Descubre la Norma Próxima de la Moralidad Personal y el Poder Oculto de la Concienciapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Conceptos Fundamentales: Ética y Moral

La palabra viene del griego “ethos”, que significa “forma de ser” o “carácter”, y de acuerdo con Aristóteles, podemos decir que es un conjunto de normas, conductas, hábitos y costumbres que regulan nuestro comportamiento. En otras palabras, la “ética” se refiere a las reflexiones y decisiones personales, acerca de las normas “morales” que ya están establecidas por la sociedad.

Del latín “relativo a las costumbres”, es un conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y que son usadas por todos los individuos de una sociedad. Estas normas se establecen para guiar a las personas y orientarlas sobre cómo actuar, de acuerdo con los valores, costumbres y actitudes consideradas “correctas”, “incorrectas”, “buenas” o “malas”. Por ejemplo, tirar basura en las calles o no dejar sentar a una mujer embarazada en el metro se consideran como “malas” conductas.

Una forma fácil de identificar la diferencia entre “ética” y “moral” es recordar que, en general, los valores “morales” los dicta cada sociedad en una época determinada; esta es la razón por la que la “moral” puede ser diferente en cada sociedad, y que aun en una misma sociedad, ésta cambia conforme a la época. Por ejemplo, si pensamos que no es “ético” darle una “mordida” a un policía de tránsito, somos libres de hacerlo o no; sin embargo, lo que decidamos será con base en los valores “morales” que la sociedad nos ha enseñado.

La moral es el conjunto de costumbres y normas que se consideran «buenas» para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. También es la diferenciación de intenciones, decisiones y acciones entre las que se distinguen como propias (correctas) y las impropias (incorrectas). Se distingue de la ética en que esta es una moral transcultural o universal, aunque suelen confundirse. La moral permite distinguir qué acciones son consideradas buenas o malas según ciertos criterios compartidos por una sociedad. El término «moral» tiene un sentido opuesto al de «inmoral» (contra la moral) y «amoral» (sin moral).

La existencia de acciones susceptibles de valoración moral está fundamentada en el ser humano, como sujeto de actos voluntarios. Los conceptos y creencias sobre la moral llegan a ser considerados y codificados de acuerdo a una cultura, religión, grupo, u otro esquema de ideas, que tienen como función la regulación del comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones también puede ser conocida como moralidad, que se distingue del término «moral» en que la anterior hace referencia a la moral aceptada de forma general en un cierto contexto por un cierto colectivo. Esto no quiere decir que todos los sujetos que comparten una cierta moralidad tengan exactamente la misma moral. Sus morales pueden tener diferencias entre sí, pero también tienen importantes elementos en común que constituyen su moralidad. Con todo, se considera que la sociedad depende del uso generalizado de esta para su existencia. En la práctica, suelen ser conductas morales basadas, no en planteamientos religiosos, sino coherentes con un determinada antropología.

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Hay diversas definiciones y concepciones de lo que significa moral, lo que ha sido tema de discusión y debate a través del tiempo. La moral además tiene 2 sentidos aplicables, por una parte descriptivo, el cual la moral se vale de un conjunto de normas, valores, fines o creencias que guían la conducta de una persona o grupo social. Y por otra parte, un sentido normativo, el cual se basa en un conjunto de normas o criterios que se consideran válidos desde un punto de vista ético, por lo que permite evaluar de manera positiva o negativa los diferentes comportamientos o creencias de cada individuo. La moral no solo regula lo que consideramos correcto o incorrecto, refleja nuestra capacidad de empatizar con los demás y anticipar las consecuencias de nuestras acciones, es un espejo que refleja la sociedad en que vivimos pero también un instrumento para mejorarla y cuestionarla.

Varios autores consideran como sinónimos estos términos debido a que sus orígenes etimológicos son similares y remiten al carácter propio de los hábitos de un grupo. El matiz que las delimita está en la observación o aplicación práctica de la norma que entraña el mandato ético. Por ello, la norma ética siempre será teórica, en tanto que la moral o costumbre será su aplicación práctica. Según este punto de vista, la moral se basa en los valores que dicta la conciencia, que a su vez, están basados en costumbres aprendidas. Dicho punto de vista dice que la moral no es absoluta o universal, ya que su vigencia depende de las costumbres de una región, de aquí vendría el relativismo cultural. El valor es, pues, el núcleo de toda moral.

