Descubre Cómo la Lucha por el Poder Define los Regímenes Totalitarios: Análisis Impactantepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Definición y Debate sobre el Totalitarismo

Se le llama totalitario a todo régimen político en el que la vida cotidiana de sus ciudadanos es totalmente controlada por la autoridad única y exclusiva de un partido político. Es la forma más drástica de control estatal, y va mucho más allá de los mecanismos de control implementados por dictaduras, gobiernos militares, y gobiernos autoritarios. El término totalitarismo tomó popularidad en la década de los cincuenta, cuando Hannah Arendt lo usó para referirse al fenómeno político que entonces ocurría en ciertos países.

En este artículo nos interesa abordar desde el punto de vista de la Ciencia Política si el término “totalitarismo” es el adecuado cuando equiparamos al nazismo con el estalinismo y si responde al funcionamiento real de los dos sistemas, beneficiándonos con la comprensión del fenómeno. Es un concepto que ha sido objetado por algunos autores marxistas occidentales con diferentes argumentos y frontalmente rechazado por el Partido Comunista desde siempre. La pregunta de por qué el concepto de totalitarismo sigue siendo discutido en algunos ámbitos académicos es fundamental para entender la complejidad del tema.

Nazismo y Estalinismo: Paralelos en la Lucha por el Poder

Teniendo en cuenta estos puntos clave, es posible identificar dos ejemplos claros de lo que constituye un régimen totalitario: Alemania durante el reino del Nazismo, y la Unión Soviética durante el reino Estalinista. Este tema me había generado siempre cierta incomodidad y me preguntaba por qué existía esa diferencia en la consideración pública entre los regímenes de Hitler y Stalin, cuando el uso de la violencia extrema como arma política masiva fue usada por ambos sin contemplaciones.

Corroboró esta apreciación la lectura de la introducción de Anne Applebaum a su libro “Gulags”, cuando se hace estas mismas preguntas acerca de la indiferencia con que suele recibirse lo relacionado al régimen soviético, frente a la indignación y rechazo provocado por el nazismo. Relata la autora que en un viaje por Praga, algo que pude comprobar por mi misma más tarde, se encontró con numerosos vendedores callejeros ofertando gorras, insignias, prendedores con fotos de Stalin y otros líderes comunistas que solían usar los escolares sobre sus túnicas y los turistas compraban sonrientes esos accesorios para colocarlos sobre sus ropas.

Surge entonces la interrogante: ¿Cuál es la razón por la que la opinión pública en nuestro país y en el mundo se horroriza, justificadamente, por los crímenes del nazismo, y no sabe, no habla o no conoce los cometidos por el estalinismo entre 1924 y 1953 en la ex unión soviética? No están relacionadas ni con la personalidad individual de Hitler y de Stalin que fueron diametralmente opuestas, ni siquiera con lo que ellos puedan haber expresado en el discurso a un público cautivo o mediante la propaganda masiva para el extranjero donde siempre se situaban como amantes de la paz y de los derechos de los pueblos.

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Se trata en este trabajo de averiguar si son más numerosas y cruciales las “semejanzas”, basándonos en los hechos reales y las condiciones que los desencadenaron, entre estos dos regímenes enfrentados como acérrimos enemigos, pero que usaron los mismos medios para lograr sus fines y compartieron una parte importante de sus propias ideologías como el partido único, un particular concepto de democracia, la estatización de la economía, la centralización absoluta del poder, entre otros. En segundo lugar, examinaremos brevemente algunos argumentos habituales en la dirección inversa, es decir la de profundizar las diferencias entre ambos regímenes, a partir del libro “Totalitarismo” del historiador italiano Enzo Traverso, principalmente su capítulo XII.

Vayamos al primer punto de lo propuesto para este trabajo: la comparación entre los dos regímenes, el nazismo y el estalinismo, de acuerdo a las principales características que los unen para clasificar dentro de la categoría “totalitarismo”.

