La relación entre la Iglesia Católica y el pago de impuestos en España es un tema complejo con raíces históricas profundas. Para comprenderlo, es necesario analizar el auge de la economía novohispana y la participación de la Iglesia en el ámbito económico.
Fuentes de Riqueza Eclesiástica
Numerosas y diversas fueron las fuentes de la riqueza eclesiástica. Según el derecho canónico, los bienes de la Iglesia no podían enajenarse, es decir, constituían lo que se llamó bienes de manos muertas. En primer lugar, y más importante por su carácter general, la limosna. Después los diezmos (que los indios no cubrían), las primicias y las oblaciones, es decir, los ofrecimientos. En seguida las obvenciones parroquiales o pago por administración de sacramentos.
Además de los tributos que los indios cubrían a la iglesia, sin retribución alguna, prestaban servicios personales en la construcción de iglesias y conventos. Los indios eran obligados a llevar sus tributos eclesiásticos, a los lugares que se les señalaba, realizando largas y fatigosas jornadas. El latifundismo eclesiástico también originó daño en la industria y al comercio.
La Iglesia católica poseía un gran poder económico, sus ingresos provenían de diversas fuentes. Una de las más importantes era el diezmo. De igual forma, las limosnas que otorgaban los fieles representaban una entrada significativa de dinero.
El Papel de la Iglesia en la Economía Novohispana
La Iglesia era la mayor institución intervencionista en los negocios de los mineros y los comerciantes. Como se mencionó en la lectura del inicio, el cobro de interés anual era de 2 a 3 millones, aproximadamente. Este sistema de crédito inyectaba más recursos para las inversiones. De acuerdo con la información aportada por el video: la totalidad de la población era católica, pero además tenía la obligación de serlo. Todos los agricultores debían pagar a la iglesia un diezmo. Los Jesuitas, en particular, se convirtieron en importantes latifundistas y sus haciendas generaban una gran producción agropecuaria.
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La Crisis Fiscal Borbónica y la Iglesia de Michoacán
El deterioro que comenzó a sufrir la economía eclesiástica michoacana veinte años antes del inicio de la guerra de Independencia es un punto clave. La corona española utilizó mecanismos poco convencionales para obtener recursos económicos de las iglesias hispanoamericanas. Se trasladaron a la metrópoli recursos procedentes especialmente de la Iglesia de Michoacán y, eventualmente, de otras iglesias de Hispanoamérica.
Los envíos de donativos y préstamos de dinero por parte de las iglesias americanas a la península no fueron exclusivos de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Esa práctica provenía, por lo menos, de principios del siglo XVII. En las dos décadas que antecedieron al inicio de la guerra de Independencia en Nueva España, la corona española instrumentó diversas medidas para obtener más recursos urgentemente, agobiada por las guerras internacionales contra Francia e Inglaterra y por la multiplicación de salarios y pensiones.
Una de aquellas medidas fue la aplicación de una mayor vigilancia acerca de los impuestos que debían pagar todos los súbditos de la corona; otra fue las cada vez más frecuentes solicitudes de donativos a particulares, corporaciones y especialmente a las iglesias novohispanas; una más fue el incremento de algunas cargas fiscales ya existentes y, una última fue la imposición de nuevas exacciones.
Las miras de los funcionarios de la Real Hacienda española se dirigieron en ese entonces particularmente hacia las iglesias que por entonces gozaban de una mejor salud fiscal, como lo eran los casos de México, Michoacán y Puebla. Por mencionar sólo un ejemplo, la declaración de guerra a Francia, en 1793, precisó al rey Carlos IV a que recurriese una vez más al clero de esas iglesias pidiéndole "sostener el honor de las armas españolas", proporcionando donativos de dinero.
Herbert S. Klein observó que fueron precisamente las prolongadas y costosísimas guerras contra Francia (1793-1795) y contra Inglaterra (1796-1801 y 1805-1809) lo que colocó a la corona española en la urgente necesidad de echar mano de impuestos antes desdeñados, además de crear otros, incrementar otros más y, finalmente, recurrir a la petición de donativos y préstamos. A lo dicho anteriormente por Herbert S. Klein, debemos añadir -para redondear el panorama de los conflictos bélicos internacionales que hundieron fiscalmente a España- la ocupación que sufrió esta nación por parte de los ejércitos de Napoleón en 1808, lo cual precisó el envío de nuevos donativos y préstamos graciosos de sus posesiones.
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Por ser la Iglesia la institución más poderosa económicamente en Nueva España, fue en ella en la que recayó el mayor peso de aquellas diferentes medidas dirigidas a la obtención de recursos. Algunos trabajos han llamado la atención acerca de las contribuciones realizadas en aquellos años concretamente por las iglesias y por las diversas corporaciones eclesiásticas para auxiliar a la corona ante la crisis suscitada por las guerras imperiales.
