Antes del Holocausto, los judíos europeos habían soportado muchos siglos de antisemitismo. Tanto los gobiernos como las iglesias de toda Europa les imponían oleadas de restricciones a los judíos. Por ejemplo, prohibían que los judíos poseyeran tierras y restringían los lugares donde podían vivir y los empleos que podían tener. Esta larga historia de exclusión y persecución llevó a muchos judíos a la conclusión de que el único futuro para una vida comunitaria entre los judíos era la creación de una patria en la tierra de Israel. Fue en este contexto que se fundó un nuevo movimiento político judío denominado Sionismo.
Este movimiento, fundado a finales del siglo XIX, abogaba por un estado judío autónomo en Israel. Herzl era un abogado y periodista judío del Imperio Austrohúngaro, quien vivió el antisemitismo prevaleciente en Europa, lo que lo inspiró a fundar el movimiento sionista. En 1897, Herzl convocó al Primer Congreso Sionista. Durante esta reunión, los participantes se comprometieron a “conseguirle al pueblo judío una patria públicamente reconocida y asegurada legalmente” en la tierra de Israel.
La Devastación del Holocausto y el Imperativo de un Estado
Durante el Holocausto, los nazis, sus aliados y sus colaboradores asesinaron a seis millones de hombres, mujeres y niños judíos. En el período posterior a este genocidio, a muchos de los sobrevivientes del Holocausto y a otros judíos les quedó claro que necesitaban tener su propio país donde pudieran vivir de manera segura e independiente. El apoyo al Sionismo aumentó entre los sobrevivientes del Holocausto, los líderes a nivel internacional y otros.
La Lucha por un Nuevo Comienzo: Refugiados y la Respuesta Internacional
Cuando los aliados derrotaron a los alemanes en la primavera de 1945, encontraron a millones de civiles europeos viviendo lejos de sus hogares de la preguerra, así como a cientos de miles de sobrevivientes del Holocausto. Sin embargo, muchos sobrevivientes se rehusaban a regresar a sus hogares de antes de la guerra o no se sentían capaces de hacerlo. No solo habían perdido a sus familias y comunidades, sino que también habían sido despojados de sus posesiones y de sus medios de subsistencia. Además, regresar a casa significaba enfrentarse al antisemitismo persistente y al grave trauma que habían sufrido.
Los judíos que sí regresaron a sus países de origen se enfrentaban con frecuencia a hostilidad y violencia. En las zonas de Europa occidental ocupadas por los Aliados, muchos sobrevivientes del Holocausto se alojaron en campos de refugiados, llamados campos de personas desplazadas. En su punto culminante en 1947, la población de personas desplazadas llegó a ser de aproximadamente 250.000. El destino de los judíos desplazados fue un tema en disputa entre los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña.
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En el verano de 1945, el representante de Estados Unidos ante el Comité Intergubernamental para los Refugiados, Earl G. Harrison, emprendió una misión para determinar las necesidades de los judíos y de otros desplazados no repatriables. En el informe resultante, Harrison presentó una fuerte crítica del trato que se daba a las personas desplazadas. Describió las condiciones insalubres y atestadas de los campos de desplazados, y exhortó a tomar medidas rápidas para reasentar a la población de judíos refugiados. La mayoría de los desplazados judíos, observó, deseaban ir al Mandato de Palestina.
El presidente estadounidense Harry S. Truman reenvió el informe de Harrison al primer ministro británico, Clement Atlee, urgiendo a los británicos a que permitieran que 100.000 desplazados judíos emigraran al Mandato de Palestina. Atlee rechazó firmemente tanto la propuesta de Truman como las recomendaciones del informe de Harrison. En un intento por aliviar las tensiones con Estados Unidos, los británicos establecieron el "Comité Angloamericano de Investigación", el cual, en abril de 1946, emitió un informe que confirmaba los hallazgos de Harrison y recomendaba permitir que 100.000 judíos emigraran a Palestina.
