Descubre La Miscelánea Narrativa Literaria: Origen, Características y Su Fascinante Evoluciónpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Además de los diálogos, otros muchos modelos prosísticos se utilizan en el siglo XVI: epístolas, historias, relatos, facecias, apotegmas, miscelánea, etc. Como es sabido, el género de la Miscelánea floreció en España durante el siglo XVI, entre otras cosas, con la «ayuda» de la imprenta.

Definición y Propósito del Género

La miscelánea se define como un escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas. Este tipo de obras están dirigidas a «ese conjunto de nuevos lectores surgidos con el fenómeno de la imprenta, que no tienen al alcance de la mano gran acopio de libros, ni son capaces de dedicar largas horas al estudio. En efecto, se podría decir que, ya que era imposible leer todo lo que se publicaba, este tipo de libro se convertía en un «atajo» entre toda esa «selva» de libros que estaba empezando a producirse como «plétora mercantil».

«Libros de libros», o libros críticos de otros libros, podrían denominarse estos otros que acabaron por configurar un nuevo género literario, la llamada Miscelánea. También parece que es razonable dar algún alivio y refresco al lector haciendo alguna pausa en materias tan graves como vamos tratando, divirtiéndonos un poco cuando se ofrece ocasión, a tratar alguna materia apacible y deleitable. Siguiendo la loable y antigua costumbre de los estudios y universidades: donde hay algunas vacaciones y asuetos, para que con mejor ánimo tornen los estudiantes al ejercicio de las letras. Y también en las Iglesias catedrales y colegiales hay algunos días de recreación.

Antecedentes Históricos y Estructura Interna

Ahora bien, los antecedentes de este género de literatura se pueden encontrar mucho antes del siglo XVI, y, por tanto, no sería la imprenta ningún factor determinante en su aparición. Antes aún que en España, las llamadas «recopilaciones enciclopédicas» ya desde la Antigüedad sirvieron al mismo propósito que comprobamos en las diferentes épocas, a saber, ofrecer un conjunto de todo aquello que el hombre del momento debe conocer para considerarse cultivado, pero, al mismo tiempo, sin ser especialista.

Y el caso es que, a pesar de que estos libros se suelan identificar con la literatura de tipo enciclopédico, en cierto modo es precisamente su contrario, pues si la Enciclopedia no tiene un orden interno, y el alfabeto sirve para organizar a los artículos o «voces» que por sí mismos están desconectados, en la Miscelánea, con ser su organización aparentemente caótica, no lo es sino «de industria», dicho al modo de la época, es decir, que vendrían a reconstruir el recorrido de las lecturas del hombre letrado que transmite un epítome de aquello que a él le ha costado largos años conseguir. En ese sentido, mientras que una enciclopedia no se escribe para que se lea de cabo a rabo, siendo su uso discrecional, como libro de consulta, en cambio, la miscelánea trata de recrear el recorrido formativo de una persona por el que nos va llevando el propio escritor, cuyas lecturas abundantes nos ofrece, ya digeridas, en una antología personal.

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Las misceláneas del siglo XVI, además, se caracterizan por la sobreabundancia de citas, con las que el autor hace acopio de sus numerosas lecturas -la «varia lección»-. Sus contenidos suelen incluir lecciones, apuntes, divagaciones, rescoldos y aficiones, constituyendo así misceláneas o estudios elementales, que contienen ciertas reflexiones.

La Miscelánea como Precursora del Ensayo

Aún diríamos más, puesto que ese caos de temas, selva, miscelánea o «Varia lección», creemos que es el resultado de la ruptura del género literario por antonomasia del «orden ontológico medieval», el tratado escolástico. De esta manera, cuando el «orden de las cosas» se ha roto, o está haciéndose in medias res, quedará reestablecido, a pesar del «destronamiento» del Ego por la Materia Trascendental, en la cristalización del Ensayo.

Merece la pena detenerse en comentar este párrafo, iluminador para nosotros del significado que cabe atribuir al género de la miscelánea en cuanto que este pueda tener interés filosófico. La «síntesis» o «reunión» de los diferentes temas en que consisten estos libros, bien podría consistir en lo que Bueno distingue como una «totalización metodológica», sin mayor interés que el acumulativo, desprovisto de carácter crítico, mientras que de consistir en una totalización sistemática, encontraríamos en ellos el germen de la literatura ensayística con la que se identifica la filosofía en la época moderna. De hecho, si esta distinción entre enciclopedismo y formación humanística es difícil de establecer a la hora de analizar cada una de las obras en concreto, se debe a lo que Bueno explica acerca de que la totalización sistemática presupone la metodológica, pero no recíprocamente.