Se ha ampliado el fenómeno de las remesas que en metálico enviaron algunas iglesias novohispanas a la Real Hacienda española entre 1790-1810, considerando para ello no solamente los préstamos y donativos (en que pone énfasis Marichal) o los nuevos impuestos (en que llama la atención Brading) sino también los recursos transferidos a la península por concepto de pensiones y limosnas -interesante variante de los donativos.
Donativos para la Guerra contra la Francia Revolucionaria
La respuesta dada por particulares e instituciones a los llamados de auxilio por parte de la corona española para sufragar los gastos de la guerra contra la Francia revolucionaria fue impresionante. Tan sólo el arzobispo de México, por sí y por el Juzgado de Capellanías, colaboró con la suma de 100 000 pesos, mientras que el deán y Cabildo Catedral metropolitanos remitieron 60 000 pesos, y el Juzgado General de Bienes de Difuntos de la capital novohispana hizo llegar a la Real Hacienda 320 000 pesos.
En ese tono de aportar gruesas cantidades de dinero para tal fin estuvieron el deán y Cabildo de Guadalajara, quienes aprontaron 300 000 pesos; el senado episcopal poblano accedió a suplir fondos propios por un valor de 50 000 pesos, y el Juzgado de Testamentos, Capellanías y Obras Pías de Valladolid de Michoacán aportó 40 000 pesos. Por supuesto que también hubo corporaciones laicas y algunos particulares que desembolsaron elevadas cantidades para la guerra, como, por ejemplo, el Tribunal de Minería y el Consulado de Comerciantes de la ciudad de México, quienes aportaron 350 000 pesos cada uno.
La guerra contra la Francia revolucionaria generó en el obispado de Michoacán una respuesta casi "universal" en apoyo a la corona española, volcándose tanto en apoyos económicos como en actos litúrgicos a favor de esta última. En 1793, el senado episcopal acordó que se contribuyese con 10 000 pesos anuales mientras durase el conflicto bélico contra Francia, además de que decidió donar "los 30 000 pesos que se prestaron a su majestad por el mes de enero de este año". Asimismo, dispuso que se contribuyese también con 3 000 pesos anuales, mismos que se tomarían de los fondos de la fábrica material y del Hospital Real, de los cuales el rey era patrono. A tales iniciativas de respaldo económico a la corona de España, para combatir a los revolucionarios franceses, se sumó también el obispo fray Antonio de San Miguel, quien decidió contribuir con 7 000 pesos anuales. Inicialmente pues, la suma que enviarían tanto el obispo como los capitulares de la Iglesia de Michoacán sería de 20 000 pesos anuales, pero esa cantidad se incrementó considerablemente una vez que el prelado fue informado de que la Iglesia de México estaba ofreciendo una cantidad mayor, por lo que envió un oficio a su Cabildo externándole que pensaba "que sería más decorosa y acaso más soportable la oferta de 65 000 pesos, los 20 000 a fin de este año y los 45 000 en los tres años siguientes inmediatos, a razón de 15 000 en cada uno".
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Pensiones, Donativos y Limosnas
En abril de 1795, el virrey marqués de Branciforte envió a la Iglesia michoacana un oficio solicitándole un nuevo donativo para continuar la guerra contra Francia, la respuesta que se le dio fue inédita: que tanto el obispo como el Cabildo Catedral se encontraban imposibilitados para responder al nuevo pedido, pues las rentas de esta Iglesia habían tenido que sufrir "el grave demérito que le resulta de la segregación de los vastos partidos de La Barca, Zapotlán y Colima, que se han mandado agregar por su majestad a la de Guadalajara", lo cual había reducido en una octava parte sus ingresos decimales. Además, decían aquellos clérigos, desde tiempo atrás el senado episcopal michoacano venía franqueando varias sumas para muy diferentes fines, amén de siempre concurrir con frecuentes y gruesos préstamos y donativos a la corona. Por ejemplo, en 1777 había contribuido con 80 000 pesos para la construcción del astillero de navíos de guerra que se comenzó en el río Coatzacoalcos o Alvarado. Aparte, habían desembolsado una suma imprecisa pero muy elevada para las obras públicas que desde el año de 1786 se venían realizando en la ciudad de Valladolid de Michoacán para emplear a muchos vagos y mendigos. A todo eso, también había que agregar que cada año pagaban puntualmente "las pensiones que se le han impuesto para la orden carolina, patriarca de Indias, etcétera".
Las "Iglesias de Indias" estaban cargadas con un elevado número de exacciones, así por el pago de diferentes impuestos como donativos, préstamos y pensiones. Con ellas se mantenían, parcial o totalmente, las órdenes de Carlos III e Isabel La Católica, varias cátedras de la Universidad de Salamanca, el Colegio de Nobles de Madrid, la Biblioteca Real de Madrid, el cardenal patriarca de las Indias, el príncipe Clemente de Sajonia, los capellanes de Almadén, el Monte Pío Militar, el capellán mayor del rey y varios sujetos que vivían del statu quo del momento.