Elementos de Control y Uniformidad Ideológica

En ambos casos, un solo partido político dominó, imponiendo su ideología política y excluyendo cualquier otra. Tanto la Alemania Nazi como la Unión Soviética Estalinista contaban con una maquinaria política gigante conformada por simpatizantes de todo tipo, desde ciudadanos comunes, miembros de la policía secreta y miembros de la comunidad científica. La ideología oficial era impartida por todos los medios, y la población crecía para ser adoctrinada. La lealtad al partido se mantenía por medio de la coerción ejercida por la policía secreta: la Gestapo en Alemania y la KGB en la Unión Soviética.

Finalmente, ambas ideologías mantenían un control total sobre la organización social y económica del país. Los Nazis impusieron el concepto del corporativismo, el cual consistía en la división vertical del orden social, de tal manera que en vez de existir clases sociales, existían tipos sociales: agricultores con agricultores, empresarios con empresarios, y así sucesivamente. Con base en estos dos ejemplos, resulta claro que el fenómeno del totalitarismo se puede dar bajo gobiernos de ideología de izquierda tanto como de derecha. En adición, aunque la adopción de un modelo totalitario es el resultado de un cambio revolucionario, este no es necesariamente impuesto como resultado de una revolución.

Después del derrumbe del régimen soviético, los académicos rusos y también los occidentales se lanzaron a la búsqueda de datos en los archivos secretos recién abiertos al público y se publicaron multitud de memorias y relatos de los sobrevivientes de la catástrofe, suficientes como para formarse una idea clara de los hechos.

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El Origen de las Masas y el Avance hacia el Totalitarismo

La modernidad está asociada siempre a la aparición de las grandes masas en la política. Las personas que habían permanecido olvidadas en los campos bajo sistemas tradicionales irrumpen en las grandes ciudades en los últimos 40 años del siglo XIX, las conquistas de la ciencia aumentan los nacimientos y las posibilidades de mantenerse con vida, y se plantea entonces a los políticos la interrogante de cómo dominar esa masa cada vez más exigente respecto a sus derechos.

En Inglaterra la incorporación a la política se hizo de manera paulatina a medida que el desarrollo económico lo permitía y bajo regímenes liberales respetuosos de las libertades y los derechos individuales, lo cual permitió finalmente desembocar en la democracia cuando todos pudieron votar antes de terminar el siglo. En Alemania y Rusia la participación política se da después de la 1ra. Guerra Mundial.

Si bien Alemania había conocido antes de la Guerra un régimen liberal clásico, Parlamento, división de poderes, Estado de derecho, etc., su funcionamiento dejaba mucho que desear, el poder político seguía concentrado en el Kaiser y su ministro Canciller. En el caso de Rusia, la Duma o Parlamento era más bien decorativo, ni siquiera estaba constituido como Poder Legislativo, al contrario de Alemania con una tradición cultural de muy larga data, Rusia se presentaba como un país atrasado donde la masa de campesinos, aproximadamente el 80% de la población, recién había sido exonerada de su situación servil en 1862, y se mantenía fuera de toda participación política.

Fue a consecuencia de la “Gran Guerra” que el pueblo ruso tomó conciencia de su situación, cuando millones de soldados murieron en el campo de batalla, la mayoría de origen campesino, por una causa que ellos no llegaban a comprender y comenzaron a dimitir y a manifestar su voluntad de no pelear más, iniciándose una resistencia activa con la formación de comités (soviets) de soldados y campesinos, una manifestación rudimentaria pero muy importante de expresión democrática. Como consecuencia de esa desobediencia a los mandos militares, se desencadena la revolución de 1917, la renuncia del zar y la toma del poder por los bolcheviques.

Los dirigentes comunistas, un pequeño grupo de revolucionarios profesionales, intelectuales de clase media, perciben que está en juego dominar a esas masas recién salidas de su adormecimiento feudal y planean conducirlas a la utopía de la sociedad igualitarista sin clases, con antecedentes en los movimientos agrarios de fines del siglo anterior. La Revolución rusa de febrero de 1917, había sido posible como vimos por la conmoción de la “Gran Guerra” y sus dirigentes socialistas moderados querían imponer el socialismo marxista de la 2da. Internacional, hasta que en octubre se hicieron con el poder el sector de los radicales bolcheviques dirigidos por Lenin y la idea de colocar a la clase proletaria en el poder mediante la “lucha de clases”, se cambia por la del partido revolucionario profesional que tomaría el poder a nombre del proletariado y lo conduciría a la sociedad sin clases mediante una dictadura.

