Leví, el Recaudador de Impuestos: Su Impactante Transformación de Marginado a Discípulopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En las escrituras, se nos presenta a un hombre conocido como Leví, quien también fue llamado Mateo. Antes de su encuentro con Jesús, este individuo ejercía una de las profesiones más controvertidas y odiadas en la sociedad judía de su tiempo: era un recaudador de impuestos.

La Figura del Recaudador de Impuestos en la Sociedad Judía

Los recaudadores de impuestos en la época de Jesús eran vistos con profundo desprecio por el pueblo judío. Eran considerados traidores a su propio pueblo, ya que trabajaban como agentes de opresión para el imperio romano, recaudando impuestos forzosos y excesivos. Estos individuos estaban bien conectados con las autoridades romanas y tenían cierto poder económico. Eran vistos como traidores que extorsionaban dinero a sus compatriotas judíos para apoyar la infraestructura de opresión extranjera y llenar sus propios bolsillos.

Su labor implicaba el cobro de impuestos por diversas actividades, incluyendo los barcos que llegaban al puerto, las caravanas que viajaban por los caminos principales y los productos que se importaban. Los recaudadores competían entre sí por obtener el contrato de recaudación; por ejemplo, varios podían disputar el derecho a cobrar impuestos en una ciudad como Capernaúm. Los romanos concedían el contrato al postor más alto. Ese hombre recaudaba, pagaba a Roma lo que había prometido y se quedaba con el excedente. Así, existía un poderoso incentivo para cobrar de más y recurrir a cualquier engaño. Por lo general, los demás judíos los despreciaban porque a menudo estafaban a la gente cobrando más de lo debido.

Mateo llegó a ser temido por los judíos por su implacabilidad en los cobros y por su audacia en detectar a quienes ocultaban sus mercaderías y ganancias con tal de no pagar impuestos. Sus padres, judíos muy devotos, lo bautizaron con el nombre Mateo -«regalo de Jehová»-, porque llegó como respuesta a la oración y a la larga espera del hijo varón que desearon con toda su alma. Por esta razón, y ante tantas expectativas, es posible que -al ser empleado por los romanos- Mateo sintiera vergüenza si sus padres se enteraran de que colaboraba con el imperio que avasallaba a su propio pueblo. Sus jefes y sus compañeros de trabajo lo conocieron como «Leví».

El Llamado de Jesús a Leví/Mateo

Después de sanar al hombre paralítico, Jesús se queda algún tiempo por el área de Capernaúm, junto al mar de Galilea. En este contexto, pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos. No sabemos si antes se habían visto o hablado, pero este fue el momento decisivo: el llamado de Mateo.

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Al igual que otros discípulos, Mateo aceptó la invitación inmediatamente. En su Evangelio, él mismo cuenta que “se levantó y lo siguió” (Mateo 9:9). La palabra escuchada y la convicción fueron tan fuertes que dejó su negocio y siguió al que le llamaba (Mt 9.9). Su experiencia puede que haya sido similar a la de muchos hoy, que ante el llamado divino y la convicción plena de que es un privilegio que demanda una entrega radical, dejan todo y siguen a Cristo. Fue un amor bien dirigido: Mateo respondió a la invitación dejando atrás su oficio para seguir a Jesús.

Considerando el desprecio general hacia los recaudadores, resulta notable ver cómo Jesús amó a Mateo y lo llamó. Podría decirse que lo dejó todo en el banco de los tributos, salvo una cosa: su pluma. Quien decide seguir a Jesús debe estar dispuesto a dejarlo todo. Sin embargo, Dios suele usar aquello que ya sabemos hacer, o en lo que hemos sido formados, para glorificarse y avanzar en su obra.

El Banquete de Mateo y la Compasión de Jesús

Más tarde, tal vez para mostrar agradecimiento por la oportunidad que le ha dado Jesús, Mateo organiza un gran banquete en su casa. Invita a Jesús, a sus discípulos y a varios antiguos compañeros de trabajo, otros cobradores de impuestos. Probablemente, Mateo ha invitado a estos cobradores de impuestos y pecadores para que puedan escuchar a Jesús y curarse en sentido espiritual, pues muchos de ellos lo siguen (Marcos 2:15).

La comunión en la mesa de Jesús con los recaudadores de impuestos se presenta como algo especialmente escandaloso (Mateo 9:11; Marcos 2:16; Lucas 5:30; 15:1-2), en parte porque se pensó que la comida se compraba con los ingresos obtenidos de impuestos no éticos. Al ver que Jesús está comiendo con personas de esa clase, los fariseos, que se creen mejores que los demás, les preguntan a los discípulos: “¿Por qué come su maestro con cobradores de impuestos y pecadores?” (Mateo 9:11).

Como Jesús los oye, les dice: “Los que están sanos no necesitan un médico, pero los enfermos sí. Así que vayan y aprendan lo que significan estas palabras: ‘Lo que quiero es compasión, no sacrificios’. Porque no vine a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:12, 13; Oseas 6:6). A diferencia de los orgullosos fariseos, él no los desprecia; más bien, se compadece de ellos. Jesús es compasivo con los cobradores de impuestos y pecadores, pero eso no significa que apruebe sus pecados, sino que siente el mismo cariño por ellos que por los que padecen enfermedades físicas. Recuerde, por ejemplo, cuando, totalmente conmovido, tocó a aquel leproso y le dijo: “Yo quiero. Queda limpio” (Mateo 8:3).

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Jesús interactúa con los recaudadores de impuestos a lo largo de las escrituras, pero también habla despectivamente sobre ellos, a veces afiliándolos con prostitutas (Mateo 21:31-32) y gentiles (Mateo 18:17). Jesús está de acuerdo en que pagar impuestos es moral (Marcos 12:17), pero desaprueba la corrupción común entre los recaudadores de impuestos. En Mateo 21:31-32, Jesús declara que ciertas prostitutas y recaudadores de impuestos entrarían al reino antes que los líderes religiosos porque habían creído en el mensaje de arrepentimiento de Juan.

El Legado de Mateo como Discípulo y Evangelista

Aunque su nombre no se menciona con la frecuencia de otros discípulos, es fácil seguir la trayectoria de Mateo. Él presenció los grandes milagros del Señor, escuchó y asimiló sus enseñanzas, y confrontó los peligros del camino y de la persecución que implicaba seguir a Cristo. Fue uno de los que estuvo en la Última Cena, y de los que se durmieron en Getsemaní. Seguramente, después de la muerte del Maestro, pensó volver a su negocio; pero experimentó la sorpresa e inmensa alegría de la resurrección de Cristo.

La tradición indica que Mateo predicó por muchos años en Palestina. Fue durante ese tiempo que escribió, en el idioma hebreo, el evangelio que lleva su nombre. Más adelante, y como resultado de la persecución, huyó de su tierra natal y predicó en otros países. Fue durante esa época -aproximadamente en el año 60 d.C.- que también hizo una versión de su evangelio en griego. Leví, cuyo oficio fuera recaudador de impuestos, llegó a ser y es conocido como Mateo, uno de los discípulos de Jesús, apóstol de la iglesia cristiana (Hch 1.13) y autor del evangelio que lleva su nombre.

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