En 2007, anticipándose al centenario de su fundación, el entonces decano de Harvard Business School (HBS) encargó a tres de sus profesores más destacados un estudio sobre el estado del capitalismo. La conclusión fue una llamada de atención para cualquiera que considere que el capitalismo es un instrumento eficaz, si se aplica de manera imperfecta, para satisfacer las necesidades humanas, compensar el trabajo y el capital, promover la innovación y asignar recursos. En 2011, los autores escribieron que, si el capitalismo no se adaptaba, dentro de los próximos 25 años enfrentaría un “camino tortuoso”.
“Esperábamos que al llamar la atención sobre estos problemas (en 2011) motivaríamos a los líderes gubernamentales y empresariales de Estados Unidos y el extranjero a tomar medidas. Desde entonces, los problemas sobre los que escribimos han empeorado y los esfuerzos para abordarlos han sido muy inferiores a lo necesario.” Estas palabras fueron escritas por destacados profesores de HBS, no por un think tank de izquierdas. Las fuerzas que actúan en el capitalismo global son particularmente importantes en América Latina.
La emergencia del desarrollo sustentable en el sistema capitalista
Desde finales del siglo XX, un nuevo elemento dentro o ¿fuera? del sistema económico-político capitalista fue surgiendo: el desarrollo sustentable o sostenible. Este es, pues, una iniciativa propia de diversos países que, a través de la ONU, buscan sostener el desarrollo teniendo en cuenta una multiplicidad de factores que al menos desde la mitad del siglo XX en adelante son acuciantes para la sociedad, la naturaleza y el planeta entero.
En torno a esta problemática surgen algunas cuestiones de las más importantes a nivel mundial, las cuales pueden ser planteadas a través las siguientes interrogantes: ¿Cómo lograr lo propuesto por la Agenda 2030 a través de los objetivos de desarrollo sostenible, relacionados al medio ambiente o la exclusión social, dentro del sistema capitalista imperante en el que vivimos? ¿Cómo luchar contra el cambio climático si históricamente fue el sistema capitalista el que nos ha llevado a la actual crisis ambiental? ¿Es el desarrollo sustentable una propuesta contra el tipo de desarrollo capitalista?
En el presente artículo se pretende mostrar, en general, las implicaciones y contradicciones propias del desarrollo sostenible en el marco del sistema capitalista, y por ende, del discurso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible promulgado por la Organización de las Naciones Unidas en el año 2015, y que desde entonces han sido adoptados por más de un centenar de países miembros de la ONU, impulsando el compromiso con estos objetivos prácticamente a nivel global.
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Ahora bien, una serie de interrogantes surgen casi espontáneamente en este apartado, pues, aunque es moneda común escuchar el concepto o la idea de desarrollo sostenible, es necesario dilucidar aquí algunas de ellas: ¿Qué es exactamente el desarrollo sostenible? ¿Cómo y cuándo surge? ¿Es el desarrollo sostenible lo mismo que sostenibilidad?
En sentido amplio, la sostenibilidad y el desarrollo sostenible son conceptos altamente intercambiables, pero a un nivel interpretativo más profundo y serio, las diferencias pueden ser irreconciliables. El desarrollo sostenible, en primera instancia, parece apuntar a los cambios que se generan en un sistema para que a lo largo del tiempo este se pueda sostener (Gallopín, 2003). Ahora bien, el desarrollo sostenible como concepto y proyecto ha surgido a fines de los años 70 del siglo pasado, siendo un intento por conciliar el desarrollo económico con la preservación del medio ambiente.
Otro concepto tomado como principal referencia en los debates es precisamente el establecido por las Naciones Unidas. Para la ONU el desarrollo sostenible es visto como el “desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las propias”. Lo relevante aquí es que las definiciones o conceptualizaciones de lo que fuera -o no- el desarrollo sostenible apuntan fundamentalmente a la sostenibilidad del sistema humano, de las generaciones futuras, y la sostenibilidad ecológica o medioambiental, pasa a ser un artilugio o herramienta para la primera, es decir, se concibe “al desarrollo sostenible para sostener al desarrollo [económico], no para apoyar el florecimiento y la perduración de una vida social y natural infinitamente diversa.” (Esteva, 1997, p. 28; citado en Bustillo-García y Martínez-Dávila, 2008, p., 2004, p.