Concepto Definición Principal Características Clave
Ética Del griego “ethos” (forma de ser, carácter). Reflexiones y decisiones personales sobre normas morales establecidas.
  • Análisis filosófico de la moral.
  • Carácter más teórico y universal.
  • Reflexión sobre lo correcto/incorrecto.
Moral Del latín “relativo a las costumbres”. Conjunto de reglas aplicadas en la vida cotidiana de una sociedad.
  • Costumbres y normas que guían el comportamiento en una comunidad.
  • Varía según la sociedad y la época.
  • Aplicación práctica de los principios éticos.
  • Puede ser descriptiva o normativa.

La Conciencia Moral como Norma Próxima

Que la conciencia es la norma próxima de la moralidad personal significa que EN EL MOMENTO del juicio moral personal no se dispone de un ulterior juicio que juzgue la verdad del juicio propio, entre otras razones porque entonces se buscaría un tercer juicio que juzgue la verdad del segundo juicio acerca del primer juicio de conciencia, y luego se querría tener un cuarto juicio.

En nuestro planteamiento, la conciencia moral es la norma próxima de la moralidad personal, contra la cual nunca es moralmente posible obrar. La conciencia moral es para la persona una norma ineludible, no porque sea la norma suprema o más alta, sino porque es la comprensión última y más próxima al sujeto de la moralidad de la acción. Conviene explicar en qué sentido decimos que es “última”. En virtud de este carácter ineludible de la conciencia, también la conciencia invenciblemente errónea obliga moralmente, y no es lícito actuar contra ella.

Tipos de Conciencia Moral

En los libros de Ética y en el lenguaje común se habla de conciencia moral en dos sentidos diferentes, uno amplio y otro estricto, que llamaremos respectivamente conciencia habitual y conciencia actual.

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Conciencia Habitual

Con la expresión “conciencia habitual” se designa la autocomprensión moral de la persona en toda su generalidad. Así entendida, la conciencia no sólo es un tema importantísimo, sino que es en la práctica toda la moral, vista desde el punto de vista del conocimiento que la persona tiene de ella.

Conciencia Actual

En su acepción estricta, la conciencia moral designa un acto concreto de la razón práctica, a saber, el juicio acerca de la bondad o malicia moral de una acción singular que nos proponemos realizar o que hemos realizado ya, considerada con todas sus circunstancias concretas.

Conciencia, Prudencia y el Saber Moral

La conciencia forma parte, junto con la virtud de la prudencia, de lo que se puede llamar conocimiento moral particular. En razón de su singularidad, la conciencia moral actual se distingue de la sindéresis, de la ley natural y de la ciencia moral. La conciencia moral no es la visión de los primeros principios, ni tampoco la operación discursiva de la razón práctica encaminada a la obtención de nuevos conocimientos acerca de las exigencias del bien de la persona y de las virtudes. Todo esto es presupuesto por la conciencia, y por ello se suele decir que sin ciencia no hay conciencia. La conciencia no es, pues, el vehículo ni el método para el desarrollo de la ciencia moral.

Nos parece acertada la observación de Pinckaers de que “es importante tener en cuenta la colocación de la conciencia en una determinada organización global de la moral, porque su función y su mismo concepto dependen de las relaciones que se establecen entre la conciencia y los demás elementos del sistema”. El juicio de conciencia se sitúa, en cambio, en el plano de la actividad refleja de la razón práctica, en el mismo plano, por tanto, en el que los fines virtuosos se formulan como normas éticas. La conciencia moral y las normas éticas están en el mismo plano de la razón práctica refleja, y por eso la conciencia moral es un juicio sobre una acción concreta fundamentado inmediatamente sobre las normas éticas. Por estar colocada en el plano de la actividad refleja, la dependencia del juicio de conciencia respecto de las disposiciones actuales o habituales de los apetitos es menor que la de la prudencia, y en este sentido Tomás de Aquino afirma que la conciencia moral tiene un carácter prevalentemente, aunque no exclusivamente, cognoscitivo.