Y es que Pedro Sánchez de Acre y otros autores de su época que fueron famosos autores de Misceláneas, de hecho ofrecen una tabla de contenidos al final de sus libros para ese uso discrecional. Pero no por ello el efecto de conjunto podemos decir que sea ajeno a una toma de partido, insistimos, como acabamos de ver que afirma Bueno, respecto a algún tipo de tratamiento categorial frente a otros. Aquí es donde creemos que se pueden encontrar diversas claves, en particular para Pedro Sánchez de Acre, pues la categoría por la que toma partido es sin duda la Historia. Diríamos que si el lector de la miscelánea se «deja llevar» por ese recorrido tan aparentemente caótico, podrá quedar «bajo el efecto» del desorden, del choque, de la misma disparidad de temas, en donde la mezcla es la propia sustancia del género.

Podemos ahora, si hemos de remontarnos a los antecedentes históricos de la Miscelánea en cuanto que lo consideremos como el género antecedente del Ensayo, utilizar un criterio positivo desde el cual sepamos qué debemos buscar en el pasado, a saber, la Idea de Imperio universal. Dicho de otro modo, se reforzará nuestra Idea si es el caso que las Misceláneas antiguas se escriben desde una plataforma política semejante o de la misma escala que aquella que constituye el Imperio español como Imperio Universal.

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Autores y Obras Relevantes

En el siglo XVI fueron especialmente leídas las Epístolas familiares de Fray Antonio de Guevara y la Silva de varia lección de Pedro Mexía, y ya en un segundo orden la Miscelánea de Luis Zapata, la Silva curiosa de Julián de Medrano, el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada, o Floresta española de Melchor de Santa Cruz.

Fray Antonio de Guevara realizó la biografía de Marco Aurelio, pero también escribió sobre un tema muy renacentista como el mismo título indica, Menosprecio de corte y alabanza de aldea, libro con un estilo que le mereció enorme fama en su tiempo. En su prosa todavía se conserva el gusto de la época de los Reyes Católicos por los paralelismos, los contrastes, las gradaciones, las similicadencias (periodos sintácticos con terminaciones semejantes), anáforas, etc.

Juan Huarte de San Juan escribió Examen de ingenios que se centra en el estudio de los diferentes temperamentos humanos y establece qué estudios o trabajos son los más apropiados para cada uno de ellos; por ello, se podría considerar como un tratado de psicología experimental.

La Miscelánea y la Idea de España

Nos interesa especialmente el momento en el que Gustavo Bueno vincula el género ensayístico con la idea de España, cosa que nosotros tratamos de hacer en nuestra definición de la filosofía de Pedro Sánchez como «filosofía católica española imperial». El tema de España es uno de los temas preferidos por nuestros ensayistas. Pero no por narcisismo. Es que el tema de España constituye, para los españoles, la mejor ocasión para meditar sobre el hombre. La meditación sobre España de nuestros ensayistas es la meditación de un pueblo de alta cultura que, sin embargo, comienza a advertir cómo los demás pueblos le adelantan precisamente en la técnica.

Para los ensayistas españoles, el tema de España es tema obligado. España, en efecto, es la plataforma política desde la cual se pueden tratar los temas de forma universal, como corresponde al ensayo. Ahora bien, después de España frente a Europa, tenemos la razón de esta vinculación entre España y la universalidad, y es que España era en el siglo XVI el proyecto en marcha de un Imperio universal, es decir, el modo como una parte de la Humanidad se dirigía al resto de ella desde el esquema de la totalidad atributiva. Tiene así España una condición trascendental respecto al género ensayístico, en el sentido clásico del término, es decir, ser la perspectiva desde la que se está hablando de las cosas, sin que ella misma tenga por qué ser el contenido principal del Ensayo.

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Ahora, entonces, ya no tratamos tanto de establecer la necesidad de tratar de España, en cuanto Idea filosófica, de forma ensayística, sino de cómo fue la misma realidad en marcha de dicho Imperio la que obligó a escribir bajo esa determinada forma. «Traducimos», en este sentido, aquello que Bueno entonces llamó, «conciencia lingüística originaria» a los términos en que podemos hablar del origen del español y de la «nación histórica» española, es decir, por poner una fecha simbólica, del Imperio asturleonés en torno al siglo X, en el que la lengua fue forjándose al compás, y no por casualidad, de un ortograma que necesitaba dirigirse a «toda la población». Dicha «conciencia lingüística» sería el castellano que dio su primer paso como lengua oficial del reino de Castilla y León en el siglo XIII con Alfonso X, que mandó componer en romance, y no en latín, las grandes obras históricas, astronómicas y legales.

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