Descubre la Impactante Verdad Sobre la Libertad y la Responsabilidad Moral de las Personaspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La libertad y la responsabilidad moral son conceptos interconectados y fundamentales para comprender la acción humana. La libertad no es, por tanto, determinación. El hombre, por ser libre y racional, es capaz de actuar con responsabilidad. Esta capacidad implica que el individuo tiene la oportunidad y la responsabilidad de la elección, lo que a su vez significa que debe soportar las consecuencias de sus acciones y recibir las alabanzas o censuras por ellas.

La Naturaleza de la Libertad y sus Límites

Determinismo y Condicionamiento

Los seres humanos sólo estamos determinados por leyes lógica y mátemáticas en lo que respecta a nuestro ser objetivo, a nuestro carácter de sustancias y de sustancias externas y a otras leyes como las físicas o las biológicas en lo que respecta a nuestro cuerpo. En ese caso podemos decir que esas leyes universales y necesarias nos atan y nos dirigen como si se tratase de carriles, como cuando caigo de un cuarto piso cumpliendo la ley de la gravedad o levanto la pierta cuando me golpean con un martillito en la rodilla. proporciona como podrían serlo los reflejos.

Sin embargo, la libertad no es tampoco una libertad sin límites. Hay también una serie de leyes sociales, políticas, históricas, culturales, etc. que hacen que, en muchos casos, no sea lo mismo decidir una cosa que otra, que nos empujan en una dirección o en otra presionándonos de distintas maneras: Por miedo a un castigo o por deseo de conseguir algún tipo de recompensa. Eso hace que, a veces, se hable también de necesidad social, histórica o política. Pero esa necesidad sólo es metafórica. Esas leyes no nos atan, como las otras, sino que sólo pueden influir en unas decisiones que, al final, tomaremos nosotros/as, por eso decimos que nos condicionan con más o menos fuerza.

Libertad frente a la Coacción Exterior

En este sentido, el ámbito de la libertad en nada puede ser mermado por una coacción exterior; la coacción exterior puede presentarnos alternativas más o menos «duras», pero nunca quitarnos la posibilidad de decidir en ellas; podrá ser una «estupidez» el que yo prefiera que me fusilen antes que disparar contra el «enemigo», pero yo puedo cometer esa «estupidez» y, por lo tanto, mi decisión de disparar es una decisión libre, una decisión de la que soy responsable.

Yo soy responsable de todos mis actos, inclusive de aquellos que -según suele decirse- me son «impuestos» por (por ejemplo) una norma social, una ley civil o cualquier otra cosa semejante; la obligatoriedad de todas esas normas consiste en que, si no las cumplo, se siguen tales o cuales consecuencias desagradables, pero soy yo quien elige entre la norma y las consecuencias desagradables.

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Factores Internos de la Conducta

Nuestras acciones y decisiones están influenciadas por diversas propias vivencias, las actitudes que creamos más oportunas. Estas pueden ser de diverso tipo:

  • Inclinaciones: La inclinación es la tendencia que una persona hacia algo que le atrae o le gusta. Las inclinaciones están directamente relacionadas con la afectividad, y pueden también ser más o menos intensas.

  • Impulsos: un impulso es aquello que nos induce a realizar algo de manera súbita, sin reflexión. El control de nuestros impulsos es uno de los aspectos fundamentales de la madurez personal, ya que cuando nos dejamos llevar por ellos no solemos ser justos con los demás. No somos responsables de nuestros impulsos pero sí de no ejercer sobre ellos el adecuado control.

  • Deseos: podemos definir el deseo como un movimiento enérgico de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o disfrute de algo. Es decir, aquello que produce en nosotros una fuerte atracción emocional. Así deseamos, por ejemplo, ir al concierto de un determinado grupo, un objeto e incluso a una persona. Si deseo algo es probable que intente conseguirlo y que actúe en función de mis deseos.

  • Intereses: denominamos interés a aquello que deseamos o bien aquello que es un medio para alcanzar lo que deseamos. Suele ser algo que guía nuestra conducta más a largo plazo. Cuando decimos: «Estoy interesado en obtener el título en Educación Secundaria Obligatoria» no estoy diciendo que deseo estudiar porque me gustan mucho las Matemáticas y la Ética (aunque también pudiera ser) sino que eso es un medio para conseguir otra cosa: el título, que a su vez es un medio para conseguir otras cosas: realizar cursos superiores, conseguir un trabajo, etc.

