Los Impactantes Comienzos del Régimen Fascista en Italia: De la Caótica Crisis Post-Guerra al Totalitarismo Definitivopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Después de la Gran Guerra de 1914-1918, Italia fue presa de un gran descontento popular tanto político como social en contra del gobierno y de los Tratados de Paz firmados. En los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson se les negó a los italianos importantes reivindicaciones territoriales, a pesar de haber combatido desde 1915 al lado de las potencias aliadas. Los italianos consideraron que habían sido perjudicados en el reparto, ya que no habían recibido los territorios que reclamaban. La crisis no solamente fue internacional, al mismo tiempo fue moral, política y económica. Durante la guerra perecieron casi 700 mil soldados, hubo 1 millón de heridos; el país quedó afectado por el desempleo y la inflación; y una crisis política con gobiernos rápidamente alternantes. En un contexto de crisis política, económica y social, existía un gran descontento en la población italiana.

Entre 1918 y 1920 estallaron miles de huelgas obreras en el país por el desempleo, los bajos salarios y el cierre de fábricas. En este contexto, algunos partidos políticos de corte comunista y socialista ocupaban fábricas y realizaban huelgas nacionales. Mientras tanto, el gobierno liberal democrático no ofrecía respuestas eficaces ni rápidas. Los grandes inversores industriales apoyaron a los fascistas porque estos se comprometieron a ayudarles cuando llegaran al poder. Las clases dirigentes tenían miedo al contagio del comunismo, prefiriendo un sistema dictatorial a uno democrático que pudiera llevar al poder a los comunistas.

Orígenes y Definición del Fascismo

El fascismo fue un movimiento político que surgió en Europa en la década de 1920 y gobernó diferentes países hasta 1945. Como movimiento político, nació en Italia ligado a la figura de Benito Mussolini, y tomó por primera vez el poder en Roma en 1922. El nombre deriva de la palabra italiana fascio, que en latín significa «fascis». En la Antigua Roma, esa palabra era usada como símbolo de la unión de los luchadores. El concepto proviene de la palabra latina fasces, nombre de las insignias que portaban los magistrados de la antigua Roma como símbolo de autoridad. El símbolo fascista hace referencia al hacha de metal sostenido por varas de madera (“La unión hace la fuerza”) y representa así al Estado fascista (“El Estado por encima del individuo”).

A finales del siglo XIX existían en Italia algunas organizaciones denominadas fascio (traducible por haz, significando la fuerza de la unión), de la que la más importante era el Fasci Siciliani (fascio siciliano, 1895-1896). Estas no eran muestra de una ideología uniforme, aunque predominaban los componentes nacionalistas y revolucionarios.

El Nacimiento del Movimiento Fascista y Benito Mussolini

Mussolini aprovechó la situación de descontento social por la crisis económica y los pocos beneficios que Italia había obtenido tras la guerra. Seis meses después de que acabaran las hostilidades, un pequeño grupo de sobrevivientes e intelectuales que apoyaban la intervención italiana en la guerra, nacionalistas, anarquistas y sindicalistas revolucionarios se reunieron en una taberna en Piazza San Sepolcro en Milán, y crearon la organización denominada Fasci di Combattimento (haces de combate), el 23 de Marzo de 1919. La agenda de esta organización era a la vez revolucionaria, socialista y nacionalista.

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Entre los estratos sociales más disconformes con el resultado de la guerra y de entre los ex-arditi (soldados sobrevivientes de la Primera Guerra Mundial), Mussolini supo encontrar la esencia de vida que impulsaría su movimiento, ya que estas personas creían no haber recibido un justo reconocimiento por sus labores y valentía en el frente y se sentían humilladas por los insultos que recibieron de los militantes socialistas. El fascio di combattimento adoptó los símbolos que hasta esa fecha habían destacado los arditi, como las camisas negras y la calavera. El movimiento fascista no solo atrajo a sobrevivientes, representantes del movimiento futurista, nacionalistas y sindicalistas revolucionarios, sino también a sujetos de dudosa moralidad y cazadores de fortunas, incluyendo miembros de las agresivas squadre d'azione (equipos de acción), que pronto recibirían el apodo de "squadracce".