Cuando hablamos de sostenibilidad, podemos hablar de tres tipos principalmente: la sostenibilidad del sistema humano, del ecológico y del socioecológico. Es posible afirmar que el primer tipo, es decir, el del sistema humano, “llevado al extremo, si los recursos naturales y los servicios pudieran sustituirse íntegramente, (...) podría llevar a que la Tierra se convirtiera en un planeta totalmente artificial.” (Gallopín, 2003, p. 13). Por su parte, la sostenibilidad del sistema ecológico trae consigo el desplazamiento del componente humano, y con ello, el desplazamiento de la sostenibilidad económica y social, puesto que esta posición defiende la idea de que los recursos naturales no pueden ser sustituidos o “sostenidos” por la manufactura humana. (...) lo que se sostiene, o debe hacerse sostenible, es el proceso de mejoramiento de la condición humana (o mejor, del sistema socioecológico en el que participan los seres humanos), proceso que no necesariamente requiere del crecimiento indefinido del consumo de energía y materiales. (Gallopín, 2003, p.
Análisis del capitalismo desde la teoría social clásica
Ahora bien, ¿cómo abordaremos teóricamente la relación entre capitalismo y desarrollo sostenible? Desde la teoría social clásica. Es verdad que la problemática en torno al desarrollo sostenible o, más aún, en torno a la sostenibilidad de la vida en el planeta no es algo que haya estado presente en la sociología clásica, puesto que la realidad histórica y las crisis eran otras, sin embargo, la teoría social clásica contiene una riqueza conceptual e interpretativa, un valor heurístico y categorial que favorecen -casi siempre- a una lectura más clara y más amplia del horizonte de comprensión de los fenómenos sociales, económicos y políticos, con los cuales se podrá responder al menos a algunas de las interrogantes de nuestra investigación.
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Dialogaremos, por ello, con autores como Marx, Durkheim y Weber, quienes han sido canonizados por la tradición como los representantes, o más bien, como pensadores fundacionales de la teoría social clásica, y en la que el capitalismo ha sido objeto de múltiples interpretaciones y críticas. Sin embargo, se debe entender que estos autores escriben e intentan comprender a la sociedad de mediados y finales del siglo XIX, es decir, la sociedad de la revolución industrial, coincidente con el auge del capitalismo. Ya para mediados del siglo XX, con un sistema capitalista asentado, la realidad social, económica y política, en los países europeos occidentales y en Norteamérica, fue adquiriendo nuevos matices, nuevos cambios estructurales, nuevas expresiones culturales. El capitalismo no es [hoy] sólo un sistema económico. Es un sistema social, político y económico que se ha ido desarrollando durante los últimos siglos y, como tal sistema social, ha ido integrando, a la vez que produciendo, los diversos cambios sociales. (Montagut, 2011, p. Ya aludimos a la dimensión histórica del capitalismo, es decir, la entendemos como un sistema que históricamente fue mutando al tono de los cambios culturales, sociales y políticos.
La crítica de Marx al capitalismo
En primer lugar, para Marx, quien fue un crítico del capitalismo, el capital se define como trabajo acumulado, y este descansa sobre la base de la propiedad privada (Marx y Engels, 1966). Una de las cuestiones más relevantes en la crítica marxista está en la idea de alienación: al obrero, el trabajo, o, mejor dicho, el producto de su trabajo no le pertenece; en el modo de producción capitalista, el trabajador tiene acceso a un salario, el cual le sirve para su subsistencia, sin embargo, todo el resultado de su trabajo le es ajeno, le es expropiado por el capitalista.
Entre las contradicciones del capitalismo ya vislumbradas en la teoría marxiana -y que actualmente se podría repensar a un nivel más complejo- está en el modo de producción capitalista, puesto que se basa en la explotación de los trabajadores y en la acumulación de capital a través de la plusvalía, así, pues, el obrero se convierte en una simple mercancía y en la medida en que se desarrolla el entramado de división social del trabajo, en una simple pieza del mecanismo (Marx y Engels, 1966). En este contexto, los trabajadores venden su fuerza de trabajo a los capitalistas a cambio de un salario, pero este salario es siempre inferior al valor real de su trabajo. En otras palabras, los capitalistas obtienen ganancias a costa de los trabajadores: “el capital es trabajo muerto que, como un vampiro, vive solo chupando trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo chupa” (Marx, 2008, pp. 279-280).