El Camino hacia el Estado de Israel
En el período posterior al Holocausto, muchos sobrevivientes encontraron esperanza y un camino hacia el futuro en el Sionismo. David Ben-Gurion, líder de la comunidad judía en el Mandato de Palestina, visitó varias veces los campos de desplazados de Europa en 1945 y 1946, elevando la moral de los desplazados y uniéndolos en el apoyo a la causa del estado judío. Las personas desplazadas se convirtieron en una fuerza influyente en la causa sionista. Pero Gran Bretaña siguió manteniendo sus políticas migratorias restrictivas, lo que fortaleció la determinación de muchos judíos de llegar a Palestina por cualquier medio posible.
De 1945 a 1948, la organización Briḥah (que en hebreo significa “escape” o “fuga”) trasladó a más de 100.000 judíos de Europa oriental a las zonas de ocupación aliadas y los campos de desplazados. Los británicos interceptaron la mayoría de estos barcos y les negaron la entrada. Entre 1945 y 1948, los británicos capturaron a más de 50.000 refugiados judíos en el mar, enviándolos a campos de detención en la isla mediterránea de Chipre.
En un caso extraordinario que sucedió en 1947, los británicos detuvieron el buque Exodus 1947 con 4.500 sobrevivientes del Holocausto a bordo. Les negaron la entrada al Mandato de Palestina y los trasladaron por la fuerza a la zona de Alemania ocupada por ellos. Este incidente atrajo la atención mundial y puso en vergüenza al gobierno británico.
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A medida que se intensificaba la crisis de los refugiados, el gobierno británico remitió el asunto a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En una sesión especial el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó en favor de dividir el territorio del Mandato de Palestina en dos estados nuevos, uno judío y otro árabe. Los británicos empezaron a retirar sus fuerzas en abril de 1948. Los líderes sionistas se prepararon entonces para establecer formalmente un estado judío moderno, y el 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurion anunció la formación del Estado de Israel.
El Nuevo Comienzo en Alemania
Después de que los nazis asesinaran a 6 millones de judíos en el Holocausto, el futuro de la comunidad judía en Alemania era incierto. Unos 15.000 judíos nacidos en Alemania fueron liberados por las fuerzas aliadas después de la guerra; la mayoría de ellos habían sobrevivido en la clandestinidad, otros en campos de concentración. Muchos de los que se quedaron tenían un cónyuge o un padre no judío que los ataba a Alemania. Algunos habían sobrevivido con la ayuda de otros alemanes y se negaban a generalizar la culpa. Otros ya eran ancianos o estaban en un estado demasiado débil para emprender la emigración.
En 1948 ya se habían fundado más de 100 comunidades judías en toda Alemania. Estaban formadas por dos grupos muy disímiles: los judíos nacidos en Alemania, la mayoría de los cuales estaban muy asimilados y conectados con su entorno alemán, y los refugiados judíos desplazados de los países de Europa del Este que se encontraban sin querer en Alemania.
Más del 90% de los refugiados judíos que llegaron a Alemania se marcharon en un plazo de tres a cuatro años, sobre todo a Estados Unidos y al recién fundado Estado de Israel. Solo unos 15.000 se quedaron en suelo alemán, muchos de esos judíos de Europa del Este acabaron convirtiéndose en alemanes naturalizados. En julio de 1950, las distintas comunidades unieron sus fuerzas y establecieron una organización que las representara: el Consejo Central de los Judíos de Alemania.
Contexto de la Comunidad Judía en la Alemania de Posguerra:
- Alrededor de 15.000 judíos nacidos en Alemania fueron liberados por las fuerzas aliadas.
- En 1948, se fundaron más de 100 comunidades judías en Alemania.
- Más del 90% de los refugiados judíos de Europa del Este que llegaron a Alemania emigraron en un plazo de tres a cuatro años.
- Aproximadamente 15.000 judíos de Europa del Este se quedaron en suelo alemán.
- Un informe de diciembre de 1946 reveló que el 18% de los alemanes seguía siendo "antisemita radical", y otro 21% era "antisemita".
