¡Descubre el Impactante Significado de la Enajenación en el Trabajo desde una Perspectiva Marxista!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El concepto de enajenación es clave para comprender tanto la dialéctica materialista de Marx como su concepción materialista de la historia. Cuando hablamos de enajenación (o alienación) nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra. Así, decimos que algo se enajena cuando se vuelve distinto y extraño, es decir, cuando se vuelve ajeno. Pero ¿ajeno de quién? El creador puede ser cualquier persona o cualquier grupo de personas y la creación puede ser también cualquier creación, ya sea el producto del trabajo, una relación social o una idea. De manera que podemos hablar de la enajenación de la propiedad (que constituye la propiedad privada), la enajenación del proceso o productos del trabajo, la enajenación política (que cobra cuerpo bajo la forma de un Estado gobernante, escindido de la sociedad gobernada) o la enajenación de las ideas (expresadas normalmente como dogmas), etcétera.

Definición y Origen Etimológico de la Enajenación

La enajenación, como su nombre lo indica, describe un proceso por el que algo se vuelve ajeno. El término se utiliza comúnmente para describir la venta, la cesión o la desposesión de algo, lo cual, una vez enajenado, ya no le pertenece a quien le ha sido enajenado o a quien se lo ha enajenado por sí mismo. Lo enajenado puede ser un objeto que vendo, que dono, que transfiero a alguien más de tal modo que deja de ser mío. La enajenación es algo en lo que se piensa desde la antigüedad, pero hay que esperar hasta el siglo XIX para encontrar en Alemania una reflexión filosófica sistemática sobre el fenómeno.

Etimológicamente, la palabra tiene sus raíces en el latín medieval:

  • Del lat. mediev. inalienare, y este del lat. in- 'in-1' y alienāre 'enajenar'.

El término "enajenar" cuenta con varias acepciones:

  1. tr. Vender o ceder la propiedad de algo u otros derechos.
  2. tr. Sacar a alguien fuera de sí, entorpecerle o turbarle el uso de la razón o de los sentidos. El miedo lo enajenó. U. t. c. prnl. Enajenarse por la cólera.
  3. tr. Extasiar, embelesar, producir asombro o admiración. U. t. c. prnl.
  4. prnl. Desposeerse, privarse de algo.
  5. prnl. Apartarse del trato que se tenía con alguien, por haberse entibiado la relación de amistad.

En el contexto filosófico alemán, la enajenación se designa con varios términos que acentúan distintos aspectos:

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  • El elemento de ajenitud es destacado por el término más común, Entfremdung, compuesto del prefijo ent, que indica separación o distanciamiento, y fremd, que remite a lo ajeno o extraño propiamente dicho.
  • Otra palabra que se emplea frecuentemente es Entäusserung, en la que el apartamiento, ent, ya no es tanto con respecto a lo ajeno, fremd, sino a lo que reaparece en una posición exterior, ausser, es decir, exteriorizado, separado con respecto a uno.
  • Mi enajenación, por ejemplo, hace que me perciba como ajeno (Entfremdung), como fuera de mí o separado con respecto a mí (Entäusserung), quizás poseído por otro (Enteignung) y estando a su disposición (Veräusserung).

El Enfoque Marxista de la Enajenación en el Ámbito Económico

Marx hereda el concepto de enajenación de la filosofía alemana, especialmente del idealismo de Hegel y del materialismo de Feuerbach. El concepto de enajenación en la obra de Marx recupera al mismo tiempo la dialéctica de Hegel, pero posicionándose decididamente en el materialismo. La dialéctica materialista llevó a Marx a concluir que, si quería contribuir a cambiar la realidad social, era necesario conocer científicamente esa realidad. Por eso, Marx decidió enfocarse mayoritariamente en el aspecto económico. A fin de cuentas, es la actividad económica la que crea las condiciones de posibilidad para que las personas y las sociedades vivan de cierto modo.

Para Marx, la base de la economía es el trabajo, y es este trabajo el que primero se encuentra a merced de la naturaleza. Sin embargo, todos estos cambios también vienen acompañados del surgimiento de formas de enajenación económica: la propiedad privada, los mercados, la explotación y el fetichismo son solo algunas de estas formas. El objetivo de Marx, al estudiar el funcionamiento de la economía bajo el modo capitalista de producción es encontrar su lógica interna, su funcionamiento y tendencias reales.

La Enajenación del Obrero y la Fuerza de Trabajo como Mercancía

En el capitalismo, el trabajo productivo, poseído por los capitalistas, no les pertenece a los trabajadores, les es ajeno, está enajenado, lo mismo que su producto y derivativamente su propia humanidad y sus relaciones con los demás seres humanos. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar.