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El avance hacia el totalitarismo en Alemania fue más sinuoso, pero con acontecimientos similares. La caída del imperio estuvo precedida por la revuelta de los marineros de Kiel, en octubre de 1918 cuando se negaron a poner en marcha sus barcos para atacar a la flota inglesa en un intento desesperado de sus mandos por realizar un acto heroico que cambiara el destino, a esa altura inexorable, del desenlace de la guerra. Ese gesto se transmitió a los efectivos de tierra, y que en una expansión fulminante de sus demandas terminaron por pedirle la renuncia al Emperador. En una muestra de increíble autonomía los soldados, los marineros, los trabajadores y hasta los artistas, comenzaron a formar comités corporativos y a expresarse como nunca lo habían hecho antes. El 9 de noviembre de 1918, mientras decenas de miles de personas se reunían en plazas públicas en el centro de Berlín, abdicó el Kaiser Guillermo II y se proclamó la República. Durante el período comprendido entre 1918 y 1924 se establecieron todas las libertades en Alemania de manera irrestricta y el voto universal para hombres y mujeres por la intervención del mayoritario partido Social Demócrata unido al Partido de Zentum, católico, y al Partido del Progreso (liberal moderado).

Instrumentos del Poder Totalitario: Tecnología y Burocracia

La Gran Guerra abrió también los ojos de los dirigentes en cuanto a la posibilidad de arrastrar al frente de batalla a grandes contingentes de personas reclutadas, o bien respetando su propia voluntad como en Inglaterra, o haciendo obligatoria la leva de personas. Se trataba de algo inédito porque hasta entonces las batallas se hacían con ejércitos profesionales. Al principio de la guerra la sociedad de masas parecía una fuente inagotable de recursos, la cantidad de muertos era enorme, pero cada año se reclutaba una porción mayor de los nacidos el año siguiente de la leva anterior, hasta que la muerte masiva mermó los reclutas, y se vio que no era como habían creído al principio, las posibilidades no eran infinitas. Quedó claro, sin embargo, el uso y la manipulación a que se podía someter a las sociedades, siempre que se actuara con demagogia invocando intereses superiores. Las masas se habían lanzado en 1914 alegremente dispuestas a vencer a un presunto enemigo de la nación, que resultó fantasmagórico y las dejó desechas y en la miseria.

Se ha dicho muchas veces con razón que los totalitarismos europeos no podrían haberse desarrollado sin el empleo de la técnica moderna. En primer lugar el ingreso de la tecnología marcó un antes y un después durante la guerra, cuando se pusieron en marcha elementos de exterminio jamás imaginados, armas poderosas como el tanque, los grandes cañones y las ametralladoras. La ventaja que mantuvo los cuatro años de guerra, casi hasta el final, Alemania como ejército ocupante, se debió a los adelantos logrados por la ingeniería militar alemana. La tecnología avanzó con pasos gigantescos durante esos años. La industria química alemana aportó los gases venenosos, como el gas mostaza que provocaba ceguera prolongada, muy utilizado con gravísimas consecuencias para miles y miles de combatientes. Se pisotearon todos los estatutos trabajosamente creados durante decenios sobre los límites del ejercicio de la violencia en los conflictos bélicos. El empantanamiento de las expectativas de los dos contrincantes de ganar la guerra, por un lado las llamadas “potencias centrales”, el Imperio Austro-húngaro y el de Alemania, aliadas del Imperio Otomano, y del otro Francia, Inglaterra y Rusia, con la ayuda casi al final de la misma, de los Estados Unidos, generó la idea de que la continuidad de la lucha podría desbalancear el empate interminable, a pesar del enorme costo de vidas humanas que esa decisión significaba.