La conciencia moral juzga sobre la base de la ciencia moral; la prudencia, en cambio, “no consiste sólo en la consideración, sino en la aplicación a la acción, que es el fin de la razón práctica; el defecto en la aplicación se opone a la prudencia”. Con otras palabras: el fin inmediato de la conciencia moral, en cuanto actividad refleja, es emitir un juicio verdadero sobre la moralidad de acción; el fin de la prudencia, en cuanto actividad reguladora directa, es encontrar, imperar y realizar la acción adecuada.

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Siempre que se realiza una acción mala, hay falta de prudencia, pero no necesariamente hay un error de conciencia, porque es posible que el juicio que guía inmediatamente la elección de la acción mala se oponga al juicio anterior de la conciencia, “como cuando el deseo de una acción deshonesta obnubila a la razón para que ésta no dictamine su rechazo. Y así alguien se equivoca al elegir, pero no en la conciencia, ya que precisamente obra contra su conciencia. En orden a la distinción entre conciencia y prudencia conviene considerar también la insistencia del Aquinate, y de otros autores, en que la conciencia moral es un acto y no un hábito.

El Juicio de Conciencia y la Aplicación de Normas

El juicio de conciencia se formula en diversos momentos: antes de obrar, después de haber realizado la acción, pero también antes del acto de intención o de consentimiento, porque la razón capta la bondad o malicia de cualquier acto de voluntad, sea éste deseo, intención, consentimiento o elección. Nos damos cuenta de que no se debe hacer algo o de que no deberíamos haber hecho algo, pero también advertimos que no es lícito desear tal fin ni deliberar acerca de los medios para realizarlo.

La conciencia moral juzga las acciones singulares a la luz de las normas morales. Este juicio no es una deducción mecánica, completamente previsible, pasiva y en el fondo banal. No es como hacer una sencilla suma o resta. El juicio de conciencia es un acto de discernimiento intelectual extremamente complejo.

Sus diversos elementos, como el saber moral, el conocimiento de la acción y de sus circunstancias, la experiencia del pasado y la previsión del futuro, las condiciones afectivas del sujeto, etc. deben coordinarse y corregirse mutuamente en orden a la obtención de la verdad. El juicio de conciencia se realiza sobre el fundamento de un saber moral poseído previamente por la persona.

Esto significa que la conciencia presupone no sólo el hábito de los primeros principios morales (sindéresis), y con él el conocimiento natural de los fines virtuosos, sino también la formulación o explicitación refleja de esos fines bajo la forma de normas éticas o de leyes civiles. No se quiere decir que para formular un juicio de conciencia haya que ser un estudioso de moral, sino que ese juicio requiere un saber moral reflejo, que normalmente se poseerá de modo no científico, y que se adquiere a través de la reflexión, de la educación, por influjo de los usos y costumbres sociales, etc., pero sobre todo por el conocimiento de las normas éticas, que son uno de los principales medios para la comunicación y aprendizaje del saber moral reflejo.

La aplicación del saber moral no es una operación automática libre de dificultades. Las normas éticas no son un mandato que puede aplicarse ciegamente, sino que son expresiones lingüísticas de una regulación racional (ordinatio rationis) que, ante todo, es preciso entender adecuadamente en sus términos y en su significado para el bien humano.

La exacta comprensión de las normas y de la acción a que aquéllas se refieren permite subsanar los posibles defectos de un enunciado normativo, que pueden consistir en que la formulación lingüística de la norma no es muy precisa, o en que se produce un conflicto con otra norma igualmente importante, o porque la persona que actúa se encuentra en una situación que la norma no podía prever. La comprensión y aplicación de las normas éticas presupone la comprensión de las acciones a que las normas éticas se refieren.

