Descubre Cómo los Personajes de Naguib Mahfuz Reflejan el Drama del «Acusado» Egiptopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911 - 2006), galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1988, es considerado por muchos críticos árabes y europeos como el escritor más importante de la literatura árabe del siglo XX. Sus cuentos siempre me han recordado a fábulas del tipo esópico pero desarrolladas exclusivamente en las formas y modos de la vida egipcia. Uno de estos textos es El acusado, que, como muchas de sus obras, ejemplifica cómo, a pesar de las circunstancias específicas en las que se enmarquen unos determinados personajes, se alude indefectiblemente a condiciones más bien universales que localistas. Uno lee a Mahfuz y descubre que bajo sus historias viven soterradas las bellezas y miserias de la condición humana. El tono es siempre reflexivo, crítico e incluso filosófico.

Autor de una amplísima obra, Mahfuz dedicó su vida al desarrollo de una visión literaria del mundo árabe. En sus obras se muestra la faz de Egipto y el sentir de Egipto por medio de personajes, acontecimientos y estructura artística elaborados eficientemente, llenos de sentimientos, sensibilidades, sueños, ambiciones, tristeza y satisfacciones. Mahfuz hace de Egipto y de los egipcios el tema exclusivo de sus novelas. Él amó a Egipto, lo amó con todo lo que conlleva la palabra "amor", fue fiel a Egipto con todo lo que conlleva la palabra "fidelidad". De hecho buscaba sus dolores y propuso el tratamiento para estos dolores.

Contexto Biográfico y Visión Literaria

Naguib Mahfuz Abd el-Aziz nació en una modesta vivienda de la calle Darb el-Qirmiz, en el populoso barrio de Al-Gamaliya del viejo El Cairo fatimita. Hijo de Mahfuz Abdul Aziz, funcionario del Ministerio de Educación, y de Fátima Mustafá, quien, a pesar de su analfabetismo, contribuyó a la educación de su pequeño hijo. Naguib, como tantos otros niños musulmanes, comenzó su formación en la kuttab (escuela coránica). En 1925 ingresó en la escuela secundaria, donde sobresaldría en lengua árabe, historia y matemática, si bien era un ávido lector de la literatura clásica y moderna egipcia. Estudió Filosofía en la Universidad Rey Faruk I, actual Universidad de El Cairo, graduándose en 1934.

Para él, en esos días, la filosofía era más significativa que la literatura, poseía un mayor fundamento: la búsqueda de la Verdad. En 1939 pasó a ocupar un puesto en el Ministerio de Asuntos Religiosos, en el que permanecería durante quince años, consiguiendo así un contacto fluido y directo con los aspectos de la vida religiosa islámica. Ese año señala la impresión de su primera novela, y por tanto el inicio de su carrera literaria.

“Como autor, me intereso tanto por la expresión como por la comunicación, pues creo que mi deber artístico no se cumple si falta una de esas dos cosas”. Esta afirmación de Mahfuz, de principios de 1988, refleja con bastante exactitud su postura a lo largo de su dilatada obra. Por una parte, la búsqueda constante desde finales de los años treinta de un estilo y un ritmo narrativo propios, paralela al esforzado intento de sentar las bases de la novela árabe verdaderamente contemporánea. Mahfuz es un autor cuya obra literaria está unida íntimamente con su vida. Este acercamiento a la vida egipcia hizo de Naguib Mahfuz un autor conocedor del espíritu del pueblo egipcio y su realidad, capaz de reflejarlos en sus obras y criticarlos con el objetivo de diagnosticar y denunciar los aspectos negativos para, eliminándolos, llevar al país al desarrollo.

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La Evolución de los Personajes y Temáticas

La obra de Naguib Mahfuz atraviesa por una serie de etapas en las que el ámbito personal y el colectivo se entremezclan. En sus inicios escribió literatura histórica localizada en la era de los faraones y posteriormente abordó la literatura social describiendo la realidad de un Egipto cambiante, en proceso de modernización, producto de una revolución moderna. A partir de ahí, y como resultado de la descomposición social del nuevo Egipto, su obra se vuelve más oscura, orientándose poco a poco hacia el absurdo y desarrollando personajes solitarios y decadentes.

A continuación, una tabla que resume las etapas literarias y obras más destacadas de Naguib Mahfuz, reflejando la evolución de sus personajes y temáticas:

Etapa Literaria Período Características Clave Obras Representativas
Literatura Histórica 1939-1944 Influencia del romanticismo europeo, ambiente faraónico como metáfora del presente, alta credibilidad histórica, confronta el colonialismo. La maldición de Ra, Radophis la cortesana, La batalla de Tebas
Realismo Social 1945-1957 Cuadros detallados de la realidad egipcia, realismo naturalista, personajes vivos en situaciones de sordidez, impotencia y desesperanza. El Cairo Nuevo (1945), Callejón de los milagros (1947), Trilogía de El Cairo (1956-57)
Simbolismo y Absurdo Post-1957 Obra más oscura, personajes solitarios y decadentes, crítica velada del nasserismo, búsqueda de valores espirituales, historia alegórica. Hijos de nuestro barrio (1959), El ladrón y los perros, El mendigo, Miramar, Un señor muy respetable
Última Etapa (Diálogo y Reflexión) Décadas posteriores Predominio de narrativa dialogada, ropajes metafísicos, tramas policiales como fábula social, influencia de clásicos árabes, exploración de la vida cairota. Mañana de rosas, Charlas de mañana y tarde, El café de Qúshtumar (1988), Tras la celosía