Pero la técnica favoreció también la aparición real de los totalitarismos, aportó los medios de dominio necesarios para dividir y luego encapsular a la sociedad de masas. No hubiera sido posible mantener los enormes lugares de confinamiento de personas, ya sean “campos de trabajo o de concentración” sin el número de armas, alambres de púa, y medios de transporte y comunicación existentes entonces. Los regímenes totalitarios quedaron atrapados en sus propias aspiraciones de resultados colosales: industrialización a cualquier costo, obras de ingeniería fabulosas, grandes monumentos y enormes ciudades, y apostaron a lograrlo utilizando la mano de obra esclava que se había usado durante la guerra. Los ferrocarriles, un medio civilizatorio de gran importancia terminó siendo usado en la URSS casi exclusivamente para el traslado de mercadería y de prisioneros que se sumaban a la población de los Gulags en los más remotos lugares.

Respecto a la organización, los modernos regímenes autoritarios heredaron una burocracia eficiente, un elemento que los unió a sus pasados imperiales. El sociólogo Max Weber decía que la burocracia era el mejor producto del genio alemán adicto al orden y la disciplina, en contraposición a un funcionamiento mediocre de las instituciones políticas, lo propio ocurría en Rusia donde los zares, a pesar del desorden general en todos los otros aspectos de la vida, logró hacer funcionar una estructura burocrática corrupta, pero que hacía posible el mantenimiento de ese enorme imperio. La burocracia en Alemania se mantuvo en términos generales y estuvo a disposición de los nuevos gobernantes, aunque sus componentes cambiaron con el tiempo. En cambio la URSS, evolucionó hacia una gran “burocracia de partido”, porque todos los cargos y administraciones estatales, como los Ministerios tenían un doble en cada Sección del Partido Comunista donde se tomaban realmente las resoluciones. Toda la administración del estado estaba en manos de esa burocracia partidaria, despersonalizada, actuando como una máquina obediente con un gran Jefe a la cabeza, quien sostenido en la férrea unidad ideológica de sus subalternos ocupaba el cargo de Secretario del Partido. La constitución y las leyes seguían existiendo, pero nadie sabía cuáles eran a ciencia cierta, ni se tomaban en cuenta, algunos sugerían que en la URSS se hacía lo que Stalin había pensado la noche anterior.

La Consolidación del Poder: Eliminación de la Disidencia

El final que justifica la lucha es la igualdad absoluta una vez eliminadas las clases sociales, la prosperidad que seguramente esa situación habría de acompañar, haría la felicidad de la comunidad hasta el fin de los tiempos. Quizá los revolucionarios bolcheviques no estuvieran tan seguros acerca de la redención futura del pueblo ruso, pero por lo menos tendrían a los 170 millones de habitantes de la Unión Soviética en paz bajo su dirección y no en estado de efervescencia revolucionaria como la que había vivido Rusia desde hacía 50 años. La simple enunciación de la utopía podría entusiasmar a jóvenes soñadores y románticos para emprender tal empresa, pero el compromiso que implicaba convertirse en un revolucionario profesional era de una magnitud espeluznante, porque significaba eliminar de la faz de la tierra a la “burguesía”, es decir no sólo a los ricos y a los aristócratas que en definitiva no eran tantos, sino a todas las clases medias y a todos aquellos con intención de convertirse en burgueses algún día.

Después de finalizada la guerra civil, donde en el fragor de la lucha fue posible eliminar grandes cantidades de aristócratas y grandes propietarios y a todos aquellos opositores que no pudieron huir al extranjero, hubo necesidad de un estado de calma, porque entre la “Gran guerra” y la lucha entre “rojos” y zaristas, el país estaba postrado en la ruina y la población en la miseria y el hambre. Lenin proporcionó una pequeña marcha atrás en sus planes socializantes con la NEP, el Nuevo Plan Económico que permitió el surgimiento de una pequeña industria y comercio y continuar con el reparto de la tierra a los campesinos comenzada en tiempos del zar, con lo que éstos obtenían la ansiada propiedad de pequeñas parcelas para trabajar. Hubo una razonable mejora en la situación. Pasadas unas pocas semanas de la Revolución de Octubre, Lenin y sus hombres sentían tanta hostilidad a su alrededor entre campesinos y obreros, aquellos en cuyo nombre habían tomado el poder, que decidieron fundar su propia policía política. Un servicio de inteligencia punitivo y disuasorio: la Comisión Extraordinaria para Co...