La Bula de la Santa Cruzada en Nueva España
Durante el reinado de los Reyes Católicos, las “limosnas” de Cruzada constituyeron un importante apoyo financiero en la lucha contra los infieles en la Península. Aunque en estricto sentido la expulsión del Islam había concluido en 1492 con la toma de Granada, la monarquía hispana continuó solicitando al papa la concesión de la Cruzada, que no estuvo exenta de largas polémicas.
A mediados del siglo XVI la cristiandad se encontraba escindida entre católicos y luteranos, quienes cuestionaban el poder de la Iglesia para otorgar indulgencias. Finalmente, la corona y el papado hubieron de acercar sus posturas por efectos coyunturales -la “amenaza del turco” a las puertas de Europa-, lo que llevó a la formación en 1571 de la Santa Liga, encabezada por Felipe II, en defensa de la cristiandad. Así, el monarca agregó la Bula de la Santa Cruzada a los mecanismos de recaudación fiscal con los que contaba en el Nuevo Mundo.
Existieron diferentes tipos de bulas: de vivos, de difuntos y de composición. Las composiciones posibilitaban el resarcimiento o reparación de faltas cometidas contra el prójimo cuando la identidad del afectado fuera desconocida. En 1574 dio inicio la predicación formal en Nueva España a toda la población, incluidos los naturales. En 1578, el papa Gregorio XIII autorizó extender el periodo de la concesión de Cruzada para las Indias de 6 a 12 años, lo que permitió realizar seis predicaciones bienales en el virreinato.
Las órdenes regulares se mostraron reticentes para predicar la bula a los indios. Durante la primera concesión de Cruzada el arzobispo Moya de Contreras denunciaba la poca o ninguna gana con que los regulares colaboraban, por considerar que los montos entregados para la Cruzada mermarían las dádivas que los indios les hacían.
La recaudación de las “limosnas” quedaba a cargo de un tesorero de Cruzada, quien celebraba un asiento o contrato con la corona. Gaspar de Soto administró la Cruzada entre 1586 y 1590. Las bulas se entregaban en la iglesia o parroquia donde se había publicado la Cruzada. Los fieles que habían aportado su “limosna” recibían el sumario o documento con su nombre; era imprescindible tenerlo físicamente para poder obtener el beneficio de las gracias e indulgencias que otorgaba.
La cantidad de bulas de los diferentes tipos y tasas que debían distribuirse en cada obispado se asignaba de conformidad con el número de personas de cada “calidad” ahí asentadas.
Distribución de Bulas y Recaudación
La mayor parte del más de millón de bulas distribuidas en el virreinato se destinaba al arzobispado de México (43%), la diócesis más poblada de toda la Nueva España. Le seguía el obispado de Puebla-Tlaxcala (21%) y Oaxaca (15%). El número de bulas colocadas entre los indios superó en mucho al de los españoles. La tasa de la bula para indios no era demasiado onerosa, sin embargo, el pago de la “limosna” se sumaba a una serie de contribuciones de tipo civil y eclesiástico.
Las “limosnas” de composición eran depositadas por los fieles en el cepo de la iglesia donde se predicaba la Bula de la Santa Cruzada, y la jerarquía eclesiástica se encargaba de entregar lo recaudado al tesorero de Cruzada. Al finalizar la predicación, los tesoreros debían entregar sus cuentas a los oficiales de la Real Hacienda para que éstos les otorgaran su conformidad y determinaran el alcance de los montos a favor o en contra.
Si bien la cuantía de la recaudación no sufrió un significativo aumento, sí se percibe que la tercera y cuarta predicaciones fueron las de mayor éxito recaudatorio. A diferencia de lo que sucedía con otros gravámenes, la corona no tuvo necesidad de coaccionar a sus vasallos para el cobro de la Cruzada; los predicadores se encargaban de convencer a la feligresía para aportar sus “limosnas”.
En Nueva España, la Real Hacienda acaparaba gran parte de los metales preciosos para enviarlos a la metrópoli, lo que generó una escasez de moneda. Esta situación, aunada a la relevante cuantía de los montos recaudados por los tesoreros, les otorgó oportunidades de comercio en condiciones ventajosas.
Datos clave sobre la Bula de la Santa Cruzada
| Tipo de Bula | Tasa | Propósito |
|---|---|---|
| De Vivos | Variable | Indulgencia para personas vivas |
| De Difuntos | Variable | Indulgencia para personas fallecidas |
| De Composición | 12 reales | Resarcimiento de faltas cometidas |
| Obispado | Porcentaje de Bulas |
|---|---|
| México | 43% |
| Puebla-Tlaxcala | 21% |
| Oaxaca | 15% |