La Condición Humana en los Personajes Mahfuzianos

El tema central de la literatura de Mahfuz es la impotencia de la condición mortal, en su debilidad y grandeza, para luchar contra el destino. Milan Kundera sostiene que Cervantes contribuyó al conocimiento de la naturaleza humana tanto o más que Descartes u otros pensadores. Por ello no parece desmesurado pensar que Mahfuz ha aportado, con su escritura, un rayo de luz a la siempre difícil y enmarañada tarea de profundizar en el ser hombre. Quehacer siempre orientado desde la más absoluta realidad. Con palabras del autor: «El escritor puede emplear la fantasía, pero siempre tiene un ojo en la realidad. Yo pertenezco a este tipo de escritor.»

Mahfuz «siempre muestra cariño y ternura hacia los protagonistas y hacia las situaciones vitales por las que éstos pasan» y «no intenta disfrazar o disculpar miserias y mezquindades de sus coetáneos, ni tampoco las juzga o se lamenta de ellas; y por lo que respecta a sus bondades y virtudes, ni las ensalza ni se enardece con éstas. Son, sin más». Al perfilar sus personajes olvida la filosofía bergsoniana del movimiento que tanto le impresionó en su juventud. Ese perpetuo movimiento y cambio no se aplica a sus personajes, sino sólo a lo social. Y en lo social de un modo drástico. El hombre permanece invariable, en el sentido de que es incapaz de ejercer sus facultades para modificar el azar al que se encuentra sometido. La libertad natural del hombre queda coartada, encerrada en las estrechas sendas de la elección de lo material.

Los principios que encarnan la mayoría de sus personajes no son los valores que deben servir de unión, sino sus contrarios. A la vez que presenta, critica; a la vez que muestra, reniega. En sus libros late un agudo análisis social y psicológico, plasmado en un estilo directo, moderno y realista. Un estilo de síntesis y simplicidad, en el que los perfiles de los personajes son nítidos y las situaciones tan sencillas que rozan la aparente ingenuidad. Los diálogos provocan la sensación de que la novela, pareciendo estancada en el exterior, fluye por aguas internas remansadas.

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Para los personajes mahfuzianos, el futuro es fijo, inamovible. Se ha de aprender a convivir con él: «Sean lo amargas que sean las experiencias pasadas, no conseguirán cambiar el curso natural de la vida». La lucha contra el destino es inútil. «Los sentimientos dependen de la voluntad de Dios». Nueva llamada al inmovilismo vital, a mecerse al son de las notas de la partitura divina. No extraña que los personajes de Mahfuz vivan limitados a sus ancestrales barrios y periferias, enjaulados, matando el tiempo en sus herrumbrosos cafés, condenados a un trabajo manual o comercial de poca monta, sujetos a sus casas y aburridos acontecimientos corrientes. Y que busquen en la amistad personal el único recurso, la única virtud, para alcanzar la felicidad.

La Dimensión Religiosa y Filosófica en sus Personajes

El corazón, el amor, la filosofía platónica ocupan un lugar preponderante frente a lo que podríamos denominar una narrativa más conceptual. Esto se debe a la total trascendencia divina. Un personaje exclama: «Y de mi religión, lo único que sé es que Dios es Clemente y Misericordioso». A Dios se le ama, es el Bien, y no se desea comprenderle. La verdad está en las acciones de Dios. En la voluntad de bien del hombre. «Creo de verdad en el bien y éste me impulsa a seguir mi método y a proceder con calma».

En la obra de Mahfuz poseen enorme fuerza narrativa los diálogos, salpicados de referencias divinas, exclamaciones de rendición ante el destino, citas del Corán; diálogos que alumbran elipsis. Además, este acercamiento le dio la oportunidad de tratar los problemas de Egipto desde varios ángulos, como la política, el ámbito sexual, lo religioso.

Poseedor de una magistral capacidad de recreación de los ritmos urbanos y los aspectos marginales de la sociedad, Mahfuz logró la materialización de los ideales haciendo hincapié en los valores humanos, la lucha por la vida y el atractivo del espíritu. Considerado como el verdadero inventor de la novela árabe, imprimió a sus obras un aura de universalidad. Sus palabras y sus convicciones alcanzaron a todos por igual, aunque su existencia nunca se deslindó de la burguesía que, sin repudiar la tradición, asimiló la modernización promovida por el nasserismo.

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