Descubre Quiénes Fueron los Mayores Acusadores de los Cristianos en el Imperio Romanopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Durante sus dos primeros siglos de existencia, el cristianismo fue testigo de la persecución de muchos de sus miembros por parte de funcionarios del Imperio Romano. La base real de estos conflictos fue la sospecha, el desprecio y el odio popular hacia los primeros cristianos. En este contexto, diversos sectores actuaron como acusadores y motores de la violencia religiosa.

El sector judío y los orígenes del rechazo

Los primeros rechazos que experimentó el cristianismo primitivo, desde los inicios de la misión cristiana hasta la segunda mitad del primer siglo, provinieron principalmente del sector judío. El libro de los Hechos muestra cómo las autoridades religiosas de Israel se opusieron a la misión de los apóstoles Pedro y Juan y cómo llevaron a Esteban al martirio. También estuvieron detrás de una persecución más generalizada de creyentes, lo cual los obligó a huir del territorio palestino.

Muchos vínculos entre estas dos sectas dudosas eran evidentes para los paganos contemporáneos. De hecho, parece que hasta finales del siglo primero los cristianos y los judíos no reconocieron clara y finalmente las distinciones entre sus respectivas religiones. Desde el punto de vista pagano, la conversión al cristianismo implicaba la sumisión a la forma judía de concebir los orígenes del universo y gran parte de la historia de la humanidad.

La delación popular y el odio de las masas

El factor determinante en las persecuciones no fue siempre una ley imperial, sino la hostilidad del pueblo. Sin la delación popular, no se habrían producido persecuciones en absoluto bajo gobernantes como Plinio. El gobernador no iniciaba tales acciones; el juicio de los acusados se celebraba para satisfacer a los acusadores y preservar el orden.

Los cristianos eran vistos como revolucionarios, que no mostraban respeto por los valores y las costumbres tradicionales. Tácito es el mejor guía contemporáneo para determinar la causa de la persecución neroniana; señaló que los cristianos fueron condenados por odium generis humani (odio a la raza humana). No como un crimen específico, sino más bien como una actitud, este «odio a la raza humana» se atribuyó a los cristianos durante todo el periodo de las persecuciones.

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Además, el populacho pagano veía diversas catástrofes militares, así como la peste, el hambre y las inundaciones, como un castigo por la tolerancia hacia los cristianos, que eran chivos expiatorios naturales para todas esas catástrofes. Las masas exigían a menudo la condena y ejecución de los líderes cristianos, como ocurrió en el caso de Policarpo, obispo de Esmirna.

Los acusadores intelectuales y las calumnias

Los más inteligentes entre los paganos estaban tan convencidos de la inutilidad y las malas acciones de los cristianos como la chusma. Estos fueron algunos de los principales críticos intelectuales:

  • Celso: Consideraba al cristianismo una asociación contraria a la ley sobre reuniones y sociedades secretas.
  • Luciano de Samósata: Atribuyó a los cristianos el amor a la admiración, la notoriedad y la atención, describiéndolos como bastante crédulos.
  • Porfirio y otros críticos: Los acusaban de crímenes específicos como el incesto, el asesinato y el canibalismo, que debían ser refutados continuamente por los apologistas.

El Estado Romano y el uso de la coercitio

Para Roma, los cristianos eran ateos, pero sabemos muy bien que esta acusación no era cierta. Sin embargo, en el Imperio Romano no se podía albergar a personas que negaran «la realidad» de los dioses y «su obra» a favor de Roma; ser ateo allí resultaba peligroso. La coercitio era el poder de los gobernadores romanos para castigar en virtud de su facultad ordinaria de hacer cumplir el orden público mediante su propia discreción, sin referencia a una legislación particular.

Los gobernadores generalmente solo buscaban doblegar la persistencia cristiana de un camino que les sería perjudicial. Lo que parecía más alarmante para la autoridad era la obstinación de los cristianos al negarse a negar su religión. Si se trataba de un elemento desleal, entonces esta «superstición contagiosa» debía ser detenida.

Cronología de la oposición imperial

  1. Nerón (54-68): Ocurrió la primera persecución de una «superstición nueva y maliciosa».
  2. Domiciano (81-96): La asociación entre judíos y cristianos fue de definitiva importancia en la acusación de ateísmo.
  3. Trajano y Adriano: Sus rescriptos no eran contra el cristianismo como religión, sino que respaldaban el ejercicio de la coercitio por parte del gobernador para mantener el orden.
  4. Septimio Severo: Estableció un edicto, el primero en la historia, que prohibía convertirse en cristiano y propagar tal doctrina.

A pesar de las calumnias y la oposición formal por parte del Estado, el movimiento no fue destruido. Los cristianos debían tratar a los muchos dioses tradicionales como seres indignos de culto, lo que los convertía en candidatos para ser culpados ante cualquier catástrofe social o política.

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