El mercado del arte ha crecido de manera significativa en las últimas décadas, convirtiéndose en un sector importante dentro de las llamadas passion investments, las cuales, además de un retorno financiero, proporcionan a su vez un retorno emocional. Dentro de este tipo de inversiones, el arte representa el 25 % del total. Este crecimiento, unido a los múltiples atractivos que ofrece el arte como inversión, ha hecho que inversores expertos y amateurs hayan diversificado sus fondos de inversión en pro de la adquisición de obras de arte y otros bienes de colección. Actualmente el mercado de bienes artísticos y de colección se ha convertido en foro de intercambios constantes de obras que no pierden su valor, sino que lo incrementan, al igual que su demanda.
Nos centramos en este estudio en el arte como una opción de inversión con bajos tipos de interés y rentabilidad, donde se buscan revalorizaciones más rápidas que, como mínimo, conserven su valor en el tiempo. Estas razones nos llevan a estudiar el mercado del arte y sus productos como inversiones eficientes, atendiendo eso sí a ciertas particularidades que detallaremos y sintetizaremos para la mejor comprensión de las cualidades del sector en el ámbito económico.
El Arte como "Inversión de Pasión" y Valor Refugio
Entre los principales motivos que atraen a los inversores se encuentran, en primer lugar, la creencia, no siempre plausible, del arte como valor refugio. Si bien sus precios se mantienen en una tendencia de crecimiento sostenido, solo las obras de alta calidad, generalmente de grandes artistas plenamente consolidados, que alcanzan un volumen de demanda constante, pueden llegar a representar un valor refugio incluso en situaciones de incertidumbre y recesión económica, dado que su demanda no se desvanece.
Este hecho es demostrado en las cifras, pues ciertamente las obras de arte siempre han sido productos puestos en venta, pero nunca de una forma tan clara como desde el último cuarto de siglo XX, cuando cada día más los mercados se han visto fortalecidos con más posibilidades de adquisición de este tipo de passion investments, convirtiéndose en grandes promotores de productos financieros y llegando a desarrollar fondos de inversión con activos artísticos, que seducen tanto como los de renta fija al prometer ganancias de 11 % anual.
Sin embargo, muchos coleccionistas adquieren arte sin estar motivados por un ánimo de lucro, por lo que se comportan de forma anómala como inversores. Hay pruebas de que los coleccionistas privados están sujetos al efecto dotación (una obra de arte propia se valora por encima de lo que se estaría dispuesto a pagar por adquirirla si no se tuviese), y al efecto de coste oportunidad (la mayor parte de los coleccionistas no toman en cuenta el rendimiento de usos alternativos de los fondos invertidos en arte). Ante la rigidez de la oferta de arte y coleccionismo, todo aumento de la demanda, aunque al comienzo se salde con una descompensación por exceso de ella, a medio plazo elevará los precios, evitando que el mercado se balancee y asegurando a los proveedores que el costo de la subida no superará los beneficios, es decir, no habrá que retornar a precios de años anteriores, estrategia de equilibrio que resulta siempre coyuntural.
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Perspectivas Económicas sobre la Rentabilidad y Depreciación del Arte
El Análisis de Bruno Frey
Sobre la rentabilidad del arte, el profesor y economista Bruno Frey desarrolló importantes estudios en la economía del arte, postulando que la bajada de precios en el arte va parejo a una menor calidad artística. Según este autor, el público concibe la rentabilidad del arte como mucho más alta de lo que es realmente, debido sobre todo al boom de las subastas de arte y los remates alcanzados entre los años 1987-1989, cuando los inversores de arte japoneses pugnaban por las obras impresionistas y postimpresionistas, creyéndolas revalorizaciones eternas, con precios que nunca dejarían de subir, lo que ya se demostró como falso.
Las Conclusiones de Baumol y Reitlinger
Todo ello hizo plantear a autores como Baumol la idea de que la inversión en arte resultaba como un juego aleatorio de esperanza cero, y que la tasa de retorno de los cuadros es menor que la de la inversión en activos financieros, dado el mayor riesgo del mercado artístico, si bien las obras de arte también proporcionan un beneficio psíquico derivado de la posesión y observación de ellas. Por ello, a modo de conclusión, Baumol deduce que en el mercado del arte no existe nada equivalente a precios a largo plazo, ni tampoco fuerzas que conduzcan al mercado hacia estos.