La acción que la moral llama “eutanasia” es diversa de la decisión de renunciar a la aplicación a un enfermo terminal de una terapia muy costosa y dolorosa de la que no cabe esperar ningún resultado positivo relevante; la acción “mutilación” es diversa de la que realiza un médico cuando según los conocimientos de la medicina es necesaria la amputación de un brazo para salvar la vida del enfermo; la acción “homicidio voluntario” es diversa de la acción “legítima defensa”; no cualquier operación quirúrgica que tenga como consecuencia la imposibilidad de procrear en el futuro puede ser llamada en sentido moral “esterilización”.

Distinción entre Normas Legales y Normas Morales

Al estudiar la aplicación de las normas éticas que tiene lugar en el juicio de conciencia es preciso tener en cuenta la distinción entre “normas legales” y “normas morales”.

Normas Legales

Llamamos “normas legales” a las reglas de comportamiento que son constitutivas de la licitud o ilicitud moral -o al menos jurídica- de las acciones, en orden a la promoción o tutela de un bien o de una situación deseable. Muchas leyes civiles son normas legales. La necesidad de lograr o de defender importantes bienes personales o sociales justifica el establecimiento de una norma según la cual algunas acciones, que independientemente de esa norma carecen de bondad o maldad intrínseca, se convierten en buenas o malas.

Un ejemplo de norma legal puede ser el código de la circulación. La ordenación de la circulación de los coches, necesaria para tutelar la vida de los ciudadanos, manda en España circular por la derecha y detenerse cuando el semáforo está en rojo, y prohíbe lo contrario. Pero pueden existir excepciones o epiqueya. Un domingo de un mes de verano, cuando la ciudad está casi vacía, no es una culpa moral pasar con el semáforo en rojo si hay perfecta visibilidad y la completa certeza de no correr ni hacer correr a nadie ningún riesgo. Esto es posible porque pasar con el semáforo en rojo no es un desorden moral intrínseco, sino que constituye una culpa moral sólo en virtud de una norma que es funcional a la obtención de un bien (la seguridad de automovilistas y peatones).

Normas Morales

Las “normas morales” son, en cambio, enunciados normativos cuyo fundamento ontológico es la bondad o malicia intrínseca de la acción que se manda o prohíbe. Por ejemplo, la norma moral que prohíbe el adulterio, el aborto o el estupro. Estas normas no son constitutivas de la malicia moral de esas acciones, sino que, por el contrario, la malicia intrínseca de esas acciones es el fundamento de la norma que las prohíbe. La validez de estas normas depende de que expresen con verdad la conformidad o la oposición de las acciones a los principios de la razón práctica, es decir, a las virtudes morales.

Cuando observamos una norma moral, no nos limitamos a respetar una regla que generalmente es útil para la tutela de ciertos bienes, sino que realizamos un acto de virtud (justicia, templanza, etc.) o bien omitimos un acto contrario a la virtud. Si en algún caso pareciera que en materia propiamente moral se puede hacer una excepción, lo que en realidad sucede es que nos encontramos ante una acción a la que la norma moral en cuestión no se refiere. Así, por ejemplo, la licitud de la legítima defensa no es una excepción a la norma que prohíbe el homicidio, sino que aquélla es una acción diversa de ésta, por lo que no queda bajo la norma que prohíbe el homicidio. En el ámbito propiamente moral conviene abandonar el concepto mismo de “excepción”, porque en rigor es impensable. No se puede admitir razonablemente que, de vez en cuando, es moralmente admisible un poco de injusticia, un poco de violencia o un poco de lujuria.

Conviene distinguir además entre las normas “morales positivas”, es decir, las que mandan hacer algo (honra a tus padres), y las “normas morales negativas”, que prohíben hacer algo (no cometer adulterio). Las normas morales negativas obligan siempre y en cualquier circunstancia o situación. Las normas morales positivas conservan siempre su obligatoriedad, pero no siempre es posible ponerlas en práctica: un hijo siempre está obligado a ayudar económicamente a sus padres necesitados, pero si el hijo no tiene medio económico alguno no puede por el momento cumplir esa obligación.