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Cuando yo decido, por ejemplo, qué carrera voy a estudiar mi conducta no viene guiada, exclusivamente, por mis deseos o intereses, sino que se supone que he pensado, he reflexionado antes de tomar una decisión.

El filósofo Immanuel Kant ilustra la primacía de la voluntad sobre las inclinaciones fuertes con el siguiente ejemplo:

Supóngase que alguien pretende que su inclinación voluptuosa es totalmente irresistible para él cuando se le presentan el objeto deseado y la ocasión; si se levantara una horca en la casa donde se le presenta esa ocasión para ser colgado en ella inmediatamente después de haber gozado de su voluptuosidad, ¿no dominaría entonces su inclinación? No es necesario pensar mucho para saber qué contestaría. Pero preguntadle si, amenazándole con la misma pena de muerte en el acto, su príncipe lo obligara a dar un falso testimonio contra un hombre honrado a quien éste quisiera perder con pretextos aparentes, consideraría posible vencer su amor a la vida por más grande que fuera. Tal vez no se decida a asegurar si lo haría o no, pero confesará sin reserva que es posible para él. (Kant, I.)

La Responsabilidad Moral

Es ampliamente asumido que la libertad es condición de la responsabilidad moral. Sólo cuando hemos actuado de forma voluntaria (y no determinada), incluso aunque nuestra decisión haya sido tomada bajo coacción o de forma condicionada se nos puede considerar responsables de lo que hacemos, de manera que una de las mejores maneras de saber si hemos actuado libremente es preguntarnos si nos sentimos responsables o si nos consideran responsables de ello. Una pregunta fundamental es: ¿Quién ha hecho esto?.

Aunque hay varias concepciones de responsabilidad moral, la que usualmente se acepta como relevante en este contexto es la responsabilidad moral en el sentido básico de merecimiento: aquella por la cual una persona se hace merecedora de culpa o de elogio, y de castigo o recompensa, solo por el hecho de haber realizado cierta acción (bajo unas condiciones básicas de agencia y conocimiento), e independientemente de las consecuencias que considerarla culpable o no tenga (McKenna, 2012; Pereboom, 2014).

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Perspectivas Filosóficas sobre Libertad y Responsabilidad

El expositor Gabriel Zanotti explora la relación entre estos dos conceptos, libertad y responsabilidad, desde una perspectiva filosófica y moral. Así, su análisis comienza con la idea de un “orden natural”, bajo el pensamiento de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, en la que todos los seres vivos actúan de acuerdo con su naturaleza intrínseca. Sin embargo, en los seres humanos, este orden se ve alterado por un tercer aspecto: el libre albedrío, lo que introduce la complejidad de la que consta la responsabilidad moral.

De esta forma, Zanotti aclara que la libertad humana no determina lo que es moralmente correcto o incorrecto, pero sí es una condición esencial para que una persona pueda ser considerada un sujeto moral que se responsabiliza de sus acciones. El libre albedrío no determina lo que está bien o lo que está mal desde el punto de vista moral. El deber tiene también que ver con el deber ante el otro”. Gabriel Zanotti también reflexiona sobre cómo la responsabilidad moral está relacionada con la autenticidad de la existencia humana.

Así, el hecho de que una persona asuma la responsabilidad de sus acciones, incluso si estas traen consecuencias negativas y provocan situaciones difíciles, causa que él o ella se convierta en el verdadero dueño de su destino. Por lo tanto, se afirma que la madurez moral no consiste en obedecer órdenes o actuar por miedo al castigo, sino en tomar decisiones conscientes y libres, pero teniendo en cuenta que estas deben estar en sintonía con la vocación y dignidad de cada individuo. La madurez consiste en salir y tomar en nuestras manos la responsabilidad de nuestra existencia”.

A lo largo de su exposición, Zanotti abre un contexto relacionado a la libertad política, y discute cómo una sociedad verdaderamente libre requiere que sus ciudadanos sean conscientes de sus derechos individuales y de su responsabilidad moral. Sin embargo, el expositor también reconoce que esta madurez moral no es alcanzada por la mayoría de personas, lo que puede llevar a la masificación y al surgimiento de regímenes autoritarios que no respeten los valores morales o que pretenden imponer aquellos que no aportan en la moral del individuo.

El orador menciona un concepto desarrollado originalmente por Hannah Arendt, “banalidad del mal”, que ilustra cómo una obediencia ciega y la falta de crítica pueden llevar a la perpetuación del mal dentro de una sociedad que aún no cuenta con una moral estable entre sus individuos. Por último, se aborda el conflicto entre la planificación centralizada y una responsabilidad individual, destacando cómo la planificación de todas las actividades humanas conduce a una sociedad de individuos que trabajen en función a los valores morales previamente establecidos o difundidos.