La comunidad judía alemana estableció entonces una pragmática cooperación con instituciones internacionales. El ambiente cambió cuando el gobierno de Alemania Occidental adoptó una postura contra el antisemitismo. Cuando Israel y Alemania Occidental establecieron lazos diplomáticos, en 1965, la comunidad judía de Alemania asumió la misión de fomentar un vínculo cordial entre las dos naciones. Con el paso de las décadas, creció una segunda y tercera generación que ya no veía la vida en Alemania como una solución provisional.
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Un cambio significativo se produjo con la disolución de la Unión Soviética, a finales de 1991. La afluencia de "judíos rusos" revitalizó una comunidad estancada y la salvó del colapso demográfico. Su integración también planteó grandes retos, ya que la mayoría de los recién llegados eran mucho más seculares que las comunidades tradicionales locales. En las últimas dos décadas, judíos de países occidentales como Estados Unidos, Canadá, Argentina e Inglaterra se han radicado en Alemania, especialmente en Berlín. Se calcula que han llegado entre 15.000 y 20.000 jóvenes israelíes con estudios universitarios, seculares y políticamente de izquierda. La sombra del antisemitismo está lejos de desaparecer en este país. Sin embargo, el hecho de que Berlín esté ‘de moda' para los israelíes, sin sentirse culpables, demuestra la pluralización de las sociedades israelí y alemana.
Las Cicatrices Permanentes: Impacto Psicológico y Económico
La pesadilla había terminado. Eran libres. Podían dejar atrás los campos nazis y empezar una nueva vida. Pero ¿qué vida, con quién? Muchos habían perdido a su familia, a sus amigos. ¿Y una vida dónde? Tras un penoso viaje de regreso, diluidos entre los 30 o 40 millones de civiles y combatientes de todas las nacionalidades que atravesaron Europa hacia sus hogares, los judíos hallaron sus casas destruidas o en manos de otras gentes que a menudo se negaron a devolverlas. Otra vez en los caminos, recorriendo el continente, para acabar internados por los aliados en otros campos, los denominados “campos de desplazados”.
La situación de los judíos supervivientes al término de la guerra era terrible. Muchos no tenían vivienda o trabajo a los que regresar, ni dinero con que sobrevivir ni, a veces, patria a la que recurrir. Las heridas psicológicas eran patentes. Algunos se negaban a ser transportados en ambulancias porque no podían olvidar las que los nazis utilizaban para llevar prisioneros a las cámaras de gas. Otros gritaban en sueños, reviviendo el pasado una y otra vez. Físicamente, se agotaban a las pocas horas de trabajar. Parte de ellos se mostraban apáticos hacia cualquier actividad. La frustración de muchos de ellos les hacía rechazar nuevos vínculos afectivos por miedo a posibles pérdidas y sufrimientos. Muchos albergaban un sentimiento de culpa por haber sobrevivido.
¿A dónde y a quién pertenecían los supervivientes del Holocausto? Durante toda la época nazi, los judíos conservaron la esperanza de que sus familias se reunirían. Suponían que, cuando cayera el Tercer Reich, se restablecerían las viejas estructuras y certezas. Sin embargo, terminaron descubriendo que estaban equivocados. Las personas en edad de trabajar y las personas de edad no tenían absolutamente nada: ni ropa, ni sábanas, ni posesiones personales, ni vivienda. Los supervivientes de más edad perdieron sus profesiones, y muchos jóvenes se sintieron decepcionados por las oportunidades que les ofrecía un mundo de posguerra.
La historia de los supervivientes del Holocausto se resiste a un desenlace triunfalista. Sobrevivieron, siguieron adelante, se buscaron la vida, pero también perdieron sus hogares, su lengua, sus familias, sus raíces y su sentido de pertenencia. La suya es una historia forjada por la resistencia y la adaptación, y marcada por la pérdida y la constante soledad. Fueron vidas constructivas. Buena parte de la asistencia, sin embargo, dependía de una miríada de organizaciones judías de cooperación, muchas nacidas durante la guerra. La principal era el JOINT (Comité Judío Estadounidense para la Distribución Conjunta).