Sin embargo, reflexionando sobre el trabajo de este autor se plantea una problemática: si los precios en el mercado de valores siguen un paso aleatorio y en consecuencia el valor de la información es cuanto menos escaso, en lo que refiere al mercado del arte y el coleccionismo el inversor difícilmente podría obtener nada del análisis de los datos sobre las ventas y los precios de las obras, por lo que la inversión allí se trataría de un lance aleatorio, en el que la información no tendría valor económico.
Es más, si nos basamos en las investigaciones previamente desarrolladas por Reitlinger, que el propio Baumol analizó, sobre estudios del mercado de Londres, hallaríamos que las obras de arte ni siquiera han duplicado su precio en términos reales en dos siglos, y los compradores han recibido una tasa de retorno mínima por la reventa de sus adquisiciones, tanto más si tenemos en cuenta que Baumol no consideró los costes de intermediación, que en este mercado no deben despreciarse.
Características Particulares del Arte que Influyen en su Valor
Al analizar este mercado, no debemos olvidar que la obra de arte es única, y por ello tiene diferencias con los activos financieros de propiedad de individuos independientes que actúan en un mercado perfectamente competitivo. A ello hay que añadir que el precio de venta no suele ser público, por lo que no existe como en los activos financieros un precio de referencia (true price) que todos reconocen como de equilibrio a largo plazo. El arte como inversión presenta unas características muy particulares, que hay que tener muy en cuenta a la hora de invertir en él, ya que las obras de arte no son bienes fungibles, es decir, a diferencia de las acciones, bonos y demás productos financieros, cada obra de arte es única y no puede ser reemplazada por otra.
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En ese sentido, al comprar acciones de una empresa no se especifica la acción particular que se adquiere, mientras que en el arte cada precio que se paga por un bien corresponde, por ejemplo, a un Matisse, Rothko, Stern o Picasso específico, lo cual condiciona el precio de una obra de arte de manera fundamental, ya que, en ocasiones, el propio nombre del artista lleva por sí solo aparejado un rango de precios; también es cierto que dentro de la obra del autor cada época cotiza de una manera distinta, pues es la calidad artística lo que acumula el mayor peso ponderable en la carga del precio. La obra de arte original y única es lo que los inversores en arte compran al especular en el sector, y es esa rareza lo que justifica el alto precio.
Además, en el mercado del arte existe una importante diversidad de productos (pintura, escultura, performance), más que en otros mercados, lo que provoca que cada bien tenga un comportamiento distinto en cuanto a su rendimiento. Y es que el factor subjetivo del arte es otra característica que no puede obviarse al considerar la inversión. El arte no tiene un valor monetario intrínseco, y el precio de una pintura o escultura se centra en lo que el coleccionista esté dispuesto a pagar. Por ello, el mercado está muy condicionado a las tendencias de cada momento, que pueden depender de modas, exposiciones o efemérides. Artistas o movimientos que durante una época alcanzan precios altos pueden caer de manera considerable tiempo después, tanto en precios como en volumen de ventas, como ha ocurrido en los últimos años con los maestros ingleses. Esto le imprime al mercado una incertidumbre poco atractiva para los inversores, considerando al mercado, especialmente el contemporáneo, excesivamente arriesgado e imprevisible.
Todo ello debido a que, como productos dentro de su mercado, las obras de arte, incluso de un mismo autor y período, no son productos homogéneos, y por tanto resultan sustitutivos imperfectos, generando una demanda individualizada para cada activo. El concepto de valor de mercado de un bien artístico o de colección descansa sobre cierta lógica económica, que enlaza directamente con el hecho de que en realidad todo coleccionismo tiene un matiz de inversión, pues nadie paga un determinado precio por un objeto, sabiendo que podría localizarlo en el mercado en un margen de tiempo prudencial, en condiciones análogas, por un precio similar o inferior. Incluso en el caso del gran coleccionista de arte motivado por la pasión y no por la inversión, el plano económico también le influye en su toma de decisiones.
El Mercado del Arte en Contextos de Crisis Económica
La crisis económica de la primera década del siglo XXI trajo consigo un fenómeno que demostró la importancia, cuando se cumplía, del arte como valor refugio. Cuando la economía funciona correctamente, el arte cambia de manos con facilidad y frecuencia, generando liquidez. Pero en épocas de contracción económica los propietarios de obras importantes se muestran reticentes a desprenderse de ellas, en espera de períodos benévolos en los que se demande y rentabilice más su venta.