El Debate del Incompatibilismo y el Escepticismo

La idea de que para ser responsables en este sentido tenemos que ser libres ha motivado un largo debate cuyas preguntas centrales son cuál es el tipo de libertad capaz de cumplir este rol y si la poseemos. El proyecto se asocia a una de las posiciones tomadas en el debate, a saber, el llamado determinismo duro, incompatibilismo duro, o escepticismo sobre la libertad (el término que adoptaremos en lo que sigue).

Esta posición se caracteriza por dar las siguientes respuestas a las dos preguntas planteadas: a la primera, que el tipo de libertad necesaria para la responsabilidad moral es la capacidad de realizar acciones que ni estén determinadas por los estados del universo y las leyes naturales, ni sean fruto del mero azar. Llamaremos a esto libertad incompatibilista. A la segunda pregunta, esta posición responde negativamente: carecemos de este tipo de libertad. Estas respuestas implican también que nunca somos moralmente responsables por lo que hacemos. El escepticismo sobre la libertad implica el escepticismo sobre la responsabilidad moral.

Por otra parte, una de las prácticas más comunes y aparentemente centrales de nuestra vida moral consiste en hacer responsable o responsabilizar a aquellos que comenten infracciones morales, esto es, los hacemos (o nos hacernos) blanco de una serie de expresiones, actitudes y prácticas que ponen al infractor en el lugar de tener que responder por sus acciones. La pregunta que guía al proyecto es cuáles son las consecuencias de negar la existencia de la libertad incompatibilista para nuestras prácticas de responsabilizar.

El espacio que hace esta pregunta posible es que una cosa es la condición metafísica de ser responsable moralmente y otra la práctica de responsabilizar, y aunque en principio la responsabilización solo se justifica si quien es responsabilizado es de hecho responsable, está abierta la posibilidad de que haya formas de responsabilizar que no dependan de la responsabilidad en el sentido básico de merecimiento ni de la posibilidad de la libertad incompatibilista.

El escepticismo sobre la libertad y la responsabilidad moral es una posición con un fuerte soporte teórico y que parece consistente con -sino sugerida por- la evidencia empírica disponible. Sin embargo, es natural preguntarse, por una parte, si su aceptación puede tener un impacto en la vida práctica, esto es, si somos capaces de vivir bajo la premisa de que no somos libres y responsables en los sentidos estipulados, y, supuesta una respuesta afirmativa a esta pregunta, si las consecuencias de esta convicción serían negativas o positivas.

A primera vista, podría parecer, como muchos filósofos han sostenido, que no vernos como libres y moralmente responsables destruiría nuestro sistema de moralidad, nuestra capacidad para entrar en relaciones interpersonales significativas y el sentido de nuestra vida. Algunos han sostenido que concebirnos de este modo nos llevaría a reducirnos a la parálisis moral o al egoísmo y a ver a otros como meros objetos de manipulación e ingeniería social.

De otro lado, es claro que ciertas formas de responsabilidad están asociadas a formas de castigo y culpabilización que ignoran el innegable impacto de factores que están más allá del control de los agentes en sus acciones y que en muchas ocasiones pueden de hecho reproducir o amplificar los males morales a los que se pretende responder. Piénsese en la apelación a la justicia como justificación del castigo, tanto en la forma de la venganza como en la forma de prácticas legales punitivas como el encarcelamiento.

La idea de que el peso moral de las acciones no deriva de una supuesta capacidad para romper con las leyes de la naturaleza y con el azar puede despejar el camino para atender con mayor cuidado a los factores ambientales, neurofisiológicos y a las disposiciones psicológicas que favorecen el tipo de acciones que consideramos morales y dadoras de sentido, en lugar de dejar todo en manos de una especie de caja negra agencial.

El examen de estos puntos ha ido adquiriendo fuerza en los últimos años pero está lejos de ser agotado. Por otra parte, el tema es relevante para discusiones académicas y públicas de mucha actualidad. Además de su importancia para la cuestión de la reforma carcelaria, sobre la cual hay importantes avances, es también relevante para la cuestión de la responsabilización y la extracción pública de justicia a través de redes sociales y medios de comunicación, la de si formas de influencia no-racional benigna (los llamados nudges) son compatibles o no con el respeto a la autonomía, y la de la atribución y el ejercicio de la autonomía en relación a ciertas condiciones patológicas y ciertas divergencias en el desarrollo neurológico como el llamado TDAH y el autismo.

