la época henequenera; cuenta con una capilla privada y amplios jardines.
Hacienda Chenkú
Ubicada al Noroeste de Mérida, conserva espaciosos interiores y una monumental arquería con un aire señorial sinigual. Su nombre viene de la lengua maya “Pozo de Dios” o “Pozo Sagrado”, y sus primeros registros datan de 1710, donde fue descrita como sitio poblado de ganado y colmenas, ahora es un recinto muy popular para llevar a cabo eventos de todo tipo.
A pesar de los cambios y el paso del tiempo, y gracias a su restauración y mantenimiento, Chenkú conserva en perfecto estado la casa principal, el histórico cuarto de máquinas, su estanque y la chimenea, al igual que dos construcciones consideradas anexos que se piensa, fueron utilizados como bodegas.
Hacienda Xcanatún
Convertida en la actualidad en uno de los hoteles más exclusivos de Yucatán, inicia su historia en el siglo XVIII. Levantada sobre las ruinas de asentamientos mayas precolombinos, los edificios tienen un diseño ecléctico mezclando su arquitectura original colonial con su restauración a principios del siglo XX.
La palabra Xcanatún viene de la lengua maya y significa piedra alta o piedra en alto. Como otras haciendas de su tiempo, Xcanatún empezó siendo una hacienda con fines agrícolas y ganaderos, para posteriormente convertirse en henequenera a inicios del siglo XIX. Como hoy la conocemos, La hacienda Xcanatun abre sus puertas en el año 2000 como un lujoso hotel y spa.
Cuenta con 18 habitaciones exquisitamente decoradas para crear un ambiente único y de lujo, cada una con su propio jacuzzi, además de dos piscinas, paisajes, jardines y estanques, todo esto en dos hectáreas. Su restaurante, “Casa de Piedra”, es conocido por haber ganado varios premios, uno de ellos es el Star Diamond Award del American Society of Hospitality Services por cinco años.
Hacienda Katanchel
Katanchel -palabra maya que significa "donde se pregunta al arco del cielo"- se encuentra a la altura del kilómetro 24 de la vía Mérida Valladolid, a cuatro kilómetros y medio de la carretera, hacia el norte, por un camino blanco abierto para facilitar la comunicación terrestre con el lugar.
La hacienda, de 220 hectáreas, colindantes con 10,000 hectáreas ejidales, fue adquirida por los esposos Sres. Aníbal González Torres y Mónica Hernández Ramírez -español y veracruzana, promotores de la reforestación y el ecoturismo.Antes perteneció al Ing. Erick Rubio Ancona (q.e.p.d.) y, al igual que todas las haciendas henequeneras de Yucatán durante la época colonial, fue estancia de ganado vacuno y caballar.
Sin embargo, con el fin de la industria, la hacienda -como tantas otras en la región- fue abandonada y al cabo de los años la selva se apoderó de sus 60 edificaciones, dañándolas severamente. En esta bella hacienda prevalecen los colores rojo oscuro con bordes blancos y acabados en madera color azul oscuro. Todos los edificios se comunican a través de caminos blancos, delimitados con piedras en los bordes.
La hacienda ofrece 40 habitaciones, de modo que se puede dar alojamiento a 80 huéspedes. Cada cuarto (llamados por los propietarios "pabellones") está bien ventilado y tiene miriñaque para evitar la entrada de mosquitos; cuenta con baño propio, terraza con hamaqueros y palapa.
En los alrededores del añejo inmueble habita una parvada de gansos que dan peculiar imagen al entorno. Cerca de la casa principal, lo que antes era bodega se transformó en laboratorio, donde se estudian los avances de la reforestación del lugar.
En la casa de máquinas, hoy convertida en restaurante, se sirven platillos de la "cocina mexicana contemporánea". El restaurante está a cargo del chef ejecutivo Luis Albo, quien explica que la cocina mexicana contemporánea es una fusión de la cocina tradicional del país con la cocina de otras naciones, mediante la combinación de recetas.
