Descubre la Fascinante Historia del Régimen de Propiedad en Libros que Cambiará tu Perspectivapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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A lo largo de los siglos se han utilizado distintas formas para indicar la propiedad personal de un libro, reflejando la importancia de establecer la titularidad sobre estos valiosos bienes.

Marcas de Propiedad Física

Términos como exlibris («de entre los libros»), superlibris («sobre los libros»), exdono (“procedente de una donación”) y marcas de fuego hacen referencia a un mismo concepto: la marca de propiedad inscrita, grabada o pegada en un libro.

El Exlibris

El exlibris es una marca de propiedad que consiste en un grabado, etiqueta o sello, colocado en la cara interior de las cubiertas de los libros (tanto manuscritos como impresos) o en las hojas de guarda y que contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria. Además de la leyenda que acredita la pertenencia del libro, el exlibris suele incorporar imágenes contenido alegórico, heráldico o ser un sello de tinta. En ocasiones también incluyen la signatura topográfica que se le dio a un ejemplar determinado.

El Exdono

El Exdono es una marca de propiedad, variante de las anteriores y se utiliza cuando se quiere dejar constancia de que un libro ha sido donado a una biblioteca o a cualquier otra institución. Puede tratarse de una marca grabada al encuadernar, manuscrita por el donante, una etiqueta impresa y pegada en el libro y a veces, incorpora además un exlibris. Esta práctica surgió durante el Virreinato de la Nueva España hacia la segunda mitad del siglo XVI, siendo utilizada fundamentalmente por las bibliotecas monacales y de instituciones religiosas que querían preservar sus libros del robo. Representa las 4 ruedas con agudos clavos y pequeñas sierras dentadas con que fue martirizada Santa Catalina.

La Propiedad Intelectual y la Historia de la Edición

El régimen de propiedad en libros trasciende la mera posesión física, adentrándose en el complejo ámbito de la propiedad intelectual y la evolución de la edición. Alistair McLeery señala que "Sólo en el contexto de la «propiedad» intelectual sobreviven y prosperan las habilidades y conocimientos acumulados en el mundo de la edición durante los últimos tres siglos."

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La Naturaleza de la Historia de la Edición

El profesor Alistair McCleery, director del Centro Escocés del Libro, dedica uno de los muchos textos interesantes que contiene el voluminoso y completísimo libro colectivo Los fundamentos del libro y la edición a los objetivos y la naturaleza de la historia de la edición y a cómo esta ha ido cambiando de rumbo, de objetivos y de intereses, a menudo en función de la cambiante percepción que se ha ido teniendo de qué es un editor y qué es lo que caracteriza su actividad. El objetivo declarado de McCleery es explorar «la naturaleza de la historia de la edición» y tratar de distinguirla de «una historia de libros más amorfa y elástica», de la que considera que ha acabado por convertirse en un subconjunto. Este texto de McCleery dialoga y se complementa sobre todo con otros dos incluidos en Los fundamentos del libro y la edición, el de la profesora de literatura Simon Murray («Autoría») y el de la investigadora, profesora y consultora en derecho de autor Mira T.

Objetivos parecidos a esos fueron los que animaron las jornadas de debate que en noviembre de 2016 protagonizaron un grupo de estudiosos españoles, argentinos y mexicanos y que cuajarían finalmente en la publicación en la editorial Trea de Pliegos alzados. La historia de la edición, a debate (2020), con resultados muy diferentes pero en muchos aspectos complementarios.

Las Editoriales como Narradoras de su Propia Historia

Empieza McCleery por destacar el hecho singular que supone el interés que, a diferencia de otras industrias (incluso entre las culturales), las editoriales han tenido por narrar su propia historia en forma de libro («Las editoriales son instituciones vanidosas» es el potente y provocativo arranque del texto de McCleery). Los lectores españoles pueden dar buena fe de ello, y el hecho de que sean las propias editoriales quienes publican el relato de sus trayectorias (como fue también el caso en Argentina con Editar desde la izquierda en América Latina, por ejemplo, sobre Siglo XXI) generan la sensación inevitable entre quienes se acercan a ellos de que deben evaluarlos con cierto recelo o precaución, no sólo por lo que cuentan y cómo lo cuentan sino también -o tal vez sobre todo- por lo que ocultan o sobre lo que pasan de puntillas. Los ejemplos de volúmenes que más o menos vienen a narrar la historia de una editorial o un editor españoles y firman personas distintas a las implicadas pero se publican en la empresa de los interesados son abundantísimos y van mucho más allá de los libros conmemorativos (donde eso sería más comprensible): El oficio de editor de Jaime Salinas en Alfaguara, El cavaller Floïd (sobre Joan B.).

En la historia ortodoxa de la edición, McCleery evoca (y descarta como tal) a Tito Pomponio Ático, asesor de Cicerón en cuestiones librescas, y a Aldo Manuzio, cuyo logo ha servido de inspiración a muchísimas editoriales en todos los ámbitos lingüísticos.

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