La Responsabilidad Individual según Friedrich Hayek

Según Friedrich Hayek, la fe en la responsabilidad individual, que cuando la gente creía firme en la libertad individual siempre fue poderosa, ha decaído juntamente con la estima por la libertad. La negación de la responsabilidad se debe comúnmente al temor de la responsabilidad. Un temor que también llega a ser necesariamente el temor a la libertad.

Una sociedad libre exige, probablemente más que ninguna otra, que los hombres se guíen en sus acciones por un sentido de responsabilidad, que se extiende más allá de los deberes marcados por la ley, y que la opinión general apruebe que los individuos sean hechos responsables tanto de los éxitos como de los fracasos de sus empeños. Se confunde mucho el ideal de la libertad de la persona para la persecución de sus propios fines con la creencia de que tal libertad se traduciría en la voluntad o empeño de lograr únicamente fines egoístas.

Sin embargo, la libertad para perseguir los objetivos de uno es tan importante para las personas más altruistas, en cuya escala de valores las necesidades de los otros ocupar un lugar muy alto, como para cualquier egoísta. El hecho de que una sociedad libre funcione con éxito solamente si sus individuos se hallan guiados en cierta medida por valores comunes es quizá la razón en cuya virtud los filósofos han definido a veces la libertad como acción de conformidad con reglas morales. Sin embargo, tal definición es una negación de la libertad que a nosotros nos importa. La libertad de acción, que constituye la condición del mérito moral, incluye asimismo la libertad de actuar mal.

Dentro de una sociedad libre, el talento del hombre no le concede una posición especial. Pretender que tiene justo título para ello significaría que algún órgano, de acuerdo con su juicio propio, posee el derecho y el poder de colocar a los hombres en posiciones particulares. A este respecto es innegable que la sociedad libre somete a la mayoría de los individuos a una presión que a menudo les agravia. Pero es mera ilusión pensar que en algún otro tipo de sociedad el hombre se vería libre de tal presión.

A menudo se arguye que la creencia en la persona como única responsable de su propio destino está defendida solamente por los que gozan de éxito. En sí mismo ello no es tan inaceptable como la sugerencia que insinúa, equivalente a decir que la gente mantiene dicha creencia porque ha tenido éxito en la vida. Por una vez me inclino a pensar que la relación a establecer es todo lo contrario: que a menudo la gente tiene éxito, porque mantiene esa creencia.

Aunque la convicción del hombre de que todo lo logrado por él se debe únicamente a sus esfuerzos, destreza e inteligencia puede ser falsa en gran parte, no por ello deja de producir los más beneficiosos efectos en la energía y circunspección de dicho ser humano. Y si la orgullosa presunción de los que han tenido éxito es a menudo intolerable y ofensiva, la creencia de que el éxito depende totalmente del hombre constituye, probablemente, el incentivo más pragmáticamente efectivo para que la acción triunfe.

En los tiempos modernos el sentido de la responsabilidad se ha visto debilitado tanto por una excesiva extensión de la responsabilidad del individuo como por la exculpación de las consecuencias reales de sus acciones. Puesto que asignamos responsabilidad al individuo a fin de influir en sus acciones, deberíamos referirla a esas consecuencias de su conducta que humanamente puede prever, consecuencias que de acuerdo con nuestro razonable deseo se toman en cuenta en circunstancias ordinarias.

La responsabilidad, para gozar de efectividad, debe ser limitada, definida y adaptada emocional e intelectualmente a la capacidad humana. El sentido de la responsabilidad se destruye tanto por enseñar que uno responde de todo como predicar que uno no responde de nada.

La responsabilidad, para gozar de efectividad, debe ser responsabilidad individual. En una sociedad libre no existe responsabilidad colectiva de los componentes de un grupo como tal, a menos que mediante una acción concertada se hayan hecho todos ellos individual y separadamente responsables (…).

Tipos de Libertad

Podemos distinguir dos tipos principales de libertad que se entrelazan en la experiencia humana:

  • Libertad de Actuar: es una libertad puramente exterior, pero todas las libertades posibles no bastan para hacer un hombre libre.

  • Libertad de Querer: se trata de una libertad interior, libertad de decisión o de la elección que es una fase esencial del acto voluntario. Por lo tanto, somos libres siempre que podamos responder a una situación de diversas maneras, somos conscientes de nuestros actos y de sus posibles consecuencias.

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