Las normas morales son un tipo de norma que determina las actitudes y conductas que se consideran morales (y, por tanto, esperables de los individuos) y rechaza aquellas que atentan contra los derechos o dignidad de terceros y que no contribuyen a la armonía y al orden social. Las normas morales suelen transmitirse de generación en generación y pueden variar según las costumbres y creencias de cada sociedad. Se caracterizan por carecer de una sanción concreta en caso de incumplimiento, debido a que no son reguladas por ningún ente o institución sino por la sociedad en conjunto. Las normas morales se desprenden de determinados valores éticos que emergen desde el interior de la sociedad, como la equidad y la justicia.

Moral Personal frente a Moral Social

Una tesis es que está perfectamente justificado el distinguir la moral personal de la moral social. Para esa aclaración me voy a valer del argumento de que, e incluyo aquí una nueva tesis, la moral es originaria y materialmente social, pero es fundamentalmente personal o autónoma.

Que la moral es originariamente social quiere decir que la raíz de la que se nutren los contenidos de la moral es la sociedad y que, por tanto, el aprendizaje de los valores y normas morales es un ejemplo más del aprendizaje de los valores y normas socio-culturales. Además, la moral es social porque gran parte de sus valores y normas van dirigidas al comportamiento del hombre en sociedad, es decir, es doblemente social porque no sólo su origen sino un contenido amplísimo de valores y normas son sociales.

Sin embargo, a pesar de ser la moral social por su origen y por sus metas y contenidos, es, al mismo tiempo, fundamentalmente personal o autónoma. Ello quiere decir que el papel personal en la moral es imprescindible y que el lugar que ocupa la conciencia moral autónoma es irremplazable. Aunque la raíz de la moral sea social, no hay algo similar a una imposición de la moral, sino exámen, aceptación o rechazo personal de los valores y normas morales. La conciencia moral de cada uno obra con total libertad y autonomía, tanto si decide observar la moral vigente en su sociedad como si decide poner en cuestión o desdeñar las normas y valores morales establecidos. El que acepta, observa, pone en cuestión o rechaza determinados modelos de conducta moral es el hombre en su más estricta individualidad y, como tal, no puede transferir la responsabilidad de su opción a nadie. Los valores morales previenen y fomentan actitudes que son consideradas buenas en una comunidad. Las reglas y normas morales tienen como meta regular y prohibir conductas destructivas para la sociedad y por ello, se basan en definiciones absolutas sobre el bien y el mal.

Inmoralidad y Amoralidad

Dentro del concepto de moral surgen otros dos conceptos que son, cada uno a su manera, antónimos y que no deben ser confundidos. Uno es el de «inmoral», el cual hace referencia a todo aquel comportamiento o persona que viola una moral específica o la moral social. Por otra parte, el concepto de «amoral» o amoralidad, hace referencia a una postura en la que las personas se consideran carentes de moral, por lo que no consideran que los hechos o actos humanos sean malos o buenos, correctos o incorrectos.

Todo lo «moral», según ellos, implica forzar la naturaleza del ser humano y es fruto de la desconfianza y el miedo a los demás, a lo que puedan hacer si no están sometidos al estricto gobierno de unas leyes que rijan su comportamiento. El ser humano es un ser moral porque tiene capacidad de elegir a la hora de actuar, es responsable de sus actos y es capaz de evaluar las consecuencias que de ellos se derivan. La conciencia moral se manifiesta en la pregunta: ¿Qué debo hacer? Para responder, las personas deben razonar sobre lo bueno y lo malo. Comportarse con arreglo a lo que es bueno se convierte en un valor moral. Y las normas morales desarrollan y protegen esos valores. Así, el valor de la vida aparece protegido con la norma «no matarás». Los animales no son capaces de decidir con reflexión, no se preguntan qué deben hacer. Su vida es ajena al ámbito de lo moral, por eso se dice que son amorales. Alguien es inmoral si no cumple las normas morales de su comunidad, en la medida en que tales normas se conformen con una antropología que responda al verdadero ser del hombre.

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