Mussolini, quien había comenzado su andadura política en el Partido Socialista Italiano y había sido director de Avanti!, el periódico de cabecera del socialismo en su país, denunció duramente el capitalismo y los mercados libres. Con toda esta experiencia detrás, creó los Fascios Italianos de Combate. Esta organización fue el núcleo del futuro Partido Nacional Fascista, que contó con un programa con medidas de corte social idénticas a las planteadas anteriormente por el socialismo, como el salario mínimo, la jornada laboral de ocho horas y el voto femenino, aunque se trataba de un anticapitalismo demagógico con el que lograr apoyo de los trabajadores. El temor ante una revolución similar a la rusa de las clases medias y la alta burguesía italiana vio en los fascistas de Mussolini la mejor arma para desarticular los movimientos obreros organizados. Casi toda la pequeña burguesía de agricultores, artesanos o comerciantes, preocupada por las ocupaciones en los terrenos y por los conflictos, se unió en el movimiento liderado por Mussolini.

El nuevo movimiento expresó la voluntad de «transformar, con métodos revolucionarios si es necesario, la vida italiana», autodefiniéndose «partido del orden». Apenas 20 días después de la fundación del fascismo, las novatas "escuadras de acción" asaltaron la sede del periódico socialista ¡Avanti! y destruyeron sus oficinas. Unos meses después, las escuadras fascistas se difundieron por toda Italia convirtiendo el movimiento en una fuerza paramilitar. La campaña fascista, que tenía como objetivo la destrucción de los centros de reunión bolchevique y de intimidación de los miembros del PSI, llevó al socialismo massimalista a una crisis. Así, mientras en enero de 1921 el Partido Socialista Italiano sufrió una grave escisión dando vida al Partido Comunista Italiano, el 12 de noviembre de 1921 se creó el Partido Nacional Fascista (PNF), transformando a los fascios de combate en un partido político y aceptando, al menos formalmente, los compromisos legales y constitucionales. En aquel período, el PNF alcanzó 300.000 alistados, teniendo un fuerte apoyo en Emilia-Romagna, Lombardía, y Toscana, donde las escuadras fascistas tenían como objetivo atacar a los socialistas y a los sindicatos, intimidándolos con brutales palizas u homicidios que quedaban casi siempre impunes.

La Marcha sobre Roma y la Toma del Poder

Con el apoyo político y económico de estos sectores, en 1921 se creó el Partido Nacional Fascista. Al año siguiente, Benito Mussolini lideró un golpe de Estado, conocido como “la marcha sobre Roma”. El 24 de octubre de 1922, durante la concentración del Partido Nacional Fascista en Nápoles, Mussolini lanzó una amenaza clara: “O nos dan el gobierno o iremos a Roma a tomarlo”. No era una amenaza vacía, ya que había convocado aquel acto precisamente para tantear el apoyo con el que podía contar para presionar al rey Víctor Manuel III. El 27 de octubre, empezaron a tomar los ayuntamientos de algunas ciudades como Florencia, Pisa y Cremona; y esa misma noche varias columnas de camisas negras se pusieron en marcha hacia Roma.

La mañana siguiente, el presidente del Consejo de Ministros, Luigi Facta, se dirigió al Palacio del Quirinal con el decreto aprobado por el Consejo de Ministros para declarar el estado de sitio. Sin embargo, se encontró con una sorprendente respuesta por parte de Víctor Manuel III. El rey, habiendo tanteado a los altos oficiales del ejército, supo que una parte del mismo apoyaba a los fascistas y temía una guerra civil. “En estas condiciones, desatar una guerra civil es de sanguinarios o de estúpidos, y creo no ser ni lo uno ni lo otro, estimado Facta.” Entonces, el rey tomó el decreto y, sin firmarlo, lo guardó en un cajón bajo llave, lo que llevó a la dimisión de Facta. Mientras las fuerzas armadas se preparaban para enfrentar el inminente ataque fascista, el rey Víctor Manuel III no permitió que el Ejército Regio reestableciera la legalidad. La Corona, para evitar otra masacre que habría podido llevar el país hacia una segunda guerra civil, no firmó el decreto de Estado de Asedio, dejándole así a los fascistas el camino abierto hacia la capital.