Diríamos, entonces, que a medida que el capitalismo se desarrolla, la brecha entre ricos y pobres se amplía cada vez más: los capitalistas acumulan más riqueza y poder, mientras que los trabajadores se empobrecen y se ven privados de su autonomía y dignidad. En relación a esto, es notorio que el capitalismo provoca, al mismo tiempo, por un lado, la acumulación de riqueza, bienestar y poder, y por el otro, acumulación de miseria, de tormento de trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad y degradación moral (Marx y Engels, 1966). El proceso capitalista de producción, considerado en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no sólo produce mercancías, no sólo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación capitalista misma: por un lado, el capitalista, por la otra el asalariado. (Marx, 1867, p.
Además de la explotación, podemos afirmar que el capitalismo se caracteriza por crisis periódicas. Estas crisis tienen origen en la sobreproducción y la competencia entre las empresas o industrias; esta acumulación ilimitada choca con los límites del mercado y la capacidad de consumo de la clase trabajadora. A medida que los capitalistas buscan aumentar sus ganancias, se produce una sobreproducción de bienes y servicios que no pueden ser absorbidos por el mercado, pues la contradicción existente entre la producción social y la apropiación privada se manifiesta en contradicciones antagónicas, convergentes en una contradicción general (Marx, 2008). Marx explora las formas en las que los beneficios son usados por la clase capitalista para reproducir el propio sistema y para expandirlo a mayores escalas y a nuevos ámbitos (...). La expansión escalar del capitalismo crea crisis periódicas o cíclicas de acumulación por los desequilibrios y los límites sociales y naturales. (Ahedo, 2018, p.
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La visión de Weber sobre el capitalismo
Por otro lado, Weber considera al capitalismo como un sistema económico de la racionalidad y la búsqueda de beneficios, basado en una lógica de “medio-fin”. En su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo (Weber, 2004) argumenta con gran claridad la influencia de factores culturales y religiosos, como el calvinismo, en el desarrollo del capitalismo. El análisis de la burocracia y la racionalización como características del capitalismo moderno, lleva a reconocer que este puede generar desigualdades, pero también podría poseer potencial para el progreso económico y la eficiencia.
Weber, quizá en la misma línea interpretativa que Marx, también afirma que el capitalismo es propenso a crisis económicas periódicas, pues el sistema capitalista está sujeto a ciclos de auge y caída, lo que puede llevar a recesiones y desempleo masivo (Weber, 2001). Estas crisis económicas pueden tener un impacto devastador en la vida de las personas, ya que pueden perder sus empleos y enfrentar, a partir de allí, dificultades en diferentes ámbitos. El capitalismo tiende a racionalizar todos los aspectos de la vida, lo que puede llevar a una pérdida de sentido y significado: la racionalización de la vida económica y social, que es una característica esencial del capitalismo, puede conducir a una deshumanización (Weber, 2001) o, en términos marxianos, a una alienación de los individuos.
Otro límite del capitalismo estaría en el diseño y la concentración del poder. El capitalismo favorece a aquellos que ya tienen recursos y poder, lo que lleva a una concentración de riqueza en manos de unos pocos, es decir, a la dominación de una clase sobre otra. Así, la desigualdad económica y social potencia las tensiones y conflictos en la sociedad, ya que las personas que no tienen acceso a los recursos y oportunidades necesarios para prosperar pueden hallarse excluidas y marginadas.
Durkheim y la cohesión social en el capitalismo
Durkheim (2007), por su parte, ve al capitalismo como un sistema económico que se caracteriza por la división del trabajo y la interdependencia social. Considera que, dentro del capitalismo, o bien, la sociedad industrial, se da lo que él denomina solidaridad orgánica, donde los individuos dependen unos de otros en función de sus roles especializados en la sociedad. También destaca que el capitalismo puede generar anomia social si no se establecen normas y regulaciones adecuadas para mantener la cohesión social, dando un papel fundamental al Estado.