La Erosión de Contrapesos: Un Camino hacia la Centralización del Poder

La consolidación de un régimen totalitario se define por el control absoluto del poder, la eliminación de contrapesos y la supresión de las voces disidentes. El totalitarismo no surge de manera abrupta. Se construyen a partir de cambios graduales que concentran el poder en pocas manos. La erosión de los órganos autónomos representa un llamado de alerta para todos aquellos que valoran la democracia y la libertad. No se trata de una lucha partidista, sino de una defensa de los principios fundamentales que sostienen una sociedad justa y equitativa. Es fundamental que la sociedad civil, los actores políticos y las organizaciones internacionales presten atención a este proceso. La defensa de los órganos autónomos y los contrapesos no es solo una lucha por la democracia, sino por el respeto a los derechos fundamentales y el Estado de Derecho.

En México, el proceso de centralización y destrucción de contrapesos amenaza la democracia y crea las condiciones ideales para el establecimiento de un régimen totalitario. Este fenómeno no solo amenaza las libertades democráticas. La reciente eliminación de los órganos autónomos y los mecanismos democráticos, que funcionan como contrapesos, marca un preocupante retroceso en términos de gobernanza y Estado de Derecho.

Los órganos autónomos surgieron poco a poco en un proceso de democratización gradual en México. Quizás el ejemplo más evidente es el del Instituto Nacional Electoral (INE) creado en 2014. Antes, las elecciones las organizaba una comisión desde la Secretaría de Gobernación. Pero resultaba absurdo que fuera el propio gobierno el organizador y que, a la vez, compitiera en ellas. Con mucho trabajo de la oposición y algo de voluntad democrática desde el poder, se logró quitar esa función del gobierno.

La transparencia y sus instituciones fue una conquista del primer gobierno democrático de México del 2000, de Vicente Fox. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue también una conquista de la oposición en 1990, después de que se reconociera Baja California como el primer estado de la República ganado por la oposición. En México, instituciones como el INE, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), y los reguladores económicos han garantizado durante años la imparcialidad y la transparencia en la toma de decisiones gubernamentales. Más aún en la toma de decisiones en las que el gobierno es interesado directo.

Sin embargo, la centralización del poder en el Ejecutivo ha resultado en una disminución progresiva de su autonomía. El caso del INE es paradigmático porque es el encargado de organizar las elecciones. La reforma electoral previa a las elecciones redujo su capacidad operativa y presupuestaria. Además, puso en entredicho su competencia para garantizar elecciones libres y justas. No lo desaparecieron. Pero al debilitar esta institución se abre la puerta para que el Ejecutivo ejerza un control más directo sobre los procesos electorales.

La batalla por quitar los contrapesos no empezó con la reforma que elimina organismos autónomos. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) fue la primera institución en ser colonizada, cuando, contra la ley, se puso a Rosario Piedra al mando del organismo, afín al gobierno del presidente en su momento, Andrés Manuel López Obrador. Después sucedió la reforma que debilitó al INE, también liderado por alguien leal al gobierno del partido oficialista Morena. Recientemente, por reforma legislativa, fue el desmantelamiento del Poder Judicial. Van siete instituciones cerradas por esta vía:

  • La Comisión Federal de Competencia Económica, encargada de evitar la conformación de monopolios.
  • El Instituto Federal de Telecomunicaciones, encargado de la regulación en la materia y en la concesiones del espectro radioeléctrico.
  • El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, encargado de medir la pobreza en sus distintas dimensiones.
  • La Comisión Nacional de Hidrocarburos, diseñado para garantizar la maximización del valor de los hidrocarburos.
  • La Comisión Reguladora de Energía, que regula el mercado energético en el que el Estado es el mayor competidor.
  • El Sistema Nacional de Mejora Continua de la Educación, una institución que hace cinco años ya no es autónoma. La reforma educativa eliminó el Instituto Nacional de Evaluación Educativa y también la posibilidad de saber el nivel formativo.
  • El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (y sus 32 institutos locales). Este debe ser el cambio más agresivo para consolidar un poder totalitario. Ahora ya no se podrán exigir cuentas, información y resultados del gobierno. La mayoría de los escándalos de corrupción que se han conocido se logran al obtener información por este instituto.

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