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La dimisión de Facta precipitó aún más los acontecimientos y los fascistas, que se habían apoderado de varios trenes, se encontraban ya muy cerca de Roma. Finalmente, Víctor Manuel se plegó a sus exigencias. El 29 de octubre, Mussolini recibió un telegrama de uno de sus generales que decía lo siguiente: “Su Majestad el Rey me encarga rogarle que se dirija a Roma para presentarle sus respetos”. El líder fascista partió de Milán esa misma noche en un tren directo hacia Roma, donde llegó al día siguiente por la mañana para entrevistarse con el rey. Las camisas negras entraron a Roma el 30 de Octubre y, completada su marcha (la cual quedó registrada en la historia como la "marcha sobre Roma"), el rey encargó a Benito Mussolini que formara el nuevo gobierno. Víctor Manuel III creía poder utilizar a Mussolini para centralizar el poder de la Corona en contra del Parlamento. Al saberse la noticia, los cerca de 70.000 camisas negras que esperaban acampados fuera de la ciudad entraron en ella, desatando cruentos enfrentamientos en varios barrios. Al día siguiente, Il Popolo d'Italia anunciaba: “Nuestro movimiento ha sido coronado con la victoria. El Duce ha asumido los poderes políticos del Estado”.

Consolidación del Poder Fascista

Una vez alcanzado el poder, Mussolini se autoproclamó Duce (dictador). Poco a poco Mussolini fue eliminando los aspectos democráticos de la sociedad italiana, intimidando a opositores, haciendo ajustes constitucionales, implementando la censura y el culto a su personalidad. A partir de 1924 Mussolini aceleró el proceso de implantación de la dictadura fascista. Una hábil ley electoral le permitió obtener la mayoría en las elecciones de 1925 e instauró el Estado Totalitario y fue nombrado jefe de gobierno con poderes absolutos. Abolió los partidos y sindicatos, suprimió cualquier libertad política, y se proclamó Duce. Adquirió las funciones de jefe de gobierno, primer ministro y secretario de Estado. En adelante, la propaganda sistemática llevó a la exaltación de la figura del Duce como líder carismático de la Italia fascista.

El 25 de noviembre de 1922 le fueron conferidos a Mussolini por el parlamento plenos poderes en el ámbito económico y administrativo hasta el 31 de diciembre de 1923, con el fin de «restablecer el orden», pudiendo gobernar por decreto sin la aprobación previa de los parlamentarios. El 14 de enero de 1923 los camisas negras fueron institucionalizados como fuerza paramilitar bajo amparo estatal, siendo convertidos en la Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale ('Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional'). Luego, el 9 de junio Mussolini presentó la Ley Acerbo, la cual establecía que si un partido ganaba votos electorales por encima del 25 % de sufragios, obtenía automáticamente dos tercios de los escaños del parlamento. Este mecanismo permitió que el Partido Nacional Fascista ganara una mayoría parlamentaria absoluta. La Ley Acerbo fue aprobada el 18 de noviembre de 1923 con los votos de los fascistas, unidos con los liberales y una parte de los católicos.

Un paso importante en la consolidación de su poder fue el pacto que realizó Mussolini con el Papa Pío XI, conocido como los Pactos de Letrán, que aseguraban la soberanía del Estado Vaticano a cambio del apoyo incondicional de la Iglesia Católica al régimen. Fue precisamente este dictador quien planteó por primera vez el concepto de “totalitarismo”, ya que él mismo controlaría todos los aspectos de la vida italiana, puesto que se hizo cargo de los ministerios de Guerra, de la Fuerza Aérea, de la Marina, del Control Colonial y de los Negocios con el Extranjero.

Características Ideológicas y Políticas del Fascismo Italiano

El fascismo es una ideología, movimiento político y sistema de gobierno totalitario de extrema derecha que se opone a la democracia, el comunismo, el liberalismo y la internacionalización. Defiende la superioridad de la patria, y la necesidad de emplear la violencia contra los que considera enemigos de la nación. La Italia fascista exaltaba la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprimía la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo.