En este último sentido, las posibles consecuencias del capitalismo también son previstas o analizadas: el sistema en cuestión ha traído consigo importantes cambios en la sociedad, no necesariamente negativos, como la división del trabajo y la especialización de las tareas individuales. Sin embargo, Durkheim también analizó los posibles efectos negativos del capitalismo en la cohesión social. Así, el capitalismo genera -o puede generar- una falta de solidaridad social y una disminución de los lazos sociales. En este sentido, una de las ideas fundamentales es “la noción de solidaridad, que Durkheim coloca como epicentro del pensamiento sociológico, viene a acreditar en el plano teórico una palabra vital en los discursos políticos republicanos” (Inda, 2008).
En su obra La división del trabajo social (Durkheim, 2007), sostiene que la división del trabajo en el capitalismo puede llevar a la fragmentación de la sociedad y a la alienación de los individuos. Por ejemplo, Durkheim muestra, en su obra El suicidio (1897), cómo las tasas de suicidio son más altas en sociedades capitalistas que en sociedades tradicionales. Argumenta que esto se debe a la falta de regulación social, es decir, al mal o al funcionamiento débil del Estado.
Capitalismo y crisis ambiental: el origen del ambientalismo
La revolución industrial y el régimen capitalista de producción inauguran un cambio radical en esa relación con la naturaleza externa, mediante dos procesos simultáneos. Primero, concentra a los trabajadores industriales en enormes ciudades. La gran mayoría de los recursos naturales apropiados en diversas regiones del mundo terminan su ciclo de vida, mayoritariamente, en las áreas urbanas, agrupa los desperdicios y quita a los ecosistemas los nutrientes que garantizan su reproducción. En las áreas urbanas la concentración de los desperdicios hace imposible que los ecosistemas los digieran y los reciclen, provocando contaminación.
Segundo, guía la producción hacia el incremento de la ganancia; un objetivo sin límite que obliga a producir siempre más y, consecuentemente, a apropiarse de más y más recursos naturales en una carrera sin fin. El resultado de ambos procesos es la ruptura entre sociedad humana y naturaleza externa. Sin embargo, desde los años 60 del siglo XX la sociedad humana ha percibido que los niveles de depredación y contaminación ponían en riesgo la reproducción de muchos ecosistemas, causaban efectos perjudiciales a la propia sociedad humana y podían, eventualmente, arriesgar la reproducción económica capitalista. Lejos, no obstante, se trataba de relacionar la forma capitalista de producción con las consecuencias en la ruptura del metabolismo con la naturaleza externa. Surgieron diversas interpretaciones de la crisis ambiental que respondían a intereses económicos de determinadas clases y sectores sociales, como a posturas éticas y visiones del mundo. Lo único común a estas interpretaciones era que el desarrollo humano debía prestar más atención a los efectos sobre la naturaleza externa. Surgió así el concepto de desarrollo sustentable (World Comission for Environment and Development [WCED], 1987).
Cuando nos referimos al medio ambiente es muy común entender a la naturaleza como externalidad del ser humano y olvidamos reconocer que la sociedad humana no sólo forma parte de ella, sino que la expresa en su sentido más íntimo, lo que denominaría ontológico. Sin embargo, aquella idea generalizada tiene sus orígenes en los trazos del pensamiento moderno.
Corrientes de pensamiento en el ambientalismo y la sustentabilidad
Pearce y Turner (1995) observan que desde los años 70 da inicio el discurso ambientalista sobre los problemas de los recursos naturales y el medio ambiente. Según los autores, se pueden descubrir cuatro posiciones teóricas.
| Posición Teórica | Enfoque Principal | Instrumento/Principio Clave | Consideraciones Éticas |
|---|---|---|---|
| Eficiencia económica | Explicación de la eficiencia económica, regulación del mercado. | Análisis costo-beneficio, derechos de propiedad, utilitarismo. | Ausencia de consideraciones intrageneracionales e intergeneracionales. |
| Preservacionista | Conservación integral de la biosfera, el hombre no tiene derechos sobre recursos naturales. | Derechos de los elementos no humanos. | Ética extendida a la naturaleza entera, validez para siempre. |
| Conservacionista | Restricción al crecimiento económico, propone crecimiento cero o estado estacionario. | Mantener base de recursos naturales. | Intergeneracionales (sacrificar presente por futuro) dominan a intrageneracionales. |
| Desarrollistas sustentabilistas | Compromiso entre crecimiento económico y medio ambiente, posible con restricciones y estímulos. | Definición de restricciones, uso de instrumentos económicos. | Equilibradas (intra- e intergeneracionales), cambiar características del desarrollo. |
Para algunos como Quintero Soto (2008), estas posiciones respecto del ambiente y los recursos naturales podrían sintetizarse en las dos primera concepciones en reduccionistas y unilaterales; mientras que las dos últimas se derivan en grado diverso de posiciones de compromisos entre economía, y ambiente y recursos naturales.