Así, cuando las bolsas de todo el mundo cayeron en 2008, activos como los inmuebles vieron estancado su crecimiento y los rendimientos de la economía en general se redujeron, con lo que se comenzó a percibir el arte como una opción de diversificación de adquisiciones, que permite conseguir una rentabilidad aceptable cuando otros activos caen o, al menos, reducir el desplome de la cartera de compras. Sorprendentemente, desde el inicio de dicha crisis financiera, las ventas de arte actual y contemporáneo en pintura y escultura se resintieron, pues resultan las más arriesgadas ante el desconocimiento de los artistas aún emergentes, mientras que otros sectores, como el de la obra gráfica y la fotografía, con precios más accesibles, aumentaron sus ventas.
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La disminución de los ingresos discrecionales conllevó una reducción de la adquisición de obras de arte, pero el mercado salvó la situación con dos estrategias, tan diferentes como efectivas. Por un lado, se produjo un “efecto sustitución” por el cambio en las preferencias de compra de los coleccionistas habituales, en ese momento con mayores dificultades económicas respecto de otros bienes más asequibles, manteniendo la consideración del arte como una inversión alternativa.
Es así como, ya en 2010, las inversiones de países nada habituales dentro del sector, como China, Rusia, India y Emiratos Árabes, registraban importantes compras de arte, incluso en los mercados más paralizados o en bienes que representan una inversión de riesgo. Estos nuevos coleccionistas y gestores de fondos de inversión, interesados en nuevas alternativas de compra, se centraban en la obra gráfica contemporánea, uno de los sectores más volátiles, pero con más liquidez del mercado.
Según los informes Artprice de 2008 y posteriores, las regiones con un mayor índice de crecimiento fueron India, China y los países del Próximo Oriente, junto con Rusia, los cuales protagonizaron dentro del mercado de subastas internacional grandes remates en la adquisición de passion investments, entre las que se incluyen el arte, los vehículos y barcos de lujo, vinos y deportes de alta gama, viajes exóticos de alto perfil, salud y bienestar. Sin embargo, existe una clara diferencia entre las inversiones realizadas en bienes artísticos o de colección, los cuales son comercializados como productos de inversión, y el resto de las materias que son consideradas como bienes de consumo; prueba de ello es que las fundaciones relacionadas con el arte y los inversores profesionales en este tipo de bienes comparten espacios y actividades cada vez más frecuentemente.
Desde el punto de vista de una inversión en la que se espera obtener beneficios, resulta más arriesgado adquirir obras de artistas emergentes que de aquellos plenamente consagrados, pero el mercado ha demostrado que, en lo que refiere a la pintura contemporánea, si se invierte con cautela y realizando estudios previos sobre el artista, su carrera y su cotización, la compra puede llegar a generar intereses de +7,6 % en un plazo medio de 8 años. Cierto es que es un sector con un problema de exceso de oferta, pero no quiere decir que ello actúe negativamente en el precio, sino simplemente que la mayoría de los artistas siguen vivos y por lo tanto produciendo. Aun así, se puede afirmar que el mercado de la pintura contemporánea es eficaz, rentable y asequible a un amplio abanico de compradores (dependiendo del conocimiento del artista).
Actualmente, el pop art, la abstracción y el street art son los estilos más demandados dentro del sector de la pintura, con una procedencia mayoritariamente norteamericana, pues es donde se sitúan los artistas más representativos del sector. China presenta unos datos similares en cuanto a creatividad, pues desde mediados del siglo pasado ha sido cuna de grandes artistas actualmente muy cotizados. Por otro lado, África comienza a emerger y tomar lugar dentro del mercado del arte contemporáneo, gracias a la visibilidad dada por las exposiciones realizadas principalmente en Francia, lo que la sitúa como una región interesante en la que invertir, con precios accesibles, que previsiblemente se elevarán.
Es así como Artprice, en sus informes de 2020 y anteriores, sitúa el mercado contemporáneo en una tendencia al alza, con una subida de 18,5 %, representando 15 % del número de ventas totales de arte y superando la venta de obras de los maestros clásicos y del arte del siglo XIX. Ciertamente, aún no alcanza el volumen de ventas del arte de posguerra o del arte moderno, que representan el 68 % del mercado. Pero es un mercado complejo y cambiante, en gran parte debido a su alta dependencia de las modas, contando con la presencia de determinados artistas catalogados como nuevos clásicos, que se sabe son valores seguros. Resulta así un mercado más dinámico y cambiante, que en ocasiones da la imagen de ser algo caótico, pues está vivo, como sus artistas, y ofrece cada día nuevos talentos por descubrir. De hecho, anualmente se compran y se venden cerca de 70.000 obras de arte contemporáneo en el mundo, principalmente en Estados Unidos, país líder dentro del arte contemporáneo, y en el mercado asiático, que está creciendo explosivamente y diversificándose, gracias a plazas de venta tan efectivas como Hong Kong, la cual se está revelando como uno de los centros neurálgicos del arte contemporáneo mundial.