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Los movimientos fascistas carecen de unas bases ideológicas coherentes, están formados por un conjunto de ideas simples cuya única ideología es la conquista del poder. Esto se pone de manifiesto en obras como La doctrina del fascismo de Benito Mussolini, donde se impone el dogmatismo frente a la razón, la primacía de lo irracional y el menosprecio a los valores intelectuales, morales y sociales.

Característica Descripción
Totalitarismo El partido oficial era el único permitido, y las personas debían subordinarse al Estado. El Estado controla todas las esferas de la vida, siendo lo absoluto, ante lo cual los individuos y los grupos son solo lo relativo.
Anti-liberalismo Contrario al sistema democrático y a las libertades políticas. Reafirma al Estado como la verdadera libertad del individuo, negando la primacía del individuo.
Anti-marxismo / Nacionalismo Sustitución de la idea de lucha de clases por la de lucha de naciones y solidaridad nacional interclasista (corporativismo), creando sindicatos que agruparan patronos y obreros.
Autoritarismo y Militarismo La sociedad es pensada como una organización militar, en la que la disciplina y el orden son fundamentales.
Nacionalismo exacerbado El concepto de nación es fundamental. La patria es la entidad superior a la que hay que rendir culto, llevando a la exaltación del nacionalismo.
Liderazgo carismático La figura del jefe (Duce en Italia) reúne el poder absoluto sobre el partido, el Estado y la sociedad, exaltada como líder carismático.
Anti-igualitarismo / Elitismo Contrario a visiones igualitarias de los hombres y la sociedad. Propone una sociedad jerarquizada y eficaz, gobernada por los más capacitados, determinado por el carisma.
Anti-racionalismo / Irracionalismo Contrario a anteponer la razón a la pasión. Fomenta los sentimientos y las pasiones en todos los ámbitos: violencia, guerra, fe.
Empleo de la violencia y el terror Uso de la mística del poder y la violencia contra los que considera enemigos de la nación. Integración de un ejército denominado “Camisas Negras”.
Propaganda sistemática Empleo de la propaganda para la exaltación de la figura del líder y la ideología.

En lo económico, el régimen fascista interviene en el mercado para favorecer ciertas industrias y controlar el movimiento obrero a través de un sindicato vertical. Es también un sistema proteccionista que pretende convertir al país en una economía autosuficiente, aunque permite la propiedad privada. El primer problema al cual la dictadura tuvo que hacer frente fue la devaluación de la lira. Para resolver el problema, se tomaron medidas como la venta de pan con poca harina, la adición de alcohol a la gasolina, el aumento de la jornada laboral de 8 a 9 horas sin incrementar los salarios, un impuesto a los hombres solteros, el aumento de tributos, la prohibición de la construcción de casas de lujo, el aumento de controles fiscales, la reducción del costo de los periódicos, la congelación de los costos de los alquileres y la reducción de los precios de los billetes de tren y de los sellos.

Política Exterior Inicial (1922-1929)

Entre 1922 y 1929 Mussolini se apoyó en la política exterior para consolidar su poder, especialmente a nivel de la opinión pública. Durante este período, la política exterior de Mussolini estuvo subordinada a la política interna y financiera. Esto se debió a la necesidad del Duce de fortalecer su poder interno y de armarse de las herramientas e instituciones necesarias para una política exterior más dinámica, y por la inmovilidad del panorama internacional que no permitía decisiones distintas.

La creación del gobierno de Mussolini en 1922 no fue motivo de mucho alarmismo en el ámbito internacional. Muchos pensaban que era mejor que los débiles e inestables gobiernos que se habían sucedido en Italia; otros lo consideraban un fenómeno que pronto desaparecería; otros aún veían el fascismo como una fuerza "afín" que podría rescatar a Italia del bolchevismo. La opinión pública internacional no era contraria al fascismo; inclusive los jueces se mostraron cautos en ocasión del incidente de Corfú. Este incidente se inició a causa del homicidio de miembros de una misión militar italiana en territorio griego en agosto de 1923. Mussolini denunció fuertemente esta masacre y tomó Corfú, lo que, tras una mediación de la Conferencia de Embajadores, resultó en la aceptación de las exigencias italianas.

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