Economía ecológica: un enfoque transformador
En esta discusión de compromisos teóricos que tienden hacia la economía o al ambiente, podemos encontrar posiciones que indican que se requiere un cambio en el concepto mismo de los recursos, en su uso, aprovechamiento y el manejo que ha tenido la naturaleza, es decir, estamos hablando de la economía ecológica donde sobresalen autores como Costanza, Daly, Martínez Alier, quienes discuten no sólo los problemas ambientales, sino específicamente los económicos. Consideran que el crecimiento económico basado en modelos mercantilistas agrava el uso, manejo y aprovechamiento de los recursos naturales y ocasiona pérdidas cuantiosas ocultas en prácticas comerciales sustentadas en el engaño y en la dependencia hacia el consumo, que acaban tanto con la solidaridad como convivencia humana.
La economía ecológica busca reducir los conflictos que se dan entre el comportamiento económico y la lógica de la recuperación de las condiciones naturales, es decir pretende coincidencias que signifiquen beneficios compartidos por ambos aspectos, lo cual implica empatar los tiempos de recuperación que son necesarios para que la vida natural y humana puedan continuar con su intercambio de materias, sin poner en riesgo alguna de las partes señaladas. Sin embargo, tampoco es economía ambiental. La economía ecológica no debe entenderse como una prolongación que corrige los defectos del sistema vigente, sino su radical transformación. Pretende una modificación del comportamiento esencial, condiciones y resultados del proceso de generación de los bienes y servicios que reclama la comunidad y que deben hacerse con la mayor eficiencia posible, dentro de los límites del problema que heredaremos de las generaciones pasadas (Marx, 1975: 10).
El rol de las empresas y el gobierno corporativo en la sustentabilidad capitalista
La pandemia ha exacerbado estas preocupaciones y planteado otras. Las acciones recientes de los gobiernos de toda la región y los resultados electorales en Perú y Colombia sugieren que las empresas no pueden contar con el gobierno como socio. Las empresas deben actuar, no solo buscando individualmente una ventaja competitiva a través de la sostenibilidad, sino demostrando colectivamente que el capitalismo puede crear un futuro justo y sostenible para las sociedades en las que opera. Ver la sustentabilidad no como un problema de gestión, sino como un tema de gobierno corporativo.
Los propietarios del capital deben rendir cuentas ante la sociedad por la sostenibilidad de las empresas de las que son propietarios. Reconocer que la sostenibilidad no tendrá éxito si se divorcia de las necesidades de la sociedad y el mercado. Debe tener en cuenta las necesidades de los clientes, pero también las de los stakeholders, tanto los que tienen voz como los que no la tienen: las comunidades marginadas, las generaciones futuras y el entorno natural.
Emprender acciones colectivas, invitando al gobierno a participar, pero sin depender de él. Los negocios dependen del gobierno para establecer las reglas y condiciones dentro de las cuales operan las empresas, protegiendo a las empresas responsables de los oportunistas que buscan una ventaja competitiva ignorando la sostenibilidad. Las empresas latinoamericanas deben liderar. Pueden aprender de otros países, pero deben abordar una realidad donde los desafíos de la sustentabilidad son más agudos y los medios para lograrla, diferentes.
Hay algunos aspectos favorables: según una encuesta mundial reciente, las poblaciones de los países latinoamericanos, en particular las minorías, se encuentran entre las más preocupadas por la sostenibilidad, y las personas se encuentran entre las más inclinadas a cambiar su comportamiento hacia estilos de vida más sostenibles. [1] Capitalism at Risk, Updated and Expanded: How Business Can Lead, Joseph L. Bower, Herman B. Leonard, Lynn S.
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