Consideraciones Contables y Fiscales sobre la Depreciación de Obras de Arte
Existen bienes que se deprecian o pierden valor por el transcurso del tiempo o el desgaste sufrido. Tal es el caso de los bienes de uso (instalaciones, muebles y útiles, rodado, inmuebles, maquinarias, herramientas). La depreciación es la pérdida de valor de un bien. Los "bienes de uso" son aquellos destinados al uso exclusivo de la empresa y no a la venta, ya que son necesarios para prestar un buen servicio a sus clientes. Los bienes de uso sufren un desgaste que, sin duda alguna disminuye su valor. El porcentaje de amortización dependerá de la cantidad de años de vida útil que tenga el "Bien de Uso". Las amortizaciones son una cuenta de resultado negativo que muestra la amortización de un solo año. La Amortización Acumulada Muebles y Útiles es una cuenta regularizadora del activo de saldo acreedor que muestra la amortización acumulada durante los años de vida útil que ya han transcurrido. El valor residual de un bien es la diferencia entre el valor de origen de un bien y sus amortizaciones acumuladas.
Sin embargo, para las obras de arte, las consideraciones son distintas. El Consejo Técnico de la Contaduría Pública (CTCP) emitió el Concepto No. El CTCP explicó que este marco normativo no incluye un tratamiento específico para dichos activos. No obstante, el párrafo 10.4 de la Sección 10 - Políticas contables, estimaciones y errores señala que, en ausencia de una norma específica, la gerencia de una entidad debe usar su criterio para desarrollar políticas contables que generen información relevante y confiable. En conclusión, las obras de arte y bienes culturales pueden registrarse como activos siempre que cumplan con los criterios de control, generación de beneficios económicos y medición fiable.
Más concretamente, el Tribunal Económico-Administrativo Central (TEAC), mediante resolución del 21 de octubre de 2024, reafirmó que las obras de arte no pueden ser objeto de amortización a efectos fiscales en virtud del artículo 11.1 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades. La sociedad, dedicada a la promoción inmobiliaria, presentó en sus declaraciones del Impuesto sobre Sociedades de 2014 y 2015 la deducción de cuotas de amortización por dos obras de arte valoradas en 47.634,20 euros y 45.000 euros, respectivamente. La empresa justificó estas deducciones alegando que las obras estaban contabilizadas como mobiliario.
El TEAC concluyó que las obras de arte no son bienes susceptibles de sufrir depreciación por causas económicas. El Tribunal también invocó resoluciones previas como las identificadas con números de recurso RG 6247/2008 y 2351/2009, en las que se establece que las obras de arte, debido a su naturaleza especial, no sufren una depreciación intrínseca en términos fiscales. El contribuyente no aportó pruebas que demostraran una depreciación efectiva de las obras de arte como bienes del inmovilizado. Además, el TEAC destacó que la clasificación contable de estos elementos como mobiliario no constituye una base suficiente para justificar su amortización fiscal.
Comparativa: Bienes de Uso vs. Obras de Arte en cuanto a Depreciación
Para ilustrar las diferencias fundamentales en el tratamiento de la depreciación, a continuación se presenta una tabla comparativa:
| Característica | Bienes de Uso Típicos (ej. mobiliario, maquinaria) | Obras de Arte |
|---|---|---|
| Naturaleza | Diseñados para funcionalidad y uso específico en el negocio. | Únicas, irremplazables, con valor estético, histórico y cultural. |
| Desgaste por uso/tiempo | Sufren desgaste, obsolescencia y pérdida de valor por su uso y el paso del tiempo. | Generalmente no se deprecian por uso o el paso del tiempo; su valor puede incluso aumentar. |
| Amortización contable | Se amortizan anualmente, reflejando su pérdida de valor en los estados financieros. | No se amortizan para fines fiscales, salvo raras excepciones que demuestren pérdida de valor. |
| Amortización fiscal | Deducción permitida bajo la Ley del Impuesto sobre Sociedades. | No es objeto de amortización fiscal, al no considerarse que sufran depreciación económica. |
| Factores de valor | Función, eficiencia, vida útil estimada, coste de reemplazo. | Artista, época, calidad artística, historia de la obra, tendencias del mercado, subjetividad. |