Por tanto, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital. ¿Para qué la vende? Para vivir. El trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida, una mercancía que ha adjudicado a un tercero. El obrero no pertenece a ningún propietario ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10, 12, 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra.

El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a quien se ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se le antoja, cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca el provecho que había calculado. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar un patrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador.

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Esta experiencia es lo más distante del trabajo no enajenado que Marx observa en el capitalismo: un trabajo en el que el trabajador no puede ni expresarse ni objetivar su individualidad y peculiaridad, ni comprobar su personalidad, ni realizarse ni realizar nada íntimo de su propio ser, ni manifestarlo ni desenvolver nada que tenga en común con el otro, ni realizar u objetivar así algo de su esencia comunitaria humana. La única esencia que el trabajador puede realizar y objetivar, a través de su existencia explotada en el capitalismo, es la de algo tan ajeno a él, tan diferente y opuesto a él, como lo es el capital en el que su trabajo queda realmente subsumido, siendo poseído por él, quedando sometido a su lógica, revistiendo la forma que le imprime y sirviendo sus propósitos.

El capitalismo se apropia del trabajo vivo, enajenándolo del trabajador, y lo transforma en trabajo muerto, en capital, con el que puede seguir enajenando el trabajo del trabajador. Así, cuanto más trabaja el trabajador, cuanto más riqueza produce, más fortalece aquello que lo enajena, lo explota, lo empobrece. El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce.

La enajenación es también el proceso por el que padecemos lo que deja de ser nuestro para volverse contra nosotros: el valor de lo que producimos y de lo que somos, la riqueza que generamos, la fuerza que aplicamos. Todo esto se nos vuelve, no sólo ajeno, sino inverso y adverso. Nuestra fuerza termina siendo la del poder con el que se nos domina, con el que se nos explota, con el que se nos oprime y reprime, con el que se nos controla y disciplina. La riqueza con la que se nos compra es la misma que nosotros hemos generado. Sea cual sea el producto del trabajo que realizamos, estamos produciendo el valor que no tendremos, el que nos falte, el que sirva para desvalorizar lo que somos. Producimos así nuestra miseria y nuestra desgracia con el mismo trabajo con el que intentamos escapar de nuestra miseria y de nuestra desgracia. Trabajamos en contra de nosotros, a pesar de nosotros, a costa de nosotros.

Manifestaciones de la Enajenación Económica

Varias de las categorías centrales del análisis económico de Marx son, en realidad, variantes del concepto de enajenación:

  • Propiedad Privada de los Medios de Producción: El concepto de propiedad privada de los medios de producción, por ejemplo, es una forma de enajenación. Esta forma de propiedad es una relación de exclusión: para que unos sean propietarios, otros necesitan estar desposeídos.
  • Explotación: El concepto de explotación también es una forma de enajenación. Cuando un trabajador produce, crea riqueza. Sin embargo, con la explotación, una parte de este trabajo no se la quedan los productores, sino los propietarios de los medios de producción.
  • Subsunción Real del Trabajo: La subsunción real del trabajo también es una forma de enajenación. Cuando Marx habla de subsunción real se refiere a que la actividad del trabajador, su proceso de trabajo ya no está controlado por él. En otras palabras, cuando decimos que el proceso de trabajo está subsumido, estamos diciendo que el trabajador ya no puede controlar su propia actividad laboral.
  • Fetichismo de la Mercancía: Incluso el concepto de fetichismo de la mercancía es también una forma de enajenación. Un fetiche es un objeto con propiedades mágicas y misteriosas. De acuerdo con Marx, las personas creamos fetiches cuando no alcanzamos a ver las causas de algún fenómeno. El fetiche nos sirve para ayudarnos a explicar las cosas que vemos, aunque la explicación sea falsa. En El Capital, por ejemplo, Marx dice que las personas no alcanzamos a ver que el valor de las mercancías está constituido esencialmente por la fuerza de trabajo. Como no alcanzamos a ver esto, creemos que las mercancías y el dinero tienen valor por sí mismos. Pero el valor no es algo que provenga de las cosas y mucho menos del dinero. El valor es algo que nosotros creamos con nuestro trabajo.

La privación y la expropiación inherentes a la propiedad privada están en el origen de la enajenación. Mientras que la clase poseedora “se siente a gusto y fortalecida” en la enajenación y la reconoce “como su propio poder”, la clase desposeída “se siente aniquilada” por estar enajenada, ya que “deja de existir” en la enajenación y ve en ella “su propia impotencia”. Es por esto mismo que la enajenación tan sólo puede ser combatida por los desposeídos, por los trabajadores explotados, ya que son ellos quienes la sufren y quienes quieren por ello liberarse